A las 6:30 de la mañana sonó el despertador. Hoy es un día de road trip puro y duro. El coche hoy nos llevará desde el extremo oeste del parque hasta Las Vegas, cruzando el Parque de Yosemite por el Tioga Pass por la 120, bajando despues por la highway 395, y tomando después la 190 para cruzar el Valle de la Muerte y enfilaos a Las Vegas. Total: 500 millas (unos 800 y pico kilómetros). De ahí el madrugón, para que no se nos haga muy tarde, teniendo en cuenta las paradas de rigor por el camino para hacer fotos.
Hicimos el check out, nos guardamos los sandwiches perrofláuticos, cargamos el depósito hasta las trancas (que habrá que llenar otra vez en algún momento del camino) y ponemos el HALCÓN MILENARIO (llamado así porque consume más o menos lo mismo que una nave espacial) rumbo al Tioga Pass. Por esta carretera se cruza el parque aproximadamente por la mitad de oeste a este o viceversa. Tiene un par de puntos especialmente interesantes donde parar, a parte de las vistas en sí desde la carretera, un placer para los que les gusta la conducción, así que os podeis imaginar la cara de Dani de flipao.
Uno de los puntos donde paramos fue el Olmsted Point. Aquí encuentras unas vistas bastante chulas al Half Dome desde el otro lado. Despues de haber visto las vistas desde el Galcier Point, esto se queda un poco flojo, pero está bien igualmente. Sobre todo porque si subes por un monte de granito que comienza al pie de la carretera hasta el punto más alto (unos 100 metros) se acaban teniendo unas vistas de 360 grados bastante chulas del Half Dome, Tenaya Lake y en general toda la sierra. Estamos a algo menos de 3000 metros. Nada despreciable. Por cierto, para el histórico de temperaturas del día, en este punto había menos de 20ºC (por la altura).
La siguiente parada, ya fueron las Tuolomne Meadows. Unas pradericas muy majas a 2500 metros de altura, donde comimos un par de sandwiches con Ana poniendo el ojo en una posible visión de Yogui.
De ahí, directos a Death Valley. Ana estaba acojonadita por el tema temperatura,así que tuvimos que comprar unos 4 litros de agua por si moríamos de deshidratación, o algo. Paramos a repostar justo antes del Death Valley, en Lone Pine, porque luego las gasolineras escasean, y a acabar con todas las reservas de agua, como hemos dicho.
Pues nada, allá vamos. Primera parada: unas dunas de arena tipo Sahara (seguramente infinitamente más pequeñas, pero es para que os hagáis una idea del estilo). Bajamos del coche, y el aire es abrasador. Según el coche, hay 116ºF a la sombra, unos 48ºC (ojo, que eran las 16:30 de la tarde, si llegan a ser las 14:00...). No es una sensación que abrume de golpe, pero cuando el aire sopla, quema. Hace que las cámaras quemen (el cuerpo es metálico), y a Dani se le secan las lentillas.
Vemos muy rápidamente las dunas, y nos volvemos a meter en el coche. Primera prueba superada. "Pues no es para tanto". Je, je. Segundo destino: Furnace Creek. Se supone que es la "capital" de Death Valley, esperamos conseguir algo de información.
De camino, dos avistamientos curiosos: lo primero, un BMW de camuflaje, haciendo pruebas en el desierto. Para los que no estén muy puestos: cuando se crea un modelo nuevo, se le lleva a hacer pruebas en condiciones extremas para ver cómo responde el coche, tanto frío como calor, altura, etc. Death Valley es un sitio de pruebas típico para condiciones de calor extremas. El BMW que vimos parecía un nuevo Serie 1, aunque ya está a la venta, quizá sea una nueva versión. Hay que decir que nuestro Chevrolet Impala aguanta perfectamente el tute.
El segundo avistamiento fue un caza de combate, volando a baja altura por en medio del valle. Impresionante, aunque ni siquiera oímos el ruido, pasó bastante despacito para lo que es un caza. Para ser un valle muerto, aquí hay mucho tomate!
