sábado, 6 de agosto de 2011

Viaje Costa Oeste EEUU: 3 y 4 de Agosto: Telmo y Luisa en.... Resacón en Las Vegas!!

Que no, que no bebimos, a parte de 8 litros de agua al día cada uno, porque el calorcito que hace en curioso. Queríamos mantener nuestra lucidez en todo momento, que la mezcla juego y alcohol nunca dio buenos resultados.


Estos dos días hemos llevado una vida como corresponde en Las Vegas, de crápula. Acostarse tarde, levantarse tarde y jugar las perras en el casino. Durante el primer día de visita nuestra mandíbula no llegó a cerrarse en ningún momento. Señores, esto hay que verlo. Qué derroche de neón, que ostentosidad, que horterismo en algunos casos, qué barbaridad, qué a lo grande todo, qué flipe Felipe. Pensábamos que si era de día no había mucho que ver, pero no, esto está pensado para tener entretenimiento las 24 horas. Aquí hay gente jugando sea la hora que sea, de todas las razas y colores, edades y religiones. Si hay una ciudad que no duerme, es Las Vegas. De día hay cosas que ver en los casinos y hoteles que difieren de las cosas que puedes ver por la noche, aunque el plato fuerte siempre es nocturno, claro. Centros comerciales dentro de los hoteles-casino, tiendas por todas partes y atracciones en cada hotel.


Nuestro día empezaba a eso de las 12 ó 13pm, sin forzar. Directos a los famosos "buffets" que ofrecen los hoteles-casino y que para nuestra sorpresa, estaban incluídos en nuestra oferta de habitación. O sea, que además de la superhabitación de amor y lujo, la comida nos sale de gratis. Un vale por persona por dia para un macro-buffet de come hasta que revientes. Y vaya si reventamos. El primer día, es la única comida que hizo Dani, asi que haceros una idea. Despues de nuestra dieta de perroflautas, es de entender que vieramos eso y aunque no hubiera hueco, había que aprovechar, que era gratis. Allí había de todo: marisco, sushi, pizza, sopas, ensaladas, comida china, noodles, carnaza, pollo, embutidos miles, quesos miles, arroz de mil formas, tacos, tortillas a la carta, pasta a la carta... Y de postre, mil tartas, helados, bollería, cookies... UNA BACANAL. Viva Las Vegas!!!!!


Después de salir rodando de nuestra experiencia en el buffet ( ni el segundo ni el tercer día serían distintos), nuestra primera visita fue el Bellagio (conocido como el Montecito de la serie, aunque tambien nos han dicho que igual es el Montecarlo, bueno, da igual). Simula una villa a orillas del lago Como, en Italia. A parte de las tiendas y su impresionante casino, tiene una plaza con flores naturales, figuras gigantes hechas en diferentes materiales naturales, riachuelo y hasta una macrojaula de loros y demás pajaricos de colores. El plato fuerte es el juego deluces, música y chorros de agua que proyectan a partir de las 8pm cada cierto tiempo. Uno de los mejores espéctaculos gratis que ofrece la ciudad.

Allí jugamos nuestro primer dólar, había que aprender, y lo hicimos fatal. No nos fuimos a las máquinas adecuadas. Intentamos averiguar tambien el funcionamiento y las bases de juego y apuesta de la ruleta, que era el otro candidato a invertir nuestro dinero. Pero esas juegan fuerte, apuesta mínima, 10 dólares, o sea, que pare empezar, qué menos que 30 dólares. Ñññna, cachis, nuestro espíritu rata nos bloquea. Deberíamos haber venido preparados para el poker, venir a Las Vegas y no jugar al póker es un delito. Dani no tiene ni idea, y creemos que los conocimientos de Ana adquiridos en su juventud, en la mesa de la cocina de su abuela, jugando con su tíos y sus primos y apostando con garbanzos, no es lo que se dice venir preparados.


Podemos hablar tambien del Caesar Palace, el siguiente en la ruta. Un derroche a la romana. Tiene coliseum, una réplica de la fontana de Trevi, piscina a modo de foro romano, todos los interiores inspirados en el Imperio Romano. Hasta el techo en algunos tramos pintado a modo capilla sixtina y en otros simplemente pintado de azul con nubes para dar aspecto de "estoy en la calle". Aquí en el macrocentro comercial, había una fuente en una plaza (dentro del centro) con una representación. Del fondo de la fuente salían unas figuras enormes que parecían de verdad, se movían y contaban una historia de la que no entendimos gran cosa la verdad, pero acababa como el rosario de la aurora con guerras de agua y fuego (todo esto dentro del centro comercial) y un final por todo lo alto con un dragón agitando alas y todo. La leche.


El Mirage, con un espectáculo de delfines. Este era de pago, así que pasamos. Ya hemos visto delfines en acción en otros sitios. El plato fuerte, una simulación de erupción volcánica a la entreda del hotel, en pleno Las Vegas Boulevard. Auténticas llamaradas y simulación de ríos de lava, bajando por una montaña, super-conseguidos. Menos mal que no estábamos muy cerca, porque si no, ya sabemos dónde nos hubiéramos dejado las pestañas.


