Nos levantamos pronto por la mañana para lavar un poco la caravana y
hacer las maletas, snif, snif. No tardamos mucho, pero como nos costó
levantarnos (como siempre últimamente) al final salimos a las 10:30
del camping, un poco pasada la hora, pero no nos dijeron nada. Para
entregar la caravana nos pedían haber vaciado los depósitos de aguas
grises, los de los meaos, y dejar la caravana "razonablemente" limpia.
Esto significaba una cosa para Dani y otra para Ana. Ella lo único que
veía que había que limpiar era lo de dentro, mientras que para él casi
lo único que había que limpiar era lo de fuera. Como os podéis
imaginar, la caravana salió impecable por dentro pero con más mierda
que el palo de un gallinero por fuera. No encontramos ningún lavadero
de coches por el camino (no son muy de lavar los coches por estos
lares) así que la entregamos tal cual estaba por fuera. Es que para
Ana, como la caravana es blanca, acostumbrada al coche negro, aquello
estaba limpio. Eso es porque no recogía el cable de corriente todos
los días y acto seguido se tenía que ir a lavar las manos de la mierda
que tenía la pobre. En fin.
Salimos para Auckland, y en cuestión de una hora y media ya habíamos
llegado, así que decidimos buscar algún sitio con vistas y evitar el
centro de la ciudad, porque con el mamotreto que llevábamos no era
plan de ponerse a callejear en una ciudad de más de 1 millón de
habitantes (sí, de verdad, esta sí que era grande). Clarostá, Murphy
funciona hasta en NZ, así que nos metimos hasta la cocina, pasando por
la zona portuaria y alguna cosa más, de camino al "sitio con vistas".
Si esto nos pasa el primer día nos da un pampurrio (por no mencionar
el intercambio de pareceres que hubiera desatado), pero ahora ya nos
daba igual, tenemos callo. Al final llegamos al One Tree Hill, una de
las muchas colinas que forman Auckland, que en realidad son conos
volcánicos inactivos (la ciudad está sobre una masa de magma de hasta
100 kms de profundidad, vamos, que cualquier día salta por los aires),
y desde luego que las vistas eran muy buenas, y la colina bastante
empinadita. Vimos el pirulí famoso de Auckland, la Sky Tower, aunque
el ángulo desde el que lo veíamos nosotros no es el más famoso.
Con la misma, y por no forzar la máquina, nos fuimos a entregar la
caravana, pasando antes a comer. Sin pretenderlo, la última comida
estuvo bien buena, unos fish and chips y un pollo con salsa de
champiñones en un bar tipo irlandés.
Y allá que vamos a entregar la caravana, que nos atendió una chica en
prácticas. Sin incidentes (incluso con la mierda que tenía por fuera),
y cuando mencionamos nuestro amigo el plato del microondas nos
comentaron un "lo tengo que consultar con mi jefa". Emoción, intriga,
dolor de barriga, al final no tuvimos que pagar nada. Deben de tener
alguno más en una estantería. Pero vamos, que tampoco debe ser algo
que se les rompa todos los días.
Nos dieron un papel de recuerdo con los kilómetros que habíamos hecho,
han sido 5948 kms en 22 días de caravana. Hasta a ellas les pareció
mucho. Y a esos casi 6000 kms de este viaje hay que sumar los 5000 kms
del viaje del verano, este año hemos recorrido 11.000 kms en viajes
turísticos (mejor no contamos los viajes a Asturias – Cantabria –
León, y las bodas de Almería, Badajoz...), quitando los
desplazamientos en avión de este viaje, que han sido unos 40.000 kms
ida y vuelta.
Nos llevaron al aeropuerto, y al subirnos a la furgotaxi que nos
llevaba, ocurrió lo inevitable: a Ana se le empezaron a caer
lagrimillas, en este caso por la caravana... "Es que ya era como
nuestra, pobre, se quedó sola, la dejamos sola, ni nos hemos
despedido...". La verdad es que daba pena, ha sido nuestra casa casi
un mes! Y se ha portado como una campeona, no ha rechistado, y la
verdad es que hemos estado muy a gusto. Ya llegará el momento de las
reflexiones, pero desde luego la experiencia caravana nos ha encantado
y es algo que nos parece totalmente recomendable para un país tan
preparado para ello como NZ.
Y a partir de ahí, empezó nuestra aventura aeroportuaria. Llegamos a
las 16h de Auckland del día 7 de Diciembre, y llegaremos a Madrid a
las 19:30 horas del día 8 de Diciembre. Contando cambios de horas y
demás, este viaje durará la módica cantidad de 40 horas. Casi ná.
