El maldito despertador sonó a las 6:30 de la mañana. Horror, nuestros músculos no respondían a ningún estímulo. Era como si no fuera con nosotros, pero había que levantarse. Como siempre la que más sufrió fue Ana. La noche fue movidita para ella. Se nos había olvidado vaciar los meaos siguiendo nuestra maravillosa regla de "8 meaos y no más" (y que por cierto funciona) y a mitad de la noche ya empezó a tener unas ganas horribles de evacuar, pero por no salir de la fragoneta en plena noche y lloviendo, decidió aguantar. Mal hecho. Al final tuvo que salir a eso de las 4 y media de la mañana, y no sabemos cuánto tiempo llevaba maldurmiendo intentando aguantarse. Seguro que conoceis esa sensación. Así que a las 6 y media no había gitano que la moviera.
Teníamos que salir a eso de las 8 como muy tarde, y lo hicimos muy bien. Pese al ralentí con el que empezamos, Dani aceleró la maquinaria y conseguimos recuperar la marca personal, vaciao de meaos y rellenao del depósito de agua incluído. Antes de las 8 ya estábamos rumbo a las Waitomo Caves. El camino normalito, conseguimos ganarle 10 minutos a la estimación inicial del GPS, porque Dani ya se encuentra en la fragoneta como Alonso en su R26. Nota para las madres: esto quiere decir que ya vamos a velocidad normal en vez de paso tortuguilla y sin limpiar los arcenes, no alarmarse.
Antes de las 10 llegamos a las Waitomo Caves, donde teníamos reservada la actividad "Spellbound" a las 11. Nos dieron los tickets y teníamos tiempo hasta las 10:45 que nos venían a buscar para llevarnos a hacer la visita. En ese impasse entonces fuimos al i-Site para ver si podíamos resolver por fin el tema de la "actividad misteriosa", que ya podemos contar: nadar con delfines en la Bay of Plenty (Tauranga). En ese momento no pudimos resolver nada porque la previsión del tiempo era dudosa, hasta las 6 o 7 de la tarde no nos lo aseguraban, asi que dejamos el móvil para que nos informaran por sms.
Puntuales como clavos estábamos listos para la excursión. Mientras esperábamos hicimos un poco el canelo. Estuvimos ensayando el saludo Maorí que habíamos aprendido en la aldea anoche y algunos otros gestos con diferentes significados. En un momento dado hicimos el gesto de petición de matrimonio al estilo maorí que se diferencia de un saludo normal en darse un cabezazo más, muy delicado ello. No sabíamos que durante todo este rato estábamos teniendo público al otro lado de la puerta DE CRISTAL de la actividad. El guía de la actividad de hoy en concreto era un peazo de maorí que se estaba descojonando cosa fina, al igual que el resto de los integrantes del grupo de la excursión. Bien, ya no sólo cantamos, ahora entretenemos a las masas.
Nos subieron a una furgoneta, eramos 9 y por el camino estuvimos hablando con la gente. Todos muy majos, ya nos podía haber tocado esta peña en la cena de ayer!!. Había un matrimonio que eran un poco setas, con esos no hablamos. Pero luego había una pareja de jóvenes, creemos que americanos en uno de esos viajes que se hacen en plan "año sabático", ¿por qué no se nos pegarán estas costumbres?. Venían de pasar un mes en Australia y ahora empezaban en Nueva Zelanda, todo de camping vale, pero viajando. Luego había una suiza, que nos contó que acababa de perder su trabajo (la crisis tambien llega a Suiza) y que en vez de quedarse lloriqueando en casa, decidió con la indemnización salir a pegarse una vueltecilla por el mundo, era ahora o tal vez nunca. Hemos decidido que si nos echan, vamos a hacer lo mismo, os lo vamos avanzando, para que no os lleveis disgustos ni sorpresas.
