lunes, 15 de agosto de 2011

Viaje Costa Oeste EEUU: 12 de Agosto: Telmo y Luisa en.... Los vigilantes de la playa

Como era el último día de viaje, nos lo tomamos como se toman la mayoría de los mortales todas las vacaciones. O sea, sol y playa.


Nos fuimos a la playa de Santa Mónica, la mismita que se utlizaba en la serie "Los vigilantes de la playa". Dejamos el coche en un parking y de entrada nos fuimos dando un paseo por la costa a Venice Beach. Es un paseo con mucho ambiente, famoso por el mercadillo y los puestos que te encuentras, los personajes, los tiarrones haciendo pesas y enseñando musculito en el gimnasio a pie de playa al aire libre y el desfile de gente de todo tipo y condición.


Una vez fisgado un poco el percal, decidimos volver caminando por la orilla del agua (2km ida y 2 km vuelta). Durante este paseo fue donde pasamos de ser humanos a convertirnos en gambas, aunque en ese momento no lo sabíamos. Al ir vestidos, con gorro y gafas de sol, no nos dimos cuenta que había partes de nuestro cuerpo que aún eran susceptibles de ser "pilladas" por los rayos del sol, y si le sumas el aire fresquete que corría, no te das cuenta del tostao que te están cogiendo. Así que por la noche cuando llegamos al hotel, nos dimos cuenta que aun sin ropa, Ana seguía llevando el vestido y Dani la camiseta y las gafas de sol tatuados en la piel.


La playa tiene el mismo aspecto que en la serie, con sus torretas y sus vigilantes de rojo con ese salvavidas raro con forma de pepino. También se molan más o menos lo mismo. Suben la pasarela hacia la torreta de espaldas, como en la serie, para no perder ni un segundo de un posible rescate. Los coches patrulla son iguales. Porque sí, tambien patrullan por la playa en sus flamantes 4X4 amarillos. Y también patrullan por el mar con sus miniyates.


Para que tuviéramos el pack completo, los vigilantes tuvieron a bien hacernos una demostración sobre un rescate. Sí señores, presenciamos un rescate igual que en la serie.


Alguien grita a lo lejos, un grupo de personas en el agua señala a alguien. Un chico no puede volver a la orilla por la corriente del agua. Y apareció. Desde atrás, se quitó la ropa y corriendo a todo lo que le daban las piernas mientras desenrollaba el pepino y se lo colgaba por la cuerdita, entraba en el agua salpicando y evitando las olas y comenzó a nadar hacia el muchacho. Los vigilantes de las casetas colindantes se bajaban de sus torretas y se alineaban a una determinada distancia al borde del agua levantando los pepinos en forma de "aviso, rescate en proceso". El héroe llegó al muchacho, le acercó el pepino (el de salvamento) y le dijo que se sujetara en él. El vigilante comenzó a nadar de espaldas hacia la orilla arrastrando a la víctima. Impresionante. Como en la tele.

A todo esto, a la orilla ya había llegado el coche de salvamento. Toda una experiencia ver esto en directo. Ana, emocionada. El chaval, en perfecto estado y el vigilante se hizo una foto con unas chicas que habían presenciado también le rescate.


Tras una siestita después del momento vivido, nos recogimos y dimos un paseo por el muelle de Santa Mónica, que también aparece en la serie. Tiene el parque de atracciones más antiguo de California, que es básicamente una montaña rusa y atracciones de feria, aunque ya es bastante, teniendo en cuenta que estamos hablando de un muelle de madera. Luego nos dimos un paseo por la calle con más ambiente de la ciudad "Third Street Promenade". En algún sitio hemos leído que es la única calle peatonal de todo Los Angeles. Repleta de tiendas y de actuaciones callejeras pasamos el resto de la tarde y cenamos por allí la penúltima guarrerida de nuestras vacaciones (la última sería en el aeropuerto), unos burritos y unas fajitas.


Y eso es todo, a hacer maletas y a repartir el peso para evitar sobrecoste. Apuramos hasta el límite, las dos maletas pesaban 45 de los 46 kg permitidos.

Nos espera un largo viaje hasta llegar a nuestro destino. Telmo y Luisa en California, volverán a ser Dani y Ana en Madrid, para nuestra desgracia. Pero ya estamos pensando en el siguiente....

Viaje Costa Oeste EEUU: 10 y 11 de Agosto: Telmo y Luisa en.... Hollywood!!!!

Después de un merecido descanso, nos levantamos con la intención de descubrir los secretos de Hollywood, y de paso de ver si nos encontrábamos con nuestros amiguitos Pe y Antonio. Así que lo primero que hicimos un vez desayunaditos en el hotel, fue dirigirnos al famoso "Paseo de la Fama".


Aparcamos cómodamente en pleno paseo de la fama, en un parking público, al ladito mismo del Teatro Kodak, donde se entregan los Oscar. Hay que decir que los precios de los parkings aquí dan la risa, sobre todo si vienes con el baremo madrileño. Te suelen regalar las dos primeras horas, y el máximo que te cobran por tener el coche todo el día atravesado suele ser de 9 ó 10 dólares, unos 6 ó 7 euros. Eso es más o menos lo que te cobran mientras tomas un café a toda leche en metro Sevilla en Madrid. Ya nos pasó lo mismo en San Francisco, pese a que nos decían que era muy caro, los precios en realidad son muy baratos para un madrileño, así que amiguitos habitantes de Madrid, no tengáis miedo a meter el coche hasta la cocina. La circulacoión, que también dicen que es horrorosa en Los Angeles y San Francisco, no es ni mucho meos peor que cualquier hora punta en Madrid, y aquí los taxistas son mucho más educados.


El teatro Kodak no parece el mismo sin la alfombra roja ni la estatuílla gigante del tío Oscar que ponen en la tele. Está metido en un centro comercial, y parece eso, un centro comercial. Se sabe que es el teatro en cuestión, porque están inscritas las películas ganadoras del Oscar desde el año 1950 por lo menos, y hay hueco hasta el 2071, que hayamos visto. Bueno, también se diferencia por el elenco de personajes que hay en la puerta dispuestos a hacerse una foto contigo por un dólar. Desde Michael Jackson, a Lady Gaga, pasando por Bob Esponja y Mickey Mouse. Aunque también como no tienen mucho éxito, se acaban haciendo fotos entre ellos. Hemos visto a Superman haciéndole una foto a CatWoman. Desde este centro comercial hay un mirador donde se ve perfectamente el letrerito de Hollywood. Por supuesto, un par de foticos cayeron. Un poco más arriba está el teatro chino, donde se empezaron a hacer las famosas huellas de maos y pies de los artistas. No lo pudimos ver bien porque estaban preparándolo para una premier. Dimos un paseo por el paseo de las estrellas. Está petado de nombres, aunque la mitad ni los conocemos. Vimos a nuestro amigo Antonio, que por cierto, está muy bien situado, ahora de Pe ni rastro.


Aquí hay rodajes por todas partes. Precisamente donde dejamos el coche estaban rodando un spot publicitario, no sabemos de qué. De hecho, creemos que nos metimos en medio sin querer. Habrá que abrir bien los ojos si llega a emitirse en España, a ver si vamos a estar por ahí y tenemos que pedir derechos de imagen.


