martes, 8 de diciembre de 2009

La batalla de Nueva Zelanda, Días 24, 25 y 26: La terminal

No hay demasiado que contar hoy, ha sido un día de viaje a Auckland y poco más.

Nos levantamos pronto por la mañana para lavar un poco la caravana y
hacer las maletas, snif, snif. No tardamos mucho, pero como nos costó
levantarnos (como siempre últimamente) al final salimos a las 10:30
del camping, un poco pasada la hora, pero no nos dijeron nada. Para
entregar la caravana nos pedían haber vaciado los depósitos de aguas
grises, los de los meaos, y dejar la caravana "razonablemente" limpia.
Esto significaba una cosa para Dani y otra para Ana. Ella lo único que
veía que había que limpiar era lo de dentro, mientras que para él casi
lo único que había que limpiar era lo de fuera. Como os podéis
imaginar, la caravana salió impecable por dentro pero con más mierda
que el palo de un gallinero por fuera. No encontramos ningún lavadero
de coches por el camino (no son muy de lavar los coches por estos
lares) así que la entregamos tal cual estaba por fuera. Es que para
Ana, como la caravana es blanca, acostumbrada al coche negro, aquello
estaba limpio. Eso es porque no recogía el cable de corriente todos
los días y acto seguido se tenía que ir a lavar las manos de la mierda
que tenía la pobre. En fin.

Salimos para Auckland, y en cuestión de una hora y media ya habíamos
llegado, así que decidimos buscar algún sitio con vistas y evitar el
centro de la ciudad, porque con el mamotreto que llevábamos no era
plan de ponerse a callejear en una ciudad de más de 1 millón de
habitantes (sí, de verdad, esta sí que era grande). Clarostá, Murphy
funciona hasta en NZ, así que nos metimos hasta la cocina, pasando por
la zona portuaria y alguna cosa más, de camino al "sitio con vistas".
Si esto nos pasa el primer día nos da un pampurrio (por no mencionar
el intercambio de pareceres que hubiera desatado), pero ahora ya nos
daba igual, tenemos callo. Al final llegamos al One Tree Hill, una de
las muchas colinas que forman Auckland, que en realidad son conos
volcánicos inactivos (la ciudad está sobre una masa de magma de hasta
100 kms de profundidad, vamos, que cualquier día salta por los aires),
y desde luego que las vistas eran muy buenas, y la colina bastante
empinadita. Vimos el pirulí famoso de Auckland, la Sky Tower, aunque
el ángulo desde el que lo veíamos nosotros no es el más famoso.

Con la misma, y por no forzar la máquina, nos fuimos a entregar la
caravana, pasando antes a comer. Sin pretenderlo, la última comida
estuvo bien buena, unos fish and chips y un pollo con salsa de
champiñones en un bar tipo irlandés.

Y allá que vamos a entregar la caravana, que nos atendió una chica en
prácticas. Sin incidentes (incluso con la mierda que tenía por fuera),
y cuando mencionamos nuestro amigo el plato del microondas nos
comentaron un "lo tengo que consultar con mi jefa". Emoción, intriga,
dolor de barriga, al final no tuvimos que pagar nada. Deben de tener
alguno más en una estantería. Pero vamos, que tampoco debe ser algo
que se les rompa todos los días.

Nos dieron un papel de recuerdo con los kilómetros que habíamos hecho,
han sido 5948 kms en 22 días de caravana. Hasta a ellas les pareció
mucho. Y a esos casi 6000 kms de este viaje hay que sumar los 5000 kms
del viaje del verano, este año hemos recorrido 11.000 kms en viajes
turísticos (mejor no contamos los viajes a Asturias – Cantabria –
León, y las bodas de Almería, Badajoz...), quitando los
desplazamientos en avión de este viaje, que han sido unos 40.000 kms
ida y vuelta.

Nos llevaron al aeropuerto, y al subirnos a la furgotaxi que nos
llevaba, ocurrió lo inevitable: a Ana se le empezaron a caer
lagrimillas, en este caso por la caravana... "Es que ya era como
nuestra, pobre, se quedó sola, la dejamos sola, ni nos hemos
despedido...". La verdad es que daba pena, ha sido nuestra casa casi
un mes! Y se ha portado como una campeona, no ha rechistado, y la
verdad es que hemos estado muy a gusto. Ya llegará el momento de las
reflexiones, pero desde luego la experiencia caravana nos ha encantado
y es algo que nos parece totalmente recomendable para un país tan
preparado para ello como NZ.

Y a partir de ahí, empezó nuestra aventura aeroportuaria. Llegamos a
las 16h de Auckland del día 7 de Diciembre, y llegaremos a Madrid a
las 19:30 horas del día 8 de Diciembre. Contando cambios de horas y
demás, este viaje durará la módica cantidad de 40 horas. Casi ná.

El vuelo no salía hasta las 23h, así que tuvimos tiempo (7 horas!) de
patear la terminal, que por cierto era muy pequeña. Manejan aviones
muy grandes y vuelos muy largos, pero no tienen demasiada frecuencia
de vuelos. Vamos que son todo Jumbos y similares, pero sólo tienen 16
puertas. Hicimos hasta una coleguita en un café, que nos regaló un
cacho de pizza cuando cogimos la cena... y estuvimos haciendo fotos
del atardecer, que se quedó bastante bonito.

Así como a la ida vinimos en un Boeing 777-200ER, a la vuelta hemos
vuelto en el mítico Jumbo (Boeing 747-400). El vuelo hasta Los Ángeles
ha sido estupendo, nos lo hemos pasado casi entero durmiendo. Ni nos
hemos enterado, 11 horas de vuelo. Nada más subirnos nos pusieron la
cena, y Ana no llegó despierta ni a que le recogieran la bandeja.
Recordamos que para nosotros era nuestra hora de dormir, y ya eran más
de las 12.

Y en Los Ángeles, llegamos al famoso control ese por el que perdimos 2
días de viaje haciendo el p*** pasaporte. Muy útil. Nos bajamos del
avión, y hacen dos filas, los que se quedan en USA y los que siguen a
Londres. Los que seguimos a Londres pasamos por un control en el que
miran el pasaporte, te toman las huellas, te hacen una foto y, oh
sorpresa, ni siquiera nos dejan pasar a la zona de tiendas, según
pasas el mostrador de aduana nos dan la vuelta, volvemos sobre
nuestros pasos por el mismo pasillo y nos meten en una sala al lado
del avión, sin posibilidad de salir a ningún sitio. Es decir, hemos
caminado unos 20 pasos en EEUU, los que hemos dado al otro lado del
mostrador, antes de que nos devolvieran como ovejas al redil. Vamos a
ver, si ni siquiera nos iban a dejar pasar la zona de tiendas, ¿por
qué no nos dejan directamente en esa sala y nos vuelven a meter en el
avión? ¿Pa esto hemos perdido dos días? Argh. En Hong Kong, a la ida,
nos habíamos bajado a la zona de tiendas y ni siquiera nos pidieron el
pasaporte para bajar.

Re-embarcamos muy rápido, no sabemos calcular cuanto porque teníamos
como una neblina en los ojos que nos confunde, como Dinio. Y otras
10-11 horas de avión hasta Londres, que se nos han hecho algo más
largas, sobre todo a Ana, porque no ha dormido nada. Dani sí que ha
dormido (qué cosas, Ana despierta en un medio de transporte y Dani
durmiendo). Ana se ha tragado CUATRO películas, atención al género:
Harry Potter y el Príncipe Mestizo (o algo así), Él no está por tí
(típica de amor y juventú de las que le gustan a Ana), 500 días de
verano (otra de esas), y Cars (de Disney, pero ésta se la pasamos).
Vamos, que no sabemos si tiene treintayalgunos (censurado) años o 12
añines. Dani se ha visto Gran Torino (qué grande Clint Eastwood),
Distrito 9 (aliens), y media temporada del programa de Top Gear (un
programa de coches de la BBC). No sabemos qué hacen estos dos juntos
de "luna de miel de hecho".

Merece un comentario aparte el sistema de entretenimiento de los
aviones de Air New Zealand, aparte del personal, que siempre ha sido
muy majete (y mayor! Había alguna abuelita...). Tienen un tinglado en
el reposacabezas de cada asiento típico de estos vuelos largos, pero
la cantidad de películas, series, y demás que tienen no la habíamos
visto nunca tan buena. Tenía cargadas unas 200 películas, algunas muy
recientes, pero también tenía capítulos de Top Gear, Los Simpson, Big
Bang Theory,... difícil aburrirse.

Y estamos ahora en Londres Heathrow, ya con la tarjeta de embarque, y
ya cambiados de terminal, esperando a que salga nuestro vuelo a
Madrid, última escala del viaje. No sabemos cómo estarán nuestros
cuerpos cuando lleguemos a casa, y mañana a trabajar... pero lo que es
seguro, es que ha merecido, y mucho, la pena.

Un viaje inolvidable, nos ha encantado compartilo con todos vosotros.
Y ahora vendrán las fotos! Cuando resucitemos igual subimos alguna a
http://www.flickr.com/photos/danielowski. Permanezcan atentos a sus
pantallas...

La batalla de Nueva Zelanda, Día 23: El último cuplé

Por fin salió un día bueno, nos lo merecíamos. Daba gusto estar en la
caravana por la mañanita, cuando sonó el despertador: hacía calorcito
porque daba el sol, y la luz que entraba hasta hacía que casi nos
apeteciera saltar de la cama.

Apurando el plazo de las 10 de la mañana para desalojar (ya vamos
estando muy cansados), salimos hacia el i-Site, a que nos dijeran cómo
estaba el panorama carreteras y cómo ver lo que queríamos ver.
Cojonudo: todo abierto, sin problemas. No nos recomiendan, eso sí,
coger la carretera 309, que pensábamos hacer porque se supone que era
una ruta panorámica alternativa, con kauris, árboles centenarios
autóctonos de la isla Norte.

Con las mismas, caminito de Cathedral Cove. El razonamiento fue el
siguiente: sólo nos vamos a bañar en Hahei, porque las otras dos no
estaban recomendadas por las corrientes que tienen y la abuelita del
viaje (es decir, Ana), las había vetado como zona de baño. Entonces,
vamos primero a Cathedral Cove a verla, a la que se accede solamente
caminando, luego vamos a Hahei, comemos, nos bañamos y descansamos, y
luego nos vamos a Hot Water Beach, porque nos coincide con la marea
baja (tacháaaan).

Superplanificación mediante, llegamos a Cathedral Cove. Cogemos los
bártulos no sin discusión (a veces parece que en vez de ir a una
caminata de 45 minutos, vamos al Himalaya), y nos ponemos a ello. Como
de costumbre, batimos todas las marcas, y llegamos en 25 minutos, sin
forzar. Los caminitos tenían buenas vistas, e incluso atravesamos un
bosque húmedo.

La playa es preciosa. Arena blanca, agua azul-verdosa, vegetación
casi-selva que llega hasta la orilla, y unas formaciones rocosas en
medio de la arena como pórticos (de ahí el nombre) que le dan la
imagen tan peculiar que tiene. La pena es que en uno de los arcos
había un desprendimiento y sólo vimos media playa, pero el resto nos
la imaginamos. Muy chulo. La vuelta la hicimos paseando por otras dos
pequeñas bahías donde se hace mucho snorkel, debe de haber muchos
pececitos en el fondo: Stingray Bay y Gemstone Bay.

En 5 minutos nos plantamos en Hahei, porque está todo pegadito. Nos
hicimos unos bocatas en la caravana, un poco de queso, unas patatitas,
unos kit-kats... vamos, que nos cuidamos mal. Otros 2 kms de playa, y
unas 50 personas en la playa, tirando por lo alto. Pues nada, con la
panza llena, allá que vamos a ese baño de orgullo en el Pacífico,
porque el agua estaba fría de narices. Parecía que nos estaban
clavando miles de agujas en las piernas, pero dos chicarrones del
norte (una de más abajo de Picos de Europa, pero bueno) no pueden
dejar pasar esta oportunidad, y hasta metieron la cabeza (por eso se
nos han congelado las ideas).

Y cuando daban las tres de la tarde, empezó la emigración hacia Hot
Water Beach (se notó, la gente empezó a recoger). La historia de esta
playa es bastante curiosa: en un margen de +/- 2 horas en torno a la
bajamar, en una franja de 50 metros, si excavas un poco la arena,
salen pozos de agua caliente. Esto es lo que nosotros sabíamos cuando
llegamos allí.

La bajamar era a las 17:15, y allí estábamos nosotros a las 15:15 como
clavos. Hicimos una primera prospección, y aquello era como un
Benidorm en 50 metros cuadrados excavando en la tierra como mineros
mayores, pequeños y medianos, con palas de obra y todo, y haciéndose
unas peazo de piscinas-jacuzzis particulares que eran pa verlas. Pero
imaginaros la vista desde lejos: otra playa más larga que un día sin
pan, y ni pirri en ningún lado de la playa, excepto 100 personas en
apiñadas en 50 metros.

Una vez que ya vimos cómo iba el tema, nos fuimos a alquilar una pala
(sí, sí, alquilan palas, en el chiringuito del principio de la playa),
y nos fuimos a buscar un sitio para hacernos nuestra piscina. Ahí que
nos véis intentando notar con los pies las zonas calentitas, y al
principio fallando más que una escopeta de feria. Finalmente nos
decidimos por una zona y nos pusimos a cavar como perros, parecía que
nos habían condenado a trabajos forzados. No tardamos mucho en tener
una piscina de tamaño decente (entraba Ana de largo, más o menos),
pero el agua no pasaba de templada, cuando véiamos otras zonas donde
salía humo. Cagontal, no acertamos.