Y la traca final era unos jubiletas británicos que estaban dando LA VUELTA AL MUNDO, y estos no en camping precisamente. Acababan de llegar de las islas Cook (así de morenos estaban los muy hijos de la Gran Bretaña) e iban a estar tres? cuatro? semanas por Nueva Zelanda? Qué más da?. Quién dijo prisa?. Para luego pasar a Australia. Pero ahí no acaba la cosa de estos dos. Resulta que conocen España, bueno, en realidad conocen Torrevieja, donde tienen una casa, los muy hijos de la Grandísima Bretaña, donde pasan 10 semanitas al año más o menos, aparte de su casita de Southampton en Inglaterra. Casi nada. Les dijimos que nos gustaba la idea de su viaje, y que nosotros habíamos pensado en hacer lo mismo y que estábamos esperando a la jubilación (recordemos el capítulo del maravilloso autobús de Dani) para hacerlo, y nos dicen que bueno, que aún nos queda un largo camino hasta entonces, los muy hijos de la Grandissssiiiissssíííííííma Bretaña.
Llegamos a la primera de las dos cuevas que íbamos a ver. Nos dieron unos cascos de minero con luz. Dani muy apañao él se puso la luz en la nuca, empezamos bien. Nos vamos en fila india y nos adentramos en la cueva. Al cabo de unos metros el guía se para y nos manda apagar los cascos. No veíamos absolutamente nada. Seguimos avanzando y repetimos la jugada. Poco a poco, los ojos se acostumbran a la oscuridad y entonces es cuando empiezas a ver aquella maravilla. Millones de larvas luminosas iluminaban el techo de la cueva con puntitos de luz azul como si fuera el cielo más estrellado que jamás has visto. Nos montamos en una lancha hinchable, porque el camino discurría por el agua de un río subterráneo. Todos con los cascos apagados y adentrándonos en la cueva, poco a poco comienzas a ver más y más puntitos de luz. Además encima del río por la humedad hay más concentración. Hasta tal punto que podías ver el reflejo de la barca en el agua y al cabo de un tiempo nos veíamos a nosotros mismos. De verdad que es algo espectacular.
Nos explicaron por qué se daba este fenómeno. Las larvas permanecen 9 meses en los techos húmedos de las cuevas y en los bosques (solo que en los bosques es muy difícil verlas salvo en una noche muy cerrada), en su extremo tienen unas sustancias químicas que generan la luz para atraer otros insectos. A la vez, de cada larva cuelgan una serie de hilos pegajosos (como los de una tela de araña) pero en sentido vertical, como si fueran cañas de pescar. Cuando el insecto se acerca a ver la luz, se queda pegado y la larva comienza a recoger la caña hasta que se come a su presa. Así que además de ver los puntos de luz, cuando se iluminan con una linterna ves un montón de finísimos hilos como gotitas de agua pegadas unas a otras que cuelgan del techo. Como curiosidad una vez que nace el insecto sólo vive 3 días, lo justo para salir al bosque, trincarse a una fémina y aparearse hasta morir de agotamiento e inanición. Y la fémina pone 120 huevos y muere del esfuerzo. De los 120 huevos sólo sobrevive uno, que se come a los demás. Qué vida ésta. El caso es que tras una hora en la cueva admirando esa maravilla salimos de allí flipando.
Nos dieron un tentempié (café, té y galletitas) y nos fuimos caminando a la otra cueva. Ésta apenas tenía larvas, aunque se veían, pero era una visita muy chula del estilo a las cuevas de El Soplao o las cuevas de Valporquero. Vimos los restos fósiles de una especie de avestruz gigante que creemos se llamaba Moa, y que desapareció hace 400 años. Curiosamente se lo cargaron los maoríes por los animales que se trajeron con ellos, tipo perros (kuris para ellos). No sabemos si habíamos contado que los maoríes tampoco llevan tanto tiempo aquí. Lo colonizaron viniendo de otras islas algo antes que los ingleses.