Visto el paseo de la fama, nos fuimos a Rodeo Drive. Aquí podemos decir que Ana revivió cada momento de la película Pretty Woman, ya que hasta le salían algunos diálogos. Estaba loca por mascar un chicle y escupirlo en medio de la calle al igual que hacía Julia Roberts antes de entrar en una tienda junto a su querido Richard Gere. Digamos que no falló la falta de chicle, falló Richard. Recorrimos la calle hasta el hotel donde se alojaban los protagonistas de la película. Aquí salimos de nuevo en una grabación de un spot creemos. Dos supermodelos hombres paseando con ropa de marca y haciendo como que veían escaparates y se cruzaban con chusma y gente normal como nosotros. Por si acaso, nos hicimos los naturales, como si paseáramos por allí, día sí y día también. Hicimos unas 400 fotos y no compramos nada porque no nos gustaba nada la atención que nos proporcionaban las estiradas de las tiendas. Suponemos que mini- Mario Maquerizo y maxi-Alaska, no están a su nivel.


Visto el momento peli, nos fuimos a vivir el momento inmobiliario. Es decir, nos fuimos a cotillear casas de famosos en Beverly Hills. La guía traía una pequeña ruta, que nos llevó por delante de la que se supone es la casa de Paris Hilton (lo que se ve, muy modesto, por cierto), Leonardo di Caprio de lejos (por si salía a darnos algún mamporro), Madonna (unas verjas preciosas) y cuando nos acercábamos a la de Tom Cruise y su querida esposa, observamos que un coche que venía de frente conducido por un armario empotrado nos mira un poco raro. Dani se da cuenta que lleva un pinganillo en la oreja como los de los porteros de discoteca. Justo cuando pasa a nuestro lado, el coche hace un giro en redondo y nos empieza a seguir. Nos hicimos caquita. Así que decidimos que era buen momento para poner fin a nuestro momento cotilleo inmobiliario. Cuando conseguimos despitar al segurata por las calles de Beverly Hills (escena de ficción, no intenten hacer esto en su casa con sus coches), decidimos ir a ver otras estrellas, esta vez de verdad.


Subimos hasta el observatorio Griffith. Hay unas bonitas vistas de toda la ciudad, aunque no pudimos ver mucho por la bruma. El propio observatorio está muy bien y es entretenido. Tienen a expertos que te enseñan la Luna con los telescopios gigantes de los que disponen. La cola para el super-telescopio era muy larga, así que nos fuimos a otro más pequeño, pero con el que pudimos ver la Luna igual de bien.


Con esto pusimos fin a nuestro día de Hollywood y Beverly Hills. Al día siguiente nos esperaba un día entretenido en los estudios Universal.


Los estudios Universal es un parque temático, que más que atracciones tipo montaña rusa, está muy centrado en las películas, efectos visuales, rodajes y sets de decorado. Es decir, un poco como ver el cine por dentro. La verdad es que es muy curioso de ver, sobre todo porque te das cuenta la gran mentira que es el cine.

Lo primero que hicimos fue un tour por los decorados y sets de rodaje de películas famosas como Parque Jurásico, Tiburón, Terremoto, Psicosis e incluso pasamos por delante del set de rodaje de Mujeres Desesperadas, donde tuvimos que pasar en silencio porque estaban rodando. Nos enseñaron decorados de calles de New York y Londres, que se pueden transformar en lo que el director quiera. También pasamos por un pueblo mexicano, donde nos simularon una avalancha de agua, otro set donde simularon una explosión de coches y un montaje muy chulo en 3D donde KingKong luchaba contra los dinosaurios mientras movían nuestra vagoneta y nos escupían. Parecía que te iban a atacar en cualquier momento. Genial.


Tras el tour vimos otros shows, como un macromontaje con agua y explosiones y especialistas que se tiraban desde lo alto de torres al igual que en la película WaterWorld. Otro donde nos enseñaban cómo se hacían efectos especiales. Otro donde nos enseñaban "animales actores" con un orangután muy gracioso...Un par de montañas rusas, una de ellas muy curiosa, porque más que montaña rusa era un efecto visual en sí, pero que te provocaba las mismas sensaciones.


En fin, un día interesante y divertido, para verlo, más que para contarlo.

miércoles, 10 de agosto de 2011

Viaje Costa Oeste EEUU: 9 de Agosto: Telmo y Luisa en.... Carretera y manta.

Bueno, manta no, porque la temperatura media del viaje ha sido de 35 graditos, pero carretera un rato. Unas 500 millas, así como 800 y pico km nos separaban de nuestro destino, Los Angeles.


El día como os podéis imaginar no ha tenido mucha emoción. Salvo por los 400 y pico km que ha hecho Ana conduciendo, donde le ha tocado parada de rutina de la policía. Llevamos casi 5000 km, de los cuales Ana habrá conducido unos 500 km y va y le toca la revisión de control de la poli. Creemos que vamos a comprar un boleto de lotería, visto lo visto, tenemos muchas probabilidades de que nos toque.


La pobre Ana que no está muy acostumbrada a este tipo de inspecciones policiales, ni a los coches con ventanilla de atrás, se hizo la picha un lío con los elevanulas eléctricos y cuando quiso bajar la ventanilla para atender al policía, bajó primero las ventanillas de los asientos traseros, después la del asiento del acompañante y cuando ya no le quedaban más por probar (Dani desesperado) ya por fin consiguió bajar la de su lado, el del conductor. Al policía ya le daba hasta la risa. Al final nada, viendo semajante cuadro, debió de descartar cualquier parecido con maleantes, así que simplemente nos preguntó de dónde veníamos y a dónde ibamos. Le gustaron nuestras respuestas y nos deseó un buen día. Tras lo cual nos fuimos y subimos las 4 ventanillas de nuestro muy ventilado coche.


A algo menos de 200 millas de Los Angeles, hicimos una parada en Calico Ghost Town, una ciudad de la época de la fiebre del oro, con casas de la época y algunas reconstruidas o restauradas para dar al visitante una idea de cómo eran las ciudades del oeste americano. Como en las pelis, señores. Hasta con el saloon y sus puertas de madera giratorias. Llegaron a vivir hasta 1200 personas en sus tiempos prósperos. Bastante curioso de ver y entretenido, además nos salío gratis por llegar una hora antes del cierre, asi que fue una buena parada para estirar las piernas, aunque el calor era bastante asfixiante.


De ahí hasta Los Angeles de un tirón. Cuando aún quedaban más de 100km, ya estábamos metidos en miles de circunvalaciones, nudos de carreteras... un lío, como diez M-30/M-40/M-50 juntas. Por un par de veces se nos escapó nuestra salida, pero el tomtom se orientó rápido y no perdimos mucho tiempo.


Al fin llegamos al hotel en Santa Mónica, el Santa Mónica Pico Travel Lodge. La verdad es que está muy bien. Tenemos una habitación superamplia que lleva a una pequeña cocina, y de la que sale otra puerta al baño, también muy amplio. Desayuno y parking incluído en el precio. Muy satisfechos. Como llegamos algo tarde ya para emepzar a investigar un sitio para cenar, en la recepción nos dijeron que había un super a la vuelta de la esquina. Como teníamos microondas, frigo y demás, decidimos apañar algo del super y comerlo en nuestra cocinita. Unas pizzas para el micro y una ensalada de estas pre-envasadas para acompañar. Las pizzas resultaron ser una mezcla de engrudo y chicle, probablemente debido al uso del microondas para hacerlas. Como en el horno, ná. Y eso que cogimos las que ponían en la caja que se podían hacer al microondas.