Pero hete aquí que las buenas artes de la diplomacia española siempre
tienen premio. Nos hicimos amiguitos de una pareja de alemanes jóvenes
de la piscina de al lado (de Kiel, por cierto), que a su vez se habían
hecho amiguito de unos sesentones americanos que habían encontrado
petróleo del güeno. Y muy cucos ellos, habían unido las piscinas,
porque el paisano americano no soportaba el agua tan caliente que
habían descubierto ellos. Nos preguntaron qué tal estaba nuestra
piscina, y al comentar que "psché", nos dijeron que nos pasáramos a la
suya si queríamos. Ana probó, pero estaba demasiado caliente, y
estamos hablando del engarnio manifiesto que es Ana, ojo al dato.
Quemaba. Así que con un cazo (lo tenían los americanos) de calentar
leche, nos pasaban agua de su lado caliente hacia nuestra piscina, en
plan cadena, trabajo en equipo. Poco a poco fuimos haciendo más migas
(nos estuvo contando la señora de su hija, que vive en NZ, y la
alemana nos estuvo contando cosas de Kiel), y al final derrumbamos el
muro de Berlín y juntamos nuestra piscina con la de ellos, con lo que
teníamos entre los 6 la piscina más grande que allí había. Se estaba
de vicio, porque al mezclar las temperaturas, aquello estaba como un
spa. Calentito, pero no quemaba. Vamos, pa estar Ana allí metida como
hora y media sin salir ni tener frío...

Cuando ya empezábamos a pensar en marchas, una de esas voces españolas
tan delicadas tipo "trae la mochila pacá, jodeeeeeeeeeeer!" que nos
distinguen allende nuestras fronteras que Dani dedicó a Ana hizo que
hiciéramos otros dos amiguitos, esta vez de Mallorca, estamos que nos
salimos de sociables. Nos hicimos fotos mutuas, comentamos la jugada,
muy bien. Ellos también se iban el día 7, y ojo al dato, A ÉL TAMBIÉN
SE LE ROMPIÓ EL PASAPORTE. Mierda de calidad española. Lo que pasa es
que a él se le rompió en Barcelona, con lo que casi pierde el vuelo.
Pobrecicos.

Por cierto, añadir que en nuestra línea ascendente de sociabilidad, el
día anterior en el spa habíamos conocido a un holandés parlanchín y
muy gracioso con su mujer (aunque llevaba 40 años en NZ), y a un
francés con su hija que conocía Asturias (qué pequeño es el mundo)
porque resulta que es uno de los organizadores del Festival
Intercéltico de Lorient, y viaja a menudo para reunirse con el
delegado asturiano, Lisardo Lombardía. Toma ya. Es que el otro día se
nos olvidó comentarlo, porque el sueño no nos dejaba pensar con
claridad.

Bueno, vuelta a nuestro día playero: cuando ya estábamos muy muy
arrugados, salimos, despedimos a nuestros amiguitos varios, y nos
hemos venido a Thames, donde hemos ganado un poco de camino hacia
Auckland pero hemos llegado pronto como para descansar. Hemos venido a
un camping que nos han recomendado nuestros compañeros de piscina
americanos, y la verdad es que no es que sea una maravilla, es bonito
pero está todo muy viejo. Mención aparte del "casero", un tío con
pinta hippie que nos ha atendido con un pareo y recién salido de la
ducha.

Mañana madrugaremos para limpiar bien la caravana, y poner rumbo a
Auckland. Snif, snif, esto se acaba. El último cuplé. Ya lo hemos
cantado. Bueno, lo ha cantado Ana, que Dani no se la sabe, pa variar.
Besitos y abrazos!

sábado, 5 de diciembre de 2009

La batalla de Nueva Zelanda, Día 22: La tormenta perfecta

Que íbamos a ver playas, sí, sí...

Durante la noche llovió a mares. Pero A MARES. Como si no fuera a llover nunca más. Llegamos a pensar que andaba Noé por allí dando martillazos... De hecho, dormimos a ratines, porque con el ruido de lo que caía nos despertamos varias veces.

Pero bueno, amanecimos y no estaba ni tan mal. Bueno, nos fuimos a duchar con chubasquero, pero no era lo de por la noche. La gente comentaba que había llovido mucho, pero vamos, que la tierra drenó bien y el camping estaba estupendamente. Salimos de allí y nos asomamos a Waihi Beach, pero con el temporal que había habido, y que estaba la marea alta, pues no estaba muy guapa que digamos, el agua muy revuelta, un par de surferos y ya. Así que tiramos hacia Whitianga, con alguna parada intermedia programada. Al parar a echar gasoil lo mismo, "¿cómo ha llovido esta noche, eh?". Y nosotros comentando lo de que no habíamos pegao ojo, y tal. Todo muy normal.

Total que allá que vamos, y cuando llevamos una hora de camino, hablando de la mar y de los peces, y de repente frenazo: el cartelito estaba claro, CARRERETERA CORTADA POR INUNDACIÓN. Bien, bien. La policía allí dando el alto y tal pascual. Parece ser que se ha desbordado un río unos kilómetros adelante, y en otros sitios se han caído árboles y la leche. Bajamos, indagamos, nos hicimos coleguillas de un paisanete majo, y la cosa no tiene buena pinta. Cuando ya estamos decididos a marcharnos de vuelta por donde habíamos venido, la policía se va, y en esto que reciben todos un chivatazo o algo, el caso es que cuando pierden de vista al poli, se saltan todos el cartel de carretera cortada y salen disparaos. La cara de Ana y Dani era un poema. ¿Qué hacemos?

Pues nada, en un arranque de legalidad dimos la vuelta, pero dos kilómetros más abajo nos damos cuenta de que el rodeo nos supone como tres horas (no van my sobraos de carreteras por aquí), mientras que si pudiéramos seguir adelante donde nos cortaron solo 10 kilometros mas, casi no damos rodeo. Le echamos un par de bemoles y volvemos a la barrera, pensando que siempre habrá tiempo para dar la vuelta si lo vemos muy mal. Cuando llegamos a la barrera, ni un alma parada, todo el mundo se está saltando la barrera a la torera. Esperamos a que venga un coche en sentido contrario y le preguntamos, nos dice que hay agua pero que se pasa bien, y nos lo dice con un BMW a tope de maletas que casi iba rozando el escape por el suelo. Si él ha pasado, nosotros, que tenemos una furgoneta un pelin sobreelevada, sobraos.

Allá que vamos, y unos kilómetros más adelante nos encontramos el panorama. Por encima de la carretera pasa un río desbordado con el agua de color marrón. El agua no pasa con mucha fuerza, pero hay mucha, a la furgoneta le llegará fácilmente por la panza. Hay unos operarios. Nos dicen que en primera y arrimados a una línea de conos (sujetos no se sabe cómo) que habían puesto, que pasemos. Y bien, pasamos correctamente (la experiencia de los vadeos es un grado) no sin cierto acongoje. Llegamos a nuestro anhelado desvío, y otra vez cortado, pero no en el sentido que queremos coger nosotros, sino otro. El problema es que en ese corte sí que hay Policía que no deja pasar de ningún modo, y la cola es kilométrica, y la gente se ha puesto nerviosa y ha empezado a invadir el carril contrario, con lo que varias veces tenemos que irnos al arcén (con mucha caída y de barro) para esquivar un camión, un remolque con un barco y cosas así que estaban invadiendo nuestro carril. Porque no eran simples coches, no, eran los vehículos más grandes que había en la cola, hay que joderse. Sudamos tinta china.

Después de muchos avatares, en lugar de un Waihi Beach – Whitianga, que era la idea, haremos un Waihi Beach – Thames – Coromandel – Whitianga, tócate los pies. Al llegar a Thames preguntamos en el i-Site y la cosa sigue igual, y además de Whitianga no se puede casi bajar, hay más carreteras cortadas y las playas de Cathedral Cove y Hot Water Beach, que queríamos ver, no están accesibles.  Ahogamos nuestras penas en unos míseros sandwiches y seguimos camino hacia Coromandel. 

La cosa a partir de ahí empezó a mejorar, porque la carretera era muy chula y dejó de llover. Bordea todo el rato la península, y entre los pueblitos que pasas, unos árboles de flores rojas preciosos que florecen en Diciembre (típicos de esta zona) y que el día abría, hasta nos cambió el ánimo. Al llegar a Coromandel volvimos a preguntar en el i-Site, y nos encontramos a la tercera rubia limándose las uñas y mascando chicle (esto no pasaba en la Isla Sur), que no nos ayuda nada, pero sí que nos dice que la situación es la que sabíamos. 

Pues nada, seguimos hacia Whitianga, pero esta vez programamos un par de paradas en tres playas que nos habían recomendado y que vienen en la biblia. A estas alturas ya hacía hasta un solete bastante majo, hay que ver cómo cambia el tiempo por estos lares. La primera playa que visitamos fue la New Chum's Beach, cuyo acceso estaba perfectamente. Parece mentira que estuvieran cortando carreteras por otros lados. La playa es preciosa, con un islote enfrente y arena blanca fina muy tropical. Lo malo es que también tenía el agua muy revuelta. 

Después de merendar, nos vamos a las otras dos, Otama Beach y Opito Bay, a las que llegamos a través de uno de nuestros famosos caminos de tierra (15 kilómetros en este caso). Aquí sí que había derrumbes de los lados de la carretera, y en algunos casos el paso era bastante estrecho. La primera playa, Otama, era perfecta, arena blanca limpia, agua transparente... una pena que ya era un poco tarde y no había una temperatura como para bañarse. Opito Bay, que según la biblia era más chula, o no la vimos bien o no nos gustó tanto. De todas formas, acostumbrados a nuestras playas, que no son demasiado grandes y suelen tener bastante gente, se hace raro llegar a estas playas que tienen arenales de kilómetros (Waihi eran 5 kilómetros, New Chum's eran 2 kilometros, Otama eran 3 kilometros...), y están completamente vacías. En alguna grabamos un vídeo haciendo el memo (Ana, claro), porque es hasta gracioso verte tú completamente solo en algo tan inmenso. Ni turistas ni nada.

Nos damos por contentos por hoy, y ponemos rumbo a Whitianga (al que se suponía que íbamos a llegar muchas horas antes). Llegamos, localizamos un camping donde conectarnos (esta vez no es un Top10, pero está estupendo), y nos vamos a destensarnos al The Lost Springs, un spa en medio de una especie de selva, al aire libre... un lujillo asiático. Queríamos habernos hecho unos masajillos, pero ya no había sitio, se ve que no somos los únicos que nos queríamos destensar. De todas formas el spa nos ha sentado de miedo. Y luego una cenita en un italiano por su sitio (menú: lasagna para dos), el Dino's, que ni aparece en la biblia ni nada, pero olía bien, y acertamos. Eso es instinto.

A estas horas, ya nos caemos de sueño. Ha sido un día muy largo, mucho coche y muchos rompederos de cabeza. De hecho Ana está con unos palillos en los párpados y con un collarín para mantenerse despierta, porque pega unas cabezadas...

Dicen que mañana hará bueno, pero ya no nos creemos nada. Al próximo que se queje con las predicciones de Montesdeoca le cantamos las cuarenta, don Paco es un máquina al lado de los servicios meteorológicos neozelandeses. Si se pudiera, querríamos ver Cathedral Cove y Hot Water Beach, y pasar el día bañándonos en la playa de Hahei, porque será nuestro último día turístico en NZ. Al día siguiente ya tenemos que ir a Auckland, limpiar la caravana, hacer las maletas y devolverla, porque ponemos rumbo a España el día 7 a nuestras 23h (vuestras 11 de la mañana).

Mañana os contamos qué ha sido de nuestras incursiones playeras, tiempo mediante. Besos y abrazos!

viernes, 4 de diciembre de 2009

La batalla de Nueva Zelanda, Día 21: Viaje al centro de la tierra

El maldito despertador sonó a las 6:30 de la mañana. Horror, nuestros músculos no respondían a ningún estímulo. Era como si no fuera con nosotros, pero había que levantarse. Como siempre la que más sufrió fue Ana. La noche fue movidita para ella. Se nos había olvidado vaciar los meaos siguiendo nuestra maravillosa regla de "8 meaos y no más" (y que por cierto funciona) y a mitad de la noche ya empezó a tener unas ganas horribles de evacuar, pero por no salir de la fragoneta en plena noche y lloviendo, decidió aguantar. Mal hecho. Al final tuvo que salir a eso de las 4 y media de la mañana, y no sabemos cuánto tiempo llevaba maldurmiendo intentando aguantarse. Seguro que conoceis esa sensación. Así que a las 6 y media no había gitano que la moviera.

Teníamos que salir a eso de las 8 como muy tarde, y lo hicimos muy bien. Pese al ralentí con el que empezamos, Dani aceleró la maquinaria y conseguimos recuperar la marca personal, vaciao de meaos y rellenao del depósito de agua incluído. Antes de las 8 ya estábamos rumbo a las Waitomo Caves. El camino normalito, conseguimos ganarle 10 minutos a la estimación inicial del GPS, porque Dani ya se encuentra en la fragoneta como Alonso en su R26. Nota para las madres: esto quiere decir que ya vamos a velocidad normal en vez de paso tortuguilla y sin limpiar los arcenes, no alarmarse.

