Se nos terminó Queenstown. Mira que nos gustaba, ¿eh? Hemos descansado, lo hemos pasado bien, tenía ambientillo... pero hay que seguir adelante. Y el siguiente paso eran los Catlins, un parque natural que mucha gente no visita, pero que a nosotros nos habían recomendado bastante.
Esta mañana, con mucho sueño encima, después de una duchita, un desayuno bien majo, una compra en el super y rellenar el depósito de la caravana, pusimos rumbo a Owaka, una de las ciudades más importantes de los Catlins, y la más cercana a lo que queríamos visitar. Bueno, ciudad, lo que hemos dicho muchas veces, mucha ciudad no es. Ni idea de los habitantes que tendrá, no había ni ruto, y sólo hay un bar/restaurante, así que haceros una idea.
El viaje no tuvo mucha historia. Fueron 260 kms, en 3 horas y 20 minutos, sin paradas. Llegamos a Owaka con más hambre que los pavos de Manolo y como no podíamos elegir mucho, comimos en EL restaurante, el LamberJack. Que dicho sea de paso, estaba estupendo por dentro. Para darle ambiente, musiquilla country de fondo, que debe ser lo típico de por esta zona (de hecho, en la Biblia pone que 355 días al año el pueblo no tiene ninguna historia, y los 10 restantes acoge el festival de música country más importante del país). Así que comimos en compañía de Dolly Parton y Garth Brooks. Y la comida, pues acorde: unos fish n' chips (pescao con fatatas) y una hamburguesa de pollo cajún. Rico en su género, pero tampoco era una delicatessen, claro. Hemos puesto el listón demasiado alto con nuestras rutas gastronómicas.
Con el buche lleno empezamos a ver cosas. La primera parada era inicialmente unas cascadas que se llamaban Purakaini Falls, pero decidimos que ya habíamos visto bastante agua caer, y preferíamos hacer el resto más tranquilamente. Además teníamos referencias de que estaban bien, pero sin mucho más. Así que nos fuimos directos a Surat Bay, donde supuestamente había animalillos de estos tipo foca, león marino, etc a lo largo de la playa, pero no tuvimos suerte. Hicimos un camino por unas dunas que estaban cubiertas de vegetación (de hecho, sabíamos que eran dunas porque justo en el caminillo había arena, pero si no fuera por eso no se nota), y llegamos a la playa, que nos recordaba a la de Whahariki Beach. Menuda ventolera, no sabemos quién se habría dejado la puerta abierta, pero hacía un viento de espanto. De nuevo pudimos bailar a lo Michael Jackson. Y lo dicho, ni rastro de bichines. De todos modos, era razonable, porque era pronto para los bichos, que suelen ir a la arena a eso del final de la tarde.
Con los ánimos intactos, y tras una conversación con otro indio inglés que nos encontramos por el camino (son majos) con el que intercambiamos sitios "secletos", nos fuimos a Cannibal Bay, a ver si había más suerte. Decir que estos sitios son bonitos "per se" por lo salvaje de las playas, pero lo que todo el mundo va a ver es a estas criaturitas del señor.
Así que nos metimos por, cómo no, una carretera de tierra de 8 kms, y cuando ya estamos llegando, nos cruzamos con un coche pequeño que, muy amablemente, se aparta para dejarnos pasar. Nos dimos cuenta después que no le dimos las gracias. Y nada, llegamos a la playa, preciosa, y empezamos a caminar. Habíamos leído en los carteles informativos las precauciones que hay que tener con los leones marinos: distancia de 10 metros si duermen, 20 si están activos, y sobre todo, dejarles libre el camino hacia el mar, o se pueden poner un poco tensos. Que corren más de lo que parecen, dicen, y como no somos precisamente Carl Lewis y Marion Jones, mejor no arriesgar.
Pues volvemos a caminar, decíamos, y nada, ni rastro. Pero bueno, vamos a seguir, total, es bonito... vamos charlando, charlando, y en esto que Ana agarra a Dani del brazo: "Para! Mira!" (susurrando, que se supone que no se les puede molestar hablando, a los señoritos). Dani no veía nada más que una roca o un burruño de algas, así que sacamos los prismáticos chusqueros de los chinos que tenemos, y hete aquí que sí que era un león marino. Durmiendo como un bebé (de león marino) la siesta, el tío. Estábamos a escasos 10 metros, y si Ana no se da cuenta casi lo pisamos. Hubiera sido un buen momento para ver si éramos Carl Lewis y Marion Jones. Nos quedamos quietos haciendo fotos, a falta de Chirla, Ana miraba por los prismáticos. Y en esto, el bicho respiró. Si, respiró, y se movió un poco, no hizo más, pero joder, dimos la vuelta con los ojos pegados en el cogote por si quería hacerse amigo nuestro. Nos alejamos un poquitín, y ya. Porque como estaba pegado al final de la arena, y no podíamos pasar por delante suyo, no nos pudimos acercar a otro montón de bultos que veíamos al final, y que tenía toda la pinta de ser algún bicho más de estos. Pero con nuestra experiencia inicial ya tuvimos bastante.
De todas formas, como la única opción era ir por encima de las dunas, por detrás del bicho, lo intentamos, aunque en esta playa no había ningún camino marcado. Por un momento nos creíamos los jóvenes exploradores, y nos metimos entre la maleza, pero cuando la vegetación nos llegaba por los ojos y no veíamos el suelo, volvimos a nuestra realidad de puretas urbanitas oficinistas y decidimos dar la vuelta.
