27 de Julio: Telmo y Luisa en....Aire, soñé por un momento que era aire...
Pero no, era viento, mucho viento. Y Ana sigue sin peine, así que podéis imaginar el look que luce la gachí. De hecho podemos decir que ahora tiene el pelo rizado, y sin hacerse la permanente oye. Menos mal que hemos venido abrigaditos.
Antes de comenzar el relato de hoy, retomemos un par de cosas curiosas del día anterior que se nos olvidó comentar. De camino a San Francisco, hemos de decir que pasamos por dos de los enclaves más importantes del mundo si te dedicas al tema del ajo o de la alcachofa. Sí señores, pasamos por delante de la capital mundial de la alcachofa, donde todo gira en torno a dicho vegetal. Hasta un macro-bar llamado "La alcachofa gigante" nos reclamaba la atención haciendo girar nuestras cabezas a su paso. Y entre otras cosas por la alcachofa gigante incrustada en el edificio haciendo las veces de puerta. Muy curioso. El segundo enclave es como pueden ustedes imaginar, la capital mundial del ajo, que del mismo modo a la vecina capital de la alcachofa todo gira en torno a dicho condimento. Creemos que Victoria Beckan no debió de pasar por aquí antes de instalarse en España. De otra manera seguramente no se le hubiera ocurrido decir que España huele a ajo, la muy p.... Esto sí que es oler a ajo, ignorante!. El aroma a ajo entraba en el coche pese a llevar las ventanillas subidas y el aire acondicionado enchufado.
Dicho esto, volvamos al relato que nos ocupa en el día de hoy. Los kilómetros del día anterior hicieron mella en nuestros cuerpos, porque nos ha costado un poquito levantarnos. Queríamos haber comenzado el día algo antes, pero no ha podido ser. El cuerpo manda!. Una vez aseaditos y listos para comenzar ruta, dicho sea de paso no muy bien definida, desayunamos en un Starbucks y nos fuimos derechitos al metro BART para llegar al centrito mismo de San Francisco.
Nota: Hay que explicar que el BART es una especie de metro-tren de cercanías bastante rápido, que conecta los barrios de la periferia con San Francisco.
En dicha estación estuvimos algo panolis, se nos debía de ver a la legua nuestro aire despistado intentando averiguar la metodología de las máquinas expendedoras de tickets y aquí que están muy avispaos, nos cazaron al vuelo. Enseguida se nos arrimó el típico "gorrilla" versión "ayudo a sacar tickets de metro" y muy amablemente nos explicó la manera de sacar el ticket al módico precio de "mi madre a muerto y necesito dinero para mi ticket brother, dame lo que puedas", así que se quedó las vueltas.
Dani se quedó algo cruzao y mal agusto, pero bueno, qué le vamos a hacer. Mañana vamos con decisión y si se nos arrima otro "gorrilla" le decimos muy amablemente que "brother, no necesito ayuda gracias, por cierto, siento lo de tu madre". Pues nada, una vez superada la "anésdota", llegamos al centro centrito de San Francisco. Lo primero, como buenos turistas directos al centro de información para visitantes. Allí compramos un bono de 3 días para todo tipo de transporte público a excepción del BART (este va por libre). Básicamente es lo que necesitamos para movernos por San Francisco, metro, autobús, y los famosos tranvías o cable-car. Luego nos informamos sobre los sitios que nos recomendaban y nos apañamos unos cuantos mapas. Hay que decir que el hombre de la ventanilla de información fue muy amable, hasta incluso cuando la pregunta que le planteó Ana no le hizo mucha gracia.
- Ana: Y hay alguna zona especialmente peligrosa que haya que evitar? (padres y madres del mundo, como veis, vuestros niños siguen teniendo mucha cabecita).
Señor amable de la ventanilla: Querida, aquí no es más peligroso de lo que puede ser Madrid. (con sonrisa en la cara y expresión de "dientes, dientes que es lo que les jode")
Ana: Por supuesto, lo sé, cómo no, simplemente por saber. (con la misma expresión de "dientes, dientes..")