Antes de las 10 llegamos a las Waitomo Caves, donde teníamos reservada la actividad "Spellbound" a las 11. Nos dieron los tickets y teníamos tiempo hasta las 10:45 que nos venían a buscar para llevarnos a hacer la visita. En ese impasse entonces fuimos al i-Site para ver si podíamos resolver por fin el tema de la "actividad misteriosa", que ya podemos contar: nadar con delfines en la Bay of Plenty (Tauranga). En ese momento no pudimos resolver nada porque la previsión del tiempo era dudosa, hasta las 6 o 7 de la tarde no nos lo aseguraban, asi que dejamos el móvil para que nos informaran por sms.

Puntuales como clavos estábamos listos para la excursión. Mientras esperábamos hicimos un poco el canelo. Estuvimos ensayando el saludo Maorí que habíamos aprendido en la aldea anoche y algunos otros gestos con diferentes significados. En un momento dado hicimos el gesto de petición de matrimonio al estilo maorí que se diferencia de un saludo normal en darse un cabezazo más, muy delicado ello. No sabíamos que durante todo este rato estábamos teniendo público al otro lado de la puerta DE CRISTAL de la actividad. El guía de la actividad de hoy en concreto era un peazo de maorí que se estaba descojonando cosa fina, al igual que el resto de los integrantes del grupo de la excursión. Bien, ya no sólo cantamos, ahora entretenemos a las masas.

Nos subieron a una furgoneta, eramos 9 y por el camino estuvimos hablando con la gente. Todos muy majos, ya nos podía haber tocado esta peña en la cena de ayer!!. Había un matrimonio que eran un poco setas, con esos no hablamos. Pero luego había una pareja de jóvenes, creemos que americanos en uno de esos viajes que se hacen en plan "año sabático", ¿por qué no se nos pegarán estas costumbres?. Venían de pasar un mes en Australia y ahora empezaban en Nueva Zelanda, todo de camping vale, pero viajando. Luego había una suiza, que nos contó que acababa de perder su trabajo (la crisis tambien llega a Suiza) y que en vez de quedarse lloriqueando en casa, decidió con la indemnización salir a pegarse una vueltecilla por el mundo, era ahora o tal vez nunca. Hemos decidido que si nos echan, vamos a hacer lo mismo, os lo vamos avanzando, para que no os lleveis disgustos ni sorpresas. 

Y la traca final era unos jubiletas británicos que estaban dando LA VUELTA AL MUNDO, y estos no en camping precisamente. Acababan de llegar de las islas Cook (así de morenos estaban los muy hijos de la Gran Bretaña) e iban a estar tres? cuatro? semanas por Nueva Zelanda? Qué más da?. Quién dijo prisa?. Para luego pasar a Australia. Pero ahí no acaba la cosa de estos dos. Resulta que conocen España, bueno, en realidad conocen Torrevieja, donde tienen una casa, los muy hijos de la Grandísima Bretaña, donde pasan 10 semanitas al año más o menos, aparte de su casita de Southampton en Inglaterra. Casi nada. Les dijimos que nos gustaba la idea de su viaje, y que nosotros habíamos pensado en hacer lo mismo y que estábamos esperando a la jubilación (recordemos el capítulo del maravilloso autobús de Dani) para hacerlo, y nos dicen que bueno, que aún nos queda un largo camino hasta entonces, los muy hijos de la Grandissssiiiissssíííííííma Bretaña.

Llegamos a la primera de las dos cuevas que íbamos a ver. Nos dieron unos cascos de minero con luz. Dani muy apañao él se puso la luz en la nuca, empezamos bien. Nos vamos en fila india y nos adentramos en la cueva. Al cabo de unos metros el guía se para y nos manda apagar los cascos. No veíamos absolutamente nada. Seguimos avanzando y repetimos la jugada. Poco a poco, los ojos se acostumbran a la oscuridad y entonces es cuando empiezas a ver aquella maravilla. Millones de larvas luminosas iluminaban el techo de la cueva con puntitos de luz azul como si fuera el cielo más estrellado que jamás has visto. Nos montamos en una lancha hinchable, porque el camino discurría por el agua de un río subterráneo. Todos con los cascos apagados y adentrándonos en la cueva, poco a poco comienzas a ver más y más puntitos de luz. Además encima del río por la humedad hay más concentración. Hasta tal punto que podías ver el reflejo de la barca en el agua y al cabo de un tiempo nos veíamos a nosotros mismos. De verdad que es algo espectacular.

Nos explicaron por qué se daba este fenómeno. Las larvas permanecen 9 meses en los techos húmedos de las cuevas y en los bosques (solo que en los bosques es muy difícil verlas salvo en una noche muy cerrada), en su extremo tienen unas sustancias químicas que generan la luz para atraer otros insectos. A la vez, de cada larva cuelgan una serie de hilos pegajosos (como los de una tela de araña) pero en sentido vertical, como si fueran cañas de pescar. Cuando el insecto se acerca a ver la luz, se queda pegado y la larva comienza a recoger la caña hasta que se come a su presa. Así que además de ver los puntos de luz, cuando se iluminan con una linterna ves un montón de finísimos hilos como gotitas de agua pegadas unas a otras que cuelgan del techo. Como curiosidad una vez que nace el insecto sólo vive 3 días, lo justo para salir al bosque, trincarse a una fémina y aparearse hasta morir de agotamiento e inanición. Y la fémina pone 120 huevos y muere del esfuerzo. De los 120 huevos sólo sobrevive uno, que se come a los demás. Qué vida ésta. El caso es que tras una hora en la cueva admirando esa maravilla salimos de allí flipando.

Nos dieron un tentempié (café, té y galletitas) y nos fuimos caminando a la otra cueva. Ésta apenas tenía larvas, aunque se veían, pero era una visita muy chula del estilo a las cuevas de El Soplao o las cuevas de Valporquero. Vimos los restos fósiles de una especie de avestruz gigante que creemos se llamaba Moa, y que desapareció hace 400 años. Curiosamente se lo cargaron los maoríes por los animales que se trajeron con ellos, tipo perros (kuris para ellos). No sabemos si habíamos contado que los maoríes tampoco llevan tanto tiempo aquí. Lo colonizaron viniendo de otras islas algo antes que los ingleses.

Fin de la excursión y con las mismas rumbo hacia la Bay of Plenty, aunque aún sin saber muy bien si íbamos a poder hacer la actividad o no. Por eso mismo, tomamos un rumbo un poco "abierto", sin muchos compromisos. Por el camino pasamos por Matamata, más conocido como Hobbiton, por hacer el memo un rato, porque nosotros no somos fans de El Señor de los Anillos, y además habíamos leído que los decorados se destruyeron tras el rodaje por eso de los derechos de imagen. Colinas verdes bajitas de ese estilo habíamos visto ya muchas en NZ, así que era más por curiosidad que por frikismo. Nada que ver finalmente, lo tienen "rescondido" lo poco que les quedó; le hicimos una foto al cartel porque nos hizo gracia y seguimos camino.

Llegamos a Tauranga a eso de las 5 de la tarde, y fuimos al i-Site a ver si tenían información más actualizada de las salidas a ver delfines para el día siguiente, pero nos atendió otra rubia con chicle y limándose las uñas (la segunda excepción a la regla de que los neozelandeses son encantadores, amables, sonrientes y siempre dispuestos a ayudarte), así que pasamos de ella y nos fuimos con los folletos a la fragoneta a estudiarlos y llamar nosotros, ya que a ella no le apetecía. Aparte del que le habíamos dejado el teléfono por la mañana, llamamos a otro, que nos dio buenas perspectivas, y con éste hicimos una reserva incluso. Eso sí, nos dijo que volviéramos a llamar a eso de las 19:15 para confirmarnos definitivamente si se iba a hacer en función del tiempo.

Como todavía estaba la cosa dudosa, no reservamos ningún alojamiento, aparcamos la caravana y nos vamos a dar una vuelta y a cenar en horario neozelandés, al que ya estamos casi acostumbrados.  Estuvimos en un pub, el Coyote (no, las chicas no bailan encima de la barra, cachis), y mientras cenamos estuvimos viendo en una pantalla supergigante un partido de cricket, intentando adivinar las reglas del juego. Ni pa Dios. No hubo manera, aparte de que nos pareció leeeeeeeeeento. Era un Pakistán – Nueva Zelanda, ahí es nada.

Durante la cena habíamos recibido un SMS del primer sitio, Dolphin Blue. Nada, las previsiones no son buenas, mala mar por la mañana. Nos proponen salir el domingo, que prevén bueno. Nosotros ya no estaremos por la zona, así que le damos las gracias y nada, pero evidentemente no presagiaba nada bueno con la otra compañía. Al salir les llamamos y efectivamente, tampoco salen. También nos proponen el domingo, misma respuesta. Una pena, porque desde luego nos apetecía y nos daban muchas alternativas y con muy buena predisposición para adaptarse a nosotros, pero no nos cuadraba de ninguna manera. El de la segunda compañía, Dolphin Seafaris, incluso chapurreaba algo de castellano, decía que había vivido en España. Es al primer neozelandés que no le tenemos que deletrear García o González (y aún así luego lo vemos escrito como Gonzales, Garsia, Gonsalez...).

Pasamos de ponernos nostálgicos pensando en los delfines y aplicamos el plan B. Hemos aprendido a tener siempre un plan B, y esta vez no era menos. En lugar de dormir en el mismo Tauranga, cogemos la caravana y tiramos hasta Waihi Beach, para acercarnos un poco más a la Península de Coromandel, donde entonces pasaremos todo el fin de semana tranquilamente, que se supone que dan bueno, más que nada a partir de mañana por la tarde, y sin ninguna actividad programada más que ir a nuestro aire, que es lo que mejor se nos da.

La misma playa de Waihi es algo que tendremos que ver, es bastante famosilla para los locales, tiene 5 kms y es cuna de muchos surferos. Luego subiremos por la parte este de la península, y haremos probablemente noche en Whitianga, donde veremos la playa de Cathedral Cove, y la Hot Water Beach, que tiene un fenómeno bastante curioso que ya os contaremos si lo podemos vivir (estamos atentos a la tabla de mareas). Si es verdad que se cumple la previsión del tiempo y hace bueno pasaremos un fin de semana playero y tranquilo, un buen fin de fiesta. Moriremos quemados,  por aquello de la crema.

No tenemos muy claro si os podremos escribir los días siguientes, pero si no, ya sabéis que las crónicas las escribimos de todos modos así que os acabarán llegando. Besos y abrazos a todos!

jueves, 3 de diciembre de 2009

La batalla de Nueva Zelanda, Día 20: Territorio comanche

Kia Ora!

Al final no hicimos nada de lo que dijimos. Bueno, sí, pero no exactamente. El factor sorpresa e improvisación nos gusta bastante. Después de escribir el diario de bitácora, nos dimos cuenta de que lo de Whakarewarewa era más o menos lo mismo que íbamos a ver por la noche en Tamaki, así que decidimos no hacerlo.

Sustituimos entonces Whakarewarewa por una visita al Lady Knox, que es un géiser que está en Wai-o-tapu, donde habíamos estado el día anterior, y que la entrada nos daba derecho a verlo hoy, porque fuimos por la tarde, y el géiser sale por la mañana. Esto no lo habíamos contado ayer a nuestra querida audiencia. Así que nada, 21 kms al sur, y llegamos a Wai-o-tapu a las 10, y aquello era la mayor congregación de turistas que hemos visto desde los japoneses de Milford Sound.

Nos hacen pasar, y definitivamente aquello era todo un espectáculo de masas: tenían allí montado una especie de anfiteatro, y el fondo, el géiser, humeante, que cuando está tranquilo es una montañita de metro y medio de altura, así a ojímetro. Cuando se sentó todo el mundo, aparece un tío con un pinganillo tipo Madonna, y nos cuenta que la erupción es provocada (era sospechoso que el señor géiser fuera tan puntual todos los días), pero que si no lo provocaran, ocurriría de todos modos cada 24-72 horas. Lo que hacen es echarle una especie de megapastilla de jabón, que rompe la tensión superficial y bla bla bla, el caso es que aquello empieza a echar espumilla como la niña del exorcista, y acaba saliendo un chorrazo majo, de unos 5 metros, aunque se supone que puede llegar a alcanzar los 20 metros. Lo mejor es el temblor, acompañado de un sonido tipo león de la metro, justo antes de salir el chorrazo. Será provocado, pero la verdad es que impresiona.

Pasado el asunto turistada I, bajamos a Rotorua, porque teníamos que hacer unas comprillas, rellenar el depósito, e ir al i-Site a hacer unas reservas para días siguientes. Seguimos a la caza y captura del plato de microondas (hoy hemos preguntado en no menos de 6-7 sitios, aprovechando que encontramos una zona con muchísimos centros comerciales) y nada. Hemos decidido que le den por saco al plato, ya no vamos a mirar más, cuando entregemos la furgo que nos cobren lo que sea. Si fuera España, en una ferretería seguro que encontrábamos algo.

Cuando llegamos al i-Site no había corriente, así que entre esperar a ver si volvía la luz (porque sin ordenadores se acaba el mundo, señores) y mirar los folletitos que tenían ya echamos una hora, y al final salimos de allí con las ideas bastante claras, aunque con las reservas sólo a medias. No vamos a adelantar nada no sea que se nos chafe.

