domingo, 31 de julio de 2011

Viaje Costa Oeste EEUU: 30 de Julio: Telmo y Luisa en.... La fuga de Alcatraz


Hoy el madrugón ha sido considerable, y las agujetas al levantarse tambien, pero podemos decir que hemos dejado San Francisco peinao, asi que intantaremos decansar bien porque mañana se impone un día interesante rumbo Yosemite National Park.


Hoy es el primer día que no hemos usado el BART y hemos bajado en coche a la ciudad, con un par. Este conductor no conoce al miedo. Al ser sábado y debido a la hora temprana no hubo mucha emoción y llegamos al centro en un pispas. Para ello atravesamos el Bay Bridge. Para facilitar la circulación en este puente se crearon un par de pisitos. Uno para cada sentido. Asi que en esta ocasión nos tocó circular por el piso de arriba. No es lo mismo que cruzar el Golden gate, pero mola, además este es mas largo.


Llegamos a destino y aparcamos el coche un un parking mu molón que habíamos identificado en nuestro paseo de ayer. Por el módico precio de 10 pavitos, teníamos derecho a parking todo el día y al ladito del muelle de donde salía nuestro ferry a Alcatraz. Pensábamos que salíamos con mucho tiempo, pero al final, entre pitos y flautas, digamos que nos sobraron 15 minutitos de ná antes de que saliera nustro barco.


A las 9:30 estábamos ya en nuestro barquito y 20 minutos más tarde llegamos a Alcatraz. La visita realmente merece mucho la pena. Nuestra entrada contemplaba un video de unos 15 minutos a modo de introducción, que se proyectaba en uno de los edificios del complejo hotelero y una audioguía para recorrer el resort, en castellano, que te metía de lleno en todas la situaciones que se habían vivido.


Pasamos por:

Habitaciones de luxe: 1,5 x1 m, cagaero, catre y dos estantes.

Habitaciones estandar: 1,5 x 1m, cagaero, catre, insonorizadas y pocas vistas

Habitaciones "ofertón última oportunidad": 1,5 x 1m, cagaero, insonorizadas y sin un triste ventanuco ni bombilla. (Esta última no nos acabó de gustar, está claro que lo barato sale caro).


Recorrimos el patio de recreo, donde Al Capone jugaba al parchís, el salón comedor, donde se echaban unas risas, y los pasillos y oficinas de los trabajadores mientras nos contaban las historias de las diferentes fugas que se habían gestado entre los barrotes.


Nos entretuvimos tanto, que al final casi tuvimos que correr para llegar a tiempo a coger el ferry que nos llevaría a la segunda parte de la excursión, Angel Island. Esta segunda isla no tiene mucha miga, pero para ser honestos no nos quedó más remedio que hacerlo porque el billete combinado era la unica opcion de compra que quedaba cuando cogimos las entradas. Te dan una vuelta en una especie de trenecito, mientras te cuentan historietas de la isla, y luego tiempo libre para comer tranquilamente al solecito. De nuevo, vuelta a coger el ferry y atracamos en San Francisco a eso de las 3pm.


Habíamos decidido que el turismo de por la tarde iba a ser en coche, porque queríamos ir a un par de sitios que estaban algo alejados y además estábamos cansados. Así que nos hicimos una rutica a modo "autobús de turistas que pasa por los sitios más emblemáticos de la ciudad" y visitamos los barrios de Mission y Castro. Mission conocido por los murales pintados por las calles y Castro por ser el barrio gay.


Tras las fotos de rigor desde la ventanilla, subimos hasta Twin Peaks, donde hay una vista general de toda la ciudad, excepto el maldito punete Golden Gate, que para variar estaba parcialmente cubierto por la niebla de la bahía. Después de hacer el chorra un rato y pasar frío con la ventolera que había decidimos recoger bártulos y despedirnos de la ciudad.


De vuelta a Berkeley, atravesando de nuevo el Bay Bridge esta vez por el pisito de abajo, dimos un paseo por el campus de la famosa Universidad. Muy impresionante, como en las pelis. Si las universidades de España fueran así, a lo mejor todavía estábamos estudiando. En ese momento nos dimos cuenta que percebe ha perdido su caparazón, lo que ha causado un gran disgusto a su dueña. Con lo abrigadito que estaba con su fundica, y ahora en bolas tol día. Cachis!


Para finalizar y quitarnos el disgusto, decidimos darnos el último homenaje y comer algo decente. Nunca pensamos que ibamos a piar tanto por una sopita o algo que no fuera cualquier tipo de comida metido entre dos cachos de pan o pizza. Apareció un sitio elegantoso que por estos lares suele ser equivalente a comer con cubiertos. Así que nos tiramos en plancha como si nunca hubiéramos visto uno. Las descripciones de los platos en inglés ocupaban lo menos 4 líneas pero básicamente lo que comimos fue: filete plancha con verduritas varias de acompañamiento y atún plancha sobre camita de maíz y champis. Nos supo a gloria. Pedimos hasta postre... Y no nos decepcionó, una especie de mus de chocolate congelado con frutos rojos. Riquísimo, Dani hasta se aventuró a comerse un fruto rojo, increíble.


Nuestro objetivo ahora es decansar y preparar nuestra ruta de mañana. Abandonaremos nuestro hotel maravilloso para volver a la cruda realidad de los moteles de carretera. No sabemos cómo andaremos de wifi por esos lares. Daremos señales tan pronto como podamos.

sábado, 30 de julio de 2011

Viaje Costa Oeste EEUU: 29 de Julio: Telmo y Luisa en.... La bar-ba-co-a


Sí amigos, barbacoa es lo que tenemos en la cara ahora mismo, que luego nos partimos la caja con los guiris en Torremolinos, y cualquiera que nos viera hoy nos confundía con uno de ellos. Parece que venimos de esquiar, llevamos las gafas tatuadas. Lamentable. Y es que el viento es muy engañoso, estás tan fresquito y no te das cuenta...