Así que nada, felices como dos lelos y conscientes de lo cagones que somos (si son paisanos de Ana, joder, un león y una leonesa, hasta unas cañas nos podíamos haber tomao), nos volvemos por el camino de vuelta, ji ji, ja ja, y en esto que nos encontramos unas chicas paradas en la carretera, con su coche caído en la cuneta. Era el coche que nos dejó pasar a la ida, y que no le agradecimos! Al dejarnos pasar, calcularon mal, y metieron una rueda en la cuneta, que era muy inclinada y llena de piedra y hierbajos, así que el coche estaba a tres ruedas y medio empanzao. Nos paramos a ver si necesitan ayuda, y tras sopesar la situación, decidimos intentar empujar, y si no, las bajamos al pueblo. Una de las chicas dando marcha atrás, y los otros tres empujando, lo sacamos. Dani casi se cae él por el barranquillo, pero bien. Habíamos salvado al soldado Ryan. Y las escoltamos hasta la carretera, no se fueran a caer por otro sitio. Muy majas, nos dieron las gracias, y cada uno siguió por su camino. Tenían un agobio importante, las pobres, porque su coche también era de alquiler, y ya se veían llamando a la empresa y tal. Seremos unos cagones, pero somos unos héroes. Ja! Las hemos salvado de pasar una noche a la intemperie, y que sus cuerpos se descompongan con el sol de la mañana.
Vale, gran momento. Vamos a buscar otro, así que nos vamos hacia Nugget Point, con una parada antes en Roaring Bay (que está justo al lado). Nugget Point es un faro precioso que sale en muchas postales, y Roaring Bay es una playa al lado donde anidan, crían y demás los famosísimos y rarísimos de ver (están en peligro de extinción), pingüinos de ojos amarillos que son exclusivos de NZ. Tienen una marca en la cabeza que hace que parezca que tienen una ceja amarilla. Pasan la noche en un monte que hay al lado de la playa, salen muy pronto por la mañana a comer y nadar, y vuelven tarde al atardecer a dormir al monte. Vamos, como un madrileño cualquiera.
De camino a Nugget Point, en Kaka Point, paramos porque vimos otro león marino al lado de la carretera! Esta vez estábamos dentro de la jargoneta, por eso nos hicimos los valientes, y le hicimos fotos al lado. Mola!
Llegamos a Roaring Bay. Siguiendo las instrucciones, aquí no se baja a la playa, sino que se pone todo el mundo en una casetina que hay donde te tienes que esconder, porque si te ven los pingüinos no salen, son muy tímidos. La caseta tiene varios ventanucos, donde está todo el mundo apilao con los prismáticos (los únicos de los chinos eran los nuestros), cámaras... Y allí estuvimos, mirando. Un frío que casi se nos caían los dedos. 15 minutos. Media hora. Una foca haciendo el gili, falsa alarma. 45 minutos. 1 hora. La foca seguía haciendo el gili y despistando. 1:15h. Los jodíos pingüinos que no daban señales de vida. Empezamos a dar ultimátums ("si dentro de 20 minutos no aparecen que les den por saco a los raros esos. Nos vamos al zoo, que no son tan tímidos y hasta hacen monerías, amos hombre"), y en esto, por fin, apareció uno. Que chulooooooooo!!! Son riquísimos, queremos unoooooo!!! Viene nadando, y cuando encalla en la arena, todo gracioso se pone en pie y allá viene dando saltitos hasta las rocas. Se seca un poco, y caminando a lo Charlot se pierde en el monte. Parece mentira, con síntomas de congelación en los dedos, pero felices y llenos de orgullo y satisfacción por ver UN pingüino. Qué neumonía más satisfactoria vamos a pillar a la salud del bicho. Al cabo de 5 minutos, otros dos, seguidos. Despiporre. Es emocionante no verlos dentro de una jaula, sino ahí, a su bola.
Felices por el avistamiento (por cierto, grabado en vídeo, y en las fotos se ve perfectamente que son de ojos amarillos), nos vamos al faro de Nugget Point. Qué pasada, qué preciosidad. El día, que había empezado regulero (mucho viento, y alguna gota despistada), a esas horas ya había abierto, y teníamos una vista espectacular del faro, los acantilados que lo rodean, y el mar. Gamba hizo un publirreportaje, y con la misma decidimos que no habíamos visto suficientes pingüinos, y a la vuelta volvimos a parar, y todavía vímos uno más. Cuatro pingüinos! Hemos dejado de llevar el marcador, pero ahora mismo ganaríamos por goleada.
Así que tras un día muy completo, nos vamos al camping, esta vez no es un Top10, sino uno cualquiera en Kaka Point, pero que aunque no tiene tanto equipamiento como los Top10, sí tiene electricidad para la caravana, que es lo que más nos interesa. Todavía no nos hemos quitado el frío del cuerpo, nos hacemos un arroz a la cubana para entrar en calor y recuperar fuerzas. Esta noche dormiremos como dos ovillos, porque hace frío.
Un día de naturaleza completito, sí señor, pero no termina la cosa aquí. Mañana iremos a Dunedin y la península de Otago, donde hay albatros, pingüinos, focas, leones y elefantes marinos... Y si esto nos fallara, aún nos queda Oamaru. Si mañana en Dunedin vemos todo lo que esperamos, sólo veremos Oamaru de pasada, camino de los lagos Pukaki y Tekapo.
Mañana seguimos contando nuestros progresos con la naturaleza.
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