Como quiera que ya no quedaba en cualquier caso tiempo para el zoo gratis (oooooooh) nos fuimos a nuestros baños termales relajantes en el Polynesian Spa. Nos hubiera gustado darnos unos masajitos, pero no había plazas, así que nos conformamos con los baños, una zona de 5 piscinas, con temperaturas entre 38 y 42 grados, al aire libre, con vistas al lago Rotorua, y con el agua de la zona, que como os podéis imaginar, apestaba a azufre. En la primera que nos metimos, la más fría, el agua tenía un color amarillento, y tenía disueltas unas partículas blanquecitas, y allí estuvimos caminando como si acabáramos de aterrizar en la luna. Las siguientes, que estaban a diferentes temperaturas, más calentitas, tenían partículas más grandes y marronuzcas flotando, suponemos que como parte de las aguas termales de la zona. Esperemos que no sean restos de pelotillas de los pies de la gente, como van a todos lados descalzos... En cualquier caso era un gustazo y salimos de allí nuevos, eso sí, nos frotamos bien para quitarnos cualquier resto de olor. Así que, finalizada la turistada II.

Como el agua da mucha hambre, comimos en un café recomendado por la biblia, el Capers Epicurean, que desde luego estaba de cine. No es que hayan inventado la rueda, pero es el típico sitio que se curran cuatro cosas ricas saladas para picar (tipo paninis, quiches, y similares), y luego un surtidito de tartas, ponen un café rico, y a triunfar. Allá que cayó un panini y una cosa que no recordamos como se llama, pero que era una especie de empanada de aceituna negra y queso parmesano con pimiento y alguna cosa más. Luego un par de cafetitos y un fudge (una especie de tarta de chocolate de bizcocho), y listos.

Después de una paradita en el camping, ya nos vinieron a recoger para el temita de por la tarde-noche, que era el espectáculo maorí en Tamaki. Uno a veces igual se hace la imagen de que vas a ver algo muy tradicional y rústico, pero nada que ver, menudo montaje que tienen los gachos. 4 autobuses (que recogían a la gente en diferentes lugares de la ciudad) para llevarnos a todos al pueblo en sí. Te daban un ticket donde te ponía el autobús que te tocaba, el conductor que te llevaba  y la mesa que te tocaba para la cena. Por el camino el conductor era tambien animador del cotarro. Con un micrófono a la vez que conducía iba contando cosas en plan jocoso, preguntaba las nacionalidades de la gente y tambien nos explicó qué teníamos que hacer cuando llegáramos allí. Al parecer la parte crucial era la bienvenida, o el recibimiento (Te Weru) en la aldea (Marae). Para ello, nos dijeron que teníamos que ser extremadamente respetuosos con la danza, gritos y movimientos que hacían y no reírnos ni movernos, que era una cuestión de respeto a su tradición. Tambien tenían que elegir a un "líder" de cada autobús para ejercer de representante frente al jefe de la tribu en esa especie de acto de bienvenida a las puertas de la aldea. Evidentemente nadie se presentó voluntario, así que el conductor empezó a lanzar indirectas y chistes para ver quién podría ser. Como tenía que ser un hombre Ana respiró tranquila. Pero Dani empezó a ponerse nerviosito, entre otras cosas porque estaba en el ángulo de visión perfecto del retrovisor del conductor. Además llevaba una camiseta roja, bien llamativa, vamos que era un reclamo. Mientras el conductor hacía adivinanzas, el corazón de Dani latía a mil, y estaba concentrado en un único pensamiento "a mí no, a mí no". Ana por su parte, tenía la risa floja y estaba concentrada en otro pensamiento "a Dani sí, a Dani sí". Finalmente tuvo suerte y el elegido fue un inglés que iba detrás de Dani, de chiripa, porque el conductor nos dijo luego, que si el líder no lo hacía bien, sería Dani el sustituto. 

Llegamos a la aldea y bajamos del autobús. Los líderes elegidos en primer plano, y de repente cánticos y gritos. Salieron los maoríes vestidos con sus trajes y pintados con sus tatuajes hasta en la cara. Dan miedito. Sus danzas van acompañadas de unos gritos y unos gestos faciales que ni Pocholo cuando se dio cuenta que había perdido la mochila. Finalizada la bienvenida entramos al poblado y nos explicaron cómo vivían. Luego nos pasaron a una especie de auditorio, donde nos contaron historias e hicieron bailes y cantos típicos. Cómo cantan los jodíos. Estuvo superbien. Y la mejor danza la famosa "haka", la que hacen los jugadores de rugby de la selección de Nueva Zelanda antes de cada partido para acojonar al personal, y no es pa menos. Tambien cantaron una canción muy chula que habla sobre el romance de Tutanekae e Hinemoa, una leyenda de dos jóvenes maoríes, tipo Romeo y Julieta, pero en maorí, sólo que estos son más listos y no mueren.
Finalmente nos pasaron a la cena. Nos tocó en una mesa con el frente de juventudes. Bajábamos la media de largo, podíamos ser los nietos de cualquiera de ellos, así que nos dedicamos a hablar entre nosotros y aprovechando que eran todos australianos y no hablaban mucho pos estuvimos ejerciendo el critiquismo, nuestro deporte nacional. La cena estaba muy rica y tras un paseo por los alrededores para bajarla y cánticos varios nos fuimos de vuelta al autobús.

De nuevo por el camino nuestro conductor-animador empezó a hacer de las suyas. Esta vez dijo que quien tenía que entretener eramos nosotros a él. Así que cada nacionalidad presente en el autobús tenía que cantar una canción típica del país. Parecía el autobús del cole que se iba de excursión. Los únicos españoles nosotros, pos ahí nos veis todos nerviosos pensando qué canción ibamos a cantar. En momentos de tensión es increíble cómo la mente se queda en blanco. Ana empezó a sacar repertorio sugiriendo a Dani diversos temas: nuestro"Que viva España" de Manolo Escobar, "Pavo Real" de El Puma, "Algo se muere en el alma", "Paquito chocolatero", "Escándalo" de nuestro querido Raphael y unas cuantas más. Problema: Dani no se sabe ninguna de este cancionero tan moderno. Por lo menos sugirió la buena, así que nos decidimos por nuestra canción creemos más internacional: "La Macarena" AHHHHH. Así que nada, los australianos, que eran la mayoría, cantaron la suya, los polacos cantaron una especie de marcha militar, los canadienses chapurrearon algo que ni se entendió y al conductor parecía que se le olvidaba nombrar a España. Así que nosotros callados como perros. Pero al resto del autobús (cabrones), no se les había olvidado que había dos españolitos, asi que empezaron a gritar "Spain, Spain" y el conductor nos dio paso. Pues nada, ahí estában Dani y Ana cantando la Macarena para todo el autobús, penoso. Pero el público nos siguió, buena elección. Dimos por finalizada entonces la Turistada III. 

Ha sido un buen día, turístico total y relajado. Mañana madrugamos porque nos vamos a ver las cuevas de Waitomo, ya os contaremos mañana. Tenemos dos horitas hasta allí. Después no sabemos dónde dormiremos.Todo depende de si sale una actividad para el sábado por la mañana.

Seguiremos informando. Besos y abrazos para todos,  ehhhhh Macarena AHHHH.

miércoles, 2 de diciembre de 2009

La batalla de Nueva Zelanda, Día 19: El perfume

Después de muchos días chupando coche a saco, hoy por fin tocaba hacer bastantes cosillas, y más aún mañana. Pero, ¿dónde nos habíamos quedado ayer?

Ah, sí, en las pelis, pizzas y demás. Las pizzas estupendas, pero la peli nos duró menos que un caramelo a la puerta de un colegio. Según pasó el león de la Metro, y el logo de la Paramount Ana ya empezó a "respirar fuerte", para después de los primeros dos diálogos ya roncar sin miramiento ninguno. Tanto, que Dani no podía ni entender bien la peli, así que empezó a hacer el típico sonidito ese de "chk, chk, chk" a ver si la cosa remitía. Ana se despertó, y al oír el sonido se dió cuenta de que estaba roncando como un camionero y se empezó a escojonar, así que fiesta y jolgorio padre, "es que es la postura, es la almohada...", lo típico, pero de la peli no nos estábamos enterando de nada. Como quiera que Dani también empezaba a flaquear, decidimos olvidarnos de la peli y sobar. Así que "El curioso caso de Benjamin Button" seguirá siendo curioso y misterioso para nosotros.

Por cierto, antes de ver la peli llamamos a España a la agencia de viajes para comentar el tema del cambio del pasaporte y nos han dicho que no afecta en nada a la reserva, porque ellos no dan el número de pasaporte en la reserva. Un problema menos, pues.

Esta mañana nos costó un triunfo levantarnos, cada vez nos cuesta más. Se supone que ya tenemos que tener el tema del jet-lag superado, así que ya no sabemos si es cosa de estar boca abajo, o qué... la verdad es que también uno acumula cansancio de tanto desplazamiento y demás. En cuanto conseguimos ponernos en marcha, nos fuimos hacia las Huka Falls, en el mismo Taupo. Son unas cascadas bastante chulas, más que nada por el color del agua (completamente trasparente, es bastante alucinante, que cuando cae en la cascada se convierte en un azul precioso), porque la caída en sí no es gran cosa. Íbamos pensando que íbamos a ver una cascada tipo anuncio de Fa y al final la cosa se parecía más a cuando tiras de la cadena del váter pero en grande. 

El camino hasta llegar a ellas fueron 2 horas ida y vuelta que nos daba unas vistas muy chulas del rio Waikato, y que además nos ayudó a estirar las piernas, que estaban un poco agarrotadas del día anterior. Por cierto, en medio de la caminata hay un punto que llaman el Hot Water Stream (corriente de agua caliente), que es un riachuelo que baja con una temperatura del agua tremenda, y que es un afluente del Waikato. La gente llega allí, se despelota (pero se queda en bañador, guarretes), y se baña allí mismo. Nosotros hubiéramos hecho lo propio si no fuera porque el día no estaba muy soleado y nos daba pereza, pero Ana metió los pies a ver qué se sentía. Pues calorcillo, como era previsible. Es muy chocante que el agua esté tan caliente (unos 40ºC), y además el vapor que se forma alrededor es de lo más curioso.

Una vez de vuelta a la caravana, pasamos olímpicamente de llamar para el Tongariro (hemos decidido que perdió su oportunidad ayer, ahora ya no le vamos a esperar más, aunque acabamos de mirar la previsión y es mala para mañana también, así que acierto total), y vamos a Orakei Korako, una zona geotermal 25 kms al norte de Taupo. Así ya íbamos a enfilar hacia Rotorua.

Para llegar a la zona te llevan en un barquito para cruzar un tramo de lago de 100 metros, y empiezas a caminar por alrededor de una lengua de sílice, que comienza en lo alto de la montaña y termina 25 metros bajo las aguas del lago. Es una auténtica pasada, te das cuenta de que en realidad estás encima de una zona volcánica bestial, prácticamente toda la isla norte. En la propia lengua y alrededores está lleno de pequeños laguitos de agua con colores muy curiosos, géiseres pequeños, y en la zona más alta, unas burbujas de barro de lo más curioso. Todo esto, dentro de un humo que sale de la diferencia de temperatura con el exterior, y de los gases de azufre. Lo de los gases de azufre es una historia aparte, y de ahí el título de la crónica del día, porque aquí fue donde empezamos a percibir el "perfume" del H2S, el gas de los huevos podridos, que es auténticamente vomitivo.

Tambien tiene una cueva donde se aloja un laguito de color verde esmeralda muy bonito. La leyenda dice que si tocas el agua con la mano izquierda y pides un deseo, se te cumple (es un lugar sagrado para los maoríes). Pues allí que iba Ana en primer lugar con su deseo pensadito a probar suerte. Luego Dani (que seguramente habrá pedido que el Sporting gane la liga o al menos clasifique para Champions), y luego Ana como que se quedó con la duda, 

.- Ays, tenía que haber pedido otra cosa, ¿qué hago, pido otro?
.- Haz lo que quieras, mira a ver que la avaricia rompe el saco.
.- ¿Pasará algo si pido otro?
.- Venga va, pesssssaaaá pide otro, que si no, no me vas a dejar de dar la murga.
.- Bah, venga, lo pido. Ay qué nervios.

Allá que fue con su segundo deseo y cuando acabó el ritual, el perráncano de Dani le dice, "Ya verás, seguro que por abusona ahora no te conceden uno". Menuda cosa le dijo!!!. Al final Dani convenció a Ana, que no se preocupara y que seguro le iban a conceder los dos, porque si no, alguien no duerme hoy. Por cierto, al parecer este agua también tiene propiedades "lavativas", cosas de todas las guarradas que tiene disueltas. Dicen que si uno pone las jojoyas durante 5 minutos dentro, y con sólo frotar un poquito con los dedos, salen relucientes. Dado que nosotros no tenemos joyas no pudimos probarlo, y casi mejor no meter nuestros anillos de plata egipcia, no vaya a ser que se disolvieran enteros en vez de salir limpios.

Seguimos camino y vemos el famoso helecho gigante "Ponga", cuya hoja es símbolo de Nueva Zelanda, una hoja, que al parecer se pone de color plateado por el revés, dando el color al susodicho símbolo que se ve por todas partes. Estuvimos observando y donde Ana lo veía claramente Dani no veía absolutamente nada. Hombres, que no saben qué es el blanco roto o el rosa palo. Al final parece que logró percibirlo. Después de 1 hora de caminata por la zona, nos vuelven a recoger en el barquito y ponemos rumbo a Rotorua.

