lunes, 19 de marzo de 2012

PUENTE DE MARZO - DESCANSO EN LA SIERRA DE GREDOS.

Buscábamos un fin de semana largo para descansar. Un paraje donde respirar aire puro y no esa porquería densa a modo de boina/bruma negruzca que cubre Madrid. 
Y lo conseguimos. Sí señor. El día antes no sabíamos dónde iban a parar nuestros cuerpos, pero la magia de Internet funcionó y conseguimos un rinconcito genial donde pasar el puente de padre. El nombre lo dice todo: Remanso de Gredos. Objetivos: 1). Descansar. 2) Visitar las raíces de Ana (el pueblo donde nació su padre), El Losar del Barco. 3) Caminar por los montes de Gredos (en plan tranquilo, sin excesos) y disfrutar del aire libre. 4) Comer cositas ricas y caseras.
Resumen del puente: objetivo SUPERcumplido.

El viernes salimos a eso de las 5 de Madrid. Cogimos la A-6 y después N-110 dirección Avila, Pihedraita y El Barco de Avila, para finalmente llegar a Navalonguilla, un pueblito muy pequeño en pleno corazón de la Sierra Occidental de Gredos. Un viaje muy facilito que nos llevó 2 horas y media.
El Remanso de Gredos es una casa que alberga 10 habitaciones y que tiene un pequeño restaurante para servir desayunos, comidas y cenas a los huéspedes del hotelito rural. La parte baja tiene unos salones preciosos, que guardan cierta intimidad entre ellos donde también hay una chimenea y unas terrazas para tomar algo con vistas a Gredos en los días de calor. Nos recibió Leo, que nos dio un trato maravillosos durante toda nuestra estancia. Nos mimó muchisimo.

Nos instalamos en nuestra habitación con vistas y bajamos al calor de la chimenea para disfrutar de unas coca-cola hasta la hora de la cena (que estaba incluída en una oferta por estar mínimo dos noches).
La cena riquísima: Sopa de cebolla, carrilleras estofadas y fresas con nata para Ana y ensalada de canónigos y queso de cabra, salmón a la plancha y flan casero para Dani. Como dos pepes nos quedamos. Y con las mismas pa' la cama. A dormir sin más ruido que el arroyo de al lado de la casa y los pajaritos inexistentes de Las Tablas.
Al día siguiente nos levantamos sin mucho estrés. Nos sirvieron un desayuno de los campeones (disponible hasta las 11:00 e incluido en el precio de la habitación) : zumo de naranja natural, café de puchero con leche de vaca "a volonté", tostada de pan de hogaza de pueblo a combinar con aceite de oliva, mantequilla, miel o mermeladas varias, bizcocho casero y croissant con jamon. Im-presionante. Y todavía nos pregunta si queremos más tostadas!!!.

Con el buche lleno nos fuimos a visitar el pueblo donde nació el padre de Ana, El Losar del Barco. Tras preguntar a varios lugareños no conseguimos sacar nada en claro. Pero nos hicimos un paseo por ese pueblo que casi no conoció Don Manuel (se fue de allí con apenas 2 años). Hechas las fotos de rigor para dejar constancia del acontecimiento nos fuimos a Candelario, ya en la provincia de Salamanca, pero a apenas 20 km de donde estábamos. A Dani le gustó mucho, pasemos por sus calles empinadas, suficiente par hacer hambre y entrar a comer en el Mesón "La Romana" especialista en carnes a la brasa y restaurante micológico. Nos apretamos unos boletus a la plancha, que estaban de caerse el ojo. Nada comparable a lo probado hasta la fecha en materia de boletus. Un entrecot a la brasa y unas costillas de cordero a la brasa de segundo para darle el broche con sendas tratas caseras de chocolate y de queso con arándanos. Tras semejante festín, nos dimos otro paseíto y de nuevo al coche para dar un paseo por El barco de Avila. recorrimos tranquilamente el pueblo, nos acercamos a la oficina de turismo para decidir qué ruta haríamos al día siguiente y como se ponía a chispear volvimos a nuestro Remanso de Gredos. Una vez en el "hogar" nos estuvimos la ruta para el día siguiente y nos bajamos a cenar. Consomé al jerez y merluza para Ana (el entrecot del mediodía le dejó doblada) y sopa castellana y bacalao a la vizcaína para Dani. Los cafés y la manzanilla en los salones a la luz de las lámparas y al calor de la chimenea.

De nuevo sin estrés amanecimos al día siguiente para bajar a desayunar a eso de las 10:30. Esta vez el desayuno varió ligeramente. Ademas del zumo natural y el maravillosos café, nos trajeron unas tostadas de hogaza con tomate natural y jamón serrano y por supuesto sendos cachos de bizcocho casero. Como el día anterior nos preguntaron si queríamos más tostadas, pero evidentemente con lo que nos habíamos metido ya teníamos suficiente. Nuestro día lo íbamos a pasar en una ruta relativamente sencilla a la Laguna del Duque. Para ello tambien pedimos en la casa si nos podían hacer unos bocatas, que nos prepararon con mucho mimo y que luego nos supieron a gloria. No queríamos una ruta bestia de espicharnos, así que cogiendo de aquí y de allá decidimos hacer la Ruta a la Laguna del Duque. Según las indicaciones, había que ir hasta Solana de Avila y coger el desvío a La Zarza. Sin llegar a La Zarza, a unos 2 km desde Solana sale un desvío a la izquierda que pone "Chorro del Zaburdón". Un poco más adelante aparece una portilla metálica, que si no has leído nada antes piensas que no puedes rebasar. No hay problema, la abres, pasas con el coche, la cierras y sigues camino. Según las indiicaciones que teníamos, hay que recorrer unos 4 km para llegar a la central del Chorro, donde ya se acaba la carretera y empieza la ruta. Nosotros dejamos el coche bastante antes, a la altura de otra central (Central de Zaburdón), lo que añadió a nuestro paseo unos 3 km ida y 3 km vuelta. Asi que partimos de unos 1200 metros de altitud y nos pusimos caminito a la Central del Chorro. Una vez allí, la ruta está muy bien señalizada. Hay que bordear la central por la izquierda y seguir las indicaciones (si no son monolitos "oficiales" indicando la senda, son montocitos de piedras dejados por amables montañeses). Tras una hora más o menos desde la central del Chorro llegas a un alto a unos 1800 y pico metros, desde donde se divisa la Laguna del Duque. Muy bonito y relajante. decidimos seguir el caminito que rodea toda la Laguna. A mitad de camino nos arrimamos a la Laguna y comimos las flautas que nos prepararon. Un ratico de reposo y relax y de nuevo camino a rodear toda la Laguna, para finalmente volver sobre nuestros pasos de bajada hasta el coche de nuevo. Parece que no, pero hemos hecho una buena caminata la verdad. Las piernas entre la subida y la bajada se resienten. En total habrán sido cerca de 12 km.

