DIA 2: Lunes 18 de abril de 2011.
Rothenbourg ob der Tauber – Dinkelsbühl – Augsburg
9:00 am. 12 horas después se nos abrieron los ojos. Pos sí que estabámos cansados, sí. Es cierto que este tipo de maratón no sorprende en el caso de Ana, pero en el caso de Dani, sí sorprende, así que mediremos el umbral del cansancio y sueño por el rasero de Dani para hacer al personal una idea real de nuestra actividad. No ocurrirá lo mismo con la temperatura. Es bastante más fiable tomar como referencia el termostato de Ana. Si no, nuestros lectores van a pensar que estamos en el trópico constantemente. De momento podemos decir al respecto, que con una camiseta de manga corta y jersey o bien camiseta de manga corta y cazadora fina, vamos perfectamente equipados. Incluso podríamos arriesgarnos en algún momento, en zonas donde dé el sol, a ir simplemente en manga corta.
En fin, limpios y aseaditos nos fuimos a desayunar. Y por supuesto el hotelito del siglo XVI nos siguió sorprendiendo. En una sala muy acogedora con decoración de la época, nos recibió un señor de unos 60 años, superamable con una peazo de bandeja llena de embutidos y quesos varios de la zona, una cesta llena de diferentes y ricos panes y una jarra de café y leche. Hay documento gráfico. Eso solo para nuestra mesa. En la mesa central había todo tipo de cereales, mantequillas, mermeladas, yogures, zumos etc. Pensábamos que ya sólo con eso, el desayuno estaba más que bien, pero aún faltaba más. El hombre nos preguntó si queríamos huevos y no supimos decir que no. Así que 5 minutos más tarde nos aparece con un plato con 3 huevos, salchichas y pimientos fritos. Y todo pa dentro que fue, al fin y al cabo, hacía más de 12 horas que no comíamos nada.
El hombre se sentó a nuestro lado y comenzó a charlar con nosotros. Qué maja es la gente de por aquí. Porque ya teníamos hotel reservado en Ausgburg, que si no, nos vamos al de su sobrino, que según el hombre estaba muy bien y muy céntrico. Nos animó a que nos quedáramos por el pueblito y pasáramos el día por allí. Nos dijo que no nos preocupáramos por el coche, que lo podíamos dejar aparcado en el patio interior sin problemas. Un encanto de hombre.
Siguiendo su consejo nos fuimos a dar una vuelta por el pueblo. Fuimos directos a comprar una "schneeball", un dulce típico de la zona. Se traduce como "bola de nieve". Y es eso, una galleta del tamaño de una bola de nieve recubierta de distintas cosas. En nuestro caso, la elegimos de chocolate. Eso sí, la guardamos para otro rato, porque después de los huevos con pimientos no había hueco para semejante pelota.
Acto seguido nos fuimos al Pueblo de Navidad, Käthe-Wohlfahrt-Weihnachtsforf. Raro verdad?. Bueno, pues resulta que este pueblo además de ser uno de los más bonitos de Alemania según la guía, también es famoso por ser especialista y cuna de fabricación de todo tipo de adornos navideños. Sea la época que sea, de aquí te puedes ir con el arbolito puesto en pleno mes de agosto. Eso sí, el arbolito te sale por un pico. A pelo de conejo estaban los adornitos. Eso sí la tienda en sí era una pasada, como en un cuento. Tenían museo y todo, solo que no entramos, porque la tienda por sí sola ya era un auténtico museo. Ana se emocionaba por momentos con todas las cosas que tenían. Las dependientas iban vestidas como las "azofaifas" de Santa Claus, todo decorado como en las pelis de estas de fantasía que ponen siempre en Navidad y una música de fondo que te decía "compra, compra". Y así fue, con la paciencia de Dani llegando a su límite, pero es que con la de cosas que había, era imposible decidirse, cogimos tres muestras de adornitos. Uno para Maria, otro para Manuel, y otro para nosotros. No daba para más. Con lo que nos costaron los tres adornitos, en un chino en España, te compras el belén con musgo, río y lavandera incluída, el arbol con espumillones y bolas de colores, cintas doradas y estrella de Navidad, el cotillón de Nochevieja, y todavía te sobra para los manteles y servilletas de papel con motivos navideños.
Así que nada, cargados hasta las orejas de presentes varios, cogimos el coche y nos pusimos rumbo a Ausgburg. Para ello seguimos la carretera que está señalada por todas partes como "Romantische strasse", así podiamos parar en alguno de los pueblos de especial interés que había por el camino. Entre ellos, a unos 50 km de nuestro punto de partida llegamos a Dinkelsbühl. Un pueblo del estilo a Rothenburg ob der Tauber aunque un poco menos "de cuento". Buscamos un sitio para aparcar en pleno centro. Esto nos condicionó un poco la visita. Unas señoras mu majas y mu alemanas ellas, nos advirtieron que no podíamos aparcar más de una hora. Eso sí, de gratis. En todos los coches hay una especie de reloj, en el que marcas la hora a la que has llegado y lo muestras en el salpicadero del coche, como si fuera el ticket de la hora. Pasado ese tiempo tienes que mover el coche. Todo esto, repetimos, DE GRATIS.
