sábado, 28 de noviembre de 2009

La batalla de Nueva Zelanda, Día 15: Los vengadores

Bueno-bueno-bueno señores, estamos en racha. Ya no hay bicho que se nos ponga por delante. Bueno, sí. Venga, vale, no vamos a adelantar acontecimientos, vamos poco a poco.

Efectivamente dormimos como dos ovillos, nos sobraba la mitad de la cama, parecíamos capullos de mariposa, ahí envueltos en la sábana para bajar la sensación de frío (de Ana). Capullo sobre todo Dani, que estuvo toda la noche como una momia egipcia, sin moverse como si lo hubieran embalsamao. Pobre. Cuidao que es pequeña la jodía, y cómo lo monopoliza todo. Como anécdota, Ana durmió con: camiseta de manga corta, camiseta de manga larga, chaqueta de pijama y FORRO POLAR, además de los pantalones del pijama con calcetines. Dani durmió con: manga corta y pantalón. Ya.

En fin, corramos un tupido velo. Por la mañana Ana tuvo que ir a ducharse con agua hirviendo para ir entrando en calor. La verdad es que además de que la temperatura era baja, hacía mucho viento, así que la sensación térmica era bastante desagradable. Después de esa ducha con agua hirviendo y unas cuantas quemaduras de segundo grado parece que empezó a entrar en calor, así que nos pusimos en marcha (no muy pronto) hacia Dunedin. Ya habíamos visto más o menos lo que había que ver en los Catlins, y sin embargo Otago tenía mucho que ofrecernos...

Llegamos a la península de Otago a eso de las 12, sin forzar, y la primera parada era Sandfly Bay, donde la Biblia decía que había muchos leones marinos. Y no falló. La bahía en cuestión era una playa enorme a la que se accedía a través de dunas inmensas (bastante jodidillas de caminar). Esta vez no nos habíamos echado crema, así que iba todo sobre ruedas y no había viento. Llegando a la orilla, empezamos a verlos: había varios, aparentemente todos durmiendo repanchingados sobre la arena. Los dos primeros que vimos estaban justo al acabar la duna, y empezamos a hacerles fotos, a los reglamentarios 10 metros. Pero es que 10 metros con un bicho de esos no son muchos metros. Como estaban dormiditos nos crecimos y nos acercamos un poquito más, hicimos unas fotos con Ana bien cerca y bien. Y en estas que estaba Dani posando para una foto que le hacía Ana, y uno de los leones marinos que se levanta, y pega un bufido, que despierta al otro, y le acompaña. Se ponen erguidos, y hacen incluso amago de moverse hacia nosotros. Joder qué carreras duna arriba. Aparecieron Carl Lewis y Marion Jones de la nada. A todo esto, los leones, una vez hicieron eso, se volvieron a tumbar y a dormir. Pero se movían cada poco.

Así que un poco escarmentados, decidimos guardar más las distancias, y seguimos caminando por las dunas a la distancia prudencial, vimos como otros 4 ó 5 leones marinos. Unos paseando, otros nadando en la playa, y otros durmiendo. Algunos eran del tamaño de 4 Danis, o 8 Anas, aprox. Ahí estábamos dando un rodeo, pensando que íbamos muy lejos de ellos, cuando estuvimos a punto de pisar uno. Estaba camuflado, rebozado de arena seca como una croqueta, y muy metido para dentro de la playa, lejos de los demás, así que no nos lo esperábamos. Si llegamos a pisarlo, la que se lía es buena. En cuanto lo vimos, a escasos 2 metros, otra carrera duna p'arriba batiendo el record de los 100 metros dunas. Menudos gemelos que hemos hecho. 

Una vez a salvo en las dunas arriba nos entraba la risita nerviosa. Leímos luego en las instrucciones (para qué las íbamos a leer antes, para qué), que con estos bichos no hay que preocuparse tanto como con las focas y los pingüinos, y SOBRE TODO, no hay que correr. Porque ellos, a diferencia de pingüinos y focas, no tienen miedo del hombre, y lo más que tienen es curiosidad. Tampoco hay problema con no dejarles mucho espacio cuando duermen, pero sí cuando están despiertos. En fin.

Satisfechos por los avistamientos (es realmente emocionante verlos ahí) y sustitos varios, y llenos de arena, nos vamos a otra playa talismán, pero en esta no tenemos suerte, Allan's Beach. Era lógico de todos modos, porque la marea estaba demasiado alta, y no había arena para que se tumbaran a descansar. Y como habíamos visto tantos antes, tampoco nos importó mucho.

Siguiente punto, Taiaroa Head, un cabo en la península de Otago donde está la única colonia fija en tierra firme de albatros reales en el mundo. Nos acercamos y desde luego pájaros había, pero albatros a la vista no. Al parecer, ni era la mejor época, ni el mejor sitio: casi todos los que hay están una zona a la que se accede a través de visita de pago, así que pasamos y nos conformamos con las vistas del cabo, que eran muy chulas. Y de los otros pájaros que había, además de las gaviotas, otros de pico rojo y plumas negras muy llamativos. Las gaviotas nos pusieron la caravana como un solar, parecía aquello el bombardeo de Pearl Harbor. Los prismáticos de los chinos siguen dando juego, hemos estado observando unos nidos de los pájaros raros esos. Pena no tener ni idea de qué pájaro era, pero tenemos fotos para poder identificarlos a posteriori. Bueno, y estuvimos también en la Pilots Beach, donde había un león marino durmiendo, pero se veía a través de una verja, así que parecía un zoo, nada que ver con lo vivido antes.