Con las mismas nos volvimos al hotelito y nos tomamos unas cocacolas y unas patatitas al calor del solecito que entraba por los salones. Unas buenas duchas y a cenar, esta vez más hambrientos que nunca por el gasto hecho durante la jornada. Un consomé la jerez, solomillo de ternera y fresas con nata para Ana y ensalada de ahumados, bacalao a la vizcaína y tarta de cuajada para Dani. Esa noche dormimos como dos bebés.

Al día siguiente sin madrugones nos esperaba otro superdesayuno. Zumo, cafe con leche y supertostadas de hogaza de pan, esta vez ademas de con tomate y jamón serrano, con queso filadelfia y membrillo casero. La verdad es que el trato y el cuidado que ponene a todo es genial. Con el buche lleno, recogimos y nos pusimos rumbo a Madrid tranquilamente por la AV-941 para disfrutar de la cornisa norte de la Sierra de Gredos. La primera parada estratégica la hicimos a la altura de Navacepeda de Tormes. Antes justo de entrar en el pueblo hay un desvío a la derecha a la altura de un mesón que baja hasta una zona de recreo donde está el Puente de las Paredes. Qué entorno!!!. Nos dimos un paseo por esa zona. El río Tormes, con sus pozas y sus cascaditas hace de este sitio un lugar ideal para venir en verano y pegarse unos buenos baños. La "zona de recreo" está superpreparada para hacerte la barbacoa y tiene mesas y banquitos de madera para pasar un día de campo en familia.
tras el paseo y la búsqueda de zonas ideales para el baño en una segunda visita, cogimos el coche de nuevo para seguir la AV-941. Pasamos de largo Hoyos del Espino, que es de donde sale la carretera para llegar a la Plataforma de Gredos. hay un montón de restaurantes, pero decidimos dejarlo para otra visita y así hacernos una ruta hasta la Laguna Grande. Seguimos un poquito más adelante y paramos en Navarredonda de Gredos para comer. En concreto en El Rincón de Gredos, que está en la propia carretera saliendo ya del pueblo. Un sitio superacogedor de comida casera a muy buen precio y riquísimos. Mientras venía la comanda nos pusieron unos aperitivos, con un poco de embutido, un poco de paté y unas croquetas de "patatas meneás". Y por fin llegó la comanda. Unos pimientos asados con queso de cabra de entrante para compartir y de plato principal un solomillo de ternera para Dani (que se deshacía como mantequilla) y media ración (menos mal que era media ración) de huevos de corral con trufa laminada, patatas fritas y jamón ibérico. Buah, impresionante. Ante semejante percal no hubo postre que cupiera en nuestros cuerpos, asi que decidimos seguir disfrutando del viaje hasta que llegamos a nuestro destino, nuestro hogar madrileño de Las Tablas. Al fin y al cabo, Hogar, Dulce Hogar.

lunes, 15 de agosto de 2011

Viaje Costa Oeste EEUU: 12 de Agosto: Telmo y Luisa en.... Los vigilantes de la playa

Como era el último día de viaje, nos lo tomamos como se toman la mayoría de los mortales todas las vacaciones. O sea, sol y playa.


Nos fuimos a la playa de Santa Mónica, la mismita que se utlizaba en la serie "Los vigilantes de la playa". Dejamos el coche en un parking y de entrada nos fuimos dando un paseo por la costa a Venice Beach. Es un paseo con mucho ambiente, famoso por el mercadillo y los puestos que te encuentras, los personajes, los tiarrones haciendo pesas y enseñando musculito en el gimnasio a pie de playa al aire libre y el desfile de gente de todo tipo y condición.


Una vez fisgado un poco el percal, decidimos volver caminando por la orilla del agua (2km ida y 2 km vuelta). Durante este paseo fue donde pasamos de ser humanos a convertirnos en gambas, aunque en ese momento no lo sabíamos. Al ir vestidos, con gorro y gafas de sol, no nos dimos cuenta que había partes de nuestro cuerpo que aún eran susceptibles de ser "pilladas" por los rayos del sol, y si le sumas el aire fresquete que corría, no te das cuenta del tostao que te están cogiendo. Así que por la noche cuando llegamos al hotel, nos dimos cuenta que aun sin ropa, Ana seguía llevando el vestido y Dani la camiseta y las gafas de sol tatuados en la piel.


La playa tiene el mismo aspecto que en la serie, con sus torretas y sus vigilantes de rojo con ese salvavidas raro con forma de pepino. También se molan más o menos lo mismo. Suben la pasarela hacia la torreta de espaldas, como en la serie, para no perder ni un segundo de un posible rescate. Los coches patrulla son iguales. Porque sí, tambien patrullan por la playa en sus flamantes 4X4 amarillos. Y también patrullan por el mar con sus miniyates.


Para que tuviéramos el pack completo, los vigilantes tuvieron a bien hacernos una demostración sobre un rescate. Sí señores, presenciamos un rescate igual que en la serie.


Alguien grita a lo lejos, un grupo de personas en el agua señala a alguien. Un chico no puede volver a la orilla por la corriente del agua. Y apareció. Desde atrás, se quitó la ropa y corriendo a todo lo que le daban las piernas mientras desenrollaba el pepino y se lo colgaba por la cuerdita, entraba en el agua salpicando y evitando las olas y comenzó a nadar hacia el muchacho. Los vigilantes de las casetas colindantes se bajaban de sus torretas y se alineaban a una determinada distancia al borde del agua levantando los pepinos en forma de "aviso, rescate en proceso". El héroe llegó al muchacho, le acercó el pepino (el de salvamento) y le dijo que se sujetara en él. El vigilante comenzó a nadar de espaldas hacia la orilla arrastrando a la víctima. Impresionante. Como en la tele.

