lunes, 30 de noviembre de 2009

La batalla de Nueva Zelanda, Día 17: Liberad a Willy

Estaba tan liberada que ni la vimos. Vamos, que se canceló el tema ballenas, pero lo intentamos.

Hoy tocaba madrugón, o bueno, madrugar, madrugón será lo de mañana. Y cumplimos, consiguiendo hacer el tema: deshacer cama – ducha – vestirse – montar desayuno – fregar – recoger caravana – desconectar de electricidad – verificar que está todo atado, en menos de 1h 30m, récord personal. Y eso que pasamos por el supermercado, o el supermercado vino a nosotros, mejor dicho: cuando estábamos fregando, una pareja de alemanes muy majetes empezó a ofrecernos toda su despensa porque ellos ya se iban, así que hicimos la compra: esto sí, huy que bien, esto no, ya tenemos, esto nos viene genial, qué majos... lo más destacable para Ana ha sido la adquisición del Nesquik y el Nutella. En una trifulca inicial en la primera visita al super cuando llegamos a NZ, Dani vetó la compra de cualquier chuminada-mariconada tipo Nesquik o Nutella:

"No estamos en Madrid, luego nos sobra la mitad, ná, café, azúcar y a correr".
"Jo, pero a mí me gusta el Cola-Cao...". 
"Nah, maricaprichines, ahora te va a gustar el café". 
"Bueno, vaaaaale" dijo Ana con la cabeza gacha.

Pero Ana guardó con rencor este momento en su interior, y la cara de júligan de hoy al ver el bote de Nesquik era impagable. Nunca un bote de cacao en polvo pudo hacer tan feliz a una persona.

Este episodio nos ha hecho pensar en otra forma de hacer la compra, arramplamos con todo lo que encontremos suelto en los campings. ¿Que sólo hay sardinillas en lata? Pues a palo seco ¿Que sólo hay frutita? Pues hacemos papilla y se lo inyectamos a Dani por vena ¿Que sólo hay kiwis? Bueno, pues le pinchamos a Ana un Urbason y pa dentro. Tenemos que pensarlo un poco mejor, pero tiene buena pinta este nuevo planteamiento.

Nos plantamos en recepción a las 8 y poco, y ya nos dijeron que estaba la cosa malita (50% de posibilidades) para ir a ver ballenas en Kaikoura, pero que aceptaban reservas: el primer barco había salido y de los demás todavía no sabíamos. Así que nada, hicimos la reserva, y también reservamos el Top10 de Picton para por la noche y el ferry para mañana a primera hora. Para la hora molona (10 a.m.) ya hace tiempo que se agotó el billete barato, así que salimos a las 6:25 a.m., pero hay que hacer el check-in a las 5:25 a.m. (oh-dios-mio). Nuestro problema parte de la recogida del pasaporte: atienden en un flexible horario de 10 a 1 y de 3 a 5 (no sabemos si con parada para el bocata, esperemos que no), así que como el ferry tarda tres horas, el último que vale es el de las 10 a.m. si no nos queremos quedar tirados un día en Wellington.

En el momento de la reserva, la chica, muy eficiente, la puso a nombre del señor y la señora González. Al oir esto, la cara de Ana adquirió un color violáceo, se arremangó como un camionero y le faltó un pelo para soltar algo así como: "verá usté, señorita, de González nada, García, mona, GAR-CI-A, que yo sólo soy de mi padre y de mi madre, y a éste lo encontré en la calle". Dani, que ya conoce el orgullo cazurro de su pareja de hecho (ahem), se apresuró a indicar: "No, perdone, en España mantenemos el apellido de solteros, es Ana García, gracias". Qué diplomático es este chico.

Bueno, todo reservado hasta donde sabemos, cada uno con su nombre, faltaría más, pues nada, en marcha. Sin novedad por el camino (hemos empezado a pensar en los regalos de Reyes para matar el rato), llegamos a Kaikoura. En el sitio donde habíamos reservado (Whale Watch), preguntamos cómo estaba la cosa para salir, y no se atrevieron a decirnos nada, que volviéramos en una hora y media (habíamos llegado con mucho adelanto) y nos dirían, pero el anterior lo habían cancelado. El caso es que nosotros como lobos de mar que somos, sobre todo Ana, veíamos el estado de la mar estupendamente, diríase que como un plato. Nada, seguro que salimos.

Hicimos un poco el canelo, y volvimos: CANCELADOS todos los barcos del día. No aseguraban tampoco mañana, así que nuestras previsiones de ferry y demás era, desgraciamente, correcta. Pero decidimos no ahogarnos en pena, sino en comida, como es habitual, así que: "Y si nos metemos una langostita?". Leímos la biblia, y recomendaban dos sitios: el "emblemático" Nins Bin, y el "sensacional" Kaikoura Seafood BBQ. 

