lunes, 19 de marzo de 2012

PUENTE DE MARZO - DESCANSO EN LA SIERRA DE GREDOS.

Buscábamos un fin de semana largo para descansar. Un paraje donde respirar aire puro y no esa porquería densa a modo de boina/bruma negruzca que cubre Madrid. 
Y lo conseguimos. Sí señor. El día antes no sabíamos dónde iban a parar nuestros cuerpos, pero la magia de Internet funcionó y conseguimos un rinconcito genial donde pasar el puente de padre. El nombre lo dice todo: Remanso de Gredos. Objetivos: 1). Descansar. 2) Visitar las raíces de Ana (el pueblo donde nació su padre), El Losar del Barco. 3) Caminar por los montes de Gredos (en plan tranquilo, sin excesos) y disfrutar del aire libre. 4) Comer cositas ricas y caseras.
Resumen del puente: objetivo SUPERcumplido.

El viernes salimos a eso de las 5 de Madrid. Cogimos la A-6 y después N-110 dirección Avila, Pihedraita y El Barco de Avila, para finalmente llegar a Navalonguilla, un pueblito muy pequeño en pleno corazón de la Sierra Occidental de Gredos. Un viaje muy facilito que nos llevó 2 horas y media.
El Remanso de Gredos es una casa que alberga 10 habitaciones y que tiene un pequeño restaurante para servir desayunos, comidas y cenas a los huéspedes del hotelito rural. La parte baja tiene unos salones preciosos, que guardan cierta intimidad entre ellos donde también hay una chimenea y unas terrazas para tomar algo con vistas a Gredos en los días de calor. Nos recibió Leo, que nos dio un trato maravillosos durante toda nuestra estancia. Nos mimó muchisimo.

Nos instalamos en nuestra habitación con vistas y bajamos al calor de la chimenea para disfrutar de unas coca-cola hasta la hora de la cena (que estaba incluída en una oferta por estar mínimo dos noches).
La cena riquísima: Sopa de cebolla, carrilleras estofadas y fresas con nata para Ana y ensalada de canónigos y queso de cabra, salmón a la plancha y flan casero para Dani. Como dos pepes nos quedamos. Y con las mismas pa' la cama. A dormir sin más ruido que el arroyo de al lado de la casa y los pajaritos inexistentes de Las Tablas.
Al día siguiente nos levantamos sin mucho estrés. Nos sirvieron un desayuno de los campeones (disponible hasta las 11:00 e incluido en el precio de la habitación) : zumo de naranja natural, café de puchero con leche de vaca "a volonté", tostada de pan de hogaza de pueblo a combinar con aceite de oliva, mantequilla, miel o mermeladas varias, bizcocho casero y croissant con jamon. Im-presionante. Y todavía nos pregunta si queremos más tostadas!!!.

Con el buche lleno nos fuimos a visitar el pueblo donde nació el padre de Ana, El Losar del Barco. Tras preguntar a varios lugareños no conseguimos sacar nada en claro. Pero nos hicimos un paseo por ese pueblo que casi no conoció Don Manuel (se fue de allí con apenas 2 años). Hechas las fotos de rigor para dejar constancia del acontecimiento nos fuimos a Candelario, ya en la provincia de Salamanca, pero a apenas 20 km de donde estábamos. A Dani le gustó mucho, pasemos por sus calles empinadas, suficiente par hacer hambre y entrar a comer en el Mesón "La Romana" especialista en carnes a la brasa y restaurante micológico. Nos apretamos unos boletus a la plancha, que estaban de caerse el ojo. Nada comparable a lo probado hasta la fecha en materia de boletus. Un entrecot a la brasa y unas costillas de cordero a la brasa de segundo para darle el broche con sendas tratas caseras de chocolate y de queso con arándanos. Tras semejante festín, nos dimos otro paseíto y de nuevo al coche para dar un paseo por El barco de Avila. recorrimos tranquilamente el pueblo, nos acercamos a la oficina de turismo para decidir qué ruta haríamos al día siguiente y como se ponía a chispear volvimos a nuestro Remanso de Gredos. Una vez en el "hogar" nos estuvimos la ruta para el día siguiente y nos bajamos a cenar. Consomé al jerez y merluza para Ana (el entrecot del mediodía le dejó doblada) y sopa castellana y bacalao a la vizcaína para Dani. Los cafés y la manzanilla en los salones a la luz de las lámparas y al calor de la chimenea.