A todo esto, a la orilla ya había llegado el coche de salvamento. Toda una experiencia ver esto en directo. Ana, emocionada. El chaval, en perfecto estado y el vigilante se hizo una foto con unas chicas que habían presenciado también le rescate.


Tras una siestita después del momento vivido, nos recogimos y dimos un paseo por el muelle de Santa Mónica, que también aparece en la serie. Tiene el parque de atracciones más antiguo de California, que es básicamente una montaña rusa y atracciones de feria, aunque ya es bastante, teniendo en cuenta que estamos hablando de un muelle de madera. Luego nos dimos un paseo por la calle con más ambiente de la ciudad "Third Street Promenade". En algún sitio hemos leído que es la única calle peatonal de todo Los Angeles. Repleta de tiendas y de actuaciones callejeras pasamos el resto de la tarde y cenamos por allí la penúltima guarrerida de nuestras vacaciones (la última sería en el aeropuerto), unos burritos y unas fajitas.


Y eso es todo, a hacer maletas y a repartir el peso para evitar sobrecoste. Apuramos hasta el límite, las dos maletas pesaban 45 de los 46 kg permitidos.

Nos espera un largo viaje hasta llegar a nuestro destino. Telmo y Luisa en California, volverán a ser Dani y Ana en Madrid, para nuestra desgracia. Pero ya estamos pensando en el siguiente....

Viaje Costa Oeste EEUU: 10 y 11 de Agosto: Telmo y Luisa en.... Hollywood!!!!

Después de un merecido descanso, nos levantamos con la intención de descubrir los secretos de Hollywood, y de paso de ver si nos encontrábamos con nuestros amiguitos Pe y Antonio. Así que lo primero que hicimos un vez desayunaditos en el hotel, fue dirigirnos al famoso "Paseo de la Fama".


Aparcamos cómodamente en pleno paseo de la fama, en un parking público, al ladito mismo del Teatro Kodak, donde se entregan los Oscar. Hay que decir que los precios de los parkings aquí dan la risa, sobre todo si vienes con el baremo madrileño. Te suelen regalar las dos primeras horas, y el máximo que te cobran por tener el coche todo el día atravesado suele ser de 9 ó 10 dólares, unos 6 ó 7 euros. Eso es más o menos lo que te cobran mientras tomas un café a toda leche en metro Sevilla en Madrid. Ya nos pasó lo mismo en San Francisco, pese a que nos decían que era muy caro, los precios en realidad son muy baratos para un madrileño, así que amiguitos habitantes de Madrid, no tengáis miedo a meter el coche hasta la cocina. La circulacoión, que también dicen que es horrorosa en Los Angeles y San Francisco, no es ni mucho meos peor que cualquier hora punta en Madrid, y aquí los taxistas son mucho más educados.


El teatro Kodak no parece el mismo sin la alfombra roja ni la estatuílla gigante del tío Oscar que ponen en la tele. Está metido en un centro comercial, y parece eso, un centro comercial. Se sabe que es el teatro en cuestión, porque están inscritas las películas ganadoras del Oscar desde el año 1950 por lo menos, y hay hueco hasta el 2071, que hayamos visto. Bueno, también se diferencia por el elenco de personajes que hay en la puerta dispuestos a hacerse una foto contigo por un dólar. Desde Michael Jackson, a Lady Gaga, pasando por Bob Esponja y Mickey Mouse. Aunque también como no tienen mucho éxito, se acaban haciendo fotos entre ellos. Hemos visto a Superman haciéndole una foto a CatWoman. Desde este centro comercial hay un mirador donde se ve perfectamente el letrerito de Hollywood. Por supuesto, un par de foticos cayeron. Un poco más arriba está el teatro chino, donde se empezaron a hacer las famosas huellas de maos y pies de los artistas. No lo pudimos ver bien porque estaban preparándolo para una premier. Dimos un paseo por el paseo de las estrellas. Está petado de nombres, aunque la mitad ni los conocemos. Vimos a nuestro amigo Antonio, que por cierto, está muy bien situado, ahora de Pe ni rastro.


Aquí hay rodajes por todas partes. Precisamente donde dejamos el coche estaban rodando un spot publicitario, no sabemos de qué. De hecho, creemos que nos metimos en medio sin querer. Habrá que abrir bien los ojos si llega a emitirse en España, a ver si vamos a estar por ahí y tenemos que pedir derechos de imagen.


Visto el paseo de la fama, nos fuimos a Rodeo Drive. Aquí podemos decir que Ana revivió cada momento de la película Pretty Woman, ya que hasta le salían algunos diálogos. Estaba loca por mascar un chicle y escupirlo en medio de la calle al igual que hacía Julia Roberts antes de entrar en una tienda junto a su querido Richard Gere. Digamos que no falló la falta de chicle, falló Richard. Recorrimos la calle hasta el hotel donde se alojaban los protagonistas de la película. Aquí salimos de nuevo en una grabación de un spot creemos. Dos supermodelos hombres paseando con ropa de marca y haciendo como que veían escaparates y se cruzaban con chusma y gente normal como nosotros. Por si acaso, nos hicimos los naturales, como si paseáramos por allí, día sí y día también. Hicimos unas 400 fotos y no compramos nada porque no nos gustaba nada la atención que nos proporcionaban las estiradas de las tiendas. Suponemos que mini- Mario Maquerizo y maxi-Alaska, no están a su nivel.


Visto el momento peli, nos fuimos a vivir el momento inmobiliario. Es decir, nos fuimos a cotillear casas de famosos en Beverly Hills. La guía traía una pequeña ruta, que nos llevó por delante de la que se supone es la casa de Paris Hilton (lo que se ve, muy modesto, por cierto), Leonardo di Caprio de lejos (por si salía a darnos algún mamporro), Madonna (unas verjas preciosas) y cuando nos acercábamos a la de Tom Cruise y su querida esposa, observamos que un coche que venía de frente conducido por un armario empotrado nos mira un poco raro. Dani se da cuenta que lleva un pinganillo en la oreja como los de los porteros de discoteca. Justo cuando pasa a nuestro lado, el coche hace un giro en redondo y nos empieza a seguir. Nos hicimos caquita. Así que decidimos que era buen momento para poner fin a nuestro momento cotilleo inmobiliario. Cuando conseguimos despitar al segurata por las calles de Beverly Hills (escena de ficción, no intenten hacer esto en su casa con sus coches), decidimos ir a ver otras estrellas, esta vez de verdad.