Hoy era el día "deportivo" de San Francisco. La idea era coger unas bicis, y a dar una vueltecita por el Golden Gate y demás fauna. Así que con esas bajamos, directos para allá. Bueno, directos es un decir, porque antes hubo que hacer un avituallamiento como corresponde a una etapa ciclista del Tour de Francia en los Alpes suizos, esto es: para Pantani unos huevos revueltos con patatas y un bollo de la casa, y para Induráin un revuelto de huevos con salchichas, queso, pimiento y algún que otro objeto no identificado, con patatas de acompañamiento. Induráin no quiso bollo porque está a dieta. Todo esto regado con sendos capuccinos. Dejamos a su imaginación saber quién es Pantani y quién Induráin.


A estas alturas, tenemos el nivel de colesterol en sangre como la M-30 en hora punta, no es de extrañar que Induráin anuncie Danacol en la tele.


Al grano: decíamos que bajamos directamente para allá, y efectivamente, en la parada de Embarcadero (así, en castellano) que nos bajamos. Admiramos el Ferry Building (muy majo), el Bay Bridge (otra vez) y cuando nos íbamos a coger el Street Car línea F, resulta que aquello parecía Benidorm en Agosto, así que nos fuimos caminando que tampoco era tanto. De paso, hemos averiguado que mañana podemos bajar en coche y dejarlo en uno de los muelles, así nos ahorramos un día de BART (el parking es más barato), y después ya tenemos el coche a mano para ir a ver vistas por ahí.


Bueno, por fin a eso de la 1 llegamos a las bicicletas (estrés lo justo). Cogimos un par de bicicletas majas (como viene siendo la tónica en nuestros viajes, son aproximadamente 7 veces mejores que las nuestras -frenos de disco, suspensión delantera de las buenas...-), y a pedalear que se ha dicho.


La idea era salir de Fisherman's Wharf, y bordear toda la costa pasando por Marina y Presidio hasta el Golden Gate, luego cruzar el puente hasta Sausalito. Luego, casi todo el mundo coge un ferry para volver al punto de partida, pero como nosotros lo vamos a coger mañana para ir a Alcatraz, y somos unos machotes, pues volvemos pedaleando. Unos 25 kms.


Total, que nos ponemos a pedalear, y la primera sorpresa de la jornada se produce en el primer puerto, de tercera categoría (escasa), donde Induráin, con su característico estilo sentado y monótono, dejó atrás a Pantani, que no paraba de soltar improperios mientras echaba los higadillos. Una vez coronado el puerto, un caballeroso Induráin esperó gentilmente a Pantani, que ni en la cima abandonó los juramentos, y farfullaba algo de echar el desayuno (con lo rico que estaba) y un bajón de azúcar (ya, claro, con 5 azucarillos que llevaba el capuccino). La mala vida...


En el descenso, Pantani lideró el grupeto, e Induráin por su mala aerodinámica se quedaba ligeramente rezagado (había un viento considerable, y está claro que el rozamiento es MUCHO mayor), pero al llegar de nuevo al llano Pantani ponía pie a tierra y exigía que le llevaran el avituallamiento, que le había vuelto a bajar el azúcar otra vez. Allá que va Induráin, con tal de tener un rival con quien medirse, a un puesto a buscar una botella de agua, una chocolatina, y unas galletas. Ya no se hacen escaladores como los de antes. Menuda pájara.


Una vez Pantani tenía el azúcar a 300 por lo menos, ya se pudo seguir, pero con la carrera neutralizada ("si hay otra subida, yo me bajo", musitaba Pantani). De todas formas, no hizo falta, las galletas y el chocolate hicieron su función y pudo coronar sin problemas.


Entre medias, muchas paradas para hacer fotos, con todas las tomas imaginables del puentecito en cuestión. Es majo, todo hay que decirlo. Para pasar el puente en sí, hay una zona común de peatones y bicis (tanto de ida como de vuelta), un pelín estrecha para la cantidad de gente que hay, así que algún cruce era un pelín emocionante. Y todo esto, acompañado de un aire tremendo, que alguna vez parecía que te iba a tirar de la bici. No sabemos cómo de largo es el puente, pero a nosotros se nos hizo eterno. A todo esto, las vistas eran espectaculares, pena de las nubes que están permanentemente pegadas al puente, es curioso el microclima que hay sobre el chisme este.


Cuando por fin terminamos el puente, y ante la amenaza de otra bajada de azúcar de Pantani, por no mencionar que teníamos el culo como un mandril, decidimos no llegar a Sausalito. Además, eran ya las 4 de la tarde, y cuando dejáramos las bicis todavía había cosas que ver, así que vuelta a pasar el puente.


El camino de vuelta ya fue mucho más directo, sin apenas paradas, y con el viento a favor. Entre medias, Pantani descubrió una cosa que se llama cambio de marchas en la bicicleta, y subió sensiblemente menos fatigado el puerto donde antes había mostrado síntomas de debilidad. Animalico.


Dejamos las bicis, nos subimos en el autobús, y llegamos como quien no quiere la cosa al inicio de la línea de tranvía California, que básicamente se recorre el centro de San Francisco colina arriba, colina abajo de oeste a este, y nos la íbamos a hacer completa. Y además pillamos sitio preferente sentaditos en primera fila y con vistas. Ole. Además, el conductor (es un decir, porque no hay curvas) nos estuvo dando una clase magistral de cómo se manejan las palanquitas para que no nos despeñemos cuesta abajo. Muy interesante.


El final de la línea nos dejó en el purito centro, así que nos recorrimos Market St hasta Powell St, que a estas horas ya tiene poco ambiente. Como el hambre apretaba (nuestra comida del día había sido la chocolatina de Pantani), nos metimos en un Jack in the Box (hamburguesería) a joder toda la dieta del día. Cachislamar.


