martes, 1 de diciembre de 2009

La batalla de Nueva Zelanda, Día 18: El día de la marmota

Pues sí señores, el despertador, el maldito despertador, fue implacable y a eso de las 5 de la mañana sonó con más fuerza que nunca, o al menos eso nos pareció. Tal y como habíamos anunciado, básicamente la labor fue vestirse y de la cama al asiento del conductor y del copiloto. Ni desayuno, ni lavao de legañas ni ná, pa qué. Ya nos sabíamos el camino y con la cama puesta llegamos a hacer el check-in, ya había cola. Nos dieron los tickets y a esperar para entrar en el ferry. (Vaya, esta situación nos sonaba, como que ya lo habíamos vivido). En ese impasse, aprovechando que no habíamos hecho la cama, Ana se acurrucó de nuevo cual ovillo entre las sábanas y se marcó una siestita de algo más de media hora, mientras el pobre Dani esperaba en el asiento del conductor por si le pedían mover la caravana. En estos momento Ana se está dando cuenta de lo mala persona que es y de la jeta que puede llegar a tener, aunque por la mañana le parecía una grandísima y genial idea.

Pasadas las 6 nos metieron dentro del ferry, nuestro tercer ferry. Era el ferry menos molón, cachis!, no el superferry de la segunda vez. Pero bueno, para lo que ibamos a hacer, no nos hacían falta muchos lujos. A las 6:20 estábamos haciendo cola en el restaurante del ferry para desayunar. Un desayuno ligerito: huevos, salchichas, bacon, pan tostado, tomate y una muffin (una supermagdalena) que compartimos como buenos herm... esteeeee, novi... esteee... ¿hechos? Maldita sea, cuando hicieron esto de la pareja de hecho deberían haber pensado en cómo se iban a llamar los contrayentes después. Es LA pregunta, "¿Y entonces ahora que sois?" Mierda, no hay respuesta. Hechos, somos hechos. Volvamos al tema que nos dispersamos. En nuestra defensa hay que decir que no había más alternativa, o eso, o café a pelo, así que hicimos un esfuerzo.

Y tan cansados quedamos del esfuerzo que nos fuimos directos a los asientos reclinables y nos echamos una siesta por su sitio. Básicamente despertamos cuando llegamos a Wellington, unas dos horas y media después. No fue un sueño profundo, pero al menos dio gustito. Debió de haber marejada, de la buena, por el camino. Ana se dio cuenta que el barco se movía bastante, pero le podía el sueño. Y Dani por su parte, soñó con que iba en un avión enorme que hacía vuelos rasantes dando bandazos. Por todo esto deducimos lo de los movimientos del barco. Menos mal que estábamos dormidos porque si no, no sabemos dónde habrían ido a parar los huevos y las salchichas.

Llegados a Wellington, esa vieja conocida por nosotros, no tuvimos ni que encender el GPS. Directos al parking del Museo Te Papa, que era barato, y de allí a la embajada, ya estábamos dentro de su horario flexible. Nos atendieron enseguida y nos dieron el nuevo pasaporte de Dani, que tiene un número distinto, así que habrá que volver a registrarse en la página del ESTA (siempre que pasas por EEUU tienes que registrarte en esta página por temas de inmigración) y hacer una consulta a la agencia de viajes por si hay que hacer algun cambio en el billete, que está sacado con el otro pasaporte. De todas formas llevamos el viejo (aunque desactivado), así que no creemos que haya problemas. El niño del pasaporte le vamos a llamar. Bendita Europa comunitaria que nos vale con el DNI.

Finalizados los trámites teníamos una pichada de km por delante. La friolera de 400 hasta Taupo. En coche 400 km son un paseíllo, pero en esta fragoneta no pudiendo pasar de 100 km/h luchando todo el rato con el volante por el viento y con una suspensión que parece la de un carricoche de bebé,  pues cansa. Paramos a comer en un sitio en la carretera en medio de la nada, que era poco menos que una granja escuela. Podías visitar a los gallos y todo. Y vendían gatitos.

Los paisajes que hemos visto de la isla norte han cambiado bastante con respecto a la sur. Hay mogollón de minicolinitas todas sin árboles y cubiertas de césped como recién cortado (por las ovejas) de un verde muy llamativo. Para los que han visto las pelis del Señor de los Anillos, básicamente Hobbiton – donde vivían los Hobbits-  (aunque no hemos estado en Matamata, que es el verdadero Hobbiton). Y luego cuando seguimos avanzando y empezábamos a dejar el Parque Nacional de Tongariro a nuestra izquierda, el paisaje cambió a volcánico y bastante desértico, que es un contraste bestial con todo lo que habiamos visto hasta ahora. 

Justo cuando terminó ese paisaje desértico-volcánico llegamos a Turangi. Paramos para preguntar en el i-Site cómo era la previsión del tiempo en los próximos días, para ver si nos cuadraba y podíamos hacer la "Tongariro Alpine Crossing", según la biblia es la mejor caminata de un día de Nueva Zelanda. Pero no parece que las perspectivas sean buenas. Mañana llamaremos a ver si la cosa cambia. Tampoco estamos muy afectados, casi estamos deseando que nos digan que va a hacer malo, porque hemos estado pensando en darle un giro a estos últimos días bajando el pistón y disfrutando con más calma de todo, tipo viaje de placer, y tal. La zona se presta a ello.

Llegamos a Taupo a nuestro Top 10. Eran las cinco y poco (es decir, nos levantamos a las 5 de la mañana y 12 horas después, no habíamos hecho nada excepto pegarnos un viajecito en ferry, una visita a la embajada, y 400 km de carretera, nostamal). Pensábamos ir a ver alguna cosilla que venía en la Biblia, pero nos informaron que ya estaría todo cerrado o a punto de. Aquí al parecer en la isla norte, se paga por todo, a diferencia de la sur, que era todo salvaje y no se pagaba por nada. Así que acorde a nuestra nueva filosofía decidimos pegarnos un baño en la piscina del camping. Una piscina al aire libre pero a 30ºC, qué gustito. Y tenía otra anexada que estaba a 39ºC, buah, la leche. Se nota mucho que aquí hace más calor que en la sur. Desde que nos hemos bajado de la caravana hace una temperatura muuuuucho más agradable que en la sur. Sabemos de una que va a dormir mucho mejor, y tal vez de uno, que empiece a sufrir un poquito más. 

Ese bañito nos dejó tan relajados que decidimos ir a por unas pizzas a un Pizza Hut que hay aquí al lado y alquilar una peli, ("El curioso caso de Benjamin Button"), porque aquí en los campings te alquilan pelis de DVD y nosotros atención señores, tenemos DVD en la caravana, con una tele de pantalla plana. Así que como en casa, pizza, peli y pa la cama. De hecho las dos últimas probablemente vayan juntas, por aquello del espacio. Desconocemos si llegaremos al final de la peli, porque estamos más cansados que dos perros pequeños.

Mañana más fresquitos y seguro con más cosas que contar seguiremos informando. Probablemente dormiremos en Rotorua, pero antes veremos unas cosilas muy interesantes, tiempo mediante.

Besitos y abrazos para todos.

P.D.: Ana se ha vuelto a dar un ostiazo con una tele, en este caso la de la caravana. Nos os preocupéis que está bien.

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