Subimos hasta el observatorio Griffith. Hay unas bonitas vistas de toda la ciudad, aunque no pudimos ver mucho por la bruma. El propio observatorio está muy bien y es entretenido. Tienen a expertos que te enseñan la Luna con los telescopios gigantes de los que disponen. La cola para el super-telescopio era muy larga, así que nos fuimos a otro más pequeño, pero con el que pudimos ver la Luna igual de bien.


Con esto pusimos fin a nuestro día de Hollywood y Beverly Hills. Al día siguiente nos esperaba un día entretenido en los estudios Universal.


Los estudios Universal es un parque temático, que más que atracciones tipo montaña rusa, está muy centrado en las películas, efectos visuales, rodajes y sets de decorado. Es decir, un poco como ver el cine por dentro. La verdad es que es muy curioso de ver, sobre todo porque te das cuenta la gran mentira que es el cine.

Lo primero que hicimos fue un tour por los decorados y sets de rodaje de películas famosas como Parque Jurásico, Tiburón, Terremoto, Psicosis e incluso pasamos por delante del set de rodaje de Mujeres Desesperadas, donde tuvimos que pasar en silencio porque estaban rodando. Nos enseñaron decorados de calles de New York y Londres, que se pueden transformar en lo que el director quiera. También pasamos por un pueblo mexicano, donde nos simularon una avalancha de agua, otro set donde simularon una explosión de coches y un montaje muy chulo en 3D donde KingKong luchaba contra los dinosaurios mientras movían nuestra vagoneta y nos escupían. Parecía que te iban a atacar en cualquier momento. Genial.


Tras el tour vimos otros shows, como un macromontaje con agua y explosiones y especialistas que se tiraban desde lo alto de torres al igual que en la película WaterWorld. Otro donde nos enseñaban cómo se hacían efectos especiales. Otro donde nos enseñaban "animales actores" con un orangután muy gracioso...Un par de montañas rusas, una de ellas muy curiosa, porque más que montaña rusa era un efecto visual en sí, pero que te provocaba las mismas sensaciones.


En fin, un día interesante y divertido, para verlo, más que para contarlo.

miércoles, 10 de agosto de 2011

Viaje Costa Oeste EEUU: 9 de Agosto: Telmo y Luisa en.... Carretera y manta.

Bueno, manta no, porque la temperatura media del viaje ha sido de 35 graditos, pero carretera un rato. Unas 500 millas, así como 800 y pico km nos separaban de nuestro destino, Los Angeles.


El día como os podéis imaginar no ha tenido mucha emoción. Salvo por los 400 y pico km que ha hecho Ana conduciendo, donde le ha tocado parada de rutina de la policía. Llevamos casi 5000 km, de los cuales Ana habrá conducido unos 500 km y va y le toca la revisión de control de la poli. Creemos que vamos a comprar un boleto de lotería, visto lo visto, tenemos muchas probabilidades de que nos toque.


La pobre Ana que no está muy acostumbrada a este tipo de inspecciones policiales, ni a los coches con ventanilla de atrás, se hizo la picha un lío con los elevanulas eléctricos y cuando quiso bajar la ventanilla para atender al policía, bajó primero las ventanillas de los asientos traseros, después la del asiento del acompañante y cuando ya no le quedaban más por probar (Dani desesperado) ya por fin consiguió bajar la de su lado, el del conductor. Al policía ya le daba hasta la risa. Al final nada, viendo semajante cuadro, debió de descartar cualquier parecido con maleantes, así que simplemente nos preguntó de dónde veníamos y a dónde ibamos. Le gustaron nuestras respuestas y nos deseó un buen día. Tras lo cual nos fuimos y subimos las 4 ventanillas de nuestro muy ventilado coche.


A algo menos de 200 millas de Los Angeles, hicimos una parada en Calico Ghost Town, una ciudad de la época de la fiebre del oro, con casas de la época y algunas reconstruidas o restauradas para dar al visitante una idea de cómo eran las ciudades del oeste americano. Como en las pelis, señores. Hasta con el saloon y sus puertas de madera giratorias. Llegaron a vivir hasta 1200 personas en sus tiempos prósperos. Bastante curioso de ver y entretenido, además nos salío gratis por llegar una hora antes del cierre, asi que fue una buena parada para estirar las piernas, aunque el calor era bastante asfixiante.


De ahí hasta Los Angeles de un tirón. Cuando aún quedaban más de 100km, ya estábamos metidos en miles de circunvalaciones, nudos de carreteras... un lío, como diez M-30/M-40/M-50 juntas. Por un par de veces se nos escapó nuestra salida, pero el tomtom se orientó rápido y no perdimos mucho tiempo.


Al fin llegamos al hotel en Santa Mónica, el Santa Mónica Pico Travel Lodge. La verdad es que está muy bien. Tenemos una habitación superamplia que lleva a una pequeña cocina, y de la que sale otra puerta al baño, también muy amplio. Desayuno y parking incluído en el precio. Muy satisfechos. Como llegamos algo tarde ya para emepzar a investigar un sitio para cenar, en la recepción nos dijeron que había un super a la vuelta de la esquina. Como teníamos microondas, frigo y demás, decidimos apañar algo del super y comerlo en nuestra cocinita. Unas pizzas para el micro y una ensalada de estas pre-envasadas para acompañar. Las pizzas resultaron ser una mezcla de engrudo y chicle, probablemente debido al uso del microondas para hacerlas. Como en el horno, ná. Y eso que cogimos las que ponían en la caja que se podían hacer al microondas.

Además a falta de plato, usamos unas pañuelitos que se pegaron a la base de la pizza debido a su falta de cocción. Esperemos que la celulosa no se nos indigeste durante la noche. En cuanto a la ensalada, algo seca. Las salsita que dan para acompañar era algo escasa, así que nos sabía como si estuviéramos masticando prao. Vamos, un lujo de cena. Mañana probablemente vengados cenados de la calle.


Y eso es todo por hoy. Mañana comenzaremos a visitar las zonas más famosas de Los Angeles. A ver si un cazatalentos se fija en Ana y el año que viene venimos todos a ver cómo recoge el Oscar.

Viaje Costa Oeste EEUU: 8 de Agosto: Telmo y Luisa en.... Toro Sentado

Aunque en realidad no sabemos si Toro Sentado era un Navajo, que es donde estamos, en la tierra de los Navajos (Navajo Nation).