Por el camino, nos encontramos con Wai-O-Tapu, que queríamos visitarlo pero en realidad no sabíamos que nos lo fuéramos a encontrar, así que en plancha, que así mañana no tenemos que volver sobre nuestros pasos. Es más o menos la misma idea que Orakei Korako, sólo que más grande y también con algún otro tipo de cosas que no habíamos visto en otro lado, y en cambio en éste no había géiseres, salvo uno, el Lady Knox, que sólo emerge a las 10:15 AM, así que no lo vimos. Pero desde luego que era espectacular. El sitio, y el olor. Dios qué olor. Lo del sitio anterior era una delicatessen comparado con éste. Dani tenía una cara de asco durante todo el rato que no cuadraba para nada con los "qué pasada" y "cómo mola", pero es que los aromas eran mareantes. A Ana le sirvieron sus años de laboratorio entre gases inmundos y se encontraba en su salsa. Las risas que se pudo pasar Ana con Dani cada vez que le miraba la cara eran pa verlas. Dani pasó por varias fases, primero se ponía la mano en la cara a modo de máscara, pero claro, así no podía hacer fotos. Así que pasó al método "voy a respirar por la boca", pero claro, pasábamos por bosquecillos donde había mosquitos, así que en una última y desesperada mejora de la técnica, pasó a la cara que Isabel Pantoja y Julián Muñoz dieron a conocer con la famosa frase "dienteh, dienteh, que eh lo que le jode", es decir, sonrisa permanente apretando los dientes, para filtrar a los jodíos insectos. De foto. Todo esto acompañado por eructos constantes, ocasionados por la revoltura de estómago que llevaba el chico, como un cráter más de los que había alrededor.

Decir que el parque en sí es aún más impresionante que el anterior, por la cantidad de colores que tienen las erupciones, extensiones bestiales, lagos... lo más llamativo sea probablemente la "Champagne Pool", que es una especie de lago humeante de color naranja-dorado, y cuya superficie hierve en pequeñas burbujitas, dando un sonido como el del champán. También nos impresionó mucho la "Frying Pan" (sartén), un lago amarillento y verde con zonas donde se veía el agua hervir, y otro llamado "La Piscina del Diablo", un cráter lleno de agua completamente verde chillón del arsénico que contenía. Vamos, como para pegarse un chapuzón.

Después de una hora y media de caminata, y con mareos de Dani de la peste que hacía, salimos de allí ya dirección Rotorúa, donde nos recibió otra vez ese encantador aroma. No entendemos cómo pueden vivir con esta peste, es como ponerte la casa al lado de la Ensidesa en Avilés o de la Solvay en Torrelavega. De hecho estamos bastante obsesionados y no sabemos si tenemos el olor metido en la nariz o realmente despedimos olor a huevo podrido, parecemos perros olisqueándolo todo y diciendo "pues hueles un poco".

Cuando hemos llegado a Rotorua hemos ido directamente al i-Site, a organizar el día de mañana. Estaremos aquí dos noches, esperemos que nuestro olfato se adapte al medio, es una cuestión de supervivencia, seguro que los de aquí no lo huelen ya. Primero nos atendió la típica rubia gordita que sólo le faltaba ponerse a limarse las uñas mientras masca chicle y ni te mira a la cara, de los pocos neozelandeses que no nos han atendido bien, porque son todos de un encantador que hasta resulta sospechoso viniendo de España. Tanto buenrollismo es inquietante. Bueno, el caso es que no nos resolvió nada, pero nos dió un montón de folletos, que nos fuimos a estudiar con calma a unos sofás, y luego tomada la decisión después de un inquietante debate volvimos al mostrador y nos atendió una colega de la anterior, de rasgos maoríes, y tan maja que casi nos la llevamos pa casa. Nos lo resolvió todo, hizo un par de llamadas pa consultar... un encanto. 

El caso es que lo que haremos (probablemente) mañana es:

.- Visitar el poblado de Whakarewarewa
.- Visitar una especie de zoo extraño en Rotorua (esto nos lo han regalado, y como buenos españoles, aunque no nos apetece demasiado, siendo gratis, igual vamos aunque acabemos con la lengua fuera de tanta actividad)
.- Pegarnos unos baños en el Polynesian Spa
.- Pasar la tarde en el poblado maorí de Tamaki, con una hangi (cena maorí típica), haka (danza guerrera) y mil historias más.

Lo que no tenemos ni idea es cómo lo vamos a cuadrar. Lo único que está reservado con hora fija (a partir de las 5 de la tarde hasta las 9 o así) es la tarde en Tamaki, así que el resto lo organizaremos como buenamente podamos, alguna cosa igual hasta se cae de la lista. Nos dolería en el corazón (es gratis!), pero el zoo ese raruno es el primer candidato.

Ahora mismo acabamos de llegar de cenar, hoy para variar un poco hemos ido a un tailandés. En NZ la comunidad asiática es potente, de hecho la segunda nacionalidad más presente después de los neozelandeses es la koreana, antes que la australiana, por ejemplo. Así que un poco de comida asiática también puede formar parte de nuestra ruta gastronómica por el país, y tampoco viene mal. De entrantes nos hemos tomado los clásicos rollitos de primavera, a ver si sabían distintos, pero no, son iguales que en todos sitios, y un pollo satay, que son unas brochetas con salsa ligeramente picante de cacahuete, muy ricos. 

Luego, de segundo Ana se ha pedido un pato asado con verduras, y Dani un pollo con cebolla, patata y almendras, y una salsa de curry y coco. Macanudo todo. Hemos procurado tener cuidado con el picante, ya avisaban de que había que tener precaución. Para hacerse una idea, el pollo con curry de Dani estaba clasificado como 2/6 en la escala de picante, decían que era "Mild" (flojo), y todavía le dura un suave frescor en la boca. Un indio (de la India) que teníamos delante se ha crecido y ha pedido una sopa que debía de ser 5/6 o 6/6, y ha habido un momento que le hemos visto de color rojizo (y eso que son medio negros y se les nota menos) y bebiéndose hasta el agua de los floreros, y ha llamado a la camarera para decir que estaba demasiao pa su body. Y eso que era indio!

Pues nada, a la cama vamos. Aquí anochece antes (estamos unos 1000 kms o más al norte en línea recta que cuando estábamos en los Catlins, y se nota, tenemos una hora menos de luz por la tarde, y creemos que amanece antes), así que ya apetece. Besines a todos, os seguimos contando.

martes, 1 de diciembre de 2009

La batalla de Nueva Zelanda, Día 18: El día de la marmota

Pues sí señores, el despertador, el maldito despertador, fue implacable y a eso de las 5 de la mañana sonó con más fuerza que nunca, o al menos eso nos pareció. Tal y como habíamos anunciado, básicamente la labor fue vestirse y de la cama al asiento del conductor y del copiloto. Ni desayuno, ni lavao de legañas ni ná, pa qué. Ya nos sabíamos el camino y con la cama puesta llegamos a hacer el check-in, ya había cola. Nos dieron los tickets y a esperar para entrar en el ferry. (Vaya, esta situación nos sonaba, como que ya lo habíamos vivido). En ese impasse, aprovechando que no habíamos hecho la cama, Ana se acurrucó de nuevo cual ovillo entre las sábanas y se marcó una siestita de algo más de media hora, mientras el pobre Dani esperaba en el asiento del conductor por si le pedían mover la caravana. En estos momento Ana se está dando cuenta de lo mala persona que es y de la jeta que puede llegar a tener, aunque por la mañana le parecía una grandísima y genial idea.

Pasadas las 6 nos metieron dentro del ferry, nuestro tercer ferry. Era el ferry menos molón, cachis!, no el superferry de la segunda vez. Pero bueno, para lo que ibamos a hacer, no nos hacían falta muchos lujos. A las 6:20 estábamos haciendo cola en el restaurante del ferry para desayunar. Un desayuno ligerito: huevos, salchichas, bacon, pan tostado, tomate y una muffin (una supermagdalena) que compartimos como buenos herm... esteeeee, novi... esteee... ¿hechos? Maldita sea, cuando hicieron esto de la pareja de hecho deberían haber pensado en cómo se iban a llamar los contrayentes después. Es LA pregunta, "¿Y entonces ahora que sois?" Mierda, no hay respuesta. Hechos, somos hechos. Volvamos al tema que nos dispersamos. En nuestra defensa hay que decir que no había más alternativa, o eso, o café a pelo, así que hicimos un esfuerzo.

Y tan cansados quedamos del esfuerzo que nos fuimos directos a los asientos reclinables y nos echamos una siesta por su sitio. Básicamente despertamos cuando llegamos a Wellington, unas dos horas y media después. No fue un sueño profundo, pero al menos dio gustito. Debió de haber marejada, de la buena, por el camino. Ana se dio cuenta que el barco se movía bastante, pero le podía el sueño. Y Dani por su parte, soñó con que iba en un avión enorme que hacía vuelos rasantes dando bandazos. Por todo esto deducimos lo de los movimientos del barco. Menos mal que estábamos dormidos porque si no, no sabemos dónde habrían ido a parar los huevos y las salchichas.

Llegados a Wellington, esa vieja conocida por nosotros, no tuvimos ni que encender el GPS. Directos al parking del Museo Te Papa, que era barato, y de allí a la embajada, ya estábamos dentro de su horario flexible. Nos atendieron enseguida y nos dieron el nuevo pasaporte de Dani, que tiene un número distinto, así que habrá que volver a registrarse en la página del ESTA (siempre que pasas por EEUU tienes que registrarte en esta página por temas de inmigración) y hacer una consulta a la agencia de viajes por si hay que hacer algun cambio en el billete, que está sacado con el otro pasaporte. De todas formas llevamos el viejo (aunque desactivado), así que no creemos que haya problemas. El niño del pasaporte le vamos a llamar. Bendita Europa comunitaria que nos vale con el DNI.

Finalizados los trámites teníamos una pichada de km por delante. La friolera de 400 hasta Taupo. En coche 400 km son un paseíllo, pero en esta fragoneta no pudiendo pasar de 100 km/h luchando todo el rato con el volante por el viento y con una suspensión que parece la de un carricoche de bebé,  pues cansa. Paramos a comer en un sitio en la carretera en medio de la nada, que era poco menos que una granja escuela. Podías visitar a los gallos y todo. Y vendían gatitos.

Los paisajes que hemos visto de la isla norte han cambiado bastante con respecto a la sur. Hay mogollón de minicolinitas todas sin árboles y cubiertas de césped como recién cortado (por las ovejas) de un verde muy llamativo. Para los que han visto las pelis del Señor de los Anillos, básicamente Hobbiton – donde vivían los Hobbits-  (aunque no hemos estado en Matamata, que es el verdadero Hobbiton). Y luego cuando seguimos avanzando y empezábamos a dejar el Parque Nacional de Tongariro a nuestra izquierda, el paisaje cambió a volcánico y bastante desértico, que es un contraste bestial con todo lo que habiamos visto hasta ahora. 

Justo cuando terminó ese paisaje desértico-volcánico llegamos a Turangi. Paramos para preguntar en el i-Site cómo era la previsión del tiempo en los próximos días, para ver si nos cuadraba y podíamos hacer la "Tongariro Alpine Crossing", según la biblia es la mejor caminata de un día de Nueva Zelanda. Pero no parece que las perspectivas sean buenas. Mañana llamaremos a ver si la cosa cambia. Tampoco estamos muy afectados, casi estamos deseando que nos digan que va a hacer malo, porque hemos estado pensando en darle un giro a estos últimos días bajando el pistón y disfrutando con más calma de todo, tipo viaje de placer, y tal. La zona se presta a ello.

Llegamos a Taupo a nuestro Top 10. Eran las cinco y poco (es decir, nos levantamos a las 5 de la mañana y 12 horas después, no habíamos hecho nada excepto pegarnos un viajecito en ferry, una visita a la embajada, y 400 km de carretera, nostamal). Pensábamos ir a ver alguna cosilla que venía en la Biblia, pero nos informaron que ya estaría todo cerrado o a punto de. Aquí al parecer en la isla norte, se paga por todo, a diferencia de la sur, que era todo salvaje y no se pagaba por nada. Así que acorde a nuestra nueva filosofía decidimos pegarnos un baño en la piscina del camping. Una piscina al aire libre pero a 30ºC, qué gustito. Y tenía otra anexada que estaba a 39ºC, buah, la leche. Se nota mucho que aquí hace más calor que en la sur. Desde que nos hemos bajado de la caravana hace una temperatura muuuuucho más agradable que en la sur. Sabemos de una que va a dormir mucho mejor, y tal vez de uno, que empiece a sufrir un poquito más. 

Ese bañito nos dejó tan relajados que decidimos ir a por unas pizzas a un Pizza Hut que hay aquí al lado y alquilar una peli, ("El curioso caso de Benjamin Button"), porque aquí en los campings te alquilan pelis de DVD y nosotros atención señores, tenemos DVD en la caravana, con una tele de pantalla plana. Así que como en casa, pizza, peli y pa la cama. De hecho las dos últimas probablemente vayan juntas, por aquello del espacio. Desconocemos si llegaremos al final de la peli, porque estamos más cansados que dos perros pequeños.

Mañana más fresquitos y seguro con más cosas que contar seguiremos informando. Probablemente dormiremos en Rotorua, pero antes veremos unas cosilas muy interesantes, tiempo mediante.

Besitos y abrazos para todos.

P.D.: Ana se ha vuelto a dar un ostiazo con una tele, en este caso la de la caravana. Nos os preocupéis que está bien.

lunes, 30 de noviembre de 2009

La batalla de Nueva Zelanda, Día 17: Liberad a Willy

Estaba tan liberada que ni la vimos. Vamos, que se canceló el tema ballenas, pero lo intentamos.