Un día intenso, sin duda. Por eso, cada vez vemos con mejores ojos lo de andar mañana en coche. Pantani afirma tener rotura de fibras musculares en los cuádriceps, Induráin lo que necesita es una bolsa de hielo para el culo, parece mentira, con lo acolchadito que lo tiene.

viernes, 29 de julio de 2011

Viaje Costa Oeste EEUU: 28 de Julio: Telmo y Luisa en....Japón, mia que está lejos Japón

Pues pa estar tan lejos, tol día rodeados de Japón que hemos estao. Y si no, seguid leyendo y lo comprobaréis.


Hoy nos hemos levantado de buena mañanita. Nos hemos planteado cumplir unos ciertos horarios que pensamos son los más acertados para estos días de turismo activo. Levantarnos pronto por la mañana y llegar al hotel a buena hora, cenaditos y todo para acostarnos como los abueletes y descansar correctamente, durmiendo lo que nuestros cuerpos se merecen. Así que como niños obedientes hemos salido de buena mañana, despues de haber hablado con nuestras respectivas familias y hemos buscado un sitio diferente al de ayer para desayunar. Por aquello de probar. En la guía recomendaban un bistró francés cerquita del hotel, al parecer famoso por sus desyunos asi que decidimos probar suerte. Y sí señores, hemos comprobado por qué es famoso. El desayuno de los campeones hemos hecho, y sin cola cao. Unos huevos no se qué con tomate no se cuantos, tostadas de centeno y queso no sé qué. Y unas tortitas con mermelada de frambuesa y caramelo, regados con sendos cafés ricos, ricos. Dividimos en dos partes cada plato religiosamente y a mitad de camino los hemos intercambiado. Y sí señor, todo muy rico.


Con los estomágos ya en su sitio, nos hemos puesto ya en ruta hacia la parada del BART para ir al centro de San Francisco. Y ha sido en ese momento cuando nos hemos dado cuenta del look que lucía hoy nuestra querida Ana. Hay que decir que sigue sin peine, por lo que los pelos los seguimos manteniendo en "formato random", como Dios les dio a entender. Hoy se nos ha puesto unos pantalones negros más o menos estrechos, que provocaba que resaltaran sus piecitos calzados con unas deportivas oscuras. La cazadora de color negro también y de carácter suelto, acentúaba sus piernitas de pichón, así que definitivamente y sin temor a equivocarnos, estábamos ante la versión mini de Mario Vaquerizo (el marido de la popular Alaska). No le han pedido un par de autógrafos de milagro. Creemos que porque al mirar a Dani, se descolocaban un poquito, ya que dista bastante de la artista mencionada, pero le ponemos una peluca y Dani, y ya está el lío armao.


Tras cachondearnos un poco de la pintica de la muchacha, bajamos al metro decididos y con el papel aprendido para evitar al "gorrilla". Pero ná, no hizo falta, hoy no había "gorrilla". A ver si lo de su madre era verdad y está el pobre de funeral?.

Llegamos a"Embarcadero", digamos que la primera estación de SF pasando el puente y nos cogimos un bus que nos llevaría hasta el Golden Gate Park. Pero antes de llegar a destino había que hacer una par de paradillas. La primera en las llamadas "Painted ladies", unas casas victorianas en la plaza Alamo Square, conocidas por ser la cabecera de la famosa serie "Padres forzosos". Y sí, cuando veáis las fotos lo recordareis. La misma estampa inmortalizamos. Tras hacer trabajar a Camarón y a Percebe seguimos rumbo en hasta la segunda parada. La esquina de la calle Haight con Asbury. Famoso por ser el barrio donde se refugiaron los hippies de los años 70 y donde quedan bastantes vestigios de la época. Nos recordaba mucho al ambiente de Candem o Portobello Road de Londres. Muy underground y "paz para todos".


Y ya llegamos al Golden Gate Park. Este es un señor parque. Digamos que como Central Park de New York pero más grande aún. Imposible recorrerlo entero hoy a pata, hay hasta búfalos en una parte. Así que nosotros reducimos nuestra visita a caminar un poco por los caminos llenos de vegetación y ver varios enclaves importantes. Subimos a la torre del Museo de Young, donde había unas vistas increíbles y entramos en el Japanese Tea Garden. Un pequeño jardín repleto de bonsais y de ambiente Zen. Nuestro querido Felipe González hubiera disfrutado aquí.


Visto esto decidimos dar por finiquitada nuestra visita al parque, no sin antes hacer una parada para reponer fuerzas. Y qué mejor que un perrito de esos de carrito?. Modelo Jumbo, de salchicha gorda. Qué ricos están, madre.


Subimos a otro autobús que nos llevó al Financial District. Ibamos dispuestos a entrar en el Bank of America (el edificio más alto de San Francisco), a ver si colaba subir al ultimo piso y ver las vistas. Por dos veces lo intentamos, entrando por distintos sitios, y en ambos nos echaron el alto. Claro, si es que no se puede ir de Mario Vaquerizo en semejante lugar, que estamos en el mismisimo Banco de America, por Dios. Asi que nada, les dijimos que ellos se lo perdían, y como consuelo, nos fuimos a comprar un peine en un garito que había en frente. El Finacial Distric está bien, pero la verdad es que después de haber visto New York, como que nos resulta algo descafeinado. Así que nos fuimos al siguiente punto de nuestra visita, China Town.


Este China Town es tipo el de New York, aunque sin tiendas de falsificaciones, que sepamos o que estuvieran a la vista. Nos recorrimos sus calles, algunas de ellas famosas por haberse rodado escenas de Karate Kid o de Indiana Jones, y entrando en las tiendas, bastante curiosas y con mil horteradas.