La península de Otago es de lo mejor que hemos visto, y no sólo por los animales. Hay unas vistas preciosas de toda la península, con el agua azul-verdosa, y los montes de un verde muy vivo. La carretera va todo el rato al borde del agua, así que el simple hecho de moverse por allí es una pasada.

Como habíamos previsto la noche anterior, si el día se nos daba bien, tirábamos hasta Oamaru, y así hicimos. Por el camino paramos a ver las Moeraki Boulders, que son unas rocas muy curiosas de forma casi perfectamente esférica que hay en una playa entre Dunedin y Oamaru. Dicen que si la forma en la que se crearon es similar a la que produce las perlas en las ostras, pero es el único sitio en el mundo, y la única playa en NZ donde están así. Llama muchísimo la atención. Es más, hay alguna rota y es como si se hubiera roto un huevo. Curiosísimo.

Y llegamos a Oamaru, la ciudad de los pingüinos. Hasta hoy, como sabéis habíamos visto 4 pingüinos, uno en Milford Sound y otros 3 en Roaring Bay, a punto de cáersenos los dedos de congelación. Pues bien, hoy habremos visto como 150 pingüinos, menudo empacho.

Al fichar en el Top10, ya nos dijeron que había dos puntos de avistamiento, uno de pingüinos azules (pequeñíiiiiiisimos, los más pequeños que hay) y otra de pingüinos de ojos amarillos. Como los de ojos amarillos se recogían antes, fuimos primero a esa. Se supone que son muy tímidos, de hecho por eso el día anterior habíamos estado en un refugio escondidos como el Lute para verlos desde donde Cristo dio las tres voces. Nada, todo mentira. Donde el día anterior habíamos estado hora y pico medio muertos de frío esperando para verles salir del agua a lo lejos, hoy los hemos visto a UN METRO ESCASO de distancia. Llegamos a la playa en cuestión, Bushy Beach, y te pones a verla desde el acantilado, no hay acceso a la playa. Pero nada más llegar, vemos que hay un pingüino en los matorrales del acantilado. Ni idea de cómo ha llegado hasta allí, el caso es que estaba ahí arriba, son bastante grandes. Nos hichamos a hacer fotos. Se les oía llamarse unos a otros, y por eso sabíamos que había más escondidos entre los matorrales. Hay que estar muy callado, así que ya véis a Ana y a Dani corriendo de un lado para otro y haciéndose señas como dos posesos para explicar donde estaba uno u otro. 

Y de repente aparecen dos. Que parece que van a seguir la misma ruta de los otros (que estaban a unos 2 metros de donde estábamos una legión de gente con cámaras a tope de zoom), pero no, giran inesperadamente y se paran delante de nosotros dos a un palmo de distancia. Vamos, que llegábamos a darles una colleja. Nuestras miradas se cruzaron y según Ana nos hemos hecho amigos para siempre. Ana y los pingüinos, se entiende. Así que ahí estaba, unos pingüinos rarísimos, en peligro de extinción, únicos, y bla bla bla, a un palmo de nosotros. Teníamos el día de suerte.

Más felices que dos lombrices nos vamos a ver a los otros pingüinos, los mini, pero es de pago. Aún así, decidimos que merece la pena y nos metemos. El montaje era curioso, porque había hasta una especie de anfiteatro, gradas y tal, a los pies de las rocas, donde les veías salir del agua, cruzar un camino e irse a las madrigueras delante de tus morros.  Pero vamos, con focos y tal, que parecía aquello un plató de televisión. Bueno, pues los tíos no se amilanaron, y salieron a patadas, venían en grupos de 15 o 20, y salieron como 5 o 6 grupos. Son muy graciosos, y miedosos. Nos dijeron que si se acercaban a nosotros (porque podían irse hacia la grada) nos debíamos de quedar parados. Y que si luego al recoger el coche / caravana veíamos alguno bajo el coche (porque se pasan de largo), que avisáramos. Cuando ya salíamos, otra vez peladillos de frío, bajamos por debajo de la grada para no molestar la visión a la gente, y allí había uno que se había escapao. Nos quedamos quietos como estatuas, casi sin respirar, y se nos acercó que casi nos pica el pie. Qué bueno, era graciosísimo! Más gente lo vio, y se quedaron quietos todos también. Parecía que estábamos jugando al escondite inglés. Cuando el pingüino despistao volvió a la zona de las madrigueras, nos movimos todos, muy divertido y emocionante.

Salimos del recinto, comprobamos que no había nada bajo la caravana, y nada. Pero vimos que había unos chavales mirando al otro lado de la carretera, y ahí estaban. Pues no es que hubiera uno fuera del recinto, es que había montones! Estaban por todos lados, y había que ir con mucho cuidado para no pillarlos. Habremos contado 30 o 40 fuera del recinto. Qué jueguistas los tíos.

Así que hoy hemos tenido sobredosis de naturaleza, nos hemos vengado de la costa oeste, donde no se dejaban ver. Hoy se nos ha hecho tarde, pero aún así no queremos que mañana se nos haga tarde para salir por la mañana hacia Pukaki y Tekapo. Las previsiones del tiempo no son malas, así que veremos. Más complicado va a ser el tiempo a partir de ahí por lo que estamos viendo, pero no adelantemos acontecimientos...

Mañana no sabemos si tendremos acceso a Internet de nuevo, porque no tenemos claro donde vamos a dormir, si en Fairlie, en el mismo Tekapo, bajar a Christchurch... ya veremos. Y la siguiente parada será casi con seguridad Kaikoura, aunque dependerá del tiempo que nos haga. Pero otra langostita cae fijo, eso no depende del tiempo.

Pues nada, os seguimos contando, besos / abrazos a todos.

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