martes, 26 de julio de 2011

Viaje Costa Oeste EEUU: 25 de Julio: Telmo y Luisa en... Santa Barbara bendita, tralaralará, laralá

Pues sí, estimados lectores. Lo más destacado del día fue el paso por Santa Bárbara, aunque aquí en estas tierras no es patrona de ningún minero, que sepamos.


Pero nuestro día había empezado mucho antes de llegar a dicho enclave. De hecho había empezado bastante antes para unos que para otros. El jet lag señores. Nuestra querida Ana tiene un poco de descoloque. Dani, como venía más o menos adaptado al horario estadounidense por el carácter nocturno de su semana laboral, parece que no lo ha acusado tanto. El cansancio acumulado de su semiadaptación al horario normal durante el sábado tambien ha provocado que cayera rendido. En cambio Ana, cayó como una mosca a eso de las 10 de la noche, unos 20 minutos despues de llegar a la habitación, ya no había rastro de ella. Pero eso sí, vio el reloj de la habitación a las 2:30, 3:30, 4:00 y un pis, 6:00 ya no tengo sueño pero voy a ver si consigo dormir algo más, y ya a las 6:30 lo dio por imposible. Asi que mientras el Dani dormía plácidamente, Ana veía aterrizar aviones, leía la guía de California, estudiaba los mapas y hasta se leyó el menú del servicio de habitaciones. Porque señores, no olvidemos que el último bocado que se metieron a la boca fue en el avión, y claro, una vez el cerebro despierta, el resto de los órganos vitales tambien lo hacen.


Habíamos decidido poner el despertador a eso de las 9:30 por si no nos despertábamos antes, ya que el coche no teníamos que recogerlo hasta las 12:00. Pero a eso de las 8:15 Ana ya no sabía qué hacer y como que no quiere la cosa, empezó a revolotear a ver si el de al lado se despertaba. Ná, al final le tuvo que pinchar con el dedo.


Duchaditos y aseaditos, y con más hambre que los pavos de Manolo, bajamos a desayunar al bar del hotel. Mu rico todo. Con las mismas subimos a la habitación y a eso de las 10:30 estabamos cogiendo el minibus del hotel gratuito que te lleva al aeropuerto. En un periquete estábamos ya en la terminal y en menos de un minuto ya nos habíamos subido al minibus de hertz que nos llevaría a la central de alquiler de coches.

Está todo muy bien organizado. Hay carteles que te indican las zonas de autobuses donde se hace la recogida de clientes de hoteles próximos a aeropuerto, otra zona para recoger los que van a las centrales de alquileres de coches, otra para ir a estaciones de autobuses de largo recorrido... La leche. Los autobuses están además perfectamente rotulados, por lo que es muy fácil identificarlos y pasan cada 5 minutos o así, y de gratis.

Así que a las 11 ya estábamos haciendo una pequeña cola para recoger nuestro cochecito, el Toyota Camry que habíamos reservado.

El hombre "alegría de la huerta" que nos atendió (más seco imposible) nos comunicó que no tenía disponible el coche solicitado y nos daban otro de mejor calidad por el mismo precio, un chevrolet impala. Según Dani, no era exactamente de categoría superior por lo que habíamos visto en las webs de alquiler cuando estuvimos reservando, pero el hombre nos dijo que este era un modelo nuevo que sí era mejor, así que aceptamos barco.

Tras papeleos varios como por ejemplo autorizar a Ana como segunda conductora sin pago adicional y un seguro extra al ya contratado que cubre asistencia y emergencia en carretera (madres y padres, respirad tranquilos, que como veis los niños hacen las cosas con cabeza aunque les cueste un poco más), se fueron a buscar su buga. Y qué buga señores!!!. Es un coche de padre auténtico. Enorrrrrme. En el maletero caben 3 Anas y 2 Danis. Blanco taxi como dice Dani, pero muuuuuy molón. Hemos de decir, que hemos ganado con el cambio señores. Asientos de cuero, cambio automático, cómo no, techo solar para sacar la cabeza como en las pelis, 6000 km de andadura. Vamos, nuevo. Que hasta tiene aún pegatinas en los asientos de atrás!.