EL Venetian, de caerse el ojo. Además como teníamos muy reciente nuestro viaje a Venecia de principios de año, podíamos comparar sin temor a equivocarnos. Te cagas con la imitación del palacio ducal. No es mucho más pequeño, al menos la fachada que se reconstruye y el nivel de detalle es la caña. Por no hablar del campanile, tampoco mucho más pequeño que el original. El puente Rialto, de traca tambien. Y por dentro, amigos, canales con góndolas y gondoleros cantando "oh sole mío" cual auténticos italianos. Pero eso no es todo, es que hasta tienen la plaza de San Marcos (les falta la basílica), y todas las calles con edificios (que son restaurantes o tiendas) al más puro estilo de la vieja Venecia. A estas alturas ya nos daba la risa floja, de lo alucinados que estábamos.


Siguiente parada: Francia. Aquí tampoco se quedan cortos. Que si el arco del Triunfo, que si la Torre Eiffel (la mitad que la original, asi que háganse una idea), que si Monmartre, las calles del barrio latino.....Otro pa mear y no echar gota. La zona del casino además estaba muy bien ambientada, que en los otros es zona enmoquetada y ya, en este caso se habían preocupado de que pareciera que estabas jugando en los mismísimos Campos Elíseos.


New York, New York. Aquí se han traído medio puente de Brookling, el Empire State, el edificio Chrysler y la estatua de la libertad, ná menos. Las calles del interior, como si estuvieras en los barrios de Brookling.


El Excalibur, un macro castillo a medio camino entre una Edad Media seria y un cuento de dibujos animados.


El nivel de elegancia en los casinos va subiendo conforme cae la noche (aunque nunca llega a ser de etiqueta y siempre queda gente en chanclas como nosotros), sobre todo en las mujeres. Típicas americanas, con sus uñacas largas, superpintadas, sus pelos enlacados, minivestidos enseñando pierna (aunque a alguna más le hubiera valido ponerse un hábito de monja) y taconazos a discreción. De esos que empiezan a flojear a medida que el nivel de alcohol sube y los pegotes de rimel empiezan a correrse. Vaya cuadros a ciertas horas de la noche hemos visto!. Eso sí, un miercoles a las 12 de la noche no cabía ni un alfiler en ninguna mesa ni máquina de ningún casino. Increíble.


Por este día como que ya estábamos servidos, era muy tarde y había sido un día muuuy largo. Así que nos fuimos a nuestro super-apartamento a disfrutar de las vistas desde el piso 39. Ay, cuánto nos va a costar marcharnos de aquí!.


Al día siguiente, seguimos el ritmo Crápula. Otra experiencia maravillosa en el buffet y a ver más cosicas. Fuimos a Treasure Island, donde había una especie de espectáculo de lucha de dos auténticos barcos entre piratones y sirenas.


Luego al Wynn, esto ya es harina de otro costal. Aquí sale el glamour por los poros. Y nuestras pinticas no iban para nada acorde con el espíritu de lujo del lugar, porque aclaremos que todos los casinos tienen pretensiones lujosas aunque cualquier tiradillo ande por ahí metido. Pero aquí no, aquí es más rollo Mónaco. Además hace tiempo que al Cartier réplica chino de Ana se le acabó la pila, así que no podíamos tirarnos el pisto en Louis Vuitton. Ná, si el lujo no nos quiere a nosotros, nosotros no queremos el lujo (salvo la habitación).


En ese momento descubrimos un autobus (el Deuce) que recorre las partes más importantes de la Strip (la calle de todos los casinos) y la parte antigua de Las Vegas (Freemont street). Asi que por el módico precio de 7 dólares cada uno, podíamos subir y bajar tantas veces como quisiéramos durante 24 horas. Así por lo menos, podíamos pasar un ratito fresquitos entre casino y casino. Porque aquí aunque están todos los chulis más o menos pegados, como son tan sumamente mastodónticos, al final, a lo bobo a lo bobo, no veas las pateadas que te pegas. Además el calor no es el de Death Valley, pero casi. Una media de 42-43 graditos del ala hemos tenido.


Nos cogimos el autobús, y nos dirigimos al MGM, cuando lo construyeron, el hotel más grande del mundo. Ná, 5000 habitaciones. A 2 habitantes mínimo por habitacion hacen un total de la población de Las Tablas. O dicho de otro modo, podemos meter a toda La Bañeza y a Candás junticos en el MGM. "MGM-La Bañeza-Candás", lugar de vacaciones. ¿Y lo entretenidicos que iban a estar todos en los 15000 metros cuadrados de casino?. Y al que se ponga tonto, a la jaula de los leones. En serio, tienen una especie de hábitat adaptado para un par de leones dentro del hotel. Lo atravesamos por un túnel de techo transparente, sobre el que estaban durmiendo la siesta. Así que si veis una foto de Dani tocando el morro de un león, que no os la pegue, que había un cristal bien gordo entre ellos.