Hoy hemos salido de Tuba City, sitio en el que sólo estábamos de paso, y hemos puesto rumbo a Oljato, que es como se llama el pueblo justo al lado del Monument Valley. Ya por el camino, el paisaje empezó a cambiar (esto Ana no lo vio, porque iba sobando como una campeona). Pasamos de una zona medianamente árida y plana, a un auténtico desierto de arena anaranjada y matorrales, y ligeramente montañoso.


Curiosa la cantidad de indios por el camino haciendo autostop, caminando al borde de la carretera. Debe ser para ir de una casa a otra, porque están todas esparcidas y muy lejos unas de otras. Lo raro es que éste es el país del coche, pero seguramente no a todo el mundo le llega para uno. No nos imaginamos a otro sitio donde podrían querer ir, porque básicamente por aquí no hay nada más. No son listos ni nada los americanos blancos, las "reservas" que les dejaron son un auténtico erial.


Es curioso también ver como a ambos lados de la carretera se suceden puestos de artesanía india (luego los veríamos también dentro del valle), pero nunca nadie se para a verlos, dan bastante penilla. Dice Dani que no deben de sacar un duro.


Cuando por fin llegamos, tras dos horas de coche, hasta el valle, el montaje está claro: garita a la entrada, 5 dólares por persona, y un cartel bien claro que dice: "No sirven los pases para el resto de parques nacionales". Estamos en la Navajo Nation, sus reglas, y punto. Aceptan dólares de casualidad.


Pocos metros después de la garita, un parking, un hotel y un centro de visitantes, eso es todo. Aparcamos, y nos vamos al centro de visitantes a informarnos. Ya desde allí se podían ver las formaciones rocosas características del valle, de hecho es una de las mejores vistas posibles del valle.


Para visitar el valle hay dos opciones: o coche particular, siguiendo un mapa, o con visita guiada. La "gracia" que tiene el asunto es que el camino no está asfaltado, y en algunas zonas tiene unos "socabrones" considerables. Los indios, muy majos ellos, ponen una lista de tipos de coches permitidos y no permitidos: básicamente, todoterrenos y camionetas de estas que les gustan tanto aquí, ok. Autocaravanas, motos, y deportivos, no. Y luego, coches "normales", sólo aquellos que tengan una buena altura al suelo. Pero claro, eso es muy ambiguo, y no te asesoran sobre tu coche particular.


¿Y cuánto cuesta una excursión en sus todoterenos? ¡70 dólares por persona! Y regateables, lo cual no inspiraba demasiada confianza. Junto con dos españolas que nos encontramos por allí, y a la vista de lo que iba y venía por el camino, decidimos que eso era un sacaperras y que seguro que podíamos entrar.


Valor y al toro. Ana se pasó los primeros 5 minutos, como era de esperar, analizando la altura de todos los coches que volvían: "este es más bajo que el nuestro, ¿no?", "¿éste es más alto?". Era como lo de la "máquina caliente" de Las Vegas, pero en versión alto/bajo. Un bocinazo final de Dani, más pendiente de los socabrones que de las alturas, acabó con las preguntas.


Al final, como habíamos sospechado, el paseo no era para tanto. De hecho, la peor parte es la primera milla, la bajada al valle. El resto está chupado. Hasta el coche de Dani, que por Menorca no lo pudimos meter por algún camino, aquí no hubiera tenido problemas.


El recorrido en sí merece mucho la pena. Es como estar todo el rato en una de esas pelis del oeste clásicas, de hecho muchas de las pelis de John Ford y John Wayne están rodadas en parte aquí (y seguramente el resto en Almería). Eso sí, esperábamos ver algún cactus de esos tan típicos de las pelis con bracitos y todo, pero no hay ni uno.


Las distintas rocas de valle tienen nombres por las formas que sugieren, así que Ana, ni corta ni perezosa, se hizo una foto delante de cada una de ellas imitando la forma en cuestión para acordarnos del nombre, para qué quería más ella.


Al final estas cosas, más que explicarlas, hay que verlas, al menos en las fotos. Los paisajes, como ya nos estamos acostumbrando en este viaje, son impresionantes. Cuando entras al recorrido te dan un folio A4 cutre salchichero (menos mal que no cobran un extra por él, aunque ya lo llevábamos impreso de casa con unas explicaciones extras que no venían en la hoja que nos dieron) con los sitios con las mejores vistas, así que no hay que pensar mucho. Eso sí, en los sitios de las paradas estaban estratégicamente situados más indios que vendían artesanía (y que, de nuevo, nadie compraba). No es de extrañar, porque hacen un marcaje muy raro al hombre en el puesto, que Ana sufrió en sus carnes. Si ella se movía a la derecha, la india se movia a la derecha. Si ella se movía a la izquierda, a la izquierda iba la india. De hecho, parecía que estaba jugando al espejo. Ana enseguida se estresó y pasó del tema. Menos mal que estos no son como los pesaos de Egipto, que encima luego no te dejan marchar.


En resumen, una visita muy recomendable, con sus peculiaridades. Para terminar, nos pillamos algo de comer y un heladito (de hielo, que hacía un calor considerable) con vistas al valle, un buen final.


Visto esto, ruta de vuelta a Flagstaff, que nos esperaban 3 horitas. Nos vino bien el cambio de hora de la Navajo Nation (ya os decimos que van por libre), porque llegamos una hora antes. Eso sí, la carretera hace que no te aburras en ningún momento. Una cosa curiosa que hemos observado es la enoooorme cantidad de ruedas reventadas en los arcenes. Pero no os hacéis una idea cuántas. El problema es que a veces no están en los arcenes sino que también te los encuentras en medio de la carretera. Nos hemos llegado a encontrar hasta conos de obras tirados en medio de un carril. Es curioso porque además aquí en las autopistas tambén puedes hacer cambios de sentido e incorporaciones "a lo bruto", es decir, sin nudos de cambio de sentido ni ná, como si fuera una carretera nacional de las España al uso.


Llegados a destino, una cenita de cuchillo y tenedor al lado del Motel de carretera a base de raviolis rellenos de espinacas con salsa Alfredo para Dani, y lasagna de carne con salsa de tomate de la abuela (de la del bar, se supone) para Ana. A dormir, que mañana hay unos cuantos kilómetros por delante.

lunes, 8 de agosto de 2011

Viaje Costa Oeste EEUU: 6 y 7 de Agosto: Telmo y Luisa en.... El Gran Cañon (pero que muy Gran)

Amanecimos con ganas de llegar al Parque Nacional del Gran Cañón y poder disfrutar de nuestra primera vista en vivo y en directo.