Visto esto, decidimos acabar el día con la comunidad asiática y dando un giro no demasiado radical, acabamos en JapanTown. No tiene nada que ver con el barrio de los vecinos, pero tiene un centro comercial bastante espectacular dedicado exclusivamente a cosas japonesas. Y como que no quiere la cosa, con tanto restaurante por alrededor, nos entró el hambre. Además hay que decir que aquí la comida sí que entra por los ojos. Y por qué? Pues porque los restaurantes tienen escaparates!!! Si señores, pequeñas maquetas de sus platos están de exposición con sus nombres, para que te hagas a la idea del aspecto que tiene el plato que puedes llegar a pedirte. Digamos que es una versión de la típica fotografía de ración de patatas bravas y bocata de calamares de cualquier bar español, solo que más currao. Y tan currao, como que entramos en uno de ellos. Ana se pidió unos noodles calientes (sobu se llaman) acompañados de tempura de verdura y gambas y Dani se pidió un plato cuyo nombre no recordamos que llevaba su bol de arroz, su sopa, su tempura de verduras, su ensalada y una especie de brochetas de pollo. Estaba todo muy rico, pese a que los noodles de Ana no eran como esperábamos (y eso que habíamos visto las maquetas). Estaban nadando en una especie de caldo, pero bueno, no importó, sabían ricos. El problema era comerse todo eso con palillos. Porque aquí los cubiertos no se estilan. Dígannos ustedes cómo se pescan unos noodles en un campano de caldo con unos palillos. Si ya Ana es lenta de por sí.....Pues nada, a lo guarro. Se caza lo que se puede con el palillo y a sober pa'arriba.


Y eso es todo, cenaos a lo japonés, nos cogimos nuestros buses, metros y demás y de vuelta al hotel. Un día más...


Hasta mañana amiguitos!!!

jueves, 28 de julio de 2011

Viaje Costa Oeste EEUU: 27 de Julio: Telmo y Luisa en....Aire, soñé por un momento que era aire...

27 de Julio: Telmo y Luisa en....Aire, soñé por un momento que era aire...


Pero no, era viento, mucho viento. Y Ana sigue sin peine, así que podéis imaginar el look que luce la gachí. De hecho podemos decir que ahora tiene el pelo rizado, y sin hacerse la permanente oye. Menos mal que hemos venido abrigaditos.


Antes de comenzar el relato de hoy, retomemos un par de cosas curiosas del día anterior que se nos olvidó comentar. De camino a San Francisco, hemos de decir que pasamos por dos de los enclaves más importantes del mundo si te dedicas al tema del ajo o de la alcachofa. Sí señores, pasamos por delante de la capital mundial de la alcachofa, donde todo gira en torno a dicho vegetal. Hasta un macro-bar llamado "La alcachofa gigante" nos reclamaba la atención haciendo girar nuestras cabezas a su paso. Y entre otras cosas por la alcachofa gigante incrustada en el edificio haciendo las veces de puerta. Muy curioso. El segundo enclave es como pueden ustedes imaginar, la capital mundial del ajo, que del mismo modo a la vecina capital de la alcachofa todo gira en torno a dicho condimento. Creemos que Victoria Beckan no debió de pasar por aquí antes de instalarse en España. De otra manera seguramente no se le hubiera ocurrido decir que España huele a ajo, la muy p.... Esto sí que es oler a ajo, ignorante!. El aroma a ajo entraba en el coche pese a llevar las ventanillas subidas y el aire acondicionado enchufado.


Dicho esto, volvamos al relato que nos ocupa en el día de hoy. Los kilómetros del día anterior hicieron mella en nuestros cuerpos, porque nos ha costado un poquito levantarnos. Queríamos haber comenzado el día algo antes, pero no ha podido ser. El cuerpo manda!. Una vez aseaditos y listos para comenzar ruta, dicho sea de paso no muy bien definida, desayunamos en un Starbucks y nos fuimos derechitos al metro BART para llegar al centrito mismo de San Francisco.

Nota: Hay que explicar que el BART es una especie de metro-tren de cercanías bastante rápido, que conecta los barrios de la periferia con San Francisco.


En dicha estación estuvimos algo panolis, se nos debía de ver a la legua nuestro aire despistado intentando averiguar la metodología de las máquinas expendedoras de tickets y aquí que están muy avispaos, nos cazaron al vuelo. Enseguida se nos arrimó el típico "gorrilla" versión "ayudo a sacar tickets de metro" y muy amablemente nos explicó la manera de sacar el ticket al módico precio de "mi madre a muerto y necesito dinero para mi ticket brother, dame lo que puedas", así que se quedó las vueltas.


Dani se quedó algo cruzao y mal agusto, pero bueno, qué le vamos a hacer. Mañana vamos con decisión y si se nos arrima otro "gorrilla" le decimos muy amablemente que "brother, no necesito ayuda gracias, por cierto, siento lo de tu madre". Pues nada, una vez superada la "anésdota", llegamos al centro centrito de San Francisco. Lo primero, como buenos turistas directos al centro de información para visitantes. Allí compramos un bono de 3 días para todo tipo de transporte público a excepción del BART (este va por libre). Básicamente es lo que necesitamos para movernos por San Francisco, metro, autobús, y los famosos tranvías o cable-car. Luego nos informamos sobre los sitios que nos recomendaban y nos apañamos unos cuantos mapas. Hay que decir que el hombre de la ventanilla de información fue muy amable, hasta incluso cuando la pregunta que le planteó Ana no le hizo mucha gracia.


- Ana: Y hay alguna zona especialmente peligrosa que haya que evitar? (padres y madres del mundo, como veis, vuestros niños siguen teniendo mucha cabecita).

  • Señor amable de la ventanilla: Querida, aquí no es más peligroso de lo que puede ser Madrid. (con sonrisa en la cara y expresión de "dientes, dientes que es lo que les jode")

  • Ana: Por supuesto, lo sé, cómo no, simplemente por saber. (con la misma expresión de "dientes, dientes..")


Al final el señor nos señaló una zona y al salir de allí, Dani comentaba por lo bajini "sí, igual de peligroso por los cojones, como medio Madrid tiene pistola... no te jode!".