Pero lo mejor es que allí aprendimos lo que sería nuestra perdición. Allí aprendimos a jugar a las máquinas de 1 céntimo. Oh dios mío, qué vicio. Por ese precio, quién se puede resistir?. Y así, vas metiendo, vas metiendo, hasta que pierdes 2 dólares. Queríamos llevarnos el premio gordo: un BMW Z4 rojo que estaba expuesto dando vueltas encima de las máquinas. Dani se enamoró, y lo que hasta entonces era: "bah, yo paso de jugar", se conviritó en: "¿una partidita?". Como Ana llevaba tiempo queriendo probar, como si el premio era una chochona, el caso era jugar. Ana aprendió el significado de "tener la máquina caliente" y comenzó a usarlo a todas horas:

-"Vamos Dani, una apuesta más que tenemos la máquina caliente".

- "Dani, yo creo que nos están mirando porque saben que tenemos la máquina caliente".

- "Dani, ahora no nos podemos retirar que tenemos la máquina caliente".

- "Dani, ese señor que está ahí al lado está que arde, tiene la máquina caliente"

- "Dani, tú crees que ese señor nos ha dirigido la palabra sólo porque sabe que tenemos la máquina caliente?"

El caso es que llegamos a doblar nuestras ganancias, es decir, de 1 dólar llegamos a tener 2, pero la avaricia rompió el saco. Por ir a buscar el coche perdimos todo nuestro dinero, 3 dólares. Decidimos probar suerte en otro sitio, así que nos cogimos de nuevo el autobús para ir a "Freemont Street". Digamos que allí es donde nació Las Vegas. Allí están los carteles y neones típicos de las películas. Está bastante lejos de la zona de los casinos de lujo actuales y ha resurgido gracias a la macropantalla que recorre el trecho de toda la calle donde cada hora a partir de las 8 de la tarde se realiza la "Freemont Street Experience", un espéctaculo de luz y sonido que te disloca el cuello. No sabemos calcular, pero a ojo, la pantalla puede tener 100 metros de largo y 15 de ancho. La verdad es que es un espectáculo, a nosotros nos tocó un show con canciones de "The Doors". Por la calle, al igual que en la strip, todo tipo de personajes disfrazados para que te hagas fotos con ellos a cambio de una propina. Algunos muy curiosos.


Tras la función volvimos a la Strip y nos fuimos al hotel-casino espectáculo que nos quedaba por ver, el Luxor. O sea, Egipto en Las Vegas. El hotel es una pirámide completamente hueca, sin columnas, el casino en la parte central y las habitaciones en las paredes. Todo decorado con motivos de la época, claro.


Más o menos, con la sensación de haber visto lo más importante, decidimos ir a jugar nuestra última baza. 5 dólares, va por tí Eugenio. Y los vamos a jugar en el Bellagio, con un par. Como ibamos de entendidos en la materia, decidimos ir a las máquinas de 2 céntimos. Ahí, al riesgo, doblando apuestas. Y así nos fue, esas apuestas eran demasiado fuertes asi que tras perder el primer dólar en menos que canta un gallo, nos fuimos con el rabo entre las piernas a por las de 1 céntimo, que son las que controlamos.

Esta vez no había coche, pero había 6000 dólares en juego. Suficiente para saciar nuestra hambre de juego. Apostábamos de 10 en 10 líneas y llegamos a recuperar la apuesta en incluso doblarla. Hicimos caso omiso a los consejos de Eugenio "hay que saber parar" y "en cuanto ganes algo, retírate", porque la máquina nos tenía poseídos. Ese "clin, clin, clin clin" era música para nuestros oídos. Acordamos que sólo nos retiraríamos a partir de 20 dólares ganados. Ana insisitía en que la máquina estaba muy caliente (igual que llevaba haciendo toda la tarde con todas las máquinas que veía), pero no hubo suerte. Ni pa pipas. Eso sí, salimos de allí convencidísimos de que si nos dieran un dólar más podríamos ganarnos la vida jugando a las máquinas (sabiendo siempre parar a tiempo, claro está). Convencidísimos de verdad. Planeamos hasta una estrategia y todo, que guardaremos celosamente, que luego vienen Los Pelayos y nos la copian.


Volvimos a nuestro nido de amor y lujo más tristes que otra cosa, porque al día siguiente nos teníamos que despedir de la habitación. Ahora que ya controlábamos perfectamente el funcionamiento de las cortinas motorizadas...

Hemos decidido que en algún futuro volveremos a Las Vegas con más tiempo a quedarnos en esta habitación y a jugar a las máquinas de 1 céntimo.


Al día siguiente ya nos iríamos de Las Vegas habiendo decidido que al final no nos casábamos. No encontramos talla para Dani para el traje de Elvis y a Ana las faldas de Marilyn Monroe le llegaban por los tobillos.

En un segundo intento, cuando probamos el traje de Travolta para Dani no le entraba ni el pie en los pantalones de pitillo y Ana con el traje de Olivia Newton John iba a parecer otra vez Mario Vaquerizo. Nada, así no hay manera, no nos casamos.

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