Además a falta de plato, usamos unas pañuelitos que se pegaron a la base de la pizza debido a su falta de cocción. Esperemos que la celulosa no se nos indigeste durante la noche. En cuanto a la ensalada, algo seca. Las salsita que dan para acompañar era algo escasa, así que nos sabía como si estuviéramos masticando prao. Vamos, un lujo de cena. Mañana probablemente vengados cenados de la calle.


Y eso es todo por hoy. Mañana comenzaremos a visitar las zonas más famosas de Los Angeles. A ver si un cazatalentos se fija en Ana y el año que viene venimos todos a ver cómo recoge el Oscar.

Viaje Costa Oeste EEUU: 8 de Agosto: Telmo y Luisa en.... Toro Sentado

Aunque en realidad no sabemos si Toro Sentado era un Navajo, que es donde estamos, en la tierra de los Navajos (Navajo Nation).


Hoy hemos salido de Tuba City, sitio en el que sólo estábamos de paso, y hemos puesto rumbo a Oljato, que es como se llama el pueblo justo al lado del Monument Valley. Ya por el camino, el paisaje empezó a cambiar (esto Ana no lo vio, porque iba sobando como una campeona). Pasamos de una zona medianamente árida y plana, a un auténtico desierto de arena anaranjada y matorrales, y ligeramente montañoso.


Curiosa la cantidad de indios por el camino haciendo autostop, caminando al borde de la carretera. Debe ser para ir de una casa a otra, porque están todas esparcidas y muy lejos unas de otras. Lo raro es que éste es el país del coche, pero seguramente no a todo el mundo le llega para uno. No nos imaginamos a otro sitio donde podrían querer ir, porque básicamente por aquí no hay nada más. No son listos ni nada los americanos blancos, las "reservas" que les dejaron son un auténtico erial.


Es curioso también ver como a ambos lados de la carretera se suceden puestos de artesanía india (luego los veríamos también dentro del valle), pero nunca nadie se para a verlos, dan bastante penilla. Dice Dani que no deben de sacar un duro.


Cuando por fin llegamos, tras dos horas de coche, hasta el valle, el montaje está claro: garita a la entrada, 5 dólares por persona, y un cartel bien claro que dice: "No sirven los pases para el resto de parques nacionales". Estamos en la Navajo Nation, sus reglas, y punto. Aceptan dólares de casualidad.


Pocos metros después de la garita, un parking, un hotel y un centro de visitantes, eso es todo. Aparcamos, y nos vamos al centro de visitantes a informarnos. Ya desde allí se podían ver las formaciones rocosas características del valle, de hecho es una de las mejores vistas posibles del valle.


Para visitar el valle hay dos opciones: o coche particular, siguiendo un mapa, o con visita guiada. La "gracia" que tiene el asunto es que el camino no está asfaltado, y en algunas zonas tiene unos "socabrones" considerables. Los indios, muy majos ellos, ponen una lista de tipos de coches permitidos y no permitidos: básicamente, todoterrenos y camionetas de estas que les gustan tanto aquí, ok. Autocaravanas, motos, y deportivos, no. Y luego, coches "normales", sólo aquellos que tengan una buena altura al suelo. Pero claro, eso es muy ambiguo, y no te asesoran sobre tu coche particular.


¿Y cuánto cuesta una excursión en sus todoterenos? ¡70 dólares por persona! Y regateables, lo cual no inspiraba demasiada confianza. Junto con dos españolas que nos encontramos por allí, y a la vista de lo que iba y venía por el camino, decidimos que eso era un sacaperras y que seguro que podíamos entrar.


Valor y al toro. Ana se pasó los primeros 5 minutos, como era de esperar, analizando la altura de todos los coches que volvían: "este es más bajo que el nuestro, ¿no?", "¿éste es más alto?". Era como lo de la "máquina caliente" de Las Vegas, pero en versión alto/bajo. Un bocinazo final de Dani, más pendiente de los socabrones que de las alturas, acabó con las preguntas.


Al final, como habíamos sospechado, el paseo no era para tanto. De hecho, la peor parte es la primera milla, la bajada al valle. El resto está chupado. Hasta el coche de Dani, que por Menorca no lo pudimos meter por algún camino, aquí no hubiera tenido problemas.


El recorrido en sí merece mucho la pena. Es como estar todo el rato en una de esas pelis del oeste clásicas, de hecho muchas de las pelis de John Ford y John Wayne están rodadas en parte aquí (y seguramente el resto en Almería). Eso sí, esperábamos ver algún cactus de esos tan típicos de las pelis con bracitos y todo, pero no hay ni uno.


Las distintas rocas de valle tienen nombres por las formas que sugieren, así que Ana, ni corta ni perezosa, se hizo una foto delante de cada una de ellas imitando la forma en cuestión para acordarnos del nombre, para qué quería más ella.


Al final estas cosas, más que explicarlas, hay que verlas, al menos en las fotos. Los paisajes, como ya nos estamos acostumbrando en este viaje, son impresionantes. Cuando entras al recorrido te dan un folio A4 cutre salchichero (menos mal que no cobran un extra por él, aunque ya lo llevábamos impreso de casa con unas explicaciones extras que no venían en la hoja que nos dieron) con los sitios con las mejores vistas, así que no hay que pensar mucho. Eso sí, en los sitios de las paradas estaban estratégicamente situados más indios que vendían artesanía (y que, de nuevo, nadie compraba). No es de extrañar, porque hacen un marcaje muy raro al hombre en el puesto, que Ana sufrió en sus carnes. Si ella se movía a la derecha, la india se movia a la derecha. Si ella se movía a la izquierda, a la izquierda iba la india. De hecho, parecía que estaba jugando al espejo. Ana enseguida se estresó y pasó del tema. Menos mal que estos no son como los pesaos de Egipto, que encima luego no te dejan marchar.


En resumen, una visita muy recomendable, con sus peculiaridades. Para terminar, nos pillamos algo de comer y un heladito (de hielo, que hacía un calor considerable) con vistas al valle, un buen final.


Visto esto, ruta de vuelta a Flagstaff, que nos esperaban 3 horitas. Nos vino bien el cambio de hora de la Navajo Nation (ya os decimos que van por libre), porque llegamos una hora antes. Eso sí, la carretera hace que no te aburras en ningún momento. Una cosa curiosa que hemos observado es la enoooorme cantidad de ruedas reventadas en los arcenes. Pero no os hacéis una idea cuántas. El problema es que a veces no están en los arcenes sino que también te los encuentras en medio de la carretera. Nos hemos llegado a encontrar hasta conos de obras tirados en medio de un carril. Es curioso porque además aquí en las autopistas tambén puedes hacer cambios de sentido e incorporaciones "a lo bruto", es decir, sin nudos de cambio de sentido ni ná, como si fuera una carretera nacional de las España al uso.


Llegados a destino, una cenita de cuchillo y tenedor al lado del Motel de carretera a base de raviolis rellenos de espinacas con salsa Alfredo para Dani, y lasagna de carne con salsa de tomate de la abuela (de la del bar, se supone) para Ana. A dormir, que mañana hay unos cuantos kilómetros por delante.

lunes, 8 de agosto de 2011

Viaje Costa Oeste EEUU: 6 y 7 de Agosto: Telmo y Luisa en.... El Gran Cañon (pero que muy Gran)

Amanecimos con ganas de llegar al Parque Nacional del Gran Cañón y poder disfrutar de nuestra primera vista en vivo y en directo.