Asi que nada, con una hora por delante, pasamos por la oficina de turismo e hicimos un pequeño recorrido mu apañao que venía en un mapita que nos dieron. No hubo tiempo para mucho más con la restricción de tiempo que teníamos, peor para ellos, no nos habría importado hacer un poco de gasto por ahí. De nuevo pusimos rumbo a Ausgburg cogiendo la "Romantische strasse". Por el camino nos dimos cuenta lo bien que está preparado el país para ir en bici. Aquí el más viejo, la más abuela, el más joven o el más tolai van en bici. Es una gozada. Nos dio un poco de gusa no habernos planteado el viaje como en un principio habíamos pensado, hacerlo en bici. Pero nos entró un poco el canguele porque no sabíamos qué tiempo nos iba a hacer y teniendo en cuenta que esta zona está muy verde no precisamente porque le den una manita de pintura todas las mañanas, decidimos no arriesgarnos.
Disfrutando del paisaje, del tiempo y discutiendo sobre si España es mejor o peor, llegamos a Ausgburg. Decidimos ir primero al hotel, que no estaba en el mismo Ausgburg, sino en un pueblo a las afueras que se llama Friedberg.
El "Park Ambiente Hotel" estaba incrustado en medio de un parque dentro de una especie de polígono. Según nos ibamos acercando, nos sorprendía que el hotel pudiera estar por allí, pero resulta que sí, que llegados a un camino, se habría un campo/prado, y aĺlí en medio estaba el hotel.
Otra vez, nos recibió un alemán superamable con muchas ganas de charla. Nos comentó que lo mejor para ir a Ausrburg era coger el tren, que tardaba 10 minutos en llegar. Así nos despreocupábamos del coche. Buen consejo, solo que las máquinas para sacar el ticket están en alemán. Perdimos un tren mientras mirábamos intentando descifrar algo, ya ves tú, de lo que ponía en la máquina expendedora de tickets. Que si selecciona el destino, que si selecciona la zona a la que pertenece el destino, que si no hay opción de ida y vuelta, que si es día de diario, que si no tienes descuentos de ningún tipo, y todo esto con tres botones. Increíble. Al final le preguntamos a un adolescente con cara de alelao si estábamos haciendo lo correcto. Lo sorprendente es que sí.
Esta vez el siguiente tren no se nos escapó, aunque sufrimos un momento de crisis pensando que nos ibamos a Munich. La cara de Dani en medio del vagón con los dos tickets en la mano, la mochilina al hombro y con gesto de ¿dónde está mi mamá, que me he perdido? era pa verla.
10 minutos más tarde y una jartá de reír llegamos a Ausgburg. Esta visita se escapa un poco del concepto buscado para este viaje. Ausgburg es una ciudad, ciudad. Tamaño Gijón más o menos, con sus tranvías etc pero con un casco histórico muy bonito. Destacar especialmente la "Fuggerei" por curioso. Una especie de "barrio social" con mucha historia. De hecho es el barrio social más antiguo del mundo. Lleva abierto desde el siglo XVI, reconstruido varias veces después de cada guerra que pasó por allí. Es un barrio construido y financiado por una familia de banqueros de la ciudad, los Fugger. Para vivir en esas casas del barrio, hasta hoy en día, se necesita ser ciudadano de Ausburg, católico, justificar situación económica ajustada y rezar tres veces al día por la familia Fugger. Si cumples esos requisitos, te vas a vivir a una de esas viviendas por el módico precio de 0,88 euros al año. Sí señor, igualito que Botín o que la obra social de Caja Madrid.
Con la visita de rigor nos fuimos a llenar el buche. Seguimos los consejos de la guía y cenamos en "Bauerntanz". Menú: Dani se pidió un plato especial de la casa que llevaba una especie de solomillo de ternera, con cebolla cruijiente, bacon y patatas fritas. Ana se pidió de nuevo cerdo al estilo cazador, que era una salsa de champiñones y nata acompañado de una pasta especial de la zona llamada "spätzle", que son como unos mini-gnoquis. De postre tomamos nuestro primer Apfelstrüdel. Todo ello regado con sendos medios litros de cerveza cada uno.
Con la panza llena, pusimos camino a la estación de tren y volvimos al hotel con mucho menos sobresaltos que a la ida.
No hay comentarios:
Publicar un comentario