"¿Qué prefieres, emblemático o sensacional?"
"Emblemático suena a que lleva ahí mucho tiempo, pero sensacional suena a que es mejor, no?"
"Posí, vamos al sensacional"

Metimos la dirección en el TomTom, y cuando nos íbamos acercando vimos una casa a lo lejos. "Debe ser eso, qué vistas al mar". Y tanto. Porque no era esa casa, el "restaurante" estaba al lado, era un puesto montado por cuatro amigos con dos tablas y una plancha de cocinar en el arcén de la carretera. A veces la biblia tiene estas cosas. Eso sí, había bastante ambientillo de gente con la Lonely Planet en la mano. Así que nada, nos aventuramos, elegimos nuestra langosta (sí, se elige de la nevera, y cada una tiene su precio), y lo decidimos acompañar de un poco de pescado a la plancha también. Hecho el pedido, te dan una piedra con un número (de estas para hacer rana en los ríos) y te sientas en cuatro mesas que han puesto a lo largo del arcén a esperar a que te la traigan. Los muy perrunos se han puesto en una zona del arcén que tiene dos bancos más de estos públicos, así tienen más mesas. Qué jodios. Pero vamos, que vienen en la biblia, así que deben de llevar ahí ni se sabe cuánto tiempo...

El plato estaba co-jo-nu-do, las cosas como son. Es curioso comer mientras ves un tractor pasar, a veces llueve, las gaviotas tienen hambre, llevas cuatro capas puestas para quitar el frío (otra vez se han dejado la puerta abierta)... toda una experiencia. Comimos al más puro estilo "La isla de los famosos", porque el entorno te da muchas licencias: te rechupeteas los dedos sin miramientos, más que nada porque no hay servilletas, no te importa hacer ruiditos (más grita la gaviota encabronada que tienes al lado muerta de hambre), etc. Terminamos de comer, y ojo: hay que recoger el plato, tirar las sobras a un cubo de basura empujando con el tenedor (y teniendo cuidao que la gaviota no se tire en plancha al cubo), y dejar los platos en otro contenedor. Vamos, como en casa. De ahí a la furgo, y de postre un kit-kat.

Con el buche lleno, repetimos paso por Ohau Point, que ya habíamos visto en nuestra "huida a Wellington a por el pasaporte" 15 días antes. Esta vez paramos mucho más tranquilamente y en muchos más sitios. Intentamos ir a un sitio que nos habían dicho donde había focas bebé, pero no hubo suerte. Pero en la playa de al lado había cientos de focas. Era espectacular, nada que ver con lo que habíamos visto la otra vez. Gamba hizo hasta vídeos, y prácticamente no hubo que usar los lechuzos (nombre asignado a los prismáticos chusqueros de los chinos), porque estaban a cinco metros de nosotros. Cómo huelen a una mezcla de sudor y pescao, la firgen! Parece que después de ver tanto animal libre en su entorno te acaba pareciendo hasta normal, pero si te paras a pensarlo, es algo increíble.

A partir de ahí nos empezó a llover, y como ya habíamos visto todo lo que podíamos ver en Kaikoura, caminito a Picton, que así llegamos pronto y descansamos, que nos hará falta para mañana. Nuestro tercer ferry, Ana está a ver si le dan la gorra del capitán Pescanova.

Hemos aprovechado a seguir ahogando penas en comida (en realidad estamos muy contentos, pero es que las alegrías no se ahogan, no?), y salimos a hacer un casting de restaurantes por Picton (no hay muchos). El ganador fue el The Barn, aunque había uno que estaba dentro de un barco en el puerto que nos hubiera gustado ver, pero estaba cerrado (está en venta todo, el barco y el restaurante). En el Barn nos tomamos un chuletón de ternera neozelandersa la señorita Ana, y una pechuga de pollo sazonada con pesto Dani. Sin comentarios.

De vuelta al camping hemos tenido que ir a ducharnos con chubasquero, porque está cayendo la de Dios, de hecho probablemente hubiera bastado con echarse gel y salir a la calle, el resultado hubiera sido el mismo. Nos vamos a acostar pronto porque mañana estaremos a las 5 a.m. en pie (cada vez que escribimos esto Ana tiene espasmos), menos mal que el ferry está al lado del camping. Hemos pensado que no vamos a deshacer la cama, nos la llevamos puesta hasta la cola del check-in del ferry, y dormimos una siesta hasta que nos llamen. Es más, pensamos en llevar a Ana durmiendo hasta subir la furgoneta al ferry, y luego ya si eso subía, pero tememos por su seguridad con algún bache, cual plato de microondas. Lo que sí haremos seguro es desayunar en la cola, ventajas de llevarse la casa a cuestas.

Una vez que pasemos a Wellington, a eso de las 9:30 o 10, iremos a la embajada, y recogeremos el pasaporte, esperemos que sea un trámite rápido. Porque tiraremos al norte, bien al Lago Taupo o a Rotorua. Os contaremos.

Curiosidad del día: Estamos empezando a perfeccionar el oído, de manera que ya no miramos para atrás cuando cae algo, ni nos asustamos. Podemos reconocer perfectamente qué objeto es el que se ha caído por el sonido. Es que cada vez que paramos toca reconstrucción del interior.

"Huy, eso ha sonado al paquete de Kleenex"
"Joer, otra vez la pasta de dientes"
"Dani, ya te dije que ataras bien el asiento de atrás"
"La tabla de la cama ya está de excursión otra vez".

Bueno amiguitos, seguiremos con más aventuras, pero las próximas ya serán desde la Isla Norte, donde pasaremos nuestra última semana de vacaciones. Besos y abrazos!

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