jueves, 3 de diciembre de 2009

La batalla de Nueva Zelanda, Día 20: Territorio comanche

Kia Ora!

Al final no hicimos nada de lo que dijimos. Bueno, sí, pero no exactamente. El factor sorpresa e improvisación nos gusta bastante. Después de escribir el diario de bitácora, nos dimos cuenta de que lo de Whakarewarewa era más o menos lo mismo que íbamos a ver por la noche en Tamaki, así que decidimos no hacerlo.

Sustituimos entonces Whakarewarewa por una visita al Lady Knox, que es un géiser que está en Wai-o-tapu, donde habíamos estado el día anterior, y que la entrada nos daba derecho a verlo hoy, porque fuimos por la tarde, y el géiser sale por la mañana. Esto no lo habíamos contado ayer a nuestra querida audiencia. Así que nada, 21 kms al sur, y llegamos a Wai-o-tapu a las 10, y aquello era la mayor congregación de turistas que hemos visto desde los japoneses de Milford Sound.

Nos hacen pasar, y definitivamente aquello era todo un espectáculo de masas: tenían allí montado una especie de anfiteatro, y el fondo, el géiser, humeante, que cuando está tranquilo es una montañita de metro y medio de altura, así a ojímetro. Cuando se sentó todo el mundo, aparece un tío con un pinganillo tipo Madonna, y nos cuenta que la erupción es provocada (era sospechoso que el señor géiser fuera tan puntual todos los días), pero que si no lo provocaran, ocurriría de todos modos cada 24-72 horas. Lo que hacen es echarle una especie de megapastilla de jabón, que rompe la tensión superficial y bla bla bla, el caso es que aquello empieza a echar espumilla como la niña del exorcista, y acaba saliendo un chorrazo majo, de unos 5 metros, aunque se supone que puede llegar a alcanzar los 20 metros. Lo mejor es el temblor, acompañado de un sonido tipo león de la metro, justo antes de salir el chorrazo. Será provocado, pero la verdad es que impresiona.

Pasado el asunto turistada I, bajamos a Rotorua, porque teníamos que hacer unas comprillas, rellenar el depósito, e ir al i-Site a hacer unas reservas para días siguientes. Seguimos a la caza y captura del plato de microondas (hoy hemos preguntado en no menos de 6-7 sitios, aprovechando que encontramos una zona con muchísimos centros comerciales) y nada. Hemos decidido que le den por saco al plato, ya no vamos a mirar más, cuando entregemos la furgo que nos cobren lo que sea. Si fuera España, en una ferretería seguro que encontrábamos algo.

Cuando llegamos al i-Site no había corriente, así que entre esperar a ver si volvía la luz (porque sin ordenadores se acaba el mundo, señores) y mirar los folletitos que tenían ya echamos una hora, y al final salimos de allí con las ideas bastante claras, aunque con las reservas sólo a medias. No vamos a adelantar nada no sea que se nos chafe.

Como quiera que ya no quedaba en cualquier caso tiempo para el zoo gratis (oooooooh) nos fuimos a nuestros baños termales relajantes en el Polynesian Spa. Nos hubiera gustado darnos unos masajitos, pero no había plazas, así que nos conformamos con los baños, una zona de 5 piscinas, con temperaturas entre 38 y 42 grados, al aire libre, con vistas al lago Rotorua, y con el agua de la zona, que como os podéis imaginar, apestaba a azufre. En la primera que nos metimos, la más fría, el agua tenía un color amarillento, y tenía disueltas unas partículas blanquecitas, y allí estuvimos caminando como si acabáramos de aterrizar en la luna. Las siguientes, que estaban a diferentes temperaturas, más calentitas, tenían partículas más grandes y marronuzcas flotando, suponemos que como parte de las aguas termales de la zona. Esperemos que no sean restos de pelotillas de los pies de la gente, como van a todos lados descalzos... En cualquier caso era un gustazo y salimos de allí nuevos, eso sí, nos frotamos bien para quitarnos cualquier resto de olor. Así que, finalizada la turistada II.

Como el agua da mucha hambre, comimos en un café recomendado por la biblia, el Capers Epicurean, que desde luego estaba de cine. No es que hayan inventado la rueda, pero es el típico sitio que se curran cuatro cosas ricas saladas para picar (tipo paninis, quiches, y similares), y luego un surtidito de tartas, ponen un café rico, y a triunfar. Allá que cayó un panini y una cosa que no recordamos como se llama, pero que era una especie de empanada de aceituna negra y queso parmesano con pimiento y alguna cosa más. Luego un par de cafetitos y un fudge (una especie de tarta de chocolate de bizcocho), y listos.