A pesar de que en el hotel con encanto no había ranas, al ser una casa algo antigua, parecía que había fantasmas en la habitación. Se oían pasos, crujir del suelo, ronquidos...(ay no, esos eran de Dani), el caso es que por un momento Ana llegó a montarse la película de que el hotel estaba encantando y venían a visitarnos entes del pasado que se quedaron atrapados en el limbo. En fin, que por la noche las cosas se ven de otro modo. Simplemente eran los de la habitación de al lado.


Nos metimos un buen desayuno en el bar que habíamos fichado el día anterior, donde la voz cantante la llevaba una viejecita con más años que Matusalén, de hecho parece ser que era prima carnal del tal Matusalén.

Nuestro pueblo está a una hora más o menos de la entrada del parque. No es una distancia desdeñable pero la carretera es muy buena asi que es mucho más llevadera que la de Yosemite. El mejor sitio para quedarse (si encuentras plazas) sería o dentro del parque o en Tusayán, que está ya en puertas y hay bastantes hotelitos. Cuando nosotros fuimos a reservar ya estaba todo el pescado vendido, claro, verano y fin de semana, la combinación ganadora. Recogidos los mapas y consultados los planes con una joven ranger, nos metimos a ver un documental introductorio en el centro de visitantes del parque. Claro, salimos de allí con más ganas aún de comprobar con nuestros propios ojos la inmensidad del Gran Cañón y la verdad es que no nos defraudó para nada.

Uno no se hace la idea de lo grande que es esto, ni siquiera cuando lo tiene delante. Solamente te das cuenta cuando tienes una pequeña referencia como un árbol, una persona caminando por el cañón (visto con prismáticos o con el zoom de la cámara). Los datos que te dan abruman. Hasta 1800 metros de altura en el punto más profundo y 15 km de ancho del cañón en el punto más ancho, y casi 500 km de largo. De hecho, el río Colorado sólo se ve en algunos puntos.


Decidimos hacernos una rutica a pie por el borde del cañón hacia el oeste de la parte Sur, que es el lado que la mayoría de la gente recorre y el que está más preparado para los visitantes. 15 km recorridos a pie bordeando todo el rato el cañón y parando cada poco en los miradores, que no son más que peñascos asomados al abismo. Hay algunas zonas en las que te puedes salir del mirador y caminar un poco hasta la roca más saliente y más estrecha. Pero no os preocupéis, que no nos arriesgamos tanto. A poco que Dani se acercaba, Ana empezaba a gemir como una plañidera. Hay que decir que resulta que luego el mayor riesgo lo tomó Ana, y todo por hacer "La Foto" a Dani. Empezando por Mather Point, pasamos por los miradores de Yavapai point, Maricopa Point, Powel Point, Hopi Point, Mohave Point, Pima Point y Hermist Rest. El último cacho y la vuelta la hicimos en un bus gratis que hace el mismo recorrido y va parando en los puntos con vistas. Ya estábamos algo cansados y queríamos llegar a tiempo a un buen punto pata ver la puesta de sol. No dio tiempo a llegar al punto que queríamos para ver la puesta de sol, porque la exasperante lentitud del autobús no nos lo permitió, pero aun así cogimos un buen sitio y estuvimos embobados viendo cómo el sol se ponía y teñía las rocas on un rojo aún más vivo.

Hemos hecho un montón de fotos, pero desgraciadamente no esperéis ver lo que nosotros hemos visto.


Como premio por haber tenido un día intenso, volvimos a nuestro pueblo del yiiiihaaaa y nos conseguimos unas costillitas a la miel, que la dieta hipocalórica que veníamos haciendo los últimos días no nos estaba funcionando nada bien. Esatban espectaculares, por cierto.


Esta vez no hubo fantasmas en la habitación, o a lo mejor estábamos tan cansados que pasamos de sus historias del limbo.


Al día siguiente tocaba madrugón, porque teníamos una cita con EL HELICÓPTERO. Eso sí, hubo tiempo para meterse entre pecho y espalda 3 pancakes y un croissant (tamaño americano), en el bar de la prima de Matusalén.


Todos emocionados, Dani llevaba una sonrisa que le daba la vuelta a la cabeza, llegamos a la terminal de Papillon Helicopters. Allí nos esperaba la ruta Imperial. Básicamente son 50 minutos sobrevolando las zonas este y norte del cañón, partiendo del lado sur, que era donde estábamos. Hicimos el checking y nos pesaron, vital para repartir los asientos de los pasajeros en el helicóptero. Con esta jugada ya sabíamos que Dani o bien iba a ir en el centro del helicóptero o únicamente le tocaba ventanilla si encontraba a otro maromo como él para la otra ventanilla. Observamos también que los pesos plumas van al lado del piloto, así que Ana estaba toda emocionada porque se hacía dueña de este sitio. Resultó que compartimos helicóptero con una familia de holandeses, que tenían a un niño de unos 10 años, que se llevó el premio gordo. Cachis! Con año y medio más, el sitio era de Ana seguro.


Cuando por fin el helicóptero estuvo listo nos fueron llamando por posición de asiento. Antes de subir te ponían por la cintura un salvavidas en caso de accidente sobre agua y luego una vez en el helicópero nos ataron bien atados con los cinturones de seguridad y nos pusieron los casquitos.


Ana y Dani estaban enfrente uno del otro y efectivamente a Dani le tocó una de las ventanillas haciendo contrapeso con el padre de familia holandés que era un bigardo importante. En el vídeo de seguridad previo nos habían explicado que en caso de que se abriera la puerta del helicóptero en pleno vuelo, que no nos preocupáramos que el piloto nos ayudaría a cerrarla, lo cual nos dejó mucho más tranquilos, especialmente a Dani que iba al lado de la puerta. Pero nada importaba, porque íbamos a montar en HELICÓPTERO! Lo que sí vimos fue que dentro del chisme hacía un calor importante, pero se llevaba bien.


