Y sí amigos, volvimos a tener un día pasado por agua, pero en este caso era bien esperado y tampoco nos importaba tanto. De hecho la actividad de hoy se veía gratamente favorecida cuanta más lluvia hubiera. Lo que nos sobró un pelín fue la falta de visibilidad, un poco menos de bruma hubiera estado mejor, tenemos que seguir afinando, poco a poco.
Nos levantamos llorando a las 6:30 de la mañana (estamos madrugando más que cuando vamos a trabajar, manda güevos, ¿pero esto son vacaciones o es el ejército?) y desayunamos en un pispas para ponernos en marcha y salir del camping a eso de las 7:30 rumbo Milford Sound (el fiordo). Se suponía que era una carretera malísima de la muerte y por eso salimos con mucho tiempo, pero en este caso, al revés que con el paseíto por tierra del día anterior, la cosa no era para tanto. A estos los teníamos que poner a subir los lagos de Covadonga, pa que sepan lo que es una carretera de verdad. El caso es que nos dijeron que ibamos a tardar 2 horas y media y tardamos 1 hora y tres cuartos. Nota para las madres: esto no ha sido porque fueramos rápido, hay un pepito grillo en el coche que canta las curvas con el límite de velocidad y todo, sino porque la carretera era bastante buena.
Salimos con buen tiempo, pero cómo no, aunque esta vez no nos habíamos echado crema, por el camino empezó a llover. Aun así lo que veíamos era impresionante, en dos palabras, im-presionante.
La vuelta la haríamos tranquilamente parando en todos los sitios que había que ver según nuestra Biblia: la Lonely Planet. A la ida había que quitarse a toda la caravana de autobuses de japos locos por fotografiar (pobre Chirla, si los viera...). Este es el primer sitio en Nueva Zelanda que parece realmente de turismo de "masas" (vamos, que no van en autocaravana). No habíamos visto autobuses en todo el viaje hasta hoy, y bueno, habría 10, pero teniendo en cuenta que los pueblos son de 4 casas, 10 autobuses es ya la leche!!!.
Ya llegando a Milford Sound, nos encontramos en medio de unos mastodontes de montañas, cayendo agua por todas partes (nos sentíamos como hormiguitas), y de repente un semáforo y un túnel. Y ahora qué?. Bueno, por el momento parar que está en rojo. Esperamos a que se pusiera verde y pa dentro. Y menudo acojone!!!. Tenía una pendiente bestial hacia abajo y sin ningún tipo de luz dentro (bueno, algo sí, pero debían de ser bombillas de estas que se ponen en los flexos y que son azules, porque alumbrar, no alumbraban un pijo). Y al salir, aquello era una orgía de cascadas bajando por las montañas, venga agua y cascadas por toas partes!!!.
Por fin llegamos al pueblecillo (en vez de cuatro casas aquí eran tres) y aparcamos nuestra casita convenientemente. Los tickets, un café y una hora más tarde estábamos sentados en el barco. Para indicarnos el barco que teníamos que coger, la cosa fue bastante cómica. Nos dice la chica, "¿veis ese barco azul grande que hay ahí?", y nosotros, "ostrás, sí, sí, qué guay, es impresionante", y nos dice: "pues es el de al lado, el pequeñajo blanquito de al lado". Joder!!!, casi tenemos que coger la lupa!!!.Menuda chalupilla!!!. Con esto no cruzamos ni el Manzanares!!!. Pero cuando la chica nos dijo: "en la parte de abajo, teneis café y te gratis los que querais durante el trayecto". Ay amigo, la cosa cambió, nos quedamos gratamente impresionados. Cómo somos los españoles, nos dan cosas gratis y ya nos volvemos locos.
El crucero es mejor verlo en fotos que contarlo de palabra para hacerse una idea, pero es realmente alucinante. Y eso que perdimos parte de la vista por la famosa bruma. Es como si las montañas que nos rodeaban sangraran sin parar echando agua por toas partes. Cascadas enormes allá donde miraras, cayendo desde una altura de hasta 130 metros alguna de ellas. La chalupilla tenía una cosa buena, y es que se acercaba mucho a las paredes del fiordo e incluso se puso debajo de una de las cascadas. Es la leche cuando está debajo. Y también se arrimó para ver animalicos, primero unas cuantas focas (ya estamos acostumbrados a verlas) y despues: tachán, tachaaaaaaannnn, SIIIIIIIII, UN PINGÜINOOOOOOOO!!!!! OH. DIOS. MIO. Nunca pensamos que ver un simple pingüino nos iba a hacer tanta ilusión. Nos pusimos a saltar en el barco como locos, la gente nos miraba raro, pero habíamos metido un GOOOOOOOOL!!!!!. Naturaleza 4 – Dani & Ana 1. Entonces empezamos a cantar: ESTE PARTIDO, LO VAMOS A GANAR EY!. Cantemos todos: ESTE PARTIDO, LO VAMOS A GANAR EY!.