Después de una paradita en el camping, ya nos vinieron a recoger para el temita de por la tarde-noche, que era el espectáculo maorí en Tamaki. Uno a veces igual se hace la imagen de que vas a ver algo muy tradicional y rústico, pero nada que ver, menudo montaje que tienen los gachos. 4 autobuses (que recogían a la gente en diferentes lugares de la ciudad) para llevarnos a todos al pueblo en sí. Te daban un ticket donde te ponía el autobús que te tocaba, el conductor que te llevaba  y la mesa que te tocaba para la cena. Por el camino el conductor era tambien animador del cotarro. Con un micrófono a la vez que conducía iba contando cosas en plan jocoso, preguntaba las nacionalidades de la gente y tambien nos explicó qué teníamos que hacer cuando llegáramos allí. Al parecer la parte crucial era la bienvenida, o el recibimiento (Te Weru) en la aldea (Marae). Para ello, nos dijeron que teníamos que ser extremadamente respetuosos con la danza, gritos y movimientos que hacían y no reírnos ni movernos, que era una cuestión de respeto a su tradición. Tambien tenían que elegir a un "líder" de cada autobús para ejercer de representante frente al jefe de la tribu en esa especie de acto de bienvenida a las puertas de la aldea. Evidentemente nadie se presentó voluntario, así que el conductor empezó a lanzar indirectas y chistes para ver quién podría ser. Como tenía que ser un hombre Ana respiró tranquila. Pero Dani empezó a ponerse nerviosito, entre otras cosas porque estaba en el ángulo de visión perfecto del retrovisor del conductor. Además llevaba una camiseta roja, bien llamativa, vamos que era un reclamo. Mientras el conductor hacía adivinanzas, el corazón de Dani latía a mil, y estaba concentrado en un único pensamiento "a mí no, a mí no". Ana por su parte, tenía la risa floja y estaba concentrada en otro pensamiento "a Dani sí, a Dani sí". Finalmente tuvo suerte y el elegido fue un inglés que iba detrás de Dani, de chiripa, porque el conductor nos dijo luego, que si el líder no lo hacía bien, sería Dani el sustituto. 

Llegamos a la aldea y bajamos del autobús. Los líderes elegidos en primer plano, y de repente cánticos y gritos. Salieron los maoríes vestidos con sus trajes y pintados con sus tatuajes hasta en la cara. Dan miedito. Sus danzas van acompañadas de unos gritos y unos gestos faciales que ni Pocholo cuando se dio cuenta que había perdido la mochila. Finalizada la bienvenida entramos al poblado y nos explicaron cómo vivían. Luego nos pasaron a una especie de auditorio, donde nos contaron historias e hicieron bailes y cantos típicos. Cómo cantan los jodíos. Estuvo superbien. Y la mejor danza la famosa "haka", la que hacen los jugadores de rugby de la selección de Nueva Zelanda antes de cada partido para acojonar al personal, y no es pa menos. Tambien cantaron una canción muy chula que habla sobre el romance de Tutanekae e Hinemoa, una leyenda de dos jóvenes maoríes, tipo Romeo y Julieta, pero en maorí, sólo que estos son más listos y no mueren.
Finalmente nos pasaron a la cena. Nos tocó en una mesa con el frente de juventudes. Bajábamos la media de largo, podíamos ser los nietos de cualquiera de ellos, así que nos dedicamos a hablar entre nosotros y aprovechando que eran todos australianos y no hablaban mucho pos estuvimos ejerciendo el critiquismo, nuestro deporte nacional. La cena estaba muy rica y tras un paseo por los alrededores para bajarla y cánticos varios nos fuimos de vuelta al autobús.

De nuevo por el camino nuestro conductor-animador empezó a hacer de las suyas. Esta vez dijo que quien tenía que entretener eramos nosotros a él. Así que cada nacionalidad presente en el autobús tenía que cantar una canción típica del país. Parecía el autobús del cole que se iba de excursión. Los únicos españoles nosotros, pos ahí nos veis todos nerviosos pensando qué canción ibamos a cantar. En momentos de tensión es increíble cómo la mente se queda en blanco. Ana empezó a sacar repertorio sugiriendo a Dani diversos temas: nuestro"Que viva España" de Manolo Escobar, "Pavo Real" de El Puma, "Algo se muere en el alma", "Paquito chocolatero", "Escándalo" de nuestro querido Raphael y unas cuantas más. Problema: Dani no se sabe ninguna de este cancionero tan moderno. Por lo menos sugirió la buena, así que nos decidimos por nuestra canción creemos más internacional: "La Macarena" AHHHHH. Así que nada, los australianos, que eran la mayoría, cantaron la suya, los polacos cantaron una especie de marcha militar, los canadienses chapurrearon algo que ni se entendió y al conductor parecía que se le olvidaba nombrar a España. Así que nosotros callados como perros. Pero al resto del autobús (cabrones), no se les había olvidado que había dos españolitos, asi que empezaron a gritar "Spain, Spain" y el conductor nos dio paso. Pues nada, ahí estában Dani y Ana cantando la Macarena para todo el autobús, penoso. Pero el público nos siguió, buena elección. Dimos por finalizada entonces la Turistada III. 

Ha sido un buen día, turístico total y relajado. Mañana madrugamos porque nos vamos a ver las cuevas de Waitomo, ya os contaremos mañana. Tenemos dos horitas hasta allí. Después no sabemos dónde dormiremos.Todo depende de si sale una actividad para el sábado por la mañana.

Seguiremos informando. Besos y abrazos para todos,  ehhhhh Macarena AHHHH.

No hay comentarios:

Publicar un comentario