El vuelo no salía hasta las 23h, así que tuvimos tiempo (7 horas!) de
patear la terminal, que por cierto era muy pequeña. Manejan aviones
muy grandes y vuelos muy largos, pero no tienen demasiada frecuencia
de vuelos. Vamos que son todo Jumbos y similares, pero sólo tienen 16
puertas. Hicimos hasta una coleguita en un café, que nos regaló un
cacho de pizza cuando cogimos la cena... y estuvimos haciendo fotos
del atardecer, que se quedó bastante bonito.
Así como a la ida vinimos en un Boeing 777-200ER, a la vuelta hemos
vuelto en el mítico Jumbo (Boeing 747-400). El vuelo hasta Los Ángeles
ha sido estupendo, nos lo hemos pasado casi entero durmiendo. Ni nos
hemos enterado, 11 horas de vuelo. Nada más subirnos nos pusieron la
cena, y Ana no llegó despierta ni a que le recogieran la bandeja.
Recordamos que para nosotros era nuestra hora de dormir, y ya eran más
de las 12.
Y en Los Ángeles, llegamos al famoso control ese por el que perdimos 2
días de viaje haciendo el p*** pasaporte. Muy útil. Nos bajamos del
avión, y hacen dos filas, los que se quedan en USA y los que siguen a
Londres. Los que seguimos a Londres pasamos por un control en el que
miran el pasaporte, te toman las huellas, te hacen una foto y, oh
sorpresa, ni siquiera nos dejan pasar a la zona de tiendas, según
pasas el mostrador de aduana nos dan la vuelta, volvemos sobre
nuestros pasos por el mismo pasillo y nos meten en una sala al lado
del avión, sin posibilidad de salir a ningún sitio. Es decir, hemos
caminado unos 20 pasos en EEUU, los que hemos dado al otro lado del
mostrador, antes de que nos devolvieran como ovejas al redil. Vamos a
ver, si ni siquiera nos iban a dejar pasar la zona de tiendas, ¿por
qué no nos dejan directamente en esa sala y nos vuelven a meter en el
avión? ¿Pa esto hemos perdido dos días? Argh. En Hong Kong, a la ida,
nos habíamos bajado a la zona de tiendas y ni siquiera nos pidieron el
pasaporte para bajar.
Re-embarcamos muy rápido, no sabemos calcular cuanto porque teníamos
como una neblina en los ojos que nos confunde, como Dinio. Y otras
10-11 horas de avión hasta Londres, que se nos han hecho algo más
largas, sobre todo a Ana, porque no ha dormido nada. Dani sí que ha
dormido (qué cosas, Ana despierta en un medio de transporte y Dani
durmiendo). Ana se ha tragado CUATRO películas, atención al género:
Harry Potter y el Príncipe Mestizo (o algo así), Él no está por tí
(típica de amor y juventú de las que le gustan a Ana), 500 días de
verano (otra de esas), y Cars (de Disney, pero ésta se la pasamos).
Vamos, que no sabemos si tiene treintayalgunos (censurado) años o 12
añines. Dani se ha visto Gran Torino (qué grande Clint Eastwood),
Distrito 9 (aliens), y media temporada del programa de Top Gear (un
programa de coches de la BBC). No sabemos qué hacen estos dos juntos
de "luna de miel de hecho".
Merece un comentario aparte el sistema de entretenimiento de los
aviones de Air New Zealand, aparte del personal, que siempre ha sido
muy majete (y mayor! Había alguna abuelita...). Tienen un tinglado en
el reposacabezas de cada asiento típico de estos vuelos largos, pero
la cantidad de películas, series, y demás que tienen no la habíamos
visto nunca tan buena. Tenía cargadas unas 200 películas, algunas muy
recientes, pero también tenía capítulos de Top Gear, Los Simpson, Big
Bang Theory,... difícil aburrirse.
Y estamos ahora en Londres Heathrow, ya con la tarjeta de embarque, y
ya cambiados de terminal, esperando a que salga nuestro vuelo a
Madrid, última escala del viaje. No sabemos cómo estarán nuestros
cuerpos cuando lleguemos a casa, y mañana a trabajar... pero lo que es
seguro, es que ha merecido, y mucho, la pena.
Un viaje inolvidable, nos ha encantado compartilo con todos vosotros.
Y ahora vendrán las fotos! Cuando resucitemos igual subimos alguna a
http://www.flickr.com/photos/danielowski. Permanezcan atentos a sus
pantallas...