sábado, 22 de agosto de 2009

Desde Beziers con olor

Es que a Dani le cantan los pies (Ana dice que la Traviata por lo menos), cosas del jaleo de ropa para quince días y el trajín de bolsa p'arriba, bolsa p'abajo, seguro que los calcetines son repes. Desde luego, a estas alturas, casi que menos mal que mañana llegamos a casa, porque el coche ya huele a choto de una manera preocupante. Más que lavarlo, va a haber que desparasitarlo. Milagrosamente las maletas que a la salida del viaje iban a tope, perfectamente cuadradas, ahora hasta sobra sitio. Parece que lo que va dentro ha ido tomando forma, o derritiéndose de calor, el caso es que ocupa menos y todo entra mucho mejor. O eso, o hemos ido dejando regalines por los hoteles y campings.

Bueno, al grano. Hoy hemos visto Monaco, y menuda chapa que ha sufrido Anaé sobre el circuito. Namás salir del parking, el Casino. "Pues sí, aquí meten tercera, se ajustan al piano, y salen a fondo buscando la bajada del Mirabeau". Bueno, pues así, durante los 3.5 kilómetros de recorrido, que hemos hecho a pie primero (pasito a pasito, piano a piano, rodada a rodada), con 30 graditos y una humedad bestial. A Anaé no se le han caído los pantalones porque los llevaba pegados de sudor. Afirma haber adelgazado igual que los pilotos cuando acaban la carrera, sólo que ella en una vuelta. Falta saber si es por el calor, la caminata, o la chapa que ha sufrido. Se ha documentado cada curva, cada recta, cada moco que haya dejao el Alonso de turno, todo. Con foto casi cada 100 metros. Qué lágrimas de emoción... "Aquí es donde el cabrón del Ralf Schumacher cerró a Alonso a la salida del túnel, y aquí es donde el Michael Schumacher aparcó el coche, en La Rascasse". Anaé contestaba: "Ajá, ajá, ¿quieres que te haga una foto?". Pobrecita, monumento a la paciencia del Santo Job le tenían que haber hecho hoy.

Hemos tardado en dar una vuelta al circuito 2 horitas de reloj, casi nada. Vale que ha habido que pararse cuatrocientas veces a hacer fotos del circuito, a hacer fotos del los barquitos (chalupillas, ya sabéis), y a los chiquiticientos Ferraris, Lamborghinis, Porsches, Rolls Royce y hasta un Bugatti Veyron (cuesta un millón de euros), que sufrió una performance fotográfica él solito. Hoy Gamba y Chirla echaban humo.

Y luego, el momentazo: cogimos el coche, y a dar vueltas al circuito. Apropiadamente, una primera de reconocimiento, para tener claros los puntos de adelantamiento, y donde había que arriesgar. Ya de paso, echábamos un ojo a los cedas, los stops, el guardia de turno, y los pasos de peatones. La segunda vuelta ha sido buena, pese a un doblado que nos ha hecho la puñeta en la chicane de la piscina (íbamos a por la pole, teníamos los mejores dos primeros parciales, pero lo hemos perdido en el último). Hemos aprovechado que tienen la sede por ahí, para poner una reclamación a la FIA, estamos esperando la resolución. Malditos peatones. Conste en acta, que esta segunda vuelta ha quedado grabada con una cámara de vídeo on-board (Gamba), namenos.

Le hemos estado comiendo la moral a un Ferrari 612 Scaglietti desde el Mirabeau hasta la entrada al tunel, a punto estuvimos de tirarnos al interior en Loews pero el muy perruno nos vio las intenciones. Bueno, eso y un autobús que venía de frente. De todas formas, abortó su vuelta antes de entrar al túnel, creemos que tenía que hacer algunos pequeños ajustes, esto de que un Astra te vaya dando las largas debe ser preocupante.

Al final, creo que nos han dado un tiempo de 6' 40'', estamos mirando con los ingenieros de Opel la telemetría, a ver de dónde podemos sacar un par de decimillas. Ojo al dato: 6'40'' (y eso con peatones en el último parcial), versus 2 horas a pata. Y un F-1 que los hace en 1'14'', pero es más que nada por el KERS ese, que en Opel todavía no lo tienen.

Luego, para los lectores del Hola, Cuore, y espectadores de Gente o Corassssón, Corasssón (o DEC, vamos), nos hemos ido al Palacio de los Grimaldi a saludar a Andrea y Carlota, a ver si nos ponían unos whiskys, porque parece ser que Carolina se había ido con el Ernesto a que se tomara unas cañitas. Al final ná de ná, Carlota montando a caballo, Andrea de fiestuqui por ahí, Pierre con su tía Estefanía en el circo, y Alberto pescando (no se sabe a ciencia cierta si carne o pescao). No había nadie y nos hemos ido. que no volvemos, porque para que no nos reciba nadie... De todas formas, el sitio majico, aunque comparado con otras cosas que hemos visto por ahí, pues bueno. Eso sí, no tiene precio lo que hemos visto. Mucho glamur, glamur en el reino monesgasco, pero la boda que hemos visto, es como pa ponera en Madrid en la barriada de la Cañada Real por lo menos. Imagínense ustedes: chonis con trajes de leopardo, jonathans con pantalones brillantosos y medallas de oro al más puro estilo M.A., zapatos de chúpame la punta (en los tíos) como si se acabaran de bajar de los coches de choque, medias de rejillas en ellas (combinadas con recogidos con pinzas del pelo de esos que se pone Ana cuando sale de la ducha -vamos, de a euro en el rastro-), y los tíos con camisas de colores potentes de esas que dejan ver unas ensaimadas (nombre acuñado por Ana para las sobacadas) que ríete tú que Camacho en el mundial de Japón. Argh.

Así que nada, cogimos el coche (por ciertos, los parkings baratos, y no es broma, la primera hora gratis, luego ya como en Madrid o menos), y ya pusimos rumbo a Beziers (unos 400 kilometros desde Monaco), que no sabemos si merece la pena una visita, pero no le vamos a dar la oportunidad, porque estamos cansaditos y mañana madrugaremos para llegar pronto. Estamos a unos 270 kilómetros de Barcelona. Lo bueno es que hemos cenado carnota por primera vez en este viaje, después de mucho bocadillo mortadela, pasta, pizza y demás delicatessens suizas. Bueno, salvando la fondue, los moules y eso.

Lo dicho, mañana salimos prontito, ya iremos hablando por el viaje, en cuanto pasemos la frontera. Poco a poco, que todavía es una tirada, casi 900 kilómetros, pero entre los dos se hace menos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario