sábado, 23 de abril de 2011

Viaje a Alemania (día 5): Konstanz - Feldberg

DÍA 5: Jueves 21 de Abril de 2011 (Konstanz – Feldberg)

Nivel de Descanso: 7:30 horas de sueño de Dani (el partido, es lo que tiene)

Temperatura: Ana sigue en manga corta


Sin dar demasiadas vueltas, nos levantamos relativamente pronto (8:30) porque teníamos ya en mente la Selva Negra. El desayuno, bien, pero sin duda el más flojo hasta ahora. De todas formas, creo que el listón del señor mayor de Rothenburg va a ser difícil de superar. Pagamos el parking (lo habíamos tenido que dejar en un parking público), y camino de Feldberg. Por cierto, 14 euros por dejar el coche desde el mediodía anterior, ya podía ser Madrid sólo medio parecido.


Nos dimos el gustazo de decirle al TomTom que nada de autopistas, así que fuimos disfrutando del paisaje. Al principio no era nada del otro mundo, pero a medida que nos íbamos acercando a la Selva Negra, la carretera empezó a discurrir por bosques de pinares enormes, precioso. Después de un buen rato, llegamos a nuestro pueblo, que abreviamos como Feldberg (que es como quien dice la zona), pero que en realidad es Altglashütten-Falkau para los amigos. Muy bonito, un sitio pequeño pero muy acogedor, y en la línea de la suerte que nos acompaña en este viaje (y en todos, en realidad), el hotel (Landhotel Sonneck) también está muy bien. Nos registramos, y la chica que lleva el hotel (son una pareja joven) nos da la bienvenida, muy nerviosa, no para, y entre las mil explicaciones que nos da, la mejor es que por quedarnos en un hotel de la zona tenemos derecho a una tarjeta (la Hochschwartzwald Card) que nos permite coger cualquier tren en la Selva Negra, los teleféricos, varios alquileres de bicis, entrada a un balneario... una pasada. Esto despertó en Ana su instinto de "me gusta lo gratis" que luego costó un tiempo apaciguar.


Una vez instalados (con un buen Internet, minipunto para el hotelito), armados de mapas del hotel y de la Oficina de Información, bajamos hasta el lago de Schluchsee. Una aclaración antes de seguir: lo de "Selva" de la Selva Negra es claramente excesivo. De hecho, la traducción literal del alemán Schwarzwald es "Bosque Negro", y los ingleses también usan "Black Forest", que no tiene lo de Selva por ninguna parte. Es posible que la exageración española venga a la vista de la tarta del mismo nombre (que sí, amigos, es de por aquí). Luego volveremos sobre este punto. Pero vamos, que es un bosque. Y no, no es negro, es verde oscuro.


Decía que bajamos a Schluchsee. Es un laguito bastante majo y sobre todo rodeado de vegetación con un camino todo alrededor. Según nos dijeron, lo mejor era bajar en tren, te deja en un extremo del lago, te haces todo un lateral (tiene forma como de plátano), y te coges el tren de vuelta en el otro extremo. En total, 9 kms, decían. Al final fueron 11 kms.


Allá que bajamos con el tren, Ana absolutamente emocionada porque era gratis. Nos bajamos en un pueblo de nombre absolutamente impronunciable (bueno, impronunciables son todos, pero éste ni siquiera lo recordamos), y echamos a caminar. Pusimos el GPS de montaña a seguirnos para ver cuánto hacíamos, y carretera. Al poco de empezar, apareció un puesto de alquiler de bicis (fahrradverleih, muy intuitivo el nombrecito), y hubo la tentación de coger una, pero claro, no era gratis, así que no. Luego nos daríamos cuenta de que hubiera sido una idea maja, porque el camino estaba muy bien pisado y no tenía mucha ciencia y con bicis hubiéramos dado la vuelta completa, pero bueno, caminando que nos fuimos.


El paseo en sí fue muy bonito, relajado y entretenido, pero precisamente porque es un simple paseo no merece mucho relato en sí mismo. Sólo mencionar que como comentábamos arriba, al final fueron 11 kms, y que hicimos un par de paradas estratégicas para tumbarnos a la bartola y para tomar un piscolabis. Ahí, como dos señores mayores, con un par.


Llegamos al punto final (de este sí que nos acordamos, se llama Aha -era fácil-), y como Murphy funciona hasta en Alemania, acababa de pasar el tren y el siguiente no llegaba hasta una hora después. Optamos por volver a tumbarnos a la bartola, con lo que lo de la Selva Negra ya nos empezaba a gustar notablemente.


Una hora más tarde llegamos al hotel y cambiamos bártulos para ir a cenar, a otro pueblito al borde de un lago, en este caso llamado Titisee. El pueblo en cuestión es pequeño, pero se ve muy turístico. Parece que tiene mucho turismo de nieve (especialmente esquí de fondo) en invierno, ahora que ya no hay nieve hay mucho montañero. El caso es que bueno, dimos una vuelta y enseguida nos tiramos en plancha a cenar. Últimamente, nos estamos integrando tanto en la cultura alemana que: a) comemos más que ellos (que ya es decir), b) comemos antes que ellos. Llegamos a cenar a los bares cuando los alemanes aún no han empezado a mover el bigotón, y cuando nos vamos los dejamos cenando. Sobre el tema de cantidades, fue en esta cena donde Ana llegó a la conclusión de que ella era políglota (tirándose el pisto, claramente), y que Dani era poliglotón (en este caso, comiéndose el pisto). En fin, cantidades aparte, la cena consistió en una especie de carne asada con una salsa que parecía puré de patata (pero no lo era, era como una crema) y mermelada de grosella para Ana, y unas salchichas variadas de la Selva Negra para Dani. Uno se imaginaba unas salchichas alargadas, pero lo que vino fue un corte de sección de lo que parecía una megasalchicha de aproximadamente 10 cms de diámetro. Dábamos algo por ver la salchicha entera.


Y llegó el postre, y con él la mencionada tarta. Lo más destacable, sinceramente, las dimensiones. A la vista de semejante corte, seguramente fue un vasco el que decidió que aquello no era una tarta de un bosque, sino de una selva entera. El sabor, regulero: el merengue (sí, lleva merengue, amigos) bueno, pero el bizcocho de chocolate excesivamente borracho, y las guindas también demasiao remojadas en licor. Dani temió porque le hicieran soplar... Si alguien lee esto y dice que la tarta de Selva Negra no es así, que tenga en cuenta que estamos en la Selva Negra, así que hay que concederles la razón.


En fin, que así las cosas, plegamos velas y vuelta a dormir, que el día siguiente iba a ser duro...

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