No pudimos esperar más la tentación de subirnos en los típicos tranvías. Así que nos fuimos directos al punto de partida de una de las líneas, al ladito de donde estábamos. Tras una pequeña cola de media hora (parece que nos han leído el pensamiento y se han copiao), conseguimos subir en nuestro primer tranvía. Qué emoción!. Nos pusimos justo en la cola, por fuera para tener buenas vistas de lo que dejábamos atrás. Comentario para los cántabros: esto sí que son cuestas pindias, y no las cuestuchas de risa que tenéis en Santander. Nos hicimos la línea entera, al ladito del paisano que regula el freno. Gracias a este importante señor y su palanquita no nos hemos ido a buscar setas en alguna de las superbajadas. Que si lo dejan caer sin frenar, creemos que llegamos a Alcatraz sin tocar el agua. Así que después de mucha subida y bajada llegamos al final de la línea en Fisherman's Wharf.


Esta zona es la típica de las fotos, con embarcaderos, tiendas, puestos de comida, y muchisimo ambiente. Una parada para comer en un típico bar americano, sentados en la barra, con el típico camarero que te pone café de la jarra, un paseo por Ghirardelli Square, una plaza comercial plagada de tiendas de chocolate y caramelos, y un recorrido por los muelles más importantes, entre ellos el típico muelle 39, ocuparon las siguientes horas.


Como parte de nuestra curiosidad por lo gatsronómico, probamos la típca sopa-crema de almejas, muy rica oye y nos quedamos con las ganas de comernos un cangrejo, muy típico de esta zona, pero habrá tiempo para ello, no sufrais.


Después cogimos un autobus que nos llevó a la famosa "Coit Tower", un sitio en lo alto de una colina con vistas a todo San Francisco. Aquí Camarón y Percebe hicieron su labor y de allí, en el mismo autobus de vuelta nos fuimos hasta un punto cercano a la famosa Lombard Street. Salvo por un tramo en concreto, digamos que esta calle podría ser una más de San Francisco con sus subidas y bajadas. Pero resulta que ese tramo en concreto es bastante especial. En lugar de bajar recto, los coches bajan haciendo eses entre jardineras llenas de flores. Muy bonito, curioso y muuuuy lleno de turistas. Tanto, que hasta había que ganar la posición para conseguir una buena estampa.


De allí nos pegamos un paseíto por Columbus Street y recorrimos el barrio italiano. Hicimos una parada para tomar un par de capuchinos en: "Café Trieste". Y por qué aquí?.

Porque queridos lectores, aquí se gestó la trilogía de "El Padrino". Si,si. Senatdos que estuvimos en la mesa en la que el mismo Francis Ford Coppola empezó a escribir el guión de dicha obra maestra. Sobra decir que no se nos pegó nada, pero lo importante es que el capuchino estaba buenísimo y que estábamos rodeados de una atmosfera muy auténtica, con fotografía antiguas por todos los lados, y con 3 guitarras y un violoncello tocando en directo el "It's now or never" de nuestro amigo Elvis.


Acabado el cafelito nos fuimos a uno de los restaurantes recomendados en la guía y cenamos auténtica pasta italiana (primer plato de tenedor que comemos desde el avión). Los spaguettis de Ana estaban riquísimos, en cambio Dani se arrepintió de su elección, unos gnoquis, sobre todo tras probar el elegido por Ana.


Con el buche lleno, un paseo por el Financial District hasta la estación de BART que nos llevaría de nuevo a nuestro querido hogar. Allí nos esperaba el gallo piscinas de la recepción de ayer, que muy amablemente nos preguntó qué tal habíamos pasado el día y le contamos. El chaval en el fonde es majo. Ya tenemos un amigo más en América, los otros son los jubiletas de la Focaccia.


Y eso es todo por hoy amiguitos, mañana más y mejor. Ya tenemos más estructurada nuestra visita para los próximos días, así que será todo coser y cantar. Besitos!!

miércoles, 27 de julio de 2011

Viaje Costa Oeste EEUU: 26 de Julio (Santa Ana, ojo): Telmo y Luisa en... La focaccia hace amigos

26 de Julio (Santa Ana, ojo): Telmo y Luisa en... La focaccia hace amigos


Hoy hemos tenido un descansar mucho mejor que en días anteriores. Ya parece que vamos normalizando el sueño. Amanecimos a eso de las 8 de la mañana, aunque luego un poco de duermevela hasta las 9. El amanecer en el motel no está mal, estaría algo mejor si la histérica de la habitación de al lado no le diera voces a su hijo prontito por la mañana (o, en su defecto, que las paredes fueran de algo más que de papel), pero vale.


Después de una duchita, fuimos a desayunar a un sitio al que ya le habíamos echado el ojo el día anterior, una bakery (panadería) con bollería y alguna que otra cosa salada. Dicho y hecho, nos plantamos allí (5 minutos caminando) y cayeron un café americano, un capuccino, un sandwich de tortilla, tomate y cebolla, y otro de tortilla, pavo, tomate, cebolla y una salsa. Muy light todo. Lo de desayunar cebolla era duro al principio, ahora ya estamos inmunizados.


Cuando ya ibamos a levantarnos de vuelta al Motel a recoger el coche, vimos un stand donde anunciaban las especialidades del día, y sí amiguitos, allí estaba la focaccia. Mirándonos con cara de corderito degollado, y con el irresistible precio de 5 dólares (unos 4 euros) por una focaccia del tamaño de una pizza familiar. Pues nada, ya tenemos comida. Peculiar eso de llevarse una especie de mega-pizza en una bolsa de plástico transparente. Por cierto, era de tomate y perejil, para más datos.


Pues nada, ahora sí, recogemos el coche, Ana se queda sin peinarse por segundo día consecutivo porque se ha dejado el peine en España y parece la bruja avería (los dedos no dejan un acabado aceptable), y ponemos rumbo a Carmel. El tema coche a estas alturas ya lo dominamos con un estilo envidiable, qué dominio de la palanca, que suavidad con el acelerador... dentro de poco está previsto hacer una incorporación quemando rueda, que está chupado con un coche automático.


