Es que es martes, no lunes. Pues sí, ha salido el sooooool!!! Bueno, al principio nos hemos acojonao, pero luego se ha quedado un día espectacular. Vamos por orden, que además hoy no hay muchas cosas que contar, así que hagámoslo bien.
Madrugamos muchísimo, porque la ruta que íbamos a hacer eran supuestamente 4 horas ida y vuelta, pero con lo que no habíamos contado y nos dijeron en el camping es que el camino que había que hacer para llegar al principio de la ruta era de 1 hora. O eso decían ellos.
El caso es que nos levantamos a las 6:30, Ana llora todas las mañanas. Y todas las noches regatea la hora del despertador. Si estuviéramos en Marruecos, les levantaba el chiringuito a los moros. De todas formas, es lo que hace todos los días en Madrid también, así que nada nuevo por ese lado. Desayunamos concienzudamente, teníamos que acumular mucha energía, porque supuestamente había que gastar bastante. Y a eso de las 8 nos pusimos en camino, habiendo hecho un picnic para comerlo estando por allí.
Pues una hora en llegar, decían. Casi. Eso si tienes una cacharra que no te importe descuajaringar, o bien un 4x4 para ir a toda leche. Hora y media tardamos! Se suponía que la cosa era algo así como "tira recto por esta carretera, y cuando termine, y empiece un camino de tierra, tú sigue, y al final está el parking de la ruta". Nos habían dicho que aunque pareciera que nos estábamos metiendo por fincas privadas, que no nos extrañáramos, y que siguiéramos. Menos mal, porque si no damos la vuelta. El caso es que el pequeño detalle que se les olvidó matizar, es que el tramo de carretera era de 15 kms, y el tramo de camino de tierra era de 35 kms, en los cuales había que vadear 8 riachuelos. Cuando llevábamos 20 kms ya pensábamos que esto era "En busca de los chanquetes II". Pero como vimos algún que otro coche más, nos tranquilizamos.
Lo de los vadeos es un capítulo aparte. Algunos no eran nada, pero el primero que había que cruzar era majo, parecíamos del Paris Dakar, pero con una caravana. Menos mal que iba uno delante, con una hecha una mierda, y se atrevió a pasar primero, que si no... de hecho, vimos alguna que se rajaba al verlo. Lo peor de todo es que justo en ese tramillo se escondió el sol, salieron unas nubes gordas, y empezó a chispear, así que nos empezamos a temer que los riachuelos crecieran y no pudiéramos volver. Afortunadamente volvió a salir el sol y ya no se escondió en todo el día. Del vadeo gordo tenemos un vídeo que hicimos a la vuelta, ya con menos acojone, y aunque desde fuera parece menos, desde dentro se ponen los huevecillos en la garganta. Esta vez pensábamos que el que salía disparado era el microondas entero, menudos meneos. Bien pensado, igual es más fácil encontrar uno entero con el plato dentro que encontrar el jodío plato. Ah, y el capítulo más interesante con los vadeos fue en el segundo, que ya íbamos más confiados, entramos demasiado fuerte, y nos llegó el agua por encima del capó hasta el parabrisas. El que iba delante paró a ver si salíamos de esa... Uno se pregunta, con el tránsito que tiene (no es la Gran Vía, pero luego en parking había como 20 coches), ¿tanto cuesta poner unos puentecillos?
Mil años después (en los caminos de tierra a 20 Km/h), llegamos, y casi éramos los primeros. Con dudas por las gotillas que caían, cogimos el equipo y arrancamos. Y no nos equivocamos. A medida que íbamos caminando se iba abriendo el día, y al final se quedó precioso. Encima hicimos buenas migas en el parking con unos franceses, hablando precisamente de los charquitos y tal.
La subida nos llevó algo menos de lo previsto, en lugar de 2 horas, fue 1:45h (somos unos machotes, porque tampoco resultó tan cansado como decían), y el camino terminaba a los pies de una montaña donde se veía el final de un glaciar muy alto (el glaciar Rob Roy), y del que caían enormes cascadas del hielo derritiéndose. Es precioso. Por el camino, habíamos pasado por bosques menos tropicales que en los días anteriores, y por un puente colgante bastante acongojante, y todo a la orilla del río que formaba el glaciar.
Con un paisaje genial, estuvimos comiéndonos el picnic, que en estos momentos sabe a gloria. Otro de los alicientes era ver loros alpinos, los keas, pero vamos, para qué contaros, Naturaleza 5 – Dani & Ana 0. Estamos seguros de que nos están esperando todos juntos en el aeropuerto para darnos una sorpresa y despedirse con pañuelines blancos. Se supone que les gustan las mochilas y la comida de la gente, que son muy curiosos y descarados, y por más que agitamos el bocata de salchichón no hubo manera.
La bajada fue un trámite, mucho más rápida que la subida, y eso que paramos constantemente a hacer fotos con Gamba. Hemos dado a Chirla por perdida. Guardemos un minuto de silencio. Al final, 4 horas entre subir, comer, y bajar. Nostamal.
Así que nos cogimos la caravana, hicimos los 35 kms de tierra y 8 vadeos bastante más rápido (estamos pensando en apuntarnos al rallye de los Faraones), con el inconveniente de que eso afectó a la estanqueidad de la caravana (por decir algo), el caso es que había un momento que había más polvo dentro de la caravana que fuera. Pero hemos aprendido a convivir con él, ya no nos vemos, nos intuimos, somos como los murciélagos, nos seguimos por el sonido. Aunque aquí dentro tampoco hay mucha pérdida.
Volvimos a Wanaka, y paseamos un poquillo por las calles, tiene un ambiente muy majo. Nos tomamos un heladín a la orilla del lago, y nos hicimos amigos de un par de patos con hambre, que recogían las migajas de los helados. Y sin mucha más historia, nos hemos venido a Te Anau, donde mañana saldremos para Milford Sound, el fiordo. El orden lógico hubiera sido ir a Queenstown, pero resulta que para mañana dan malo en todos los sitios, y en donde menos importa que esté malo es en el fiordo: si llueve, hay más cascadas, y si hace bueno, las vistas son mejores. Por el camino de Te Anau a Milford Sound parece ser que hay muchas cosas que ver, veremos.
Hoy hemos cenado en el Fat Duck Café, un sitio bastante recomendado por ahí. Y con razón. Hemos compartido una ensalada de salmón riquísima, y de segundo, uno de nosotros se ha cogido un plato de costillas de cordero y una cervezota negra, y el otro se ha cogido un bacalao y agua. ¿Adivináis quién ha cogido qué? Pues sí, Dani ha bebido agua.
Y otra vez nos vamos a la cama a toa leche, matadísimos (ha sido un no parar, primero 1h 30 de caravana, la caminata, otra hora de caravana hasta Wanaka, paseo por la ciudad, y luego 3 horas de caravana hasta Te Anau). Y mañana a madrugar otra vez (en este momento Ana ya está empezando a regatear), porque se tarda mucho en llegar al fiordo, y tenemos el crucero a las 10:50. Otra vez sonará el despertador a las 6:30.
Mañana os escribimos desde Queenstown!
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