Hoy tocaba madrugón, o bueno, madrugar, madrugón será lo de mañana. Y cumplimos, consiguiendo hacer el tema: deshacer cama – ducha – vestirse – montar desayuno – fregar – recoger caravana – desconectar de electricidad – verificar que está todo atado, en menos de 1h 30m, récord personal. Y eso que pasamos por el supermercado, o el supermercado vino a nosotros, mejor dicho: cuando estábamos fregando, una pareja de alemanes muy majetes empezó a ofrecernos toda su despensa porque ellos ya se iban, así que hicimos la compra: esto sí, huy que bien, esto no, ya tenemos, esto nos viene genial, qué majos... lo más destacable para Ana ha sido la adquisición del Nesquik y el Nutella. En una trifulca inicial en la primera visita al super cuando llegamos a NZ, Dani vetó la compra de cualquier chuminada-mariconada tipo Nesquik o Nutella:

"No estamos en Madrid, luego nos sobra la mitad, ná, café, azúcar y a correr".
"Jo, pero a mí me gusta el Cola-Cao...". 
"Nah, maricaprichines, ahora te va a gustar el café". 
"Bueno, vaaaaale" dijo Ana con la cabeza gacha.

Pero Ana guardó con rencor este momento en su interior, y la cara de júligan de hoy al ver el bote de Nesquik era impagable. Nunca un bote de cacao en polvo pudo hacer tan feliz a una persona.

Este episodio nos ha hecho pensar en otra forma de hacer la compra, arramplamos con todo lo que encontremos suelto en los campings. ¿Que sólo hay sardinillas en lata? Pues a palo seco ¿Que sólo hay frutita? Pues hacemos papilla y se lo inyectamos a Dani por vena ¿Que sólo hay kiwis? Bueno, pues le pinchamos a Ana un Urbason y pa dentro. Tenemos que pensarlo un poco mejor, pero tiene buena pinta este nuevo planteamiento.

Nos plantamos en recepción a las 8 y poco, y ya nos dijeron que estaba la cosa malita (50% de posibilidades) para ir a ver ballenas en Kaikoura, pero que aceptaban reservas: el primer barco había salido y de los demás todavía no sabíamos. Así que nada, hicimos la reserva, y también reservamos el Top10 de Picton para por la noche y el ferry para mañana a primera hora. Para la hora molona (10 a.m.) ya hace tiempo que se agotó el billete barato, así que salimos a las 6:25 a.m., pero hay que hacer el check-in a las 5:25 a.m. (oh-dios-mio). Nuestro problema parte de la recogida del pasaporte: atienden en un flexible horario de 10 a 1 y de 3 a 5 (no sabemos si con parada para el bocata, esperemos que no), así que como el ferry tarda tres horas, el último que vale es el de las 10 a.m. si no nos queremos quedar tirados un día en Wellington.

En el momento de la reserva, la chica, muy eficiente, la puso a nombre del señor y la señora González. Al oir esto, la cara de Ana adquirió un color violáceo, se arremangó como un camionero y le faltó un pelo para soltar algo así como: "verá usté, señorita, de González nada, García, mona, GAR-CI-A, que yo sólo soy de mi padre y de mi madre, y a éste lo encontré en la calle". Dani, que ya conoce el orgullo cazurro de su pareja de hecho (ahem), se apresuró a indicar: "No, perdone, en España mantenemos el apellido de solteros, es Ana García, gracias". Qué diplomático es este chico.

Bueno, todo reservado hasta donde sabemos, cada uno con su nombre, faltaría más, pues nada, en marcha. Sin novedad por el camino (hemos empezado a pensar en los regalos de Reyes para matar el rato), llegamos a Kaikoura. En el sitio donde habíamos reservado (Whale Watch), preguntamos cómo estaba la cosa para salir, y no se atrevieron a decirnos nada, que volviéramos en una hora y media (habíamos llegado con mucho adelanto) y nos dirían, pero el anterior lo habían cancelado. El caso es que nosotros como lobos de mar que somos, sobre todo Ana, veíamos el estado de la mar estupendamente, diríase que como un plato. Nada, seguro que salimos.

Hicimos un poco el canelo, y volvimos: CANCELADOS todos los barcos del día. No aseguraban tampoco mañana, así que nuestras previsiones de ferry y demás era, desgraciamente, correcta. Pero decidimos no ahogarnos en pena, sino en comida, como es habitual, así que: "Y si nos metemos una langostita?". Leímos la biblia, y recomendaban dos sitios: el "emblemático" Nins Bin, y el "sensacional" Kaikoura Seafood BBQ. 

"¿Qué prefieres, emblemático o sensacional?"
"Emblemático suena a que lleva ahí mucho tiempo, pero sensacional suena a que es mejor, no?"
"Posí, vamos al sensacional"

Metimos la dirección en el TomTom, y cuando nos íbamos acercando vimos una casa a lo lejos. "Debe ser eso, qué vistas al mar". Y tanto. Porque no era esa casa, el "restaurante" estaba al lado, era un puesto montado por cuatro amigos con dos tablas y una plancha de cocinar en el arcén de la carretera. A veces la biblia tiene estas cosas. Eso sí, había bastante ambientillo de gente con la Lonely Planet en la mano. Así que nada, nos aventuramos, elegimos nuestra langosta (sí, se elige de la nevera, y cada una tiene su precio), y lo decidimos acompañar de un poco de pescado a la plancha también. Hecho el pedido, te dan una piedra con un número (de estas para hacer rana en los ríos) y te sientas en cuatro mesas que han puesto a lo largo del arcén a esperar a que te la traigan. Los muy perrunos se han puesto en una zona del arcén que tiene dos bancos más de estos públicos, así tienen más mesas. Qué jodios. Pero vamos, que vienen en la biblia, así que deben de llevar ahí ni se sabe cuánto tiempo...

El plato estaba co-jo-nu-do, las cosas como son. Es curioso comer mientras ves un tractor pasar, a veces llueve, las gaviotas tienen hambre, llevas cuatro capas puestas para quitar el frío (otra vez se han dejado la puerta abierta)... toda una experiencia. Comimos al más puro estilo "La isla de los famosos", porque el entorno te da muchas licencias: te rechupeteas los dedos sin miramientos, más que nada porque no hay servilletas, no te importa hacer ruiditos (más grita la gaviota encabronada que tienes al lado muerta de hambre), etc. Terminamos de comer, y ojo: hay que recoger el plato, tirar las sobras a un cubo de basura empujando con el tenedor (y teniendo cuidao que la gaviota no se tire en plancha al cubo), y dejar los platos en otro contenedor. Vamos, como en casa. De ahí a la furgo, y de postre un kit-kat.

Con el buche lleno, repetimos paso por Ohau Point, que ya habíamos visto en nuestra "huida a Wellington a por el pasaporte" 15 días antes. Esta vez paramos mucho más tranquilamente y en muchos más sitios. Intentamos ir a un sitio que nos habían dicho donde había focas bebé, pero no hubo suerte. Pero en la playa de al lado había cientos de focas. Era espectacular, nada que ver con lo que habíamos visto la otra vez. Gamba hizo hasta vídeos, y prácticamente no hubo que usar los lechuzos (nombre asignado a los prismáticos chusqueros de los chinos), porque estaban a cinco metros de nosotros. Cómo huelen a una mezcla de sudor y pescao, la firgen! Parece que después de ver tanto animal libre en su entorno te acaba pareciendo hasta normal, pero si te paras a pensarlo, es algo increíble.

A partir de ahí nos empezó a llover, y como ya habíamos visto todo lo que podíamos ver en Kaikoura, caminito a Picton, que así llegamos pronto y descansamos, que nos hará falta para mañana. Nuestro tercer ferry, Ana está a ver si le dan la gorra del capitán Pescanova.

Hemos aprovechado a seguir ahogando penas en comida (en realidad estamos muy contentos, pero es que las alegrías no se ahogan, no?), y salimos a hacer un casting de restaurantes por Picton (no hay muchos). El ganador fue el The Barn, aunque había uno que estaba dentro de un barco en el puerto que nos hubiera gustado ver, pero estaba cerrado (está en venta todo, el barco y el restaurante). En el Barn nos tomamos un chuletón de ternera neozelandersa la señorita Ana, y una pechuga de pollo sazonada con pesto Dani. Sin comentarios.

De vuelta al camping hemos tenido que ir a ducharnos con chubasquero, porque está cayendo la de Dios, de hecho probablemente hubiera bastado con echarse gel y salir a la calle, el resultado hubiera sido el mismo. Nos vamos a acostar pronto porque mañana estaremos a las 5 a.m. en pie (cada vez que escribimos esto Ana tiene espasmos), menos mal que el ferry está al lado del camping. Hemos pensado que no vamos a deshacer la cama, nos la llevamos puesta hasta la cola del check-in del ferry, y dormimos una siesta hasta que nos llamen. Es más, pensamos en llevar a Ana durmiendo hasta subir la furgoneta al ferry, y luego ya si eso subía, pero tememos por su seguridad con algún bache, cual plato de microondas. Lo que sí haremos seguro es desayunar en la cola, ventajas de llevarse la casa a cuestas.

Una vez que pasemos a Wellington, a eso de las 9:30 o 10, iremos a la embajada, y recogeremos el pasaporte, esperemos que sea un trámite rápido. Porque tiraremos al norte, bien al Lago Taupo o a Rotorua. Os contaremos.

Curiosidad del día: Estamos empezando a perfeccionar el oído, de manera que ya no miramos para atrás cuando cae algo, ni nos asustamos. Podemos reconocer perfectamente qué objeto es el que se ha caído por el sonido. Es que cada vez que paramos toca reconstrucción del interior.

"Huy, eso ha sonado al paquete de Kleenex"
"Joer, otra vez la pasta de dientes"
"Dani, ya te dije que ataras bien el asiento de atrás"
"La tabla de la cama ya está de excursión otra vez".

Bueno amiguitos, seguiremos con más aventuras, pero las próximas ya serán desde la Isla Norte, donde pasaremos nuestra última semana de vacaciones. Besos y abrazos!

La batalla de Nueva Zelanda, Día 16: El lago azul

Esta mañana nos ha costado un huevo y parte del otro levantarnos. Es lo que tiene trasnochar para ver pingüinos. En vez de ir de copas, te vas de pingüis, y al día siguiente, Paco con las rebajas. Por lo menos no te da resaca. A modo de información, hemos vuelto a repetir vestuario de dormir del día anterior y hemos vuelto a ser capullos de mariposa por un día. Así que con las mismas y los ojos pegados (no sabemos si por las legañas o por los chupiteles de hielo) nos hemos conseguido levantar y como había buena conexión hemos intentado hablar con las familias. Bueno, intentado pero no podido, al menos no con todas, la familia de Ana es un pingo y no pone un huevo en casa, y luego dirán que por qué nos vamos tan lejos de viaje, qué más da, si total nunca están en casa!. Mu preocupaos no estáis eh? ;-)

Durante el desayuno Ana ha estado escuchando el mundo de yupi y las ilusiones de Dani. Ha visto unos autobuses reconvertidos en caravanas y pa qué quieres más. Menuda chapa!!. Este conduce una caravana de 6 metros un mes y ya se ve dando la vuelta al mundo en autobús toda la vida. Su plan, a sus ojos, era perfecto. "Mira Ana, nos compramos un autobús de estos, lo arreglamos y cuando nos jubilemos nos dedicamos a viajar con él. Llamaremos a nuestros vástagos con telepresencias de alta definicióan (lo del skype ya estará muy superado) y les diremos, pos hoy estamos en Finlandia. Y entonces ellos cuando hablen con sus amigos y les pregunten por dónde andan sus padres, contestarán que están por Finlandia por cuarta vez, que han hecho cuchipandi y que se quedan a cenar con Papá Noel". Bueno, un plan perfecto, vamos. Pobrecín. Primer problema: cuando nos jubilemos al paso que vamos, tendremos aproximadamente 80 años,y a partir de ahí el resto viene solo. No veremos  más allá de dos metros, como pa conducir, por no hablar de subir y bajar del autobús. Imagínate descargando el depósito de los meaos, pos cada dos días mínimo, porque como Dani para entonces ya andará con la próstata jodía tú verás. Y luego añadir que necesitará tener calefacción central porque la artrosis con el frío se lleva a matar. De todo esto Dani se está dando cuenta ahora mismo, pero por lo menos ha sido muy feliz durante un día con la idea de su autobús.

En fin, sueños aparte pusimos rumbo a los lagos Pukaki y Tekapo. Esta era la primera parada en nuestro viaje antes de que tuviéramos que dar la vuelta escopetados hacia la embajada en Wellington para solucionar el pequeño e insignificante detalle del pasaporte de Dani y su ilegalidad manifiesta. Bueno, más tarde de lo previsto, pero ahí estábamos. Además nos hacía un día genial, despejado, con solazo y sin mucho viento, así que estupendo. La primera parada fue el Lago Pukaki. Lo único que tiene es una caseta de souvenirs al lado del lago, y cómo no, unos baños, CON PAPEL (no hace falta hablar sobre esto otra vez), pero no hacía falta más. El lago precioso, un agua azul turquesa que nos hacía recordar mogollón al agua que habíamos visto en Interlaken, en Suiza este verano. Claro, es agua que viene del deshielo, así que suponemos que el proceso será más o menos el mismo y de ahí ese color. Pero lo mejor no era el lago y su color, lo mejor, eran las vistas que teníamos en frente. Todos los Alpes en todo su esplendor incluído el monte Cook. Es el pico más alto de Australasia y es sagrado para los maoríes (los indígenas del país) que nunca escalan a su cima. Hoy curiosamente hacía honor a su nombre en maorí, Aoraki, que significa "perforador de nubes", porque tenía una nube justo en la puntita, que parecía que la tenía pinchada. Ya podía haber hecho un día tan bueno como hoy cuando ibamos a coger el elicótero. Gamba se puso morada a hacer fotos. De hecho la cosa fue tipo book, en plan ""posa, sonríe, la cámara te quiere, la cámara te quiere", pero es que el escenario lo merecía. Hicimos fotos hasta a la caravana con ese fondo...