El camino a Carmel es una maravilla. Es lo que se conoce como el Big Sur, un camino por la Highway 1 que serpentea al borde de la costa, colgado de las montañas y con unas vistas preciosas del Pacífico. Son unos 200 kms que pasan despacio por la velocidad y por la pila de paradas que se hacen a ver las vistas. Y merecen la pena: en una de las paradas, hemos visto una colonia de elefantes marinos espectacular, nos recodaba mucho a las de leones marinos que habíamos visto en Nueva Zelanda.


Aparte de unas vistas acongojantes, el viaje por estos parajes también ha servido para comprobar que el coche frena más que correctamente, ya que el avezado conductor decidió pisar alegremente el inexistente embrague para reducir en una bajada, animalico. En su defensa decir que es el primer pisotón (probablemente no el ultimo) desde que cogimos el coche. Y bueno, a falta de descapotable, hemos ido con las ventanas bajadas y el techo abierto, no es lo mismo, pero de ilusiones...


Encantados con el paisaje, llegamos a Carmel, y nos llevamos una grata sorpresa. Ambos esperábamos un pueblecito marinero o de costa típico, tipo Santa Bárbara, y lo que nos encontramos fue un pueblo casi camuflado entre el bosque, con unas casas espectaculares o muy originales (hay fotos), pero completamente integradas en el bosque que está al pie de la costa. Además, el pueblo conserva un encanto especial, Ana estaba emocionada. Por todas las calles hay decenas de galerías de arte, casi parece lo único de lo que vive el pueblo.


Mientras dábamos una vueltecita siguiendo las instrucciones de la Oficina de Turismo, nos acercamos a un baño público, y hete aquí que se quedó Dani fuera esperando con los trastos y con la focaccia en la mano, que habíamos decidido que fuera la comida del día. Fuera, dos americanos jubiladísimos haciendo lo mismo, aguantando los trastos de sus señoras, y en esto que empiezan a hablar:


.- ¿Qué? ¿Aguantando?

.- Para eso es para lo que nos quieren (risas).

.- Desde luego...

.- Mira (mirando a Dani), por lo menos ese tiene una pizza en la mano, así se lleva mejor.


Dani, que se da por aludido, saca la mejor de sus sonrisas:


.- ¿Quéreis un cacho?


Es de suponer que el Algasiv no aguanta tanto, pero por cortés que no quede.


.- No, gracias, acabamos de comer, pero tiene una pinta...

.- Dani: Pues es que nos la hemos apañao en San Luis Obispo.

.- Venís de allí?

.- Dani: Sí, bueno, de Los Ángeles, vamos camino de San Francisco.


De ahí una agradable conversación con los abueletes, luego cuando salió la mujer de uno se quedó hablando con el otro, luego cuando salió la mujer del que quedaba, hablando con el matrimonio al completo, majísimos: que si eran de Houston, que menudas vacaciones que nos íbamos a pegar, que tienen ganas de ver España (todos dicen lo mismo), etc. Cuando Ana por fin salió del baño, ya casi estaban a punto de invitar a Dani a café o algo. Nunca una focaccia dio tanto juego.


Después de una efusiva despedida, nos sentamos a comer en la calle cuales perroflautas en la ciudad del glamour. Incluso Ana sacó papel higiénico del baño para usarlo como servilleta. Vamos, que nos faltaba el perro y la flauta, y ya lo tenemos.


En fin, tras una vuelta de hora y media por el pueblo, ponemos rumbo a Monterey, por la 17 Mile Drive, una carretera privada (apoquinando 9$) que bordea la península de Monterey, con unas vistas majas (viendo focas y leones marinos) y atravesando la playa y el campo de golf de Pebble Beach. Lástima que a estas alturas el día se había cubierto bastante, hacía fresquete y un aire considerable, y ni las vistas ni el bajarse del coche eran tan agradables como debieran. En cualquier caso, algunos ricones merecen mucho la pena.


Tanto nos entretuvimos, que al final tuvimos que dejar Monterey sin ver más que desde el coche, porque si no, íbamos a llegar a San Francisco muy tarde.


Tirando, tirando, llegamos a SF a las 20:30h, directamente al hotel. Aquí la jugada nos ha salido redonda: no nos alojamos en SF realmente, sino en Berkeley, pero tenemos el metro a unos 20 metros de la puerta del hotel que nos deja en el centro de SF en 4 paradas, y a cambio el hotel es una maravilla (Shattuck Plaza), precio razonable, y tenemos parking todo el día para el coche por 14$.


Las habitaciones nos las dio un gallo piscinas que no sabía decir otra cosa que "California del Norte mola mucho más que la del Sur, yo no he visto mucho, pero me quedo con la Bahía (de SF, se entiende)". Por alguna extraña razón, repitió este mantra unas 4 veces.


En fin Pilarín, la habitación es un lujo impresionante. Amplia, con una cama enooorme, un baño chulo y moderno, una pantalla plana de 32 pulgadas colgada de la pared... toda la habitación está decorada con mucho gusto, igual que todo el resto del hotel. Hasta merece la pena ver los pasillos. Está reformado de hace 2 años, se nota.


La cena ha vuelto a ser pobre, cosas de las prisas. Dos cachos de pizza, y a dormir. En los alrededores del hotel hay mucho local, pero no nos están esperando a las 21:30h. Malditos horarios americanos... Mañana volveremos a nuestra promesa de comer mejor, porque si no, va a ser el primer viaje del que volvemos más gordicos y con el colesterol en máximos históricos.


En la próxima entrega, nuestras primeras andanzas por el centro de SF. Adios amiguitos!

martes, 26 de julio de 2011

Viaje Costa Oeste EEUU: 25 de Julio: Telmo y Luisa en... Santa Barbara bendita, tralaralará, laralá

Pues sí, estimados lectores. Lo más destacado del día fue el paso por Santa Bárbara, aunque aquí en estas tierras no es patrona de ningún minero, que sepamos.


