Menos mal que no volvimos a intentar hoy el heli-hike, porque tampoco era hoy el día. Llovía a mares, y había mucha nube baja por ahí. Nos fuimos de Franz Joseph contentos porque no se iba a hacer la actividad, sientiéndolo mucho por los que se hubieran apuntado. Mal de muchos...
Nos pusimos en camino emocionaos con la posibilidad y esperanza de ver pingüinos en el camino, porque se supone que había un par de sitios que eran casi apuestas seguras para verlos. Mientras llegábamos a la primera parada prevista, Ana decidió operar a Chirla. Con un cepillo de dientes totalmente esterilizado, (vamos, recién comprado en el super), estuvo sacando todos los granines de arena que pudo. Incisión, pinzas, aspire, gasas..., como en un episodio de Urgencias, (que es mas profesional que Hospital Central), hizo todo lo que pudo por salvar su vida, pero Chirla sigue en coma. Es curioso, pobre, da la misma pena que R2D2 cuando está todo churruscado en la peli, y no hace más que ruidines, pero no se mueve. Así está Chirla, con un hilo de voz, pero sin reaccionar.
La primera parada la hicimos en el lago Paringa, al parecer con muchas truchas, pero no se asomaban a la orilla, son truchas tímidas. A estas alturas ya hacía un día de mieeeelda mi amol así que tampoco le dimos mucha bola. Eso sí, truchos sí que hemos visto unos cuantos.
Superado el lago Paringa, la siguiente parada era el lago Moeraki, o más bien, la track de 2 horas hasta Monro Beach. La ruta está muy chula, de nuevo caminando entre la selva. Estaría mucho mejor si nos dieran un Kalashnikov para que esperáramos a que nos atacaran los vietnamitas, pero no puede ser todo. Molaría revivir aquello de "charli, charli, no siento las piernas, hay chinos por todas partes", porque las selvas son tal cual. O de uno de esos capítulos del Equipo A cuando drogan a M.A. y se van a un sitio exótico.
Después de un paseo bien majo, llegamos la playa de Monro Beach, lugar donde vive una colonia de pingüinos, de junio a diciembre. Esto lo sabemos por los carteles, porque no hemos visto ni uno, y mira que buscamos. La playa la peinamos mejor que esos que van con un aparatito buscando metales. Sí que encontramos un pescao muerto, síntoma inequívoco de la caza del depredador pingüino (léase con voz de Félix Rodríguez de la Fuente). O estaban sobando (que por lo visto soban en el mar) o estaban de parranda. O ya se fueron todos hasta el año que viene, esperemos que no sea esto último. Intentamos atraerlos con sonidos guturales varios, incluso el clásico pero no menos efectivo "pitas, pitas", pero no hubo respuesta. Eso sí, moscas cojoneras unas cuantas, parecía que nos había abandonao el desodorante, y nos sentíamos como en los dibujos animados cuando van muy sucios rodeados de bichos. Naturaleza 1 – Dani & Ana 0.
Con las mismas y el rabo entre las piernas, vuelta a la caravana. Por cierto, en todo este rato no ha dejado de llover. Para hacerlo más sencillo, haceros a la idea de durante todo el relato sigue lloviendo hasta que avisemos. Pero torrencialmente. Eso sí, las cazadoras molonas de ayer han sido estrenadas con gran jolgorio y alegría. No cala ná de ná. Y abrigan un huevo. Confirmao.
Pusimos rumbo al Knight's Point, un sitio que supuestamente tiene unas vistas estupendas, donde se pueden ser colonias de leones marinos y focas (desde lo alto en este caso), incluso alguna ballena despistada, pero entre la bruma y la lluvia no se veía un pijo, así que como siempre ahogamos nuestras penas en comida, nos montamos unos macarrones estupendos en la caravana, en el parking del sitio en cuestión. Naturaleza 2 – Dani & Ana 0.
Al principio la idea de los macarrones molaba, pero luego Dani empezó a preguntarse si eso estaría permitido (los del DOC – Departamento de Conservación- son un poco polillas), y cada vez que se metía un macarrón pal cuerpo echaba una mirada alrededor. A lo que Ana para tranquilizarle respondía "Acabo de ver a un tío comiéndose un plátano. Si él puede, nosotros podemos comernos unos macarrones". No acaba de ser lo mismo, pero bueno, si nos echaran, pediríamos la expulsión del tío del plátano y ya está. Y luego tuvimos un segundo episodio escabroso con los desagües de la caravana, en este caso del fregadero. Cuando nos pusimos a escurrir los macarrones, no tragaba. Glups. Miradas cruzadas, verás tú, ahora a investigar para limpiar esto, y los del DOC por aquí, y nosotros con los macarrones, qué movidaaaa, qué movida, qué puro nos va a caer. Mirando fijamente el desagüe (ríete tú de Anthony Blake), apareció una burbujita de aire y tragó el agua. Aún no tenemos claro si tenemos que desaguar, a ver si mañana lo aclaramos.