Al final el señor nos señaló una zona y al salir de allí, Dani comentaba por lo bajini "sí, igual de peligroso por los cojones, como medio Madrid tiene pistola... no te jode!".
No pudimos esperar más la tentación de subirnos en los típicos tranvías. Así que nos fuimos directos al punto de partida de una de las líneas, al ladito de donde estábamos. Tras una pequeña cola de media hora (parece que nos han leído el pensamiento y se han copiao), conseguimos subir en nuestro primer tranvía. Qué emoción!. Nos pusimos justo en la cola, por fuera para tener buenas vistas de lo que dejábamos atrás. Comentario para los cántabros: esto sí que son cuestas pindias, y no las cuestuchas de risa que tenéis en Santander. Nos hicimos la línea entera, al ladito del paisano que regula el freno. Gracias a este importante señor y su palanquita no nos hemos ido a buscar setas en alguna de las superbajadas. Que si lo dejan caer sin frenar, creemos que llegamos a Alcatraz sin tocar el agua. Así que después de mucha subida y bajada llegamos al final de la línea en Fisherman's Wharf.
Esta zona es la típica de las fotos, con embarcaderos, tiendas, puestos de comida, y muchisimo ambiente. Una parada para comer en un típico bar americano, sentados en la barra, con el típico camarero que te pone café de la jarra, un paseo por Ghirardelli Square, una plaza comercial plagada de tiendas de chocolate y caramelos, y un recorrido por los muelles más importantes, entre ellos el típico muelle 39, ocuparon las siguientes horas.
Como parte de nuestra curiosidad por lo gatsronómico, probamos la típca sopa-crema de almejas, muy rica oye y nos quedamos con las ganas de comernos un cangrejo, muy típico de esta zona, pero habrá tiempo para ello, no sufrais.
Después cogimos un autobus que nos llevó a la famosa "Coit Tower", un sitio en lo alto de una colina con vistas a todo San Francisco. Aquí Camarón y Percebe hicieron su labor y de allí, en el mismo autobus de vuelta nos fuimos hasta un punto cercano a la famosa Lombard Street. Salvo por un tramo en concreto, digamos que esta calle podría ser una más de San Francisco con sus subidas y bajadas. Pero resulta que ese tramo en concreto es bastante especial. En lugar de bajar recto, los coches bajan haciendo eses entre jardineras llenas de flores. Muy bonito, curioso y muuuuy lleno de turistas. Tanto, que hasta había que ganar la posición para conseguir una buena estampa.
De allí nos pegamos un paseíto por Columbus Street y recorrimos el barrio italiano. Hicimos una parada para tomar un par de capuchinos en: "Café Trieste". Y por qué aquí?.
Porque queridos lectores, aquí se gestó la trilogía de "El Padrino". Si,si. Senatdos que estuvimos en la mesa en la que el mismo Francis Ford Coppola empezó a escribir el guión de dicha obra maestra. Sobra decir que no se nos pegó nada, pero lo importante es que el capuchino estaba buenísimo y que estábamos rodeados de una atmosfera muy auténtica, con fotografía antiguas por todos los lados, y con 3 guitarras y un violoncello tocando en directo el "It's now or never" de nuestro amigo Elvis.
Acabado el cafelito nos fuimos a uno de los restaurantes recomendados en la guía y cenamos auténtica pasta italiana (primer plato de tenedor que comemos desde el avión). Los spaguettis de Ana estaban riquísimos, en cambio Dani se arrepintió de su elección, unos gnoquis, sobre todo tras probar el elegido por Ana.
Con el buche lleno, un paseo por el Financial District hasta la estación de BART que nos llevaría de nuevo a nuestro querido hogar. Allí nos esperaba el gallo piscinas de la recepción de ayer, que muy amablemente nos preguntó qué tal habíamos pasado el día y le contamos. El chaval en el fonde es majo. Ya tenemos un amigo más en América, los otros son los jubiletas de la Focaccia.
Y eso es todo por hoy amiguitos, mañana más y mejor. Ya tenemos más estructurada nuestra visita para los próximos días, así que será todo coser y cantar. Besitos!!
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