Pero nuestro día había empezado mucho antes de llegar a dicho enclave. De hecho había empezado bastante antes para unos que para otros. El jet lag señores. Nuestra querida Ana tiene un poco de descoloque. Dani, como venía más o menos adaptado al horario estadounidense por el carácter nocturno de su semana laboral, parece que no lo ha acusado tanto. El cansancio acumulado de su semiadaptación al horario normal durante el sábado tambien ha provocado que cayera rendido. En cambio Ana, cayó como una mosca a eso de las 10 de la noche, unos 20 minutos despues de llegar a la habitación, ya no había rastro de ella. Pero eso sí, vio el reloj de la habitación a las 2:30, 3:30, 4:00 y un pis, 6:00 ya no tengo sueño pero voy a ver si consigo dormir algo más, y ya a las 6:30 lo dio por imposible. Asi que mientras el Dani dormía plácidamente, Ana veía aterrizar aviones, leía la guía de California, estudiaba los mapas y hasta se leyó el menú del servicio de habitaciones. Porque señores, no olvidemos que el último bocado que se metieron a la boca fue en el avión, y claro, una vez el cerebro despierta, el resto de los órganos vitales tambien lo hacen.


Habíamos decidido poner el despertador a eso de las 9:30 por si no nos despertábamos antes, ya que el coche no teníamos que recogerlo hasta las 12:00. Pero a eso de las 8:15 Ana ya no sabía qué hacer y como que no quiere la cosa, empezó a revolotear a ver si el de al lado se despertaba. Ná, al final le tuvo que pinchar con el dedo.


Duchaditos y aseaditos, y con más hambre que los pavos de Manolo, bajamos a desayunar al bar del hotel. Mu rico todo. Con las mismas subimos a la habitación y a eso de las 10:30 estabamos cogiendo el minibus del hotel gratuito que te lleva al aeropuerto. En un periquete estábamos ya en la terminal y en menos de un minuto ya nos habíamos subido al minibus de hertz que nos llevaría a la central de alquiler de coches.

Está todo muy bien organizado. Hay carteles que te indican las zonas de autobuses donde se hace la recogida de clientes de hoteles próximos a aeropuerto, otra zona para recoger los que van a las centrales de alquileres de coches, otra para ir a estaciones de autobuses de largo recorrido... La leche. Los autobuses están además perfectamente rotulados, por lo que es muy fácil identificarlos y pasan cada 5 minutos o así, y de gratis.

Así que a las 11 ya estábamos haciendo una pequeña cola para recoger nuestro cochecito, el Toyota Camry que habíamos reservado.

El hombre "alegría de la huerta" que nos atendió (más seco imposible) nos comunicó que no tenía disponible el coche solicitado y nos daban otro de mejor calidad por el mismo precio, un chevrolet impala. Según Dani, no era exactamente de categoría superior por lo que habíamos visto en las webs de alquiler cuando estuvimos reservando, pero el hombre nos dijo que este era un modelo nuevo que sí era mejor, así que aceptamos barco.

Tras papeleos varios como por ejemplo autorizar a Ana como segunda conductora sin pago adicional y un seguro extra al ya contratado que cubre asistencia y emergencia en carretera (madres y padres, respirad tranquilos, que como veis los niños hacen las cosas con cabeza aunque les cueste un poco más), se fueron a buscar su buga. Y qué buga señores!!!. Es un coche de padre auténtico. Enorrrrrme. En el maletero caben 3 Anas y 2 Danis. Blanco taxi como dice Dani, pero muuuuuy molón. Hemos de decir, que hemos ganado con el cambio señores. Asientos de cuero, cambio automático, cómo no, techo solar para sacar la cabeza como en las pelis, 6000 km de andadura. Vamos, nuevo. Que hasta tiene aún pegatinas en los asientos de atrás!.


Revisamos bien el coche y nos pusimos en marcha. Eso sí, silencio sepulcral y concentración total. Dani con 100 ojos y mil cuidados y Ana frenando con sus pies en el vacío (porque no le llegan ni de lejos al final del coche). Momentos tensos de control y de toma de referencias, pero enseguida se acostumbra uno a eso de utilizar sólo 2 pedales y a mantener el pie izquierdo bien atado para no hacer ademán de pisar embrague y clavar frenos por error.

En un pis pas, estábamos ya incorporados a la autopista como un ciudadano más. Autopista por cierto de 7 carriles por cada lado. Y rumbo a Santa Bárbara.


En unas 2 horas llegamos a Santa Barbara. Eso sí, no dejó de haber casas en ningún momento. Esto es inmenso la verdad. Dejamos el coche en un parking al lado de la playa y nos fuimos al centro de visitantes, donde una señora muy amable de unos 130 años nos dió un mapita y algunas indicaciones. Mapa en mano y pies dispuestos, decidimos pasear primero hacia el centro de la ciudad, para luego volver sobre nuestros pasos y acabar en el muelle y en la playa. No aguantamos ni 10 minutos y decidimos parar a comer en un sitio muy apañado con terracita y a la sombra. Hace un día estupendo y parece que no demasiado calor, porque corre una brisilla muy agradable asi que genial.

Tras una hamburguesa para Dani y unos tacos de pollo para Ana, seguimos la marcha en dirección al centro, no sin antes reflexionar sobre la alimentación que vamos a llevar en las 3 próximoas semanas. Estamos de acuerdo que no vamos a sobrevivir a base de hamburguesas y demás guarreridas, asi que procuraremos hacer una dieta lo más variada posible, que no sabemos si equilibrada, pero bueno.


Decíamos que temperatura agradable no?. La virgen, nos ponemos a caminar un poco y a Dani ya le chorrean gotas de sudor y Ana va en busca de sombras como una obsesa. Pues bien empezamos, no nos queda ná!!

