Hoy hemos dormido con una rana. Y no con la conocida por todos nosotros como "RanaEsther", sino con una rana de verdad. Pequeñita, apenas 5/6 centímetros, pero lo suficiente como para traer en danza a Dani, aproximadamente media hora hasta que puedo "cazarla" con la papelera. Ana pasaba de la rana y sólo quería dormir, pero el agite que se traía Dani le impedía conciliar el sueño, así que sólo pedía que la rana se dejara cazar de una vez por todas. Hasta que la atrapó. Allí quedó, bajo la papelera, no quisismos comprobar su estado al día siguiente porque Dani sospechaba que la había matado. Cree que sus patitas se quedaron atrapadas/aplastadas en el borde de la papelera. No hubieramos podido soportar la pérdida de la que fuera nuestra amiguita durante media hora.
Madrugamos para poder aprovechar bien el día. Un desayuno rápido, simple pero suficiente incluído en el precio de la habitación y rumbo a Yosemite. Es decir, UNA HORA Y MEDIA hasta llegar al primer punto digno de mención. El llamado "Tunnel View", un lugar a la salida de un túnel con magníficas vistas del valle y el Half Dome a lo lejos. De postal. Tras la paradita de rigor, seguimos rumbo a Mariposa Grove, famosa por el bosque de sequoias gigantes y que está justo al lado de la entrada sur del parque, así que hagánse idea de las distancias. Como una hora más de camino aproximadamente. Por haber madrugado Dios nos ayudó y conseguimos sitio en el poco parking que hay (a la vuelta la carretera de acceso ya estaba cerrada a los coches). Aparacamos y cogimos un fotellico donde explicaban cosillas muy interesantes y unas rutillas en función de lo largo que quisieras hacer el paseo para ver los puntos más importantes del parquecito de matojillos en cuestión. Unos datos sobre estos bichitos para los amantes de la botánica: viven hasta unod 3000 años, alcanzan hasta 90 metros de altura (más que la estatua de la libertad), y el tronco puede llegar a tener un perímetro de hasta 12 metros. Casi nada.
Durante una horilla más o menos paseamos por el bosque entre varias supersequoias. Hicimos uso de percebe y sus panoramas en vertical que nos dieron mucho juego, porque si no era imposible que los arbolitos cupieran en la cámara. Las más curiosas son el "Fallen Monarch", una sequoia caída donde puedes ver la raíz, que superaba el doble de la altura de Ana. Un poco más adelante había una sección de un tronco, Dani con brazos y piernas abiertas a tope no tocaba los bordes. Luego encontramos 4 enormes juntas, donda percebe hizo una panorámica de la que Ana se siente epecielmente orgullosa. No os preocupéis que os la enseñará hasta la extenuación. "Grizzly Giant", de unos 1800 añitos, anda que no ha visto ná este. Sus ramitas tenías unos 2 metros de perímetro. Y el "California Tunnel", uno que tiene el tronco abierto a modo de paso por el que pasaban las carretas en el pasado. Este no es el famoso a través del que pasaban los coches, ese se cayó, porque no aguantó con semejante agujero en un invierno que cayó mucha nieve y cedió con el peso. Pobre...
Como queríamos ver más cosillas decidimos volver sobre nuestros pasos. Por el camino Ana quiso coger una piña de sequoia para sacar una semillita y plantarla en la terracita de casa. De hecho tuvo la piña en el bolsillo un rato, pero la conciencia le pudo, dejemos a las sequoias estar donde deben estar. Bueno, la conciencia y el imaginarse el lío a la hora trasplantar el arbolito como le diera por prender.
Cogimos coche de nuevo y nos pusimos rumbo a Glacier Point, un lugar que bajo ningún concepto, cualquiera que venga al Parque debe perderse. Todas las vistas que habíamos contemplado hasta ese momento se quedaban pequeñas. Dice Dani que es uno de los paisajes más espectaculares que ha visto en su vida, junto con alguno de Nueva Zelanda y Suiza. No tenemos palabras, hay que verlo. Y por mucho que nos hemos esforzado en sacar fotos, creemos que ninguna va a reflejar mínimamente lo que hemos visto (de nuevo). Desde una altura de unos 2200 el Half Dome, esa mole de granito impresionante, queda a la altura de los ojos.