Fin de la excursión y con las mismas rumbo hacia la Bay of Plenty, aunque aún sin saber muy bien si íbamos a poder hacer la actividad o no. Por eso mismo, tomamos un rumbo un poco "abierto", sin muchos compromisos. Por el camino pasamos por Matamata, más conocido como Hobbiton, por hacer el memo un rato, porque nosotros no somos fans de El Señor de los Anillos, y además habíamos leído que los decorados se destruyeron tras el rodaje por eso de los derechos de imagen. Colinas verdes bajitas de ese estilo habíamos visto ya muchas en NZ, así que era más por curiosidad que por frikismo. Nada que ver finalmente, lo tienen "rescondido" lo poco que les quedó; le hicimos una foto al cartel porque nos hizo gracia y seguimos camino.
Llegamos a Tauranga a eso de las 5 de la tarde, y fuimos al i-Site a ver si tenían información más actualizada de las salidas a ver delfines para el día siguiente, pero nos atendió otra rubia con chicle y limándose las uñas (la segunda excepción a la regla de que los neozelandeses son encantadores, amables, sonrientes y siempre dispuestos a ayudarte), así que pasamos de ella y nos fuimos con los folletos a la fragoneta a estudiarlos y llamar nosotros, ya que a ella no le apetecía. Aparte del que le habíamos dejado el teléfono por la mañana, llamamos a otro, que nos dio buenas perspectivas, y con éste hicimos una reserva incluso. Eso sí, nos dijo que volviéramos a llamar a eso de las 19:15 para confirmarnos definitivamente si se iba a hacer en función del tiempo.
Como todavía estaba la cosa dudosa, no reservamos ningún alojamiento, aparcamos la caravana y nos vamos a dar una vuelta y a cenar en horario neozelandés, al que ya estamos casi acostumbrados. Estuvimos en un pub, el Coyote (no, las chicas no bailan encima de la barra, cachis), y mientras cenamos estuvimos viendo en una pantalla supergigante un partido de cricket, intentando adivinar las reglas del juego. Ni pa Dios. No hubo manera, aparte de que nos pareció leeeeeeeeeento. Era un Pakistán – Nueva Zelanda, ahí es nada.
Durante la cena habíamos recibido un SMS del primer sitio, Dolphin Blue. Nada, las previsiones no son buenas, mala mar por la mañana. Nos proponen salir el domingo, que prevén bueno. Nosotros ya no estaremos por la zona, así que le damos las gracias y nada, pero evidentemente no presagiaba nada bueno con la otra compañía. Al salir les llamamos y efectivamente, tampoco salen. También nos proponen el domingo, misma respuesta. Una pena, porque desde luego nos apetecía y nos daban muchas alternativas y con muy buena predisposición para adaptarse a nosotros, pero no nos cuadraba de ninguna manera. El de la segunda compañía, Dolphin Seafaris, incluso chapurreaba algo de castellano, decía que había vivido en España. Es al primer neozelandés que no le tenemos que deletrear García o González (y aún así luego lo vemos escrito como Gonzales, Garsia, Gonsalez...).
Pasamos de ponernos nostálgicos pensando en los delfines y aplicamos el plan B. Hemos aprendido a tener siempre un plan B, y esta vez no era menos. En lugar de dormir en el mismo Tauranga, cogemos la caravana y tiramos hasta Waihi Beach, para acercarnos un poco más a la Península de Coromandel, donde entonces pasaremos todo el fin de semana tranquilamente, que se supone que dan bueno, más que nada a partir de mañana por la tarde, y sin ninguna actividad programada más que ir a nuestro aire, que es lo que mejor se nos da.
La misma playa de Waihi es algo que tendremos que ver, es bastante famosilla para los locales, tiene 5 kms y es cuna de muchos surferos. Luego subiremos por la parte este de la península, y haremos probablemente noche en Whitianga, donde veremos la playa de Cathedral Cove, y la Hot Water Beach, que tiene un fenómeno bastante curioso que ya os contaremos si lo podemos vivir (estamos atentos a la tabla de mareas). Si es verdad que se cumple la previsión del tiempo y hace bueno pasaremos un fin de semana playero y tranquilo, un buen fin de fiesta. Moriremos quemados, por aquello de la crema.
No tenemos muy claro si os podremos escribir los días siguientes, pero si no, ya sabéis que las crónicas las escribimos de todos modos así que os acabarán llegando. Besos y abrazos a todos!
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