La ciudad en sí no tiene gran cosa. Es una ciudad turística, con estructura típica americana de las pelis y sin edificios antiguos ni históricos al estilo europeo. Lo más antiguo que vimos fue el museo de la ciudad y la prisión, que databan del año 1800 y muchos. Pero bueno, nos dimos un paseo majete con los ojos bien abiertos por si en algún momento aparecía el inspector Cruz de la famosa serie, y volvimos a la zona de la playa y del muelle.


El muelle es todo un reclamo turístico. De madera antiguo, se adentra bastante en el mar, y al final hace una especie de esplanada donde hay resturantes y tiendecitas de regalos. Tambien hay bastante gente pescando y lo más impresionante son los enormes pelícanos que acampan por sus anchas mezclados entre la gente. Nunca habíamos visto unos pelícanos tan de cerca. Son muy grandes y tienen unos picos que acojonan. Ana se acercaba con temor hasta que Dani conseguía hacerle una foto a una distancia prudencial del bicho. El cámara muy valiente él, animaba a la modelo a que se acercara más al pájaro en cuestión y le criticaba porque no lo hiciera más. Eso sí, cuando cambiaban los roles, ay amigos, el maricastañas este, no se arrimaba ni una cuarta parte de lo que había hecho la otra!. En fin...


Tras varios reportajes fotográficos decidimos volver a la playa para mojar los pies en el pacífico antes de poner rumbo a San Luis Obispo, ciudad en la que pernoctamos. El agua está fría de pelotas. Nos bañaremos en algún momento por la cosa del orgullo, pero vamos, apetecer, lo que se dice apetecer... la puntica y nada más.


Así que nada, un par de horas más tarde llegamos al Villa Motel San Luis Obispo. Un motel típico de pelicula, con el coche a la puerta y con un señor muy raro en la recepción. Pero bueno, la habitación está muy bien, es amplia y limpia, así que suficiente.

Una vez instalados, nos fuimos dando un paseíto al centro donde cenamos sendas ensaladas (veis como lo de cuidar la dieta es verdad?) y con las mismas de vuelta al hotel y a descansar. A ver si el jet lag no hace de las suyas....

Viaje Costa Oeste EEUU: 24 de Julio: Telmo y Luisa en... Volando voy, volando vengo

Pues aquí estamos con un nuevo capítulo de nuestra aventuras por los mundos del señor, esta vez en EEUU. La idea, una señora vuelta por Los Angeles, San Francisco, Las Vegas, y muchos otros sitios por el camino.


El viaje ha empezado bien, sin incidencias. El miedo que le hemos cogido al tema pasaporte (recordemos el escabroso episodio del pasaporte roto en Nueva Zelanda, y el pasaporte olvidado en Edimburgo) ayuda a que todo esté más controlado, lo miramos todo unas cuarenta veces.


Después de un madrugón considerable, llegamos a Barajas a las 7 de la mañana. Hemos ido con tiempo porque nos queríamos curar en salud con el tema de facturar con escalas, y no ha ido mal, porque justo después de llegar nosotros al aeropuerto ha empezado a llegar una marea de gente impresionante. Una vez pasado sin problemas el trámite, un desayunito entre pecho y espalda, y en 2 horas y media hemos llegado sin mayor problema a Heathrow.


La escala era larga (5 horas), así que nos ha dado tiempo a comer y demás. Tuvimos que volver al fatídico mostrador de transfer de Air New Zealand donde nos rompieron el pasaporte la última vez, qué mal rollo. Bueno, y hasta vimos el final de la F-1, nos miraban un poco raro, ellos todos tensos con que gana Hamilton, y nosotros ahí coreando "Alonso, Alonso!".


Y por fin, a eso de las 16:15 salimos rumbo a Los Angeles. Por delante, 11 horas de vuelo, que con el master de NZ no nos asustaban demasiado. Decidimos además repetir con Air NZ porque el avión la otra vez fue fantástico, y esta vez no ha sido menos, un Boeing 777-300ER (para los aerotrastornados) nuevecito de trinca con mucho sitio para las piernas incluso en clase "chusma" y con un sistema de entretenimiento espectacular, chorrocientas películas, series, juegos, pantalla de 7 pulgadas por cada asiento... otra cosa que está muy bien de Air NZ es la comida, rica y abundante (y con cierto amor al curry, cosa que no nos disgusta precisamente, jejeje).


Así las cosas, hemos llegado a Los Angeles a las 7 de la tarde hora de aquí (cosas del cambio horario), y luego ha empezado el calvario de los controles. Hemos tardado 1 hora y media en pasar los controles, horroroso, no porque hayan sido especialmente minuciosos (lo mismo que siempre, ya nos empezamos a saber hasta las preguntas), sino porque había muy poco personal y se ha hecho un poco eterno. Nos ha tocado de guardia de inmigración un tal Andrade que hablaba perfecto castellano y con unos brazos como una pierna de Dani, más o menos (y con tatuaje multicolor).


Admitidos pues en este país (demos gracias al señor), ya en un momento nos hemos plantado en el hotel (Radisson LAX, para más señas), desde el que tenemos vista directa de las pistas de aterrizaje, aunque no se oye nada, tiene buen aislamiento. La habitación bien, una cama bien grande (king size), y mucho espacio, aunque se le notan los años, pero está razonablemente limpio. Es lo que le pedimos a los hoteles en este viaje, limpio y poco más, el resto da igual.


Pues nada, cerramos ya el chiringuito porque estamos que nos caemos. Son ahora mismo las 7 de la mañana hora española, es decir, llevamos 24 horas en danza entre pitos y flautas, y en el avión apenas hemos dormido (intencionadamente, para adaptarnos a los horarios).


Mañana más y con muchas cosas más que contar seguro, porque recogemos el coche, nos vamos a Santa Bárbara y dormiremos ya a medio camino de San Francisco (a ver Los Angeles volveremos al final del viaje).


Telmo, Luisa, camarón y percebe estás listos para conquistar America!!!.