A pesar de que en el hotel con encanto no había ranas, al ser una casa algo antigua, parecía que había fantasmas en la habitación. Se oían pasos, crujir del suelo, ronquidos...(ay no, esos eran de Dani), el caso es que por un momento Ana llegó a montarse la película de que el hotel estaba encantando y venían a visitarnos entes del pasado que se quedaron atrapados en el limbo. En fin, que por la noche las cosas se ven de otro modo. Simplemente eran los de la habitación de al lado.


Nos metimos un buen desayuno en el bar que habíamos fichado el día anterior, donde la voz cantante la llevaba una viejecita con más años que Matusalén, de hecho parece ser que era prima carnal del tal Matusalén.

Nuestro pueblo está a una hora más o menos de la entrada del parque. No es una distancia desdeñable pero la carretera es muy buena asi que es mucho más llevadera que la de Yosemite. El mejor sitio para quedarse (si encuentras plazas) sería o dentro del parque o en Tusayán, que está ya en puertas y hay bastantes hotelitos. Cuando nosotros fuimos a reservar ya estaba todo el pescado vendido, claro, verano y fin de semana, la combinación ganadora. Recogidos los mapas y consultados los planes con una joven ranger, nos metimos a ver un documental introductorio en el centro de visitantes del parque. Claro, salimos de allí con más ganas aún de comprobar con nuestros propios ojos la inmensidad del Gran Cañón y la verdad es que no nos defraudó para nada.

Uno no se hace la idea de lo grande que es esto, ni siquiera cuando lo tiene delante. Solamente te das cuenta cuando tienes una pequeña referencia como un árbol, una persona caminando por el cañón (visto con prismáticos o con el zoom de la cámara). Los datos que te dan abruman. Hasta 1800 metros de altura en el punto más profundo y 15 km de ancho del cañón en el punto más ancho, y casi 500 km de largo. De hecho, el río Colorado sólo se ve en algunos puntos.


Decidimos hacernos una rutica a pie por el borde del cañón hacia el oeste de la parte Sur, que es el lado que la mayoría de la gente recorre y el que está más preparado para los visitantes. 15 km recorridos a pie bordeando todo el rato el cañón y parando cada poco en los miradores, que no son más que peñascos asomados al abismo. Hay algunas zonas en las que te puedes salir del mirador y caminar un poco hasta la roca más saliente y más estrecha. Pero no os preocupéis, que no nos arriesgamos tanto. A poco que Dani se acercaba, Ana empezaba a gemir como una plañidera. Hay que decir que resulta que luego el mayor riesgo lo tomó Ana, y todo por hacer "La Foto" a Dani. Empezando por Mather Point, pasamos por los miradores de Yavapai point, Maricopa Point, Powel Point, Hopi Point, Mohave Point, Pima Point y Hermist Rest. El último cacho y la vuelta la hicimos en un bus gratis que hace el mismo recorrido y va parando en los puntos con vistas. Ya estábamos algo cansados y queríamos llegar a tiempo a un buen punto pata ver la puesta de sol. No dio tiempo a llegar al punto que queríamos para ver la puesta de sol, porque la exasperante lentitud del autobús no nos lo permitió, pero aun así cogimos un buen sitio y estuvimos embobados viendo cómo el sol se ponía y teñía las rocas on un rojo aún más vivo.

Hemos hecho un montón de fotos, pero desgraciadamente no esperéis ver lo que nosotros hemos visto.


Como premio por haber tenido un día intenso, volvimos a nuestro pueblo del yiiiihaaaa y nos conseguimos unas costillitas a la miel, que la dieta hipocalórica que veníamos haciendo los últimos días no nos estaba funcionando nada bien. Esatban espectaculares, por cierto.


Esta vez no hubo fantasmas en la habitación, o a lo mejor estábamos tan cansados que pasamos de sus historias del limbo.


Al día siguiente tocaba madrugón, porque teníamos una cita con EL HELICÓPTERO. Eso sí, hubo tiempo para meterse entre pecho y espalda 3 pancakes y un croissant (tamaño americano), en el bar de la prima de Matusalén.


Todos emocionados, Dani llevaba una sonrisa que le daba la vuelta a la cabeza, llegamos a la terminal de Papillon Helicopters. Allí nos esperaba la ruta Imperial. Básicamente son 50 minutos sobrevolando las zonas este y norte del cañón, partiendo del lado sur, que era donde estábamos. Hicimos el checking y nos pesaron, vital para repartir los asientos de los pasajeros en el helicóptero. Con esta jugada ya sabíamos que Dani o bien iba a ir en el centro del helicóptero o únicamente le tocaba ventanilla si encontraba a otro maromo como él para la otra ventanilla. Observamos también que los pesos plumas van al lado del piloto, así que Ana estaba toda emocionada porque se hacía dueña de este sitio. Resultó que compartimos helicóptero con una familia de holandeses, que tenían a un niño de unos 10 años, que se llevó el premio gordo. Cachis! Con año y medio más, el sitio era de Ana seguro.


Cuando por fin el helicóptero estuvo listo nos fueron llamando por posición de asiento. Antes de subir te ponían por la cintura un salvavidas en caso de accidente sobre agua y luego una vez en el helicópero nos ataron bien atados con los cinturones de seguridad y nos pusieron los casquitos.


Ana y Dani estaban enfrente uno del otro y efectivamente a Dani le tocó una de las ventanillas haciendo contrapeso con el padre de familia holandés que era un bigardo importante. En el vídeo de seguridad previo nos habían explicado que en caso de que se abriera la puerta del helicóptero en pleno vuelo, que no nos preocupáramos que el piloto nos ayudaría a cerrarla, lo cual nos dejó mucho más tranquilos, especialmente a Dani que iba al lado de la puerta. Pero nada importaba, porque íbamos a montar en HELICÓPTERO! Lo que sí vimos fue que dentro del chisme hacía un calor importante, pero se llevaba bien.


Las aspas empezaron a girar con fuerza, y las sonrisas aumentaban por momentos. Vídeos, fotos, esto despega! Oooops, un poco de tambaleo, y allá vamos. La pilota (que se llamaba Ana, por cierto), nos explica que vamos a ir sobrevolando un bosque dando un pequeño rodeo porque les obliga Aviación Civil, pero que enseguida llegamos (nos debía de ver la cara de ansiosos). Todo esto por los cascos con los intercomunicadores, claro, porque el ruido sin ellos es insoportable.


De camino por el bosque, el calor aumenta, especialmente por nuestro lado, porque nos iba dando el sol. Si hay aire acondicionado, no se nota. En los cascos suena Norah Jones (relajante), mientras el helicóptero se mueve lento hacia el cañón, y a baja altura. Cuando empezamos a llegar al cañón, cambia la música, y nos ponen la música de "2001: Odisea en el Espacio", no saben estos ni nada.


Cuando por fin termina la tierra bajo nuestros pies, y de repente aparece el cañón, se nos pone la piel de gallina. Es increíble la sensación de vacío de repente, y lo enorme del cañón visto desde dentro. Ponemos rumbo al este del cañón, y el calor aumenta. Dani se empieza a pillar una sudada considerable, con goteos por la frente, y la camiseta empapada. La holandesa de al lado no dice nada, pero debe de estar flipando.


