… pero no fuimos nosotros. Cagüentodo! La crema está maldita!!!!
Expliquémonos: hoy nos pegamos un madrugón de espanto, a las 6 de la mañana toque de diana, con los ojos pegaos y la primera en la frente. Con el frescor mañanero, las ganas de mingitar se acentúan, así que Ana decide utilizar el baño de la caravana (como hacemos todos los días). Pero, oh sorpresa, ¿cuánta cantidad de líquido elemento podrá asumir el depósito de la caravana? Pues la cantidad exacta no la sabemos, pero hoy llegó al tope. Tanto, que debe tener algún tipo de sistema de seguridad para que no te salga todo el meao en marcha, que no dejaba abrir la "escotilla" clave. Así que allá que vamos, a las 6 de la mañana, a vaciar el depósito. Ahora ya sabemos que la capacidad es de unos 10-12 meaos mañaneros, clarostá, que son más abundantes. Teniendo en cuenta que Dani es mitad persona, mitad camello, la cosa puede reducirse drásticamente. Así que como medida de compromiso, una media de las que enseñaban en la escuela, y aplicando un factor de corrección basado en la experiencia, hemos decidido no pasar de 8 meaos mañaneros. Haremos seguimiento de este experimento y les haremos saber los resultados.
Bueno, traumas aparte, desayunamos a toa leche y nos pusimos en marcha hacia Fox Glacier (recordemos, amiguitos, que estábamos en Franz Joseph, que está a unos 25 kms), con una carretera en obras llena de baches interesantísima para una caravana de este pelo, aunque la afrontamos con mucha tranquilidad sabiendo que ya no hay plato de microondas que romper.
Y aquí está el momento clave, compañeros: "Vamos a echarnos crema, que fijo que nos quemamos ahí arriba con toda la nieve". Recordemos que las dos veces anteriores que nos pusimos crema el resultado fue éste: 1) Barco de Abel Tasman: todo el mar azotando la jeta, llegamos con sal hasta el tuétano, todavía la estamos quitando de las gafas de sol (y a tomar por saco la crema, claro), 2) Playa de Whahariki: una tormenta de arena, que ríete tú de Lawrence de Arabia, azotando la jeta, con el resultado de la mujer barbuda y una cantidad de arena en el pelo que hemos tardado dos días en quitar. El resultado de esta vez era previsible. Pero no adelantemos acontecimientos.
Las previsiones meteorológicas eran muy buenas, nos lo venían diciendo desde hace tiempo. Pero ya esta mañana cuando salimos del camping las nubes estaban muy bajas, aunque no llovía. Pensamos, "bueno, será normal por estos lares, levantará cuando salga el sol". Así que nada, pagamos, y nos montaron en un autobús de la posguerra (aquí casi todos los buses son muy antiguos), para llevarnos al helipuerto. El tío bromeaba con que "menos mal que los helicópteros son más modernos que los autobuses, eh?". Qué gracia el jodío, Ana se partía la caja. Allí nos explicaron todas las normas de seguridad, y como no, a Ana se le empezó a hacer un nudillo en el estómago, seguido de risas nerviosas, y un no parar de esto de "me estoy yendo por la patilla de miedito". Nos pusimos unas botas que nos dejaron (donde irían los crampones) y nos dejaron unos calcetines de lana de oveja de la tierra pa que no tuviéramos frío (aunque nosotros íbamos equipaos a tope). El helicóptero llegó incluso a mover las aspas, calentando, pero la maldición de la crema actuó: vuelo cancelado por poca visibilidad por las nubes bajas. Cagüen!
Así que volvimos a la base, y nos ofrecieron la oportunidad de intentarlo de nuevo a las 11:15, sin garantías de que la cosa mejorara, pero a lo mejor con más posibilidades. "Venga, vamos a intentarlo, nos tomamos un café y esperamos" (Ana una tila, claro). Hicimos el canelo un rato, y a las 11:15 volvimos a repetir la operación, parecía que mejoraba, pero oooooh, mismo resultado. Y esta vez no se podía aplazar. Nos devuelven el dinero, y pa casa. El caso es que como este verano ya habíamos estado en un par de glaciares en Suiza, y en uno de ellos, incluso dentro de él y paseando por encima, tampoco nos traumatiza tanto, lo único por la oportunidad del vuelo en helicóptero, pero ya habrá más ocasiones, aquí te ponen un helicóptero hasta pa ir a comprar el pan.