De nuevo sin estrés amanecimos al día siguiente para bajar a desayunar a eso de las 10:30. Esta vez el desayuno varió ligeramente. Ademas del zumo natural y el maravillosos café, nos trajeron unas tostadas de hogaza con tomate natural y jamón serrano y por supuesto sendos cachos de bizcocho casero. Como el día anterior nos preguntaron si queríamos más tostadas, pero evidentemente con lo que nos habíamos metido ya teníamos suficiente. Nuestro día lo íbamos a pasar en una ruta relativamente sencilla a la Laguna del Duque. Para ello tambien pedimos en la casa si nos podían hacer unos bocatas, que nos prepararon con mucho mimo y que luego nos supieron a gloria. No queríamos una ruta bestia de espicharnos, así que cogiendo de aquí y de allá decidimos hacer la Ruta a la Laguna del Duque. Según las indicaciones, había que ir hasta Solana de Avila y coger el desvío a La Zarza. Sin llegar a La Zarza, a unos 2 km desde Solana sale un desvío a la izquierda que pone "Chorro del Zaburdón". Un poco más adelante aparece una portilla metálica, que si no has leído nada antes piensas que no puedes rebasar. No hay problema, la abres, pasas con el coche, la cierras y sigues camino. Según las indiicaciones que teníamos, hay que recorrer unos 4 km para llegar a la central del Chorro, donde ya se acaba la carretera y empieza la ruta. Nosotros dejamos el coche bastante antes, a la altura de otra central (Central de Zaburdón), lo que añadió a nuestro paseo unos 3 km ida y 3 km vuelta. Asi que partimos de unos 1200 metros de altitud y nos pusimos caminito a la Central del Chorro. Una vez allí, la ruta está muy bien señalizada. Hay que bordear la central por la izquierda y seguir las indicaciones (si no son monolitos "oficiales" indicando la senda, son montocitos de piedras dejados por amables montañeses). Tras una hora más o menos desde la central del Chorro llegas a un alto a unos 1800 y pico metros, desde donde se divisa la Laguna del Duque. Muy bonito y relajante. decidimos seguir el caminito que rodea toda la Laguna. A mitad de camino nos arrimamos a la Laguna y comimos las flautas que nos prepararon. Un ratico de reposo y relax y de nuevo camino a rodear toda la Laguna, para finalmente volver sobre nuestros pasos de bajada hasta el coche de nuevo. Parece que no, pero hemos hecho una buena caminata la verdad. Las piernas entre la subida y la bajada se resienten. En total habrán sido cerca de 12 km.

Con las mismas nos volvimos al hotelito y nos tomamos unas cocacolas y unas patatitas al calor del solecito que entraba por los salones. Unas buenas duchas y a cenar, esta vez más hambrientos que nunca por el gasto hecho durante la jornada. Un consomé la jerez, solomillo de ternera y fresas con nata para Ana y ensalada de ahumados, bacalao a la vizcaína y tarta de cuajada para Dani. Esa noche dormimos como dos bebés.

Al día siguiente sin madrugones nos esperaba otro superdesayuno. Zumo, cafe con leche y supertostadas de hogaza de pan, esta vez ademas de con tomate y jamón serrano, con queso filadelfia y membrillo casero. La verdad es que el trato y el cuidado que ponene a todo es genial. Con el buche lleno, recogimos y nos pusimos rumbo a Madrid tranquilamente por la AV-941 para disfrutar de la cornisa norte de la Sierra de Gredos. La primera parada estratégica la hicimos a la altura de Navacepeda de Tormes. Antes justo de entrar en el pueblo hay un desvío a la derecha a la altura de un mesón que baja hasta una zona de recreo donde está el Puente de las Paredes. Qué entorno!!!. Nos dimos un paseo por esa zona. El río Tormes, con sus pozas y sus cascaditas hace de este sitio un lugar ideal para venir en verano y pegarse unos buenos baños. La "zona de recreo" está superpreparada para hacerte la barbacoa y tiene mesas y banquitos de madera para pasar un día de campo en familia.
tras el paseo y la búsqueda de zonas ideales para el baño en una segunda visita, cogimos el coche de nuevo para seguir la AV-941. Pasamos de largo Hoyos del Espino, que es de donde sale la carretera para llegar a la Plataforma de Gredos. hay un montón de restaurantes, pero decidimos dejarlo para otra visita y así hacernos una ruta hasta la Laguna Grande. Seguimos un poquito más adelante y paramos en Navarredonda de Gredos para comer. En concreto en El Rincón de Gredos, que está en la propia carretera saliendo ya del pueblo. Un sitio superacogedor de comida casera a muy buen precio y riquísimos. Mientras venía la comanda nos pusieron unos aperitivos, con un poco de embutido, un poco de paté y unas croquetas de "patatas meneás". Y por fin llegó la comanda. Unos pimientos asados con queso de cabra de entrante para compartir y de plato principal un solomillo de ternera para Dani (que se deshacía como mantequilla) y media ración (menos mal que era media ración) de huevos de corral con trufa laminada, patatas fritas y jamón ibérico. Buah, impresionante. Ante semejante percal no hubo postre que cupiera en nuestros cuerpos, asi que decidimos seguir disfrutando del viaje hasta que llegamos a nuestro destino, nuestro hogar madrileño de Las Tablas. Al fin y al cabo, Hogar, Dulce Hogar.

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