Revisamos bien el coche y nos pusimos en marcha. Eso sí, silencio sepulcral y concentración total. Dani con 100 ojos y mil cuidados y Ana frenando con sus pies en el vacío (porque no le llegan ni de lejos al final del coche). Momentos tensos de control y de toma de referencias, pero enseguida se acostumbra uno a eso de utilizar sólo 2 pedales y a mantener el pie izquierdo bien atado para no hacer ademán de pisar embrague y clavar frenos por error.

En un pis pas, estábamos ya incorporados a la autopista como un ciudadano más. Autopista por cierto de 7 carriles por cada lado. Y rumbo a Santa Bárbara.


En unas 2 horas llegamos a Santa Barbara. Eso sí, no dejó de haber casas en ningún momento. Esto es inmenso la verdad. Dejamos el coche en un parking al lado de la playa y nos fuimos al centro de visitantes, donde una señora muy amable de unos 130 años nos dió un mapita y algunas indicaciones. Mapa en mano y pies dispuestos, decidimos pasear primero hacia el centro de la ciudad, para luego volver sobre nuestros pasos y acabar en el muelle y en la playa. No aguantamos ni 10 minutos y decidimos parar a comer en un sitio muy apañado con terracita y a la sombra. Hace un día estupendo y parece que no demasiado calor, porque corre una brisilla muy agradable asi que genial.

Tras una hamburguesa para Dani y unos tacos de pollo para Ana, seguimos la marcha en dirección al centro, no sin antes reflexionar sobre la alimentación que vamos a llevar en las 3 próximoas semanas. Estamos de acuerdo que no vamos a sobrevivir a base de hamburguesas y demás guarreridas, asi que procuraremos hacer una dieta lo más variada posible, que no sabemos si equilibrada, pero bueno.


Decíamos que temperatura agradable no?. La virgen, nos ponemos a caminar un poco y a Dani ya le chorrean gotas de sudor y Ana va en busca de sombras como una obsesa. Pues bien empezamos, no nos queda ná!!

La ciudad en sí no tiene gran cosa. Es una ciudad turística, con estructura típica americana de las pelis y sin edificios antiguos ni históricos al estilo europeo. Lo más antiguo que vimos fue el museo de la ciudad y la prisión, que databan del año 1800 y muchos. Pero bueno, nos dimos un paseo majete con los ojos bien abiertos por si en algún momento aparecía el inspector Cruz de la famosa serie, y volvimos a la zona de la playa y del muelle.


El muelle es todo un reclamo turístico. De madera antiguo, se adentra bastante en el mar, y al final hace una especie de esplanada donde hay resturantes y tiendecitas de regalos. Tambien hay bastante gente pescando y lo más impresionante son los enormes pelícanos que acampan por sus anchas mezclados entre la gente. Nunca habíamos visto unos pelícanos tan de cerca. Son muy grandes y tienen unos picos que acojonan. Ana se acercaba con temor hasta que Dani conseguía hacerle una foto a una distancia prudencial del bicho. El cámara muy valiente él, animaba a la modelo a que se acercara más al pájaro en cuestión y le criticaba porque no lo hiciera más. Eso sí, cuando cambiaban los roles, ay amigos, el maricastañas este, no se arrimaba ni una cuarta parte de lo que había hecho la otra!. En fin...


Tras varios reportajes fotográficos decidimos volver a la playa para mojar los pies en el pacífico antes de poner rumbo a San Luis Obispo, ciudad en la que pernoctamos. El agua está fría de pelotas. Nos bañaremos en algún momento por la cosa del orgullo, pero vamos, apetecer, lo que se dice apetecer... la puntica y nada más.


Así que nada, un par de horas más tarde llegamos al Villa Motel San Luis Obispo. Un motel típico de pelicula, con el coche a la puerta y con un señor muy raro en la recepción. Pero bueno, la habitación está muy bien, es amplia y limpia, así que suficiente.

Una vez instalados, nos fuimos dando un paseíto al centro donde cenamos sendas ensaladas (veis como lo de cuidar la dieta es verdad?) y con las mismas de vuelta al hotel y a descansar. A ver si el jet lag no hace de las suyas....

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