Eso sí: no nos volvemos a echar crema aunque se nos caiga la cara a cachos. Hasta ahí podíamos llegar. Seguro que si hubiéramos subido a lo alto del glaciar hubiera surgido una tormenta de arena de la nada, maldita crema.
Siendo constructivos, seguimos un plan alternativo: lago Matheson, vamos pateando hasta ver la lengua de Franz Joseph (que se puede ir caminando), y cenamos dándonos un homenaje (todo lo arreglamos a base de comida).
Así que nos fuimos a ver el lago Matheson (un lago que es famoso porque refleja en sus aguas la imagen del Monte Cook y el Monte Tasman casi como un espejo, porque las aguas son muy tranquilas, hay miles de postales con esa imagen). Nos pusimos a caminar, con una rutita entre bosques y al lado del lago, de 1h y 30m, aunque nos paramos a comer así que nos llevó algo más de tiempo. Eso sí, como todavía nos quedaba crema en la cara (no aprendemos) un lago supuestamente hipertranquilo se convirtió en una marejadilla tirando a fuerte marejada en el mar de Alborán. Sol hacía, y la temperatura era buena, pero de espejo ná. Y de monte Cook y Tasman tampoco, porque las nubes no habían levantado. Pero de todos modos, el paseo estuvo muy bien, los paisajes eran muy bonitos, y estuvimos entretenidos con unos peces muy raros a los que les molestábamos con hojas para ver si se movían hacia el sol y les podíamos hacer fotos a través del agua, porque eso sí, cristalina el agua era un rato.
Visto el Matheson, nos fuimos al Franz Joseph, donde había otra ruta de un par de horas en la que llegas al final del glaciar. Hay que remontar una especie de cuenca de un río, que en realidad es lo que ha dejado el glaciar en su retroceso (al parecer hace unos años -1860- era muuuucho más grande, aunque para la tranquilidad de los ecologistas está volviendo a crecer desde los 70, igual dentro de unos años no se puede pisar por donde hoy hemos paseado nosotros). Total, que al final llegamos a estar a escasos 50 metros del final del glaciar. Era mu grande, al lado parecíamos hormiguitas. Muy chulo todo. Gamba hizo un buen reportaje, buscando los encuadres que hubiera hecho Chirla (ahem).
Y nada, vuelta al pueblo. Eso sí, habíamos visto en el tiempo muerto que tuvimos entre el primer intento y el segundo del helicóptero unas chaquetas de montaña (tipo cortaviento absolutamente impermeable de estas como de Trango que abrigan un huevo y son finas) que nos habían gustado mucho, y que cuestan la mitad que en España. Pues nada, para ahogar las penas nos las hemos pillao, y son la leche. Estamos deseando y todo que haga malo pa estrenarlas... así que mañana nos echamos crema.
Y bueno, claro, la cena. Resulta que Ana en sus ratos de copiloto había averiguado en la Lonely Planet que una de las cosas típicas de aquí era el venado. Y leyendo leyendo, encontró un restaurante recomendado con una pinta estupenda, el Alice May, y p'allá que fuimos. Maravilloso, oiga. De entrante ha caido una "Bruschetta" para abrir boca, que es una especie de pan de ajo, con tomate fresco picado, queso feta, y perejil al horno, riquísimo. Y de segundo: un estofado de venado con salsa de vino tinto y cerveza negra, y un chuletón de ternera neozelandesa con salsa de champiñones. Todavía nos estamos relamiendo. No hemos podido ni pedir postres...
Y ahora ya de vuelta en la caravana estamos más cansaos que dos perros pequeños, así que vamos a dormir que mañana queremos madrugar porque nos espera otro largo viaje hasta Wanaka y su lago. Por el camino iremos parando en varios lugares interesantes que hemos leído, se supone que podremos ver focas, leones marinos y pingüinos, aunque depende mucho del día. A ver si hay suerte (nada de cremas).
Queridos todos, mañana más.
Nota para las madres: Que sí, que nos echaremos crema. Pero como se joda alguna otra actividad, la culpa es vuestra.
PD: Ana se ha vuelto a abrir la cabeza con uno de los armarios, no sabemos en qué estado volverá. Lo que le faltaba.
PD2: Dani está feliz con el termostato de los neozelandeses, nosotros vamos abrigados como pal polo y ellos en pantalón corto y chanclas. No para de decir: "¿Ves?, aquí nadie me diria nada por ir en manga corta".
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