De todas formas, seguimos babeando. Caen un par de vídeos, pero los justos, no hay que perderse nada del espectáculo. Cuando llegamos al Little Colorado (un afluente, que también viene por un cañón), la vista es una pasada. Muy curioso de ver también desde el helicóptero la llanura del desierto de Arizona "perforada" por el cañón.


Llegamos a la mitad del vuelo, y comenzamos a sobrevolar el extremo norte del cañón (nosotros siempre hemos visto la zona sur), de nuevo sobre bosque. Llegado a este punto, el agobio de Dani por el calor alcanza su máximo (a estas alturas, se le empañan las gafas de sol, la camiseta está para un concurso de camisetas mojadas y tiene la frente de sudor que parece que acaba de subir el Tourmalet), y se empieza a poner nervioso con el cinturón (que nos habían apretado a conciencia), el salvavidas, y el poco espacio disponible.


Se empieza a poner un pelín blanquecino y a hiperventilar ligeramente, mientras Ana se escojona ampliamente en un principio, para preocuparse y ponerse a abanicar después con las instrucciones de seguridad, que era lo único que había a mano. Los pancakes del desayuno toman posiciones en la garganta. Dani empieza a tomar postura momia, levantando los brazos para mejorar la ventilación de los alerones. Le tira las gafas a Ana, y no le tira la cámara porque no sale con el cinturón puesto.


Los sudores han pasado de ser sudores de calor a sudores fríos. A todo esto, no podemos hablar con la piloto para decirle nada, porque los intercomunicadores sólo sirven para que ella nos diga cosas, no en el sentido contrario.


Justo en ese momento, el helióptero vira, de modo que ya no nos da el sol, y aumenta el aire acondicionado, lo que junto con el abanique hace que la situación remonte ligeramente. De todas formas, la segunda pasada por el cañón Dani ni la vio concentrado en los pancakes, y Ana sí que la vio, pero mirando de reojo los abaniques del muy blanquecino Danielito.


Cuando por fin aterrizamos, y se abre la puerta, Dani recupera el color. Cuando se quitó los cascos, estaban literalmente empapados. Imaginamos el cuadro del tío que fuera detrás y cogiera los cascos. El negro mate de las almohadillas de los cascos se había convertido en negro brillante, como si lo hubieran untado con aceite Johnson's. La escena es dantesca.


Un poco de agua después, y un poco de aire, y recuperamos al Dani de siempre. Dice que repite sin dudarlo, y que le ha encantado (hasta que tuvo que empezar a concentrarse en el desayuno) pero con algunas precauciones por el tema calor, apriete de cinturones y demás. Animalico. Igual lo que tiene que hacer es coger el próximo helicóptero en invierno...


Ana también salió encantada, el viaje lo merece: no tiene nada que ver observar el cañón desde el borde, que desde dentro. Los paisajes, las vistas, el moverse a vista de pájaro... no tiene precio.


Una vez recuperado el agua perdida (a Dani se le abrieron los poros en Yosemite y todavía no se le han cerrado), nos fuimos a una proyección en un cine IMAX que ponían una peli de National Geographic sobre el Gran Cañón, y que además era un sitio apetecible por lo del aire acondicionado y demás. Decir que la peli está muy chula, con las típicas imágenes panorámicas de IMAX, pero contando una historia muy interesante de la conquista del cañón.


Nos apretamos un sandwich, y camino de Desert View, que es una carretera que recorre la zona Este del cañón, la que habíamos dejado por ver el día anterior. Esta vez no caminamos, porque las distancias son mucho mayores. Desde la zona central hasta el final de Desert View Road hay 40 kilómetros.


Nos quedamos sin ver el Yaki Point, uno de los miradores, porque el acceso únicamente es en bus, y para pillarlo íbamos a perder mucho tiempo. Pero en cualquier caso, el resto de los miradores que vimos (Grandview Point, Moran Point, Limpa Point, Navajo Point y Desert View Point) estaban muy bien, incluso pensamos que hubiera estado bien haber venido el día anterior a ver la puesta de sol desde aquí. En esta zona el río se ve mejor, y los paisajes son más abiertos.


Echamos la tarde en los distintos miradores, tomándonos nuestro tiempo e incluso un piscolabis en la última parada. Hay que aprovechar, es nuestra despedida (por el momento, seguro que no tardamos en volver) del Gran Cañón.


Por cierto, comentar que en este tramo Ana se estrenó como conductora del aparato. Aunque no ha querido llevarlo mucho tiempo, se sospecha que le ha gustado bastante, no ha tenido ningún susto pisando el inexistente embrague (cosa que sí le pasó una vez a Dani) y amenaza con repetir.


Tras una hora y media llegamos a Tuba City, nuestra parada de camino a Monument Valley. Aquí no hay nada que ver, así que ni nos esforzamos: directos al hotel. Estamos en Navajo Nation, así que aunque seguimos dentro de Arizona, nos ha cambiado la hora. Estos señores tienen una hora más, así que dentro de nuestro habitual descoloque jet-lag-ero, dormiremos una hora menos (aunque nos vendrá bien en nuestro maratón de vuelta a Los Angeles pasado mañana).


Cenita sana en el Kentucky Fried Chicken (si no tenemos en cuenta el rebozado del pollo, se entiende), y a dormir. Mañana tenemos unas dos horas hasta Monument Valley (esos fondos de las pelis del oeste), y luego tres de vuelta hasta Flagstaff, donde haremos parada camino de Los Ángeles.


Seguiremos informando!

sábado, 6 de agosto de 2011

Viaje Costa Oeste EEUU: 5 de Agosto: Telmo y Luisa en.... Una de vaqueros

Hoy nos hemos pegado un madrugón considerable, por lo menos comparado con los otros dos días. Había que hacer el check-out a las 11 de la mañana y primero teníamos que pasar a rapiñar el buffet, nuestra última oportunidad de comer algo diferente a algo que no sea carne entre dos cachos de pan. Además, las maquinitas nos habían tenido entretenidos la noche anterior y nos habíamos acostado muy tarde. Seguimos pensando que volveremos a la misma habitación y a jugar a las máquinas de 1 céntimo. Señores, hemos despertado a la bestia.


Hicimos el check-out y mientras esperábamos que nos trajeran el coche, debatíamos cuánta propina habría que dejarle al chaval. Así que ya nos veíais intentando descubrir en la distancia los billetes que tenía la gente en la mano y que estaba esperando a recibir su coche. Al final nos copiamos del que estaba al lado, que tenía pinta de ser un señor bastante respetable y le encasquetamos dos míseros dólares. A lo mejor, el paisano más que respetable era un rata, pero nosotros seguimos aquella frase de "allá donde fueres, haz lo que vieres".


Finiquitado el tema propina, de nuevo a nuestro carromato que llevábamos dos dias sin tocar y nos pusimos rumbo a Williams, ya en el estado de Arizona y que nos dejaría a unas 50 millas del Gran Cañón. Como siempre, no habíamos conseguido alojamiento dentro del parque, así que nos alojaremos en este pueblo que forma parte de la Ruta 66. Parece que esta vez, aunque sean 50 millas, sí que nos hemos documentado mejor y creemos que es una buena opción. No hay mucho más alrededor de la entrada a la parte Sur del Cañón, que es la que vamos a ver. Además parece que la carretera es bastante mejor. Mañana lo comprobaremos. Esperemos no haberla cagado de nuevo.