Tras el momento artístico nos dirigimos hacia el lago Tekapo, del mismo pelo. Esta vez ya era un pueblo al estilo neozelandés (300 habitantes), pero había bastante turista. Las vistas a los Alpes no eran tan buenas, pero aun así merecía la pena. Lo más destacable era una iglesia pequeñita al borde del lago que sale en muchas postales. Al parecer está petada y reservada para muchas bodas por el entorno en el que está. 

Del pueblo, sale una carretera que lleva al Observatorio del monte de St. John. Está a unos 4 kilómetros subiendo una colina y te da unas vistas de 360º de todo el entorno y el valle. Al parecer ahí abajo tambien se rodaron escenas de El Señor de los Anillos (se supone que son los campos de la batalla de Pelenor o algo así). Hemos decidido que nos vamos a ver las 3 pelis otra vez cuando volvamos al hogar. Ya nos vemos, gritando, mira, mira ahí estuvimos... Pues ahí estuvimos, tomando un café en el Café Astro, que está pegado al observatorio. Es una pasada tomarte un café con semejante escenario a tu alrededor.

Aproximadamente 850.000 fotos después pusimos rumbo de nuevo pero ¿a dónde?. Como ibamos bien de tiempo, decidimos tirar hasta Christchurch (nuestra primera noche en Nueva Zelanda la hicimos allí), para así ir ganando terreno y estar más cerca de las siguientes paradas previstas en nuestra ruta. Fueron tres horas de viaje. Entre los trayectos de Suiza y los que nos estamos haciendo aquí, ya casi se nos acaban hasta los temas de los que hablar, así que nos dedicamos a cantar canciones de estas verdes que cantabas cuando ibas al cole y te enorgullecías de los tacos y guarrerías que contenían sus letras. Una regresión al pasado en toda regla. Bueno, en realidad fue regresión para Ana, porque Dani no se sabe ninguna y sólo comentaba, "pero cómo te las puedes seguir sabiendo todas, hace por lo menos 25 años que no las cantas!". Ahí, duro, donde más duele.

Llegados al camping y nos damos cuenta que está petao, menudo ambiente!. Hay un montón de caravanas de la misma compañía que la nuestra de tipo camión, todas iguales, dice Dani que debe de haber un viaje organizado en masa, pero de caravanas y campings. Sí claro, lo típico. Ah, tambien ya sabemos cómo van los japoneses. Duermen en Bed&Breakfast y para moverse tienen alquiladas furgonetas por grupos y con conductor. Bueno, y hasta con un cámara que hace el vídeo oficial del viaje. Son la leche.

Estamos esperando a que acabe la secadora de la colada que POR FIN hemos hecho hoy. Ciertamente hacía falta, bueno Dani dice que a él no, ya sabemos lo buenos que son los hombres racionando la ropa en condiciones extremas. Todavía era capaz de llegar a España con ropa sin usar. No entraremos en detalles. El caso es que cuando la lavadora ha acabado (son de estas como las de las pelis americanas) a pesar de haber puesto lavado en frío, salía una humareda calentita, calentita cuando la hemos abierto. Entre eso, y la secadora de después, no sabemos si la ropa que saldrá será para la señorita Pepis. Veremos.

Mañana a primerísima hora estaremos como un clavo en la oficina de recepción del camping, donde hacen tambien reservas para todo tipo de actividades. El plan para los dos próximos días es complicado por lo variable que es. Es seguro que mañana vamos a ir a Kaikoura y casi seguro hará malo. La duda es si aun con ese tiempo de mielllda mi amol podremos hacer la actividad que queremos: salir con un barco a ver ballenas y delfines. Cuando lleguemos por la mañana nos dirán si se puede hacer o no y en función de eso puede que incluso pasado mañana a primerisisíma hora estemos cogiendo el ferry (ese viejo conocido) a la isla norte.

Sección curiosidades: Y dicen que las campañas de la DGT son agresivas. Lo que estamos viendo aquí a los lados de la carretera es pasarse dos pueblos. "Si no frenas, próxima parada: el cementerio" (con una imagen de un cementerio de fondo). "Drink, drive, DIE" (traducido: bebe, conduce, MUERE). "En este pueblo no hay médico, no hay hospital, sólo cementerio" (con una imagen con un coche de fondo). "No esperes a que (y ponen una imagen de una cruz de lápida) sea la señal para parar". JO-DER. Tambien hay cosas amables, como recordatorios de que tienes que parar cada cierto tiempo y en la zona de la costa este, tienen los "Driver Reviver" (traducido: revividor de conductores o algo así) en el que te invitan a un café gratis en ese área para que pares. Mia tú que miraos.

Bueno, pos mañana más. Ya veremos desde dónde.

sábado, 28 de noviembre de 2009

La batalla de Nueva Zelanda, Día 15: Los vengadores

Bueno-bueno-bueno señores, estamos en racha. Ya no hay bicho que se nos ponga por delante. Bueno, sí. Venga, vale, no vamos a adelantar acontecimientos, vamos poco a poco.

Efectivamente dormimos como dos ovillos, nos sobraba la mitad de la cama, parecíamos capullos de mariposa, ahí envueltos en la sábana para bajar la sensación de frío (de Ana). Capullo sobre todo Dani, que estuvo toda la noche como una momia egipcia, sin moverse como si lo hubieran embalsamao. Pobre. Cuidao que es pequeña la jodía, y cómo lo monopoliza todo. Como anécdota, Ana durmió con: camiseta de manga corta, camiseta de manga larga, chaqueta de pijama y FORRO POLAR, además de los pantalones del pijama con calcetines. Dani durmió con: manga corta y pantalón. Ya.

En fin, corramos un tupido velo. Por la mañana Ana tuvo que ir a ducharse con agua hirviendo para ir entrando en calor. La verdad es que además de que la temperatura era baja, hacía mucho viento, así que la sensación térmica era bastante desagradable. Después de esa ducha con agua hirviendo y unas cuantas quemaduras de segundo grado parece que empezó a entrar en calor, así que nos pusimos en marcha (no muy pronto) hacia Dunedin. Ya habíamos visto más o menos lo que había que ver en los Catlins, y sin embargo Otago tenía mucho que ofrecernos...

Llegamos a la península de Otago a eso de las 12, sin forzar, y la primera parada era Sandfly Bay, donde la Biblia decía que había muchos leones marinos. Y no falló. La bahía en cuestión era una playa enorme a la que se accedía a través de dunas inmensas (bastante jodidillas de caminar). Esta vez no nos habíamos echado crema, así que iba todo sobre ruedas y no había viento. Llegando a la orilla, empezamos a verlos: había varios, aparentemente todos durmiendo repanchingados sobre la arena. Los dos primeros que vimos estaban justo al acabar la duna, y empezamos a hacerles fotos, a los reglamentarios 10 metros. Pero es que 10 metros con un bicho de esos no son muchos metros. Como estaban dormiditos nos crecimos y nos acercamos un poquito más, hicimos unas fotos con Ana bien cerca y bien. Y en estas que estaba Dani posando para una foto que le hacía Ana, y uno de los leones marinos que se levanta, y pega un bufido, que despierta al otro, y le acompaña. Se ponen erguidos, y hacen incluso amago de moverse hacia nosotros. Joder qué carreras duna arriba. Aparecieron Carl Lewis y Marion Jones de la nada. A todo esto, los leones, una vez hicieron eso, se volvieron a tumbar y a dormir. Pero se movían cada poco.

Así que un poco escarmentados, decidimos guardar más las distancias, y seguimos caminando por las dunas a la distancia prudencial, vimos como otros 4 ó 5 leones marinos. Unos paseando, otros nadando en la playa, y otros durmiendo. Algunos eran del tamaño de 4 Danis, o 8 Anas, aprox. Ahí estábamos dando un rodeo, pensando que íbamos muy lejos de ellos, cuando estuvimos a punto de pisar uno. Estaba camuflado, rebozado de arena seca como una croqueta, y muy metido para dentro de la playa, lejos de los demás, así que no nos lo esperábamos. Si llegamos a pisarlo, la que se lía es buena. En cuanto lo vimos, a escasos 2 metros, otra carrera duna p'arriba batiendo el record de los 100 metros dunas. Menudos gemelos que hemos hecho. 

Una vez a salvo en las dunas arriba nos entraba la risita nerviosa. Leímos luego en las instrucciones (para qué las íbamos a leer antes, para qué), que con estos bichos no hay que preocuparse tanto como con las focas y los pingüinos, y SOBRE TODO, no hay que correr. Porque ellos, a diferencia de pingüinos y focas, no tienen miedo del hombre, y lo más que tienen es curiosidad. Tampoco hay problema con no dejarles mucho espacio cuando duermen, pero sí cuando están despiertos. En fin.

Satisfechos por los avistamientos (es realmente emocionante verlos ahí) y sustitos varios, y llenos de arena, nos vamos a otra playa talismán, pero en esta no tenemos suerte, Allan's Beach. Era lógico de todos modos, porque la marea estaba demasiado alta, y no había arena para que se tumbaran a descansar. Y como habíamos visto tantos antes, tampoco nos importó mucho.

Siguiente punto, Taiaroa Head, un cabo en la península de Otago donde está la única colonia fija en tierra firme de albatros reales en el mundo. Nos acercamos y desde luego pájaros había, pero albatros a la vista no. Al parecer, ni era la mejor época, ni el mejor sitio: casi todos los que hay están una zona a la que se accede a través de visita de pago, así que pasamos y nos conformamos con las vistas del cabo, que eran muy chulas. Y de los otros pájaros que había, además de las gaviotas, otros de pico rojo y plumas negras muy llamativos. Las gaviotas nos pusieron la caravana como un solar, parecía aquello el bombardeo de Pearl Harbor. Los prismáticos de los chinos siguen dando juego, hemos estado observando unos nidos de los pájaros raros esos. Pena no tener ni idea de qué pájaro era, pero tenemos fotos para poder identificarlos a posteriori. Bueno, y estuvimos también en la Pilots Beach, donde había un león marino durmiendo, pero se veía a través de una verja, así que parecía un zoo, nada que ver con lo vivido antes.

La península de Otago es de lo mejor que hemos visto, y no sólo por los animales. Hay unas vistas preciosas de toda la península, con el agua azul-verdosa, y los montes de un verde muy vivo. La carretera va todo el rato al borde del agua, así que el simple hecho de moverse por allí es una pasada.

Como habíamos previsto la noche anterior, si el día se nos daba bien, tirábamos hasta Oamaru, y así hicimos. Por el camino paramos a ver las Moeraki Boulders, que son unas rocas muy curiosas de forma casi perfectamente esférica que hay en una playa entre Dunedin y Oamaru. Dicen que si la forma en la que se crearon es similar a la que produce las perlas en las ostras, pero es el único sitio en el mundo, y la única playa en NZ donde están así. Llama muchísimo la atención. Es más, hay alguna rota y es como si se hubiera roto un huevo. Curiosísimo.

Y llegamos a Oamaru, la ciudad de los pingüinos. Hasta hoy, como sabéis habíamos visto 4 pingüinos, uno en Milford Sound y otros 3 en Roaring Bay, a punto de cáersenos los dedos de congelación. Pues bien, hoy habremos visto como 150 pingüinos, menudo empacho.

Al fichar en el Top10, ya nos dijeron que había dos puntos de avistamiento, uno de pingüinos azules (pequeñíiiiiiisimos, los más pequeños que hay) y otra de pingüinos de ojos amarillos. Como los de ojos amarillos se recogían antes, fuimos primero a esa. Se supone que son muy tímidos, de hecho por eso el día anterior habíamos estado en un refugio escondidos como el Lute para verlos desde donde Cristo dio las tres voces. Nada, todo mentira. Donde el día anterior habíamos estado hora y pico medio muertos de frío esperando para verles salir del agua a lo lejos, hoy los hemos visto a UN METRO ESCASO de distancia. Llegamos a la playa en cuestión, Bushy Beach, y te pones a verla desde el acantilado, no hay acceso a la playa. Pero nada más llegar, vemos que hay un pingüino en los matorrales del acantilado. Ni idea de cómo ha llegado hasta allí, el caso es que estaba ahí arriba, son bastante grandes. Nos hichamos a hacer fotos. Se les oía llamarse unos a otros, y por eso sabíamos que había más escondidos entre los matorrales. Hay que estar muy callado, así que ya véis a Ana y a Dani corriendo de un lado para otro y haciéndose señas como dos posesos para explicar donde estaba uno u otro. 

Y de repente aparecen dos. Que parece que van a seguir la misma ruta de los otros (que estaban a unos 2 metros de donde estábamos una legión de gente con cámaras a tope de zoom), pero no, giran inesperadamente y se paran delante de nosotros dos a un palmo de distancia. Vamos, que llegábamos a darles una colleja. Nuestras miradas se cruzaron y según Ana nos hemos hecho amigos para siempre. Ana y los pingüinos, se entiende. Así que ahí estaba, unos pingüinos rarísimos, en peligro de extinción, únicos, y bla bla bla, a un palmo de nosotros. Teníamos el día de suerte.