Las aspas empezaron a girar con fuerza, y las sonrisas aumentaban por momentos. Vídeos, fotos, esto despega! Oooops, un poco de tambaleo, y allá vamos. La pilota (que se llamaba Ana, por cierto), nos explica que vamos a ir sobrevolando un bosque dando un pequeño rodeo porque les obliga Aviación Civil, pero que enseguida llegamos (nos debía de ver la cara de ansiosos). Todo esto por los cascos con los intercomunicadores, claro, porque el ruido sin ellos es insoportable.


De camino por el bosque, el calor aumenta, especialmente por nuestro lado, porque nos iba dando el sol. Si hay aire acondicionado, no se nota. En los cascos suena Norah Jones (relajante), mientras el helicóptero se mueve lento hacia el cañón, y a baja altura. Cuando empezamos a llegar al cañón, cambia la música, y nos ponen la música de "2001: Odisea en el Espacio", no saben estos ni nada.


Cuando por fin termina la tierra bajo nuestros pies, y de repente aparece el cañón, se nos pone la piel de gallina. Es increíble la sensación de vacío de repente, y lo enorme del cañón visto desde dentro. Ponemos rumbo al este del cañón, y el calor aumenta. Dani se empieza a pillar una sudada considerable, con goteos por la frente, y la camiseta empapada. La holandesa de al lado no dice nada, pero debe de estar flipando.


De todas formas, seguimos babeando. Caen un par de vídeos, pero los justos, no hay que perderse nada del espectáculo. Cuando llegamos al Little Colorado (un afluente, que también viene por un cañón), la vista es una pasada. Muy curioso de ver también desde el helicóptero la llanura del desierto de Arizona "perforada" por el cañón.


Llegamos a la mitad del vuelo, y comenzamos a sobrevolar el extremo norte del cañón (nosotros siempre hemos visto la zona sur), de nuevo sobre bosque. Llegado a este punto, el agobio de Dani por el calor alcanza su máximo (a estas alturas, se le empañan las gafas de sol, la camiseta está para un concurso de camisetas mojadas y tiene la frente de sudor que parece que acaba de subir el Tourmalet), y se empieza a poner nervioso con el cinturón (que nos habían apretado a conciencia), el salvavidas, y el poco espacio disponible.


Se empieza a poner un pelín blanquecino y a hiperventilar ligeramente, mientras Ana se escojona ampliamente en un principio, para preocuparse y ponerse a abanicar después con las instrucciones de seguridad, que era lo único que había a mano. Los pancakes del desayuno toman posiciones en la garganta. Dani empieza a tomar postura momia, levantando los brazos para mejorar la ventilación de los alerones. Le tira las gafas a Ana, y no le tira la cámara porque no sale con el cinturón puesto.


Los sudores han pasado de ser sudores de calor a sudores fríos. A todo esto, no podemos hablar con la piloto para decirle nada, porque los intercomunicadores sólo sirven para que ella nos diga cosas, no en el sentido contrario.


Justo en ese momento, el helióptero vira, de modo que ya no nos da el sol, y aumenta el aire acondicionado, lo que junto con el abanique hace que la situación remonte ligeramente. De todas formas, la segunda pasada por el cañón Dani ni la vio concentrado en los pancakes, y Ana sí que la vio, pero mirando de reojo los abaniques del muy blanquecino Danielito.


Cuando por fin aterrizamos, y se abre la puerta, Dani recupera el color. Cuando se quitó los cascos, estaban literalmente empapados. Imaginamos el cuadro del tío que fuera detrás y cogiera los cascos. El negro mate de las almohadillas de los cascos se había convertido en negro brillante, como si lo hubieran untado con aceite Johnson's. La escena es dantesca.


Un poco de agua después, y un poco de aire, y recuperamos al Dani de siempre. Dice que repite sin dudarlo, y que le ha encantado (hasta que tuvo que empezar a concentrarse en el desayuno) pero con algunas precauciones por el tema calor, apriete de cinturones y demás. Animalico. Igual lo que tiene que hacer es coger el próximo helicóptero en invierno...


Ana también salió encantada, el viaje lo merece: no tiene nada que ver observar el cañón desde el borde, que desde dentro. Los paisajes, las vistas, el moverse a vista de pájaro... no tiene precio.


Una vez recuperado el agua perdida (a Dani se le abrieron los poros en Yosemite y todavía no se le han cerrado), nos fuimos a una proyección en un cine IMAX que ponían una peli de National Geographic sobre el Gran Cañón, y que además era un sitio apetecible por lo del aire acondicionado y demás. Decir que la peli está muy chula, con las típicas imágenes panorámicas de IMAX, pero contando una historia muy interesante de la conquista del cañón.


Nos apretamos un sandwich, y camino de Desert View, que es una carretera que recorre la zona Este del cañón, la que habíamos dejado por ver el día anterior. Esta vez no caminamos, porque las distancias son mucho mayores. Desde la zona central hasta el final de Desert View Road hay 40 kilómetros.


Nos quedamos sin ver el Yaki Point, uno de los miradores, porque el acceso únicamente es en bus, y para pillarlo íbamos a perder mucho tiempo. Pero en cualquier caso, el resto de los miradores que vimos (Grandview Point, Moran Point, Limpa Point, Navajo Point y Desert View Point) estaban muy bien, incluso pensamos que hubiera estado bien haber venido el día anterior a ver la puesta de sol desde aquí. En esta zona el río se ve mejor, y los paisajes son más abiertos.


Echamos la tarde en los distintos miradores, tomándonos nuestro tiempo e incluso un piscolabis en la última parada. Hay que aprovechar, es nuestra despedida (por el momento, seguro que no tardamos en volver) del Gran Cañón.


Por cierto, comentar que en este tramo Ana se estrenó como conductora del aparato. Aunque no ha querido llevarlo mucho tiempo, se sospecha que le ha gustado bastante, no ha tenido ningún susto pisando el inexistente embrague (cosa que sí le pasó una vez a Dani) y amenaza con repetir.


Tras una hora y media llegamos a Tuba City, nuestra parada de camino a Monument Valley. Aquí no hay nada que ver, así que ni nos esforzamos: directos al hotel. Estamos en Navajo Nation, así que aunque seguimos dentro de Arizona, nos ha cambiado la hora. Estos señores tienen una hora más, así que dentro de nuestro habitual descoloque jet-lag-ero, dormiremos una hora menos (aunque nos vendrá bien en nuestro maratón de vuelta a Los Angeles pasado mañana).