Después de babear un rato mientras comimos unos perritos calientes, y no babeabamos por los perritos, decidimos volver al valle. Hay que decir que a Ana se le atragantó un poco el perrito, porque el graciosillo de Dani estuvo todo el rato alarmándole con el cuento de que había visto un oso merodeando. Y es que eso no lo hemos contado, señoras y señores. Padres y madres del mundo, aquí hay osos. En libertad, y te los puedes encontrar de paseo. Pero tranquilos, ya no hay peligro, ya no estamos en el parque. Todo el parque está lleno de recomendaciones sobre qué hacer en caso de encontrarte con Yogui. A saber: primero, mantener la calma y no le des la espalda ni salgas corriendo (ya, claro). Segundo, gritar para acojonar al oso (si te sale un hilo de voz, gracias). Tres, hacer aspavientos y agitar los brazos para parecer más grande (sobre todo Ana, no vaya ser que la confunda con un pollo y le parezca una buena tapita antes de la cena). Cuatro, si aún no se ha acojonado y ves que está un poquito rabioso, tŕale con lo que tengas a mano (¿la cámara?, con la de fotos que he hecho?, y un huevo!). Quinto, si todo lo demás ha fallado, lucha (creemos que el cinturón negro de karate de Ana no es convalidable con la lucha contra oso, así que más bien reza). No es broma, lo que no está entre paréntesis son las recomendaciones reales. Si vas a acampar (y un jamón), te alquilan cajas anti-osos, que sirven para guardar la comida de manera "antiolorosa". Y las papeleras de todo el parque son también "anti-osos". Recomiendan no usar perfumes, porque les atraen, así que os podeis imaginar el olor a choto que debe haber en los campings.
Como decíamos, bajamos al valle. Dejamos el coche en el parking de Curry Village (uno de los 2 pueblos que hay en el valle) y nos hicimos una caminatilla de 5km ida y vuelta hasta el Mirror Lake. Un lago donde se ven reflejados los bloques de granito del valle. Por cierto, de camino al lago, vimos una señal de advertencia similar a la de los osos, pero esta vez con leones de montaña, el que según parece tiene cierta preferencia por las crituras pequeñas (te dicen que no dejes nunca solo a un niño), así que os podeis imaginar la mandíbula desencajada de Ana de camino al lago. Dani hasta se partía, dándoselas de invencible, pero se le olvida que tiene mucho más que comer y en un momento dado puede resultar bastante más apetecible. Sobre todo por esos jamoncitos con buena grasilla entrevenada, como el mejor de los Jabugos.
Por cierto que Ana está toda orgullosa, porque ha metido los pies en el río que pasa por el medio del valle de Yosemite. Los americanos se meten de cuerpo entero, pero en nuestro caso no hubo tiempo (o bolitas) de meterse más.
Tras el paseito de rigor, volvimos al coche y de nuevo paramos en Yosemite Village, el otro pueblo. Allí compramos un par de souvenirs y la comida para el día siguiente. Como iba a ser un día largo de ruta en carretera con pocos sitios donde parar, decidimos hacer dieta "perrofláutica". Es decir, sandwiches de pan bimbo con salami, jamón cocido y queso. Lo mejor de todo es que nos llevamos la compra en una de esas bolsas de papel marrón que se ven en las pelis... fijaros si nos hizo ilusión, que estuvimos como dos gilis haciéndonos fotos en la puerta del supermercado, la gente flipaba.
De camino al hogar, paramos en la base de las Yosemite Falls, ya casi anocheciendo. Con las mismas, de vuelta al oeste americano. En el hogar nos comimos las sobras del día anterior y en plancha a la cama (esta vez sin rana).
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