Más felices que dos lombrices nos vamos a ver a los otros pingüinos, los mini, pero es de pago. Aún así, decidimos que merece la pena y nos metemos. El montaje era curioso, porque había hasta una especie de anfiteatro, gradas y tal, a los pies de las rocas, donde les veías salir del agua, cruzar un camino e irse a las madrigueras delante de tus morros.  Pero vamos, con focos y tal, que parecía aquello un plató de televisión. Bueno, pues los tíos no se amilanaron, y salieron a patadas, venían en grupos de 15 o 20, y salieron como 5 o 6 grupos. Son muy graciosos, y miedosos. Nos dijeron que si se acercaban a nosotros (porque podían irse hacia la grada) nos debíamos de quedar parados. Y que si luego al recoger el coche / caravana veíamos alguno bajo el coche (porque se pasan de largo), que avisáramos. Cuando ya salíamos, otra vez peladillos de frío, bajamos por debajo de la grada para no molestar la visión a la gente, y allí había uno que se había escapao. Nos quedamos quietos como estatuas, casi sin respirar, y se nos acercó que casi nos pica el pie. Qué bueno, era graciosísimo! Más gente lo vio, y se quedaron quietos todos también. Parecía que estábamos jugando al escondite inglés. Cuando el pingüino despistao volvió a la zona de las madrigueras, nos movimos todos, muy divertido y emocionante.

Salimos del recinto, comprobamos que no había nada bajo la caravana, y nada. Pero vimos que había unos chavales mirando al otro lado de la carretera, y ahí estaban. Pues no es que hubiera uno fuera del recinto, es que había montones! Estaban por todos lados, y había que ir con mucho cuidado para no pillarlos. Habremos contado 30 o 40 fuera del recinto. Qué jueguistas los tíos.

Así que hoy hemos tenido sobredosis de naturaleza, nos hemos vengado de la costa oeste, donde no se dejaban ver. Hoy se nos ha hecho tarde, pero aún así no queremos que mañana se nos haga tarde para salir por la mañana hacia Pukaki y Tekapo. Las previsiones del tiempo no son malas, así que veremos. Más complicado va a ser el tiempo a partir de ahí por lo que estamos viendo, pero no adelantemos acontecimientos...

Mañana no sabemos si tendremos acceso a Internet de nuevo, porque no tenemos claro donde vamos a dormir, si en Fairlie, en el mismo Tekapo, bajar a Christchurch... ya veremos. Y la siguiente parada será casi con seguridad Kaikoura, aunque dependerá del tiempo que nos haga. Pero otra langostita cae fijo, eso no depende del tiempo.

Pues nada, os seguimos contando, besos / abrazos a todos.

La batalla de Nueva Zelanda, Día 14: El rey león (marino)

Se nos terminó Queenstown. Mira que nos gustaba, ¿eh? Hemos descansado, lo hemos pasado bien, tenía ambientillo... pero hay que seguir adelante. Y el siguiente paso eran los Catlins, un parque natural que mucha gente no visita, pero que a nosotros nos habían recomendado bastante.

Esta mañana, con mucho sueño encima, después de una duchita, un desayuno bien majo, una compra en el super y rellenar el depósito de la caravana, pusimos rumbo a Owaka, una de las ciudades más importantes de los Catlins, y la más cercana a lo que queríamos visitar. Bueno, ciudad, lo que hemos dicho muchas veces, mucha ciudad no es. Ni idea de los habitantes que tendrá, no había ni ruto, y sólo hay un bar/restaurante, así que haceros una idea.

El viaje no tuvo mucha historia. Fueron 260 kms, en 3 horas y 20 minutos, sin paradas. Llegamos a Owaka con más hambre que los pavos de Manolo y como no podíamos elegir mucho, comimos en EL restaurante, el LamberJack. Que dicho sea de paso, estaba estupendo por dentro. Para darle ambiente, musiquilla country de fondo, que debe ser lo típico de por esta zona (de hecho, en la Biblia pone que 355 días al año el pueblo no tiene ninguna historia, y los 10 restantes acoge el festival de música country más importante del país). Así que comimos en compañía de Dolly Parton y Garth Brooks. Y la comida, pues acorde: unos fish n' chips (pescao con fatatas) y una hamburguesa de pollo cajún. Rico en su género, pero tampoco era una delicatessen, claro. Hemos puesto el listón demasiado alto con nuestras rutas gastronómicas.

Con el buche lleno empezamos a ver cosas. La primera parada era inicialmente unas cascadas que se llamaban Purakaini Falls, pero decidimos que ya habíamos visto bastante agua caer, y preferíamos hacer el resto más tranquilamente. Además teníamos referencias de que estaban bien, pero sin mucho más. Así que nos fuimos directos a Surat Bay, donde supuestamente había animalillos de estos tipo foca, león marino, etc a lo largo de la playa, pero no tuvimos suerte. Hicimos un camino por unas dunas que estaban cubiertas de vegetación (de hecho, sabíamos que eran dunas porque justo en el caminillo había arena, pero si no fuera por eso no se nota), y llegamos a la playa, que nos recordaba a la de Whahariki Beach. Menuda ventolera, no sabemos quién se habría dejado la puerta abierta, pero hacía un viento de espanto. De nuevo pudimos bailar a lo Michael Jackson. Y lo dicho, ni rastro de bichines. De todos modos, era razonable, porque era pronto para los bichos, que suelen ir a la arena a eso del final de la tarde.

Con los ánimos intactos, y tras una conversación con otro indio inglés que nos encontramos por el camino (son majos) con el que intercambiamos sitios "secletos", nos fuimos a Cannibal Bay, a ver si había más suerte. Decir que estos sitios son bonitos "per se" por lo salvaje de las playas, pero lo que todo el mundo va a ver es a estas criaturitas del señor.

Así que nos metimos por, cómo no, una carretera de tierra de 8 kms, y cuando ya estamos llegando, nos cruzamos con un coche pequeño que, muy amablemente, se aparta para dejarnos pasar. Nos dimos cuenta después que no le dimos las gracias. Y nada, llegamos a la playa, preciosa, y empezamos a caminar. Habíamos leído en los carteles informativos las precauciones que hay que tener con los leones marinos: distancia de 10 metros si duermen, 20 si están activos, y sobre todo, dejarles libre el camino hacia el mar, o se pueden poner un poco tensos. Que corren más de lo que parecen, dicen, y como no somos precisamente Carl Lewis y Marion Jones, mejor no arriesgar.

Pues volvemos a caminar, decíamos, y nada, ni rastro. Pero bueno, vamos a seguir, total, es bonito... vamos charlando, charlando, y en esto que Ana agarra a Dani del brazo: "Para! Mira!" (susurrando, que se supone que no se les puede molestar hablando, a los señoritos). Dani no veía nada más que una roca o un burruño de algas, así que sacamos los prismáticos chusqueros de los chinos que tenemos, y hete aquí que sí que era un león marino. Durmiendo como un bebé (de león marino) la siesta, el tío. Estábamos a escasos 10 metros, y si Ana no se da cuenta casi lo pisamos. Hubiera sido un buen momento para ver si éramos Carl Lewis y Marion Jones. Nos quedamos quietos haciendo fotos, a falta de Chirla, Ana miraba por los prismáticos. Y en esto, el bicho respiró. Si, respiró, y se movió un poco, no hizo más, pero joder, dimos la vuelta con los ojos pegados en el cogote por si quería hacerse amigo nuestro. Nos alejamos un poquitín, y ya. Porque como estaba pegado al final de la arena, y no podíamos pasar por delante suyo, no nos pudimos acercar a otro montón de bultos que veíamos al final, y que tenía toda la pinta de ser algún bicho más de estos. Pero con nuestra experiencia inicial ya tuvimos bastante. 

De todas formas, como la única opción era ir por encima de las dunas, por detrás del bicho, lo intentamos, aunque en esta playa no había ningún camino marcado. Por un momento nos creíamos los jóvenes exploradores, y nos metimos entre la maleza, pero cuando la vegetación nos llegaba por los ojos y no veíamos el suelo, volvimos a nuestra realidad de puretas urbanitas oficinistas y decidimos dar la vuelta.

Así que nada, felices como dos lelos y conscientes de lo cagones que somos (si son paisanos de Ana, joder, un león y una leonesa, hasta unas cañas nos podíamos haber tomao), nos volvemos por el camino de vuelta, ji ji, ja ja, y en esto que nos encontramos unas chicas paradas en la carretera, con su coche caído en la cuneta. Era el coche que nos dejó pasar a la ida, y que no le agradecimos! Al dejarnos pasar, calcularon mal, y metieron una rueda en la cuneta, que era muy inclinada y llena de piedra y hierbajos, así que el coche estaba a tres ruedas y medio empanzao. Nos paramos a ver si necesitan ayuda, y tras sopesar la situación, decidimos intentar empujar, y si no, las bajamos al pueblo. Una de las chicas dando marcha atrás, y los otros tres empujando, lo sacamos. Dani casi se cae él por el barranquillo, pero bien. Habíamos salvado al soldado Ryan. Y las escoltamos hasta la carretera, no se fueran a caer por otro sitio. Muy majas, nos dieron las gracias, y cada uno siguió por su camino. Tenían un agobio importante, las pobres, porque su coche también era de alquiler, y ya se veían llamando a la empresa y tal. Seremos unos cagones, pero somos unos héroes. Ja! Las hemos salvado de pasar una noche a la intemperie, y que sus cuerpos se descompongan con el sol de la mañana.

Vale, gran momento. Vamos a buscar otro, así que nos vamos hacia Nugget Point, con una parada antes en Roaring Bay (que está justo al lado). Nugget Point es un faro precioso que sale en muchas postales, y Roaring Bay es una playa al lado donde anidan, crían y demás los famosísimos y rarísimos de ver (están en peligro de extinción), pingüinos de ojos amarillos que son exclusivos de NZ. Tienen una marca en la cabeza que hace que parezca que tienen una ceja amarilla. Pasan la noche en un monte que hay al lado de la playa, salen muy pronto por la mañana a comer y nadar, y vuelven tarde al atardecer a dormir al monte. Vamos, como un madrileño cualquiera.

De camino a Nugget Point, en Kaka Point, paramos porque vimos otro león marino al lado de la carretera! Esta vez estábamos dentro de la jargoneta, por eso nos hicimos los valientes, y le hicimos fotos al lado. Mola!

Llegamos a Roaring Bay. Siguiendo las instrucciones, aquí no se baja a la playa, sino que se pone todo el mundo en una casetina que hay donde te tienes que esconder, porque si te ven los pingüinos no salen, son muy tímidos. La caseta tiene varios ventanucos, donde está todo el mundo apilao con los prismáticos (los únicos de los chinos eran los nuestros), cámaras...  Y allí estuvimos, mirando. Un frío que casi se nos caían los dedos. 15 minutos. Media hora. Una foca haciendo el gili, falsa alarma. 45 minutos. 1 hora. La foca seguía haciendo el gili y despistando. 1:15h. Los jodíos pingüinos que no daban señales de vida. Empezamos a dar ultimátums ("si dentro de 20 minutos no aparecen que les den por saco a los raros esos. Nos vamos al zoo, que no son tan tímidos y hasta hacen monerías, amos hombre"), y en esto, por fin, apareció uno. Que chulooooooooo!!! Son riquísimos, queremos unoooooo!!! Viene nadando, y cuando encalla en la arena, todo gracioso se pone en pie y allá viene dando saltitos hasta las rocas. Se seca un poco, y caminando a lo Charlot se pierde en el monte. Parece mentira, con síntomas de congelación en los dedos, pero felices y llenos de orgullo y satisfacción por ver UN pingüino. Qué neumonía más satisfactoria vamos a pillar a la salud del bicho. Al cabo de 5 minutos, otros dos, seguidos. Despiporre. Es emocionante no verlos dentro de una jaula, sino ahí, a su bola.

Felices por el avistamiento (por cierto, grabado en vídeo, y en las fotos se ve perfectamente que son de ojos amarillos), nos vamos al faro de Nugget Point. Qué pasada, qué preciosidad. El día, que había empezado regulero (mucho viento, y alguna gota despistada), a esas horas ya había abierto, y teníamos una vista espectacular del faro, los acantilados que lo rodean, y el mar. Gamba hizo un publirreportaje, y con la misma decidimos que no habíamos visto suficientes pingüinos, y a la vuelta volvimos a parar, y todavía vímos uno más. Cuatro pingüinos! Hemos dejado de llevar el marcador, pero ahora mismo ganaríamos por goleada.

Así que tras un día muy completo, nos vamos al camping, esta vez no es un Top10, sino uno cualquiera en Kaka Point, pero que aunque no tiene tanto equipamiento como los Top10, sí tiene electricidad para la caravana, que es lo que más nos interesa. Todavía no nos hemos quitado el frío del cuerpo, nos hacemos un arroz a la cubana para entrar en calor y recuperar fuerzas. Esta noche dormiremos como dos ovillos, porque hace frío.

Un día de naturaleza completito, sí señor, pero no termina la cosa aquí. Mañana iremos a Dunedin y la península de Otago, donde hay albatros, pingüinos, focas, leones y elefantes marinos... Y si esto nos fallara, aún nos queda Oamaru. Si mañana en Dunedin vemos todo lo que esperamos, sólo veremos Oamaru de pasada, camino de los lagos Pukaki y Tekapo.

Mañana seguimos contando nuestros progresos con la naturaleza.