Cenita sana en el Kentucky Fried Chicken (si no tenemos en cuenta el rebozado del pollo, se entiende), y a dormir. Mañana tenemos unas dos horas hasta Monument Valley (esos fondos de las pelis del oeste), y luego tres de vuelta hasta Flagstaff, donde haremos parada camino de Los Ángeles.


Seguiremos informando!

sábado, 6 de agosto de 2011

Viaje Costa Oeste EEUU: 5 de Agosto: Telmo y Luisa en.... Una de vaqueros

Hoy nos hemos pegado un madrugón considerable, por lo menos comparado con los otros dos días. Había que hacer el check-out a las 11 de la mañana y primero teníamos que pasar a rapiñar el buffet, nuestra última oportunidad de comer algo diferente a algo que no sea carne entre dos cachos de pan. Además, las maquinitas nos habían tenido entretenidos la noche anterior y nos habíamos acostado muy tarde. Seguimos pensando que volveremos a la misma habitación y a jugar a las máquinas de 1 céntimo. Señores, hemos despertado a la bestia.


Hicimos el check-out y mientras esperábamos que nos trajeran el coche, debatíamos cuánta propina habría que dejarle al chaval. Así que ya nos veíais intentando descubrir en la distancia los billetes que tenía la gente en la mano y que estaba esperando a recibir su coche. Al final nos copiamos del que estaba al lado, que tenía pinta de ser un señor bastante respetable y le encasquetamos dos míseros dólares. A lo mejor, el paisano más que respetable era un rata, pero nosotros seguimos aquella frase de "allá donde fueres, haz lo que vieres".


Finiquitado el tema propina, de nuevo a nuestro carromato que llevábamos dos dias sin tocar y nos pusimos rumbo a Williams, ya en el estado de Arizona y que nos dejaría a unas 50 millas del Gran Cañón. Como siempre, no habíamos conseguido alojamiento dentro del parque, así que nos alojaremos en este pueblo que forma parte de la Ruta 66. Parece que esta vez, aunque sean 50 millas, sí que nos hemos documentado mejor y creemos que es una buena opción. No hay mucho más alrededor de la entrada a la parte Sur del Cañón, que es la que vamos a ver. Además parece que la carretera es bastante mejor. Mañana lo comprobaremos. Esperemos no haberla cagado de nuevo.


Como la distancia no era muy larga y no nos iba a dar tiempo a ir y volver al cañón aunque fuera un ratin, nos lo tomamos con calma y paramos en la presa Hoover, que corta el río Colorado, ya que nos pillaba de camino y está a unos 30 km de Las Vegas. Allí que nos metimos e hicimos la turistada. Nos vimos un documental sobre su construcción, una especie de museo con explicaciones y una ruta guiada por el interior de la presa, turbinas y generadores. Esta presa fue construida en 1935 y era la presa más grande de su tiempo, sigue impresionando a pesar de los años y funcionando desde entonces. Interesante. Hemos aprendido mucho sobre la contrsucción de las presas, algo que sin duda será de mucha utilidad en nuestra vida. El saber no ocupa lugar.


Ya no hubo más que una pequeña parada para comer y a eso de las 6 y pico estábamos en Williams. Y menuda sorpresa que nos ha dado el pueblico. Aquí se pronuncia el "yiiiihaaaa" en cada esquina. Habrá algo de mentirijilla por aquello del turismo, pero aquí la gente va con el sombrero de cowboy, la camisa de cuadros, camioneta destartalada y música country en el coche.

Este pueblo, al ser camino de ruta 66 y puerta al Gran Cañón está muy transitado, con muchos hoteles de carretera, tiendas de regalitos y souvenirs y restaurantes con las barbacoas haciendo costillitas en la calle y a un cowboy cantando country animando el cotarro.


El hotel es un encanto también. A pesar de venir del lujo, somos culos de buen asiento y nos adaptamos rápidamente al entorno. Estamos en el "Grand Canyon Hotel". Una casa de 1891, que supone ser el hotel más antiguo de todo el norte de Arizona y donde se han alojado personajes como el Rey de Siam o los multimillonarios Vanderbilt allá por principios del siglo pasado. Nada más llegar nos preguntaron de dónde eramos, y no por cumplir, sino porque tienen banderitas de todos los países, y entonces en el mostrador, colocan las banderas de las nacionalidades de las personas que están alojadas esa noche. Aquí hoy hay chinos, brasileños, tailandeses, franceses, italianos y unos cuantos más que no hemos podido retener. Lo segundo que nos dice es que según la tarifa y tipo de habitación reservada, hay disponibles 5 ó 6 habitaciones. Nos apunta los números en un papel, y nos dice que subamos a verlas para que elijamos la que más nos guste, que están las puertas abiertas. Pues nada, allá que vamos. Al final cogimos una que es bastante amplia y con mucho encanto con temática holandesa (cada habitación tiene su temática, pero todo en el estilo antiguo). Lo unico malo es que no tiene mucha luz, pero al comprobar que las que daban más a la zona iluminada de la casa no tiene persianas ni cortinas opacas, decidimos que la holandesa era nuestra elección.


Una vez instalados nos fuimos al final del pueblo (unos 50 metros) porque había una performance, según nos dijeron. Así que allí en medio de la carretera, se pusieron dos carretas de caballos para cortar el tráfico y allí la gente hizo un círculo para presenciar una representación teatral con una historia del oeste americano y unos cuantos tiros, en versión humor, claro. Los actores eran 5. Había 3 vaqueros, un narrador vestido tambien de vaquero y una mujer vestida del oeste de la epoca. Todos bien talluditos, el unico que bajaba la media era el narrador, y tenía un aire al rubio de la película "Dos tontos muy tontos". El resto no bajaba de los 60. No sabemos si del pueblo o no, pero muy graciosos.


Acabada la actuación, nos dimos un garbeo por el pueblo y las tienditas y ya hemos fichado un sitio para desayunar y otro para cenar mañana. Como estaremos famélicos de caminar por el Gran Cañón, mañana caerán unas costillicas a la barbacoa. Hoy estamos demasiado cansados, asi que una magadalena gigante y unas oreo que nos hemos comprado en el súper y un par de cafés que tienen en el hotelito para que te sirvas tú mismo de gratis, ha sido nuestra cena. Las Vegas nos ha dejado agotados.


Y nada más, aquí a la sombra de un ventilador de techo como debe ser, nos despedimos hasta mañanita.