Como la distancia no era muy larga y no nos iba a dar tiempo a ir y volver al cañón aunque fuera un ratin, nos lo tomamos con calma y paramos en la presa Hoover, que corta el río Colorado, ya que nos pillaba de camino y está a unos 30 km de Las Vegas. Allí que nos metimos e hicimos la turistada. Nos vimos un documental sobre su construcción, una especie de museo con explicaciones y una ruta guiada por el interior de la presa, turbinas y generadores. Esta presa fue construida en 1935 y era la presa más grande de su tiempo, sigue impresionando a pesar de los años y funcionando desde entonces. Interesante. Hemos aprendido mucho sobre la contrsucción de las presas, algo que sin duda será de mucha utilidad en nuestra vida. El saber no ocupa lugar.


Ya no hubo más que una pequeña parada para comer y a eso de las 6 y pico estábamos en Williams. Y menuda sorpresa que nos ha dado el pueblico. Aquí se pronuncia el "yiiiihaaaa" en cada esquina. Habrá algo de mentirijilla por aquello del turismo, pero aquí la gente va con el sombrero de cowboy, la camisa de cuadros, camioneta destartalada y música country en el coche.

Este pueblo, al ser camino de ruta 66 y puerta al Gran Cañón está muy transitado, con muchos hoteles de carretera, tiendas de regalitos y souvenirs y restaurantes con las barbacoas haciendo costillitas en la calle y a un cowboy cantando country animando el cotarro.


El hotel es un encanto también. A pesar de venir del lujo, somos culos de buen asiento y nos adaptamos rápidamente al entorno. Estamos en el "Grand Canyon Hotel". Una casa de 1891, que supone ser el hotel más antiguo de todo el norte de Arizona y donde se han alojado personajes como el Rey de Siam o los multimillonarios Vanderbilt allá por principios del siglo pasado. Nada más llegar nos preguntaron de dónde eramos, y no por cumplir, sino porque tienen banderitas de todos los países, y entonces en el mostrador, colocan las banderas de las nacionalidades de las personas que están alojadas esa noche. Aquí hoy hay chinos, brasileños, tailandeses, franceses, italianos y unos cuantos más que no hemos podido retener. Lo segundo que nos dice es que según la tarifa y tipo de habitación reservada, hay disponibles 5 ó 6 habitaciones. Nos apunta los números en un papel, y nos dice que subamos a verlas para que elijamos la que más nos guste, que están las puertas abiertas. Pues nada, allá que vamos. Al final cogimos una que es bastante amplia y con mucho encanto con temática holandesa (cada habitación tiene su temática, pero todo en el estilo antiguo). Lo unico malo es que no tiene mucha luz, pero al comprobar que las que daban más a la zona iluminada de la casa no tiene persianas ni cortinas opacas, decidimos que la holandesa era nuestra elección.


Una vez instalados nos fuimos al final del pueblo (unos 50 metros) porque había una performance, según nos dijeron. Así que allí en medio de la carretera, se pusieron dos carretas de caballos para cortar el tráfico y allí la gente hizo un círculo para presenciar una representación teatral con una historia del oeste americano y unos cuantos tiros, en versión humor, claro. Los actores eran 5. Había 3 vaqueros, un narrador vestido tambien de vaquero y una mujer vestida del oeste de la epoca. Todos bien talluditos, el unico que bajaba la media era el narrador, y tenía un aire al rubio de la película "Dos tontos muy tontos". El resto no bajaba de los 60. No sabemos si del pueblo o no, pero muy graciosos.


Acabada la actuación, nos dimos un garbeo por el pueblo y las tienditas y ya hemos fichado un sitio para desayunar y otro para cenar mañana. Como estaremos famélicos de caminar por el Gran Cañón, mañana caerán unas costillicas a la barbacoa. Hoy estamos demasiado cansados, asi que una magadalena gigante y unas oreo que nos hemos comprado en el súper y un par de cafés que tienen en el hotelito para que te sirvas tú mismo de gratis, ha sido nuestra cena. Las Vegas nos ha dejado agotados.


Y nada más, aquí a la sombra de un ventilador de techo como debe ser, nos despedimos hasta mañanita.

Viaje Costa Oeste EEUU: 3 y 4 de Agosto: Telmo y Luisa en.... Resacón en Las Vegas!!

Que no, que no bebimos, a parte de 8 litros de agua al día cada uno, porque el calorcito que hace en curioso. Queríamos mantener nuestra lucidez en todo momento, que la mezcla juego y alcohol nunca dio buenos resultados.


Estos dos días hemos llevado una vida como corresponde en Las Vegas, de crápula. Acostarse tarde, levantarse tarde y jugar las perras en el casino. Durante el primer día de visita nuestra mandíbula no llegó a cerrarse en ningún momento. Señores, esto hay que verlo. Qué derroche de neón, que ostentosidad, que horterismo en algunos casos, qué barbaridad, qué a lo grande todo, qué flipe Felipe. Pensábamos que si era de día no había mucho que ver, pero no, esto está pensado para tener entretenimiento las 24 horas. Aquí hay gente jugando sea la hora que sea, de todas las razas y colores, edades y religiones. Si hay una ciudad que no duerme, es Las Vegas. De día hay cosas que ver en los casinos y hoteles que difieren de las cosas que puedes ver por la noche, aunque el plato fuerte siempre es nocturno, claro. Centros comerciales dentro de los hoteles-casino, tiendas por todas partes y atracciones en cada hotel.


Nuestro día empezaba a eso de las 12 ó 13pm, sin forzar. Directos a los famosos "buffets" que ofrecen los hoteles-casino y que para nuestra sorpresa, estaban incluídos en nuestra oferta de habitación. O sea, que además de la superhabitación de amor y lujo, la comida nos sale de gratis. Un vale por persona por dia para un macro-buffet de come hasta que revientes. Y vaya si reventamos. El primer día, es la única comida que hizo Dani, asi que haceros una idea. Despues de nuestra dieta de perroflautas, es de entender que vieramos eso y aunque no hubiera hueco, había que aprovechar, que era gratis. Allí había de todo: marisco, sushi, pizza, sopas, ensaladas, comida china, noodles, carnaza, pollo, embutidos miles, quesos miles, arroz de mil formas, tacos, tortillas a la carta, pasta a la carta... Y de postre, mil tartas, helados, bollería, cookies... UNA BACANAL. Viva Las Vegas!!!!!


Después de salir rodando de nuestra experiencia en el buffet ( ni el segundo ni el tercer día serían distintos), nuestra primera visita fue el Bellagio (conocido como el Montecito de la serie, aunque tambien nos han dicho que igual es el Montecarlo, bueno, da igual). Simula una villa a orillas del lago Como, en Italia. A parte de las tiendas y su impresionante casino, tiene una plaza con flores naturales, figuras gigantes hechas en diferentes materiales naturales, riachuelo y hasta una macrojaula de loros y demás pajaricos de colores. El plato fuerte es el juego deluces, música y chorros de agua que proyectan a partir de las 8pm cada cierto tiempo. Uno de los mejores espéctaculos gratis que ofrece la ciudad.