Así que nada, después de la emoción, llegamos a puerto, nos apretamos un sandwich y vuelta para arriba. El camino de vuelta fue más tranquilo (aunque no dejó de llover), disfrutando del paisaje y parando cada poco. La primera parada un sitio llamado "The Chasm" y oh sorpresa!!! A que no saben ustedes lo que había por allí? Un montón de keas!!!. Naturaleza 4 – Dani & Ana 2, a estas alturas ya se olía la remontada, el espiritu de la roja se había apoderado de nosotros: PODEEEMOS.
Estuvimos jugueteando un rato con ellos (o ellos con nosotros, no está claro). Tienen un plumaje naranja por debajo de las alas chulísimo. Definitivamente son unos loros como cualquier otro. La rutilla en sí por "The Chasm" estuvo bien, era corta y llevaba a una cascada.
La segunda parada nos hizo revivir los tiempos de los chanquetes y de los vadeos. Fueron 34 km de tierra, esta vez barro, 17 en cada sentido. La conducción en estas condiciones va mejorando hasta el punto de que la segunda pasada por el tramo de la Rob Roy Track de ayer, es de auténtica abuelita comparada con la vuelta de hoy. Eso sí tenemos la caravana con una capa de camuflaje en forma de barro de lo más interesante. Lo que ibamos a ver en sí, pos casi como lo de los chanquetes, así que corramos un tupido velo porque no se veía nada (eran otras cascadas tras una ruta por un bosque).
La tercera parada fue la "Cascade Creek", un paseo por un bosque de hayas rojas cubiertas totalmente de musgo verde que parecía un bosque encantado. Daban ganas de convertirse en duende. Estuvo muy bien si no fuera porque nos perdimos un poquitín. Más indicado no podía estar, la cosa era muy sencilla, quizá el exceso de información fue lo que nos lió. El caso es que acabamos de barro hasta los tobillos.
El caso es que iba a haber una cuarta parada, pero ya estábamos cansados e íbamos a llegar un poco tarde a Queenstown, así que ya no paramos más, y tres horas después aquí estamos, en otro Top 10.
Por el camino hemos visto unas interesantes vacas locas. No sabemos muy bien por qué, pero cuando pasábamos al lado de algunos ranchos (no todos) las vacas estaban todas juntas en una esquina de la finca (sin que nadie las persiguiera o algo así), todas quietas, y con la cabeza gacha. Igual eran vacas musulmanas y estaban mirando a la Meca. Igual se estaban protegiendo del frío, vaya usted a saber. El caso es que era muy raro.
Ah, bueno la cena. Como no habíamos comido mucho, y aunque hoy no había penas que ahogar, nos hemos ido al "Fergburger", la hamburguesería donde la biblia dice que hay que comer las mejores hamburguesas de Nueva Zelanda. Y damos fé de que están buenísimas y de que son enormes. Ana se comió la Fergburger con queso edam (no la pudo terminar) y Dani se tragó una Big Al (la más grande que tenían) y según declaraciones posteriores a la prensa "nunca había visto algo igual, es como tres dobles whopper todo junto y en casero". La verdad es que sólo lo que pesaba acojonaba un huevo y para hacerse una idea del tamaño, basta decir que a Dani le costó acabársela, y ya sabemos el saque del que estamos hablando. Tuvimos que darnos un paseo para conseguir bajar un poco aquello.
Estos días en Queenstown nos los vamos a tomar con calma. Estamos muy cansados. Estaremos aquí dos noches. Mañana ni siquiera vamos a madrugar, es nuestro domingo particular. Haremos Jet Boating (mañana lo explicamos, os dejamos con el suspense) y una travesía en autobús 4x4 y luego ya veremos.
Por cierto, nos han escrito un e-mail de la embajada y Dani ya tiene pasaporte. Ya no es ilegal, ni hay que deportarle por la vía chunga. Así que seguimos nuestras vacaciones mucho más tranquilos.
Un par de curiosidades: lo primero, viajar en autocaravana o coche es una gozada por el precio del combustible. El litro de gasolina está en 80 céntimos de euro, pero es que el diesel está a menos de 50 céntimos de euro. Así no da miedo llenar los 90 litros de depósito de la caravana. Lo segundo, vayas donde vayas te encuentras un baño. Da igual que sea en lo alto de un pico (ayer había uno al final de la Rob Roy Track... suponemos que para hacer el esfuerzo final y clavar la bandera), o en el sitio más inhóspito que te puedas imaginar. Siempre habrá un baño donde evacuar. Pero eso no es lo mejor, siempre hay papel. Debe de haber algún tipo de duende o especie no registrada que se ocupa de reponerlo, porque si no, no tiene explicación.
Hale, ya seguiremos contando más.
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