Bueno, manta no, porque la temperatura media del viaje ha sido de 35 graditos, pero carretera un rato. Unas 500 millas, así como 800 y pico km nos separaban de nuestro destino, Los Angeles.
El día como os podéis imaginar no ha tenido mucha emoción. Salvo por los 400 y pico km que ha hecho Ana conduciendo, donde le ha tocado parada de rutina de la policía. Llevamos casi 5000 km, de los cuales Ana habrá conducido unos 500 km y va y le toca la revisión de control de la poli. Creemos que vamos a comprar un boleto de lotería, visto lo visto, tenemos muchas probabilidades de que nos toque.
La pobre Ana que no está muy acostumbrada a este tipo de inspecciones policiales, ni a los coches con ventanilla de atrás, se hizo la picha un lío con los elevanulas eléctricos y cuando quiso bajar la ventanilla para atender al policía, bajó primero las ventanillas de los asientos traseros, después la del asiento del acompañante y cuando ya no le quedaban más por probar (Dani desesperado) ya por fin consiguió bajar la de su lado, el del conductor. Al policía ya le daba hasta la risa. Al final nada, viendo semajante cuadro, debió de descartar cualquier parecido con maleantes, así que simplemente nos preguntó de dónde veníamos y a dónde ibamos. Le gustaron nuestras respuestas y nos deseó un buen día. Tras lo cual nos fuimos y subimos las 4 ventanillas de nuestro muy ventilado coche.
A algo menos de 200 millas de Los Angeles, hicimos una parada en Calico Ghost Town, una ciudad de la época de la fiebre del oro, con casas de la época y algunas reconstruidas o restauradas para dar al visitante una idea de cómo eran las ciudades del oeste americano. Como en las pelis, señores. Hasta con el saloon y sus puertas de madera giratorias. Llegaron a vivir hasta 1200 personas en sus tiempos prósperos. Bastante curioso de ver y entretenido, además nos salío gratis por llegar una hora antes del cierre, asi que fue una buena parada para estirar las piernas, aunque el calor era bastante asfixiante.
De ahí hasta Los Angeles de un tirón. Cuando aún quedaban más de 100km, ya estábamos metidos en miles de circunvalaciones, nudos de carreteras... un lío, como diez M-30/M-40/M-50 juntas. Por un par de veces se nos escapó nuestra salida, pero el tomtom se orientó rápido y no perdimos mucho tiempo.
Al fin llegamos al hotel en Santa Mónica, el Santa Mónica Pico Travel Lodge. La verdad es que está muy bien. Tenemos una habitación superamplia que lleva a una pequeña cocina, y de la que sale otra puerta al baño, también muy amplio. Desayuno y parking incluído en el precio. Muy satisfechos. Como llegamos algo tarde ya para emepzar a investigar un sitio para cenar, en la recepción nos dijeron que había un super a la vuelta de la esquina. Como teníamos microondas, frigo y demás, decidimos apañar algo del super y comerlo en nuestra cocinita. Unas pizzas para el micro y una ensalada de estas pre-envasadas para acompañar. Las pizzas resultaron ser una mezcla de engrudo y chicle, probablemente debido al uso del microondas para hacerlas. Como en el horno, ná. Y eso que cogimos las que ponían en la caja que se podían hacer al microondas.
Además a falta de plato, usamos unas pañuelitos que se pegaron a la base de la pizza debido a su falta de cocción. Esperemos que la celulosa no se nos indigeste durante la noche. En cuanto a la ensalada, algo seca. Las salsita que dan para acompañar era algo escasa, así que nos sabía como si estuviéramos masticando prao. Vamos, un lujo de cena. Mañana probablemente vengados cenados de la calle.
Y eso es todo por hoy. Mañana comenzaremos a visitar las zonas más famosas de Los Angeles. A ver si un cazatalentos se fija en Ana y el año que viene venimos todos a ver cómo recoge el Oscar.
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