sábado, 21 de noviembre de 2009

La batalla de Nueva Zelanda, Día 7: Lo que el viento se llevó (a Chirla).

Nos levantamos con un día igual de bueno que el anterior, qué sol!!!. Qué buena temperatura. Desayunamos tranquilamente y pusimos rumbo a la playa de Whahariki, al norte norte de la isla sur, casi en la puntina. El camino fue chulo, una carretera algo sinuosa, que de nuevo puso a prueba la habilidad conductora de Dani, y la habilidad señalizadora de Ana con sus ehhhhh!, ehhhh!!!. 

Cuando ibamos llegando a la puntica, ya veíamos que soplaba un viento de pelotas. Pero nada que no fuera un día más de los que podemos tener en España. Llegamos al parking donde tienes que dejar ya el coche y cogimos los bártulos para empezar un camino de unos 20 minutos hasta la susodicha playa. El camino pasaba por finquillas con ovejas a punta pala que no se quisieron hacer ninguna foto con nosotros y luego por una especie de semibosque que ya llegaba a lo que podemos decir el principio de la playa con dunas y tal. Hay que decir que por el camino, el viento era intensito, tanto que Ana se puso un par de piedras en los bolsillos. 

Pero eso no era ná, brisa comparado con lo que había cuando llegamos a las dunas de la playa. Habíamos invertido unos minutos en ponernos crema antes de salir del parking y pa qué, pa que se nos quedara pegada toda la arena de la playa en nuestras jetas, lo que viene a ser un peeling natural. Ana parecía la mujer barbuda con miles de granos pegados en el bigotillo, parecía que tenia una barba de tres días. Nos costó un triunfo llegar hasta el agua, capucha, gafas de sol, bocas cerradas y de vez en cuando de espaldas al viento para respirar (aun asi seguimos masticando arena) y conseguimos hacer lo que muchas gente ha deseado, bailar como Michael Jackson!!!. Podíamos caminar para atrás!!! Como el MoonWalker!!!. Y tambien podiamos quedarnos clavados en el suelo haciendo un angulo de 45 grados!!! Siempre nos hemos preguntado cómo lo conseguía, ahí está la solución, un ventilador de la ostia en el escenario!. 

La playa es chulísima, es el típico sitio que parece que es el extremo más extremo del mundo. Salvaje, ni un alma, rocas raras y arena superfina.  Hicimos unas cuantas fotos, las que pudimos, teniendo en cuenta la ventisca y con las mismas nos volvimos por donde habíamos venido. Al llegar a la chocita, sacudimos todos nuestros enseres y comenzamos el camino hacia St. Arnaud, que está en el parque natural de Nelson Lakes. Por el camino nos paramos a comer en un restaurante recomendado en la Lonely que se llama Mussel Inn (para Dani el Muselin, debe de tener gracia en Gijón), un sitio en la carretera autentico de verdad. De nuevo menú mejillón, esta vez cocinados de otra manera, una muy curiosa llamada Chowder, una especie de sopa de tomate con albahaca, cebolla otras verduras que ni hemos distinguido y por supuesto mejillones picados y ligeramente picante, muy rico.

Después de comer continuamos ruta y paramos en "Pupu Springs" (lo de Pupu es una abreviatura de un nombre muy largo que termina en Pupu, tipo Terawuarikipupu o algo asi). Son unos manantiales que dicen que tienen las aguas más cristalinas del mundo. De hecho hay carteles que explican que donde parece que hay un metro de profundidad al ojo humano, en realidad hay 2,7 metros!!!. Y eso es porque el agua es muy, muy, muy transparente. Es cierto, las pozas que vimos eran impresionantes, se veían hasta los mocos de los peces.

En ese momento horror!!!, nos dimos cuenta que habiamos perdido a un integrante de nuestro grupo, CHIRLAAAAA, no nos abandoneeeessss!!!!. En nuestro periplo anterior por la playa se ve que le entró arena y su motorcito no es capaz de sacar el objetivo con los granines de arena dando por saco. Dani dice que no está perdida, que con un buen cepillado la recuperamos. Le abrimos el ojito y está ahí, respira, lo sabemos, intentamos reanimarla con pilas alcalinas nuevas: - Dani, carga, 300, FUERA!!. Pero ni con esas se reanimaba, está en coma, esta noche nos turnaremos para quedarnos en vela a su ladito, y que sepa que no está sola.

Pasamos de nuevo por Motueka y paramos en una gasolinera donde rellenaban las botellas de gas que llevamos para la cocina. El aspecto era el de una gasolinera americana del medio oeste, mucho polvo, dos mecánicos de manos grasientas y mostacho y un taller pegado al lado. Queríamos llenar nuestra botella de gas porque hace un par de días intentamos utilizar los fogones y no encendían ni queriendo, menos mal que tenemos tambien fogón eléctrico. El caso es que pensabamos que la bombona estaría vacía, asi que preguntamos en la gasolinera. Uno de los mecánicos de manos grasientas (de hecho tendremos que lavar la caravana con Fairy), llamémosle Joe, nos ayudó y nos dijo que la bombona estaba llena hasta los topes. Dijo que si no funcionaba el fogón podía ser porque había algun tubo obstruído, pero no por la bombona. Así que decidimos probar, una vez comprobada por Joe para ver si ahora funcionaban, y nada, todo igual. Así que ahí viene Joe, como buen profesional, se sube a la caravana, no sin antes dejar sus huellas por todos los sitios, y empieza a juguetear con los fogones teniéndonos a nosotros como espectadores. Y el tío dio con la clave, qué profesional. Resulta que los fogones tienen un sistema de seguridad para que no haya escapes de gas que hace que haya que dejar la rosca del gas pulsada hacia dentro hasta que haya llama, vamos, una absoluta gilipollez. 

Con cara de lelos y con el rabo entre las piernas seguimos rumbo parando a reservar nuestra excursión del domingo en el glaciar Fox: el helihike, es decir, helicoptero sobrevolando los glaciares, ruta por uno de ellos con guía y vuelta en helicóptero, yupiiiii.

Y después de una tiradilla más, hemos llegado a St. Arnaud, donde tenemos un camping bastante más básico que los anteriores (éste es de los gestionados por el DOC, el departamento de conservación del gobierno), pero con unas vistas que quitan el hipo al lago Rotoiti, uno de los lagos del parque de Nelson Lakes. 

Un par de cosillas a anotar: Anaé debe de tener complejo de Tachenko, o bien será cosa de que por ser bajita no está acostumbrada  a agacharse y piensa que nunca se va a dar con nada, pero la hostia que se ha dao hoy con el techo de la caravana ha tenido hasta retroceso, oiga. Y no es la primera! Ya van unas cuantas. Curiosamente Dani todavía no se ha dado.

La segunda cosilla: nos pregunta una lectora que cómo nos apañamos con la comida. Pues francamente bien, señora. Hicimos una primera compra el primer día que no se la salta un gitano, y salvo otra pequeñita aún sobrevivimos. En cuanto a cosas que se pueden comprar/comer, es básicamente igual que en España, sólo que con otras marcas, y los sabores son ligeramente distintos: las mantequillas son más saladas que en España, la leche sabe distinta, y las salsas de tomate y ketchup están muy dulces. Pero lo básico es lo mismo. Y luego el equipamiento de la autocaravana lo hace todo bastante fácil, porque tenemos microondas, nevera, tostador, horno... así que las comidas son como en casa.

Pues nada, allá seguimos: mañana Punakaiki y llegada al glaciar Franz Joseph, y lo que pillemos por el camino. Se supone que hará mal tiempo, veremos.

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