Si algo nos ha impresionado sobremanera del Death Valley es lo inmenso de los paisajes. Te sientes tan pequeñito... Y los contrastes: tan pronto estábamos a 5000 pies en lo alto de una montaña, como descendíamos durante 15 minutos ininterrumpidamente a 110 km/h para llegar a estar por debajo del nivel del mar en un mar de sal.
En Furnace Creek no había nadie, deberíamos haberlo supuesto. Eran más de las 5 de la tarde, y con esos calores aquí no se hace ni un segundo extra. Así que seguimos sin guía local, pero con mucha información que teníamos de Internet y de la Lonely Planet. Directos a Badwater, el punto más bajo del hemisferio norte, según dicen, 86 metros por debajo del nivel del mar.
Antes de llegar a Badwater, paramos en Devil's Golf Course. Deberíamos haber llegado al pie del mar de sal, pero la carretera estaba cerrada. Seguimos camino entonces a Badwater. Finalmente llegamos, y estaba claro que la excursión había merecido la pena. Desde donde dejamos el coche caminamos por encima de un mar de sal unos 500 metros. Si excavabas un poco, llegaba a salir agua. La planicie en medio del valle es increíble. Parece nieve (a 48ºC de temperatura), y es una extensión inmensa. No se puede explicar la sensación de inmensidad que se tiene. Y de silencio. Aunque estábamos allí al menos una docena de personas, no más, no se oía absolutamente nada. El silencio era ensordecedor.
Después de un poco de agobio por parte de Ana, y con una sudada considerable, volvimos al aire acondicionado (viva la madre del que lo inventó) y seguimos hacia el tercer punto de la ruta, Artist's Palette. Es básicamente un paisaje montañoso con tierra de muchos colores distintos, por la mezcla de metales oxidados, sulfuros, y demás historias a temperaturas extremas. Muy chulo.
Y por último, ya para despedirnos, y casi anocheciendo, nos fuimos a Zabriskye Point, un sitio con vistas a una de las cordilleras del valle. De nuevo, mereció la pena.
Nos fuimos de allí con la sensación de que sí, hace mucho calor, pero se soporta (gracias a los 5 litros de agua que nos bebimos entre los dos), y a cambio es una experiencia única. Uno no diría que los paisajes son bonitos, pero son realmente impresionantes. Nadie debería perderse esto.
Salimos del valle con una puesta de sol preciosa, aún hubo tiempo de pararse en el arcén y echarse unas últimas fotitos. Y corriendo a Las Vegas, que a este paso no nos esperan en el hotel. Afortunadamente la carretera es muy buena, y en apenas hora y media estábamos allí.
Y... señores, San Francisco es bonito, Yosemite es precioso, Death Valley es impresionante, pero si quieres que se te caiga la mandíbula al suelo, entra en Las Vegas de noche. Es todo tan excesivo, tan enorme... no hemos visto nada, pero ya estamos alucinando. Llegamos directos al hotel (Vdara), nos llega un chófer, nos coge las llaves, adiós al coche, se lo llevan. Las maletas no quisimos que nos las llevaran porque no tenemos práctica con los botones y nos da cosa.
Y la habitación... ay señores, la habitación. La suite, más bien. La chica nos dijo que aunque teníamos una habitación deluxe (que ya estaba MUY bien), nos ha colocado en una suite en el piso 39, con forma de U y con vistas a tres orientaciones distintas (es alucinante la vista de noche). Tenemos una cocina que ya nos gustaría a nosotros para casa, comedor, baño con bañera enorme, ducha separada, vestidor, dos lavamanos... una zona de salón con un sofá más grande que el de casa con una tele de 42 pulgadas. Para que no nos peleemos, en el dormitorio, que tiene una cama de 2 metros de ancho (no es broma), nos han puesto otra tele exactamente igual de 42 pulgadas. Todavía no nos hemos recuperado del shock.
Así que nada, nos vamos a darnos un bañito y a relajarnos. Hay que coger fuerzas estos tres días en Las Vegas, porque luego vienen el Gran Cañón y Monument Valley, nada menos. Os iremos contando.
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