Allí jugamos nuestro primer dólar, había que aprender, y lo hicimos fatal. No nos fuimos a las máquinas adecuadas. Intentamos averiguar tambien el funcionamiento y las bases de juego y apuesta de la ruleta, que era el otro candidato a invertir nuestro dinero. Pero esas juegan fuerte, apuesta mínima, 10 dólares, o sea, que pare empezar, qué menos que 30 dólares. Ñññna, cachis, nuestro espíritu rata nos bloquea. Deberíamos haber venido preparados para el poker, venir a Las Vegas y no jugar al póker es un delito. Dani no tiene ni idea, y creemos que los conocimientos de Ana adquiridos en su juventud, en la mesa de la cocina de su abuela, jugando con su tíos y sus primos y apostando con garbanzos, no es lo que se dice venir preparados.


Podemos hablar tambien del Caesar Palace, el siguiente en la ruta. Un derroche a la romana. Tiene coliseum, una réplica de la fontana de Trevi, piscina a modo de foro romano, todos los interiores inspirados en el Imperio Romano. Hasta el techo en algunos tramos pintado a modo capilla sixtina y en otros simplemente pintado de azul con nubes para dar aspecto de "estoy en la calle". Aquí en el macrocentro comercial, había una fuente en una plaza (dentro del centro) con una representación. Del fondo de la fuente salían unas figuras enormes que parecían de verdad, se movían y contaban una historia de la que no entendimos gran cosa la verdad, pero acababa como el rosario de la aurora con guerras de agua y fuego (todo esto dentro del centro comercial) y un final por todo lo alto con un dragón agitando alas y todo. La leche.


El Mirage, con un espectáculo de delfines. Este era de pago, así que pasamos. Ya hemos visto delfines en acción en otros sitios. El plato fuerte, una simulación de erupción volcánica a la entreda del hotel, en pleno Las Vegas Boulevard. Auténticas llamaradas y simulación de ríos de lava, bajando por una montaña, super-conseguidos. Menos mal que no estábamos muy cerca, porque si no, ya sabemos dónde nos hubiéramos dejado las pestañas.


EL Venetian, de caerse el ojo. Además como teníamos muy reciente nuestro viaje a Venecia de principios de año, podíamos comparar sin temor a equivocarnos. Te cagas con la imitación del palacio ducal. No es mucho más pequeño, al menos la fachada que se reconstruye y el nivel de detalle es la caña. Por no hablar del campanile, tampoco mucho más pequeño que el original. El puente Rialto, de traca tambien. Y por dentro, amigos, canales con góndolas y gondoleros cantando "oh sole mío" cual auténticos italianos. Pero eso no es todo, es que hasta tienen la plaza de San Marcos (les falta la basílica), y todas las calles con edificios (que son restaurantes o tiendas) al más puro estilo de la vieja Venecia. A estas alturas ya nos daba la risa floja, de lo alucinados que estábamos.


Siguiente parada: Francia. Aquí tampoco se quedan cortos. Que si el arco del Triunfo, que si la Torre Eiffel (la mitad que la original, asi que háganse una idea), que si Monmartre, las calles del barrio latino.....Otro pa mear y no echar gota. La zona del casino además estaba muy bien ambientada, que en los otros es zona enmoquetada y ya, en este caso se habían preocupado de que pareciera que estabas jugando en los mismísimos Campos Elíseos.


New York, New York. Aquí se han traído medio puente de Brookling, el Empire State, el edificio Chrysler y la estatua de la libertad, ná menos. Las calles del interior, como si estuvieras en los barrios de Brookling.


El Excalibur, un macro castillo a medio camino entre una Edad Media seria y un cuento de dibujos animados.


El nivel de elegancia en los casinos va subiendo conforme cae la noche (aunque nunca llega a ser de etiqueta y siempre queda gente en chanclas como nosotros), sobre todo en las mujeres. Típicas americanas, con sus uñacas largas, superpintadas, sus pelos enlacados, minivestidos enseñando pierna (aunque a alguna más le hubiera valido ponerse un hábito de monja) y taconazos a discreción. De esos que empiezan a flojear a medida que el nivel de alcohol sube y los pegotes de rimel empiezan a correrse. Vaya cuadros a ciertas horas de la noche hemos visto!. Eso sí, un miercoles a las 12 de la noche no cabía ni un alfiler en ninguna mesa ni máquina de ningún casino. Increíble.


Por este día como que ya estábamos servidos, era muy tarde y había sido un día muuuy largo. Así que nos fuimos a nuestro super-apartamento a disfrutar de las vistas desde el piso 39. Ay, cuánto nos va a costar marcharnos de aquí!.


Al día siguiente, seguimos el ritmo Crápula. Otra experiencia maravillosa en el buffet y a ver más cosicas. Fuimos a Treasure Island, donde había una especie de espectáculo de lucha de dos auténticos barcos entre piratones y sirenas.


Luego al Wynn, esto ya es harina de otro costal. Aquí sale el glamour por los poros. Y nuestras pinticas no iban para nada acorde con el espíritu de lujo del lugar, porque aclaremos que todos los casinos tienen pretensiones lujosas aunque cualquier tiradillo ande por ahí metido. Pero aquí no, aquí es más rollo Mónaco. Además hace tiempo que al Cartier réplica chino de Ana se le acabó la pila, así que no podíamos tirarnos el pisto en Louis Vuitton. Ná, si el lujo no nos quiere a nosotros, nosotros no queremos el lujo (salvo la habitación).


En ese momento descubrimos un autobus (el Deuce) que recorre las partes más importantes de la Strip (la calle de todos los casinos) y la parte antigua de Las Vegas (Freemont street). Asi que por el módico precio de 7 dólares cada uno, podíamos subir y bajar tantas veces como quisiéramos durante 24 horas. Así por lo menos, podíamos pasar un ratito fresquitos entre casino y casino. Porque aquí aunque están todos los chulis más o menos pegados, como son tan sumamente mastodónticos, al final, a lo bobo a lo bobo, no veas las pateadas que te pegas. Además el calor no es el de Death Valley, pero casi. Una media de 42-43 graditos del ala hemos tenido.


Nos cogimos el autobús, y nos dirigimos al MGM, cuando lo construyeron, el hotel más grande del mundo. Ná, 5000 habitaciones. A 2 habitantes mínimo por habitacion hacen un total de la población de Las Tablas. O dicho de otro modo, podemos meter a toda La Bañeza y a Candás junticos en el MGM. "MGM-La Bañeza-Candás", lugar de vacaciones. ¿Y lo entretenidicos que iban a estar todos en los 15000 metros cuadrados de casino?. Y al que se ponga tonto, a la jaula de los leones. En serio, tienen una especie de hábitat adaptado para un par de leones dentro del hotel. Lo atravesamos por un túnel de techo transparente, sobre el que estaban durmiendo la siesta. Así que si veis una foto de Dani tocando el morro de un león, que no os la pegue, que había un cristal bien gordo entre ellos.

Pero lo mejor es que allí aprendimos lo que sería nuestra perdición. Allí aprendimos a jugar a las máquinas de 1 céntimo. Oh dios mío, qué vicio. Por ese precio, quién se puede resistir?. Y así, vas metiendo, vas metiendo, hasta que pierdes 2 dólares. Queríamos llevarnos el premio gordo: un BMW Z4 rojo que estaba expuesto dando vueltas encima de las máquinas. Dani se enamoró, y lo que hasta entonces era: "bah, yo paso de jugar", se conviritó en: "¿una partidita?". Como Ana llevaba tiempo queriendo probar, como si el premio era una chochona, el caso era jugar. Ana aprendió el significado de "tener la máquina caliente" y comenzó a usarlo a todas horas:

-"Vamos Dani, una apuesta más que tenemos la máquina caliente".