Con la panza llena, seguimos camino, ya que Ana quería ver una apasionante colonia de chanquetes que aparecía en la Lonely Planet (a veces se entiende el por qué de "Lonely" de esta guía), un "pelín" desviada de la ruta, pero nada serio, 30 kms. A los 20 kms había un desvío por un camino de tierra (recordemos amigos que llevamos una caravana de 6 metros), que ponía Hanuka Estuary Walk, o algo asín, que nos llevaría hasta un parking. O eso se supone, porque en la línea de nuestro día, nunca lo encontramos. Y no había desvíos, ojo. Pero lo que si nos encontramos fue primero un tractor, y luego ¡un tráiler!, en un camino que no era más ancho que la caravana. Empezamos a sudar como si lleváramos puestas las chaquetas nuevas y la calefacción a tope, solo que íbamos en manga corta. Joder-joder-joder, lloviendo a mares, en un camino de tierra, sin indicaciones, con un tractor seguido de un tráiler enfrente, el GPS perdido, y de camino a ver una puta colonia de chanquetes, grthgmhdfgsdsdg@#!!. Vimos pasar la vida por delante de nuestros ojos (otra vez) y nos imaginamos el paraíso, lleno de chanquetes. Menos mal que tanto el camionero como el del tractor deben tener el culo pelao de encontrarse con gilipollas perdidos en busca de colonias de chanquetes, y conseguimos salvar la situación con sus indicaciones. Eso sí, dimos la vuelta por donde habíamos venido, detrás de ellos, y pasamos de los chanquetes. Naturaleza 3 – Dani & Ana 0.
Pero como esto no eran suficientes emociones por hoy, decidimos ir hacia Jackson Bay, un pueblo (bueno, lo de pueblooooo es un decir, cuatro casas) de pescadores, porque supuestamente (de nuevo supuestamente) habitan pingüinos. A estas alturas los pingüinos se están escojonando en nuestra jeta, comentando la jugada con los chanquetes. El caso es que como os podéis imaginar, ni rastro de pingüinos. Y eso que esta vez decidimos ayudar al ojo humano con unos prismáticos de los chinos por si era cuestión de afinar un poco más, y ná. Naturaleza 4 – Dani & Ana 0.
La moral de la tropa estaba por los suelos. Decidimos ignorar toda muestra de vida semi-inteligente en nuestro camino y tirar para Wanaka, que todavía se nos iba a hacer tarde. Pasamos por el desfiladero del río Haast, y paramos en un par de cascadas (Fantail Falls y Thunder Creek Falls), oye, muy impresionantes. Claro, con la que estaba cayendo, como pa no. Ciertamente bonitas.
Y cuando ya terminaba el desfiladero, dejó de llover. Y vimos la luz del sol. Cómo cambia todo cuando le da la luz del sol. Y es que el viaje de NZ es un viaje de paisajes, y tan importantes son los que nos paramos a ver como los que nos encontramos por el camino, por la carretera. Y estos días de lluvia no muestran todo el potencial que tiene NZ.
Un par de paraditas más para hacer fotos a los lagos Wanaka y Hawea con los Alpes (de NZ, si no menudas vistas) al fondo, y llegamos. Hicimos la compra, y aún no tenemos plato para el microondas. Pero sí unos muffins de chocolate estupendos. Estamos ya instalados en el Top10 de Wanaka, con unas vistas chulas, y hoy por primera vez hemos oído español en todo el viaje. Hay unos cuantos. Hasta ahora sólo habíamos oído a dos parejas argentinas, pero nada de españoles. Con lo que nos hacemos notar, ya es raro...
Ahora ya estamos cenando unos nachos con queso (todo de dieta, como véis), pero estamos cansados y queríamos algo rápido para acostarnos pronto, mañana es un día largo y duro. Nos espera una ruta de 4 horas si el tiempo acompaña, y luego, después de pasear un rato por Wanaka, nos vamos a Te Anau, que es la base para hacer luego el crucero por los fiordos, el Milford Sound.
Dos anécdotas: una, es que debe ser tradición, en NZ allá donde hay piedras, hacen montoncitos con ellas. Oye, allá cada uno y sus cadaunadas, pero a nosotros nos parece un poco raro encontrarnos montoncitos de piedra por todas partes. En las playas, en las cuencas secas de los ríos, al lado de una cascada, al lado de la carretera... por todos lados!
La otra tiene que ver con los animalitos. Hay varios animales que por raros y típicos la gente anda muy pendiente de ver. Están los kiwis, que son pájaros nocturnos, los keas, loros alpinos, y los possums, que son una especie de cruce de rata, gato y mapache o algo así raruno, que en realidad viene de Australia, y que a los neozelandeses no les gusta nada, al parecer se carga un montón de bichines suyos. Pues andamos ahí a ver si vemos alguno de estos, y de momento keas y kiwis no, pero possums aplastados en la carretera un huevo. Pero vamos, a ritmo de 1 cada 5 kilómetros. A ver si hay suerte y vemos uno vivo! A lo mejor están con los pingüinos y los chanquetes...
Mañana más!
No hay comentarios:
Publicar un comentario