- "Dani, yo creo que nos están mirando porque saben que tenemos la máquina caliente".

- "Dani, ahora no nos podemos retirar que tenemos la máquina caliente".

- "Dani, ese señor que está ahí al lado está que arde, tiene la máquina caliente"

- "Dani, tú crees que ese señor nos ha dirigido la palabra sólo porque sabe que tenemos la máquina caliente?"

El caso es que llegamos a doblar nuestras ganancias, es decir, de 1 dólar llegamos a tener 2, pero la avaricia rompió el saco. Por ir a buscar el coche perdimos todo nuestro dinero, 3 dólares. Decidimos probar suerte en otro sitio, así que nos cogimos de nuevo el autobús para ir a "Freemont Street". Digamos que allí es donde nació Las Vegas. Allí están los carteles y neones típicos de las películas. Está bastante lejos de la zona de los casinos de lujo actuales y ha resurgido gracias a la macropantalla que recorre el trecho de toda la calle donde cada hora a partir de las 8 de la tarde se realiza la "Freemont Street Experience", un espéctaculo de luz y sonido que te disloca el cuello. No sabemos calcular, pero a ojo, la pantalla puede tener 100 metros de largo y 15 de ancho. La verdad es que es un espectáculo, a nosotros nos tocó un show con canciones de "The Doors". Por la calle, al igual que en la strip, todo tipo de personajes disfrazados para que te hagas fotos con ellos a cambio de una propina. Algunos muy curiosos.


Tras la función volvimos a la Strip y nos fuimos al hotel-casino espectáculo que nos quedaba por ver, el Luxor. O sea, Egipto en Las Vegas. El hotel es una pirámide completamente hueca, sin columnas, el casino en la parte central y las habitaciones en las paredes. Todo decorado con motivos de la época, claro.


Más o menos, con la sensación de haber visto lo más importante, decidimos ir a jugar nuestra última baza. 5 dólares, va por tí Eugenio. Y los vamos a jugar en el Bellagio, con un par. Como ibamos de entendidos en la materia, decidimos ir a las máquinas de 2 céntimos. Ahí, al riesgo, doblando apuestas. Y así nos fue, esas apuestas eran demasiado fuertes asi que tras perder el primer dólar en menos que canta un gallo, nos fuimos con el rabo entre las piernas a por las de 1 céntimo, que son las que controlamos.

Esta vez no había coche, pero había 6000 dólares en juego. Suficiente para saciar nuestra hambre de juego. Apostábamos de 10 en 10 líneas y llegamos a recuperar la apuesta en incluso doblarla. Hicimos caso omiso a los consejos de Eugenio "hay que saber parar" y "en cuanto ganes algo, retírate", porque la máquina nos tenía poseídos. Ese "clin, clin, clin clin" era música para nuestros oídos. Acordamos que sólo nos retiraríamos a partir de 20 dólares ganados. Ana insisitía en que la máquina estaba muy caliente (igual que llevaba haciendo toda la tarde con todas las máquinas que veía), pero no hubo suerte. Ni pa pipas. Eso sí, salimos de allí convencidísimos de que si nos dieran un dólar más podríamos ganarnos la vida jugando a las máquinas (sabiendo siempre parar a tiempo, claro está). Convencidísimos de verdad. Planeamos hasta una estrategia y todo, que guardaremos celosamente, que luego vienen Los Pelayos y nos la copian.


Volvimos a nuestro nido de amor y lujo más tristes que otra cosa, porque al día siguiente nos teníamos que despedir de la habitación. Ahora que ya controlábamos perfectamente el funcionamiento de las cortinas motorizadas...

Hemos decidido que en algún futuro volveremos a Las Vegas con más tiempo a quedarnos en esta habitación y a jugar a las máquinas de 1 céntimo.


Al día siguiente ya nos iríamos de Las Vegas habiendo decidido que al final no nos casábamos. No encontramos talla para Dani para el traje de Elvis y a Ana las faldas de Marilyn Monroe le llegaban por los tobillos.

En un segundo intento, cuando probamos el traje de Travolta para Dani no le entraba ni el pie en los pantalones de pitillo y Ana con el traje de Olivia Newton John iba a parecer otra vez Mario Vaquerizo. Nada, así no hay manera, no nos casamos.

miércoles, 3 de agosto de 2011

Viaje Costa Oeste EEUU: 2 de Agosto: Telmo y Luisa en.... Vivan Las Vegas!!

A las 6:30 de la mañana sonó el despertador. Hoy es un día de road trip puro y duro. El coche hoy nos llevará desde el extremo oeste del parque hasta Las Vegas, cruzando el Parque de Yosemite por el Tioga Pass por la 120, bajando despues por la highway 395, y tomando después la 190 para cruzar el Valle de la Muerte y enfilaos a Las Vegas. Total: 500 millas (unos 800 y pico kilómetros). De ahí el madrugón, para que no se nos haga muy tarde, teniendo en cuenta las paradas de rigor por el camino para hacer fotos.


Hicimos el check out, nos guardamos los sandwiches perrofláuticos, cargamos el depósito hasta las trancas (que habrá que llenar otra vez en algún momento del camino) y ponemos el HALCÓN MILENARIO (llamado así porque consume más o menos lo mismo que una nave espacial) rumbo al Tioga Pass. Por esta carretera se cruza el parque aproximadamente por la mitad de oeste a este o viceversa. Tiene un par de puntos especialmente interesantes donde parar, a parte de las vistas en sí desde la carretera, un placer para los que les gusta la conducción, así que os podeis imaginar la cara de Dani de flipao.


Uno de los puntos donde paramos fue el Olmsted Point. Aquí encuentras unas vistas bastante chulas al Half Dome desde el otro lado. Despues de haber visto las vistas desde el Galcier Point, esto se queda un poco flojo, pero está bien igualmente. Sobre todo porque si subes por un monte de granito que comienza al pie de la carretera hasta el punto más alto (unos 100 metros) se acaban teniendo unas vistas de 360 grados bastante chulas del Half Dome, Tenaya Lake y en general toda la sierra. Estamos a algo menos de 3000 metros. Nada despreciable. Por cierto, para el histórico de temperaturas del día, en este punto había menos de 20ºC (por la altura).


La siguiente parada, ya fueron las Tuolomne Meadows. Unas pradericas muy majas a 2500 metros de altura, donde comimos un par de sandwiches con Ana poniendo el ojo en una posible visión de Yogui.


De ahí, directos a Death Valley. Ana estaba acojonadita por el tema temperatura,así que tuvimos que comprar unos 4 litros de agua por si moríamos de deshidratación, o algo. Paramos a repostar justo antes del Death Valley, en Lone Pine, porque luego las gasolineras escasean, y a acabar con todas las reservas de agua, como hemos dicho.


Pues nada, allá vamos. Primera parada: unas dunas de arena tipo Sahara (seguramente infinitamente más pequeñas, pero es para que os hagáis una idea del estilo). Bajamos del coche, y el aire es abrasador. Según el coche, hay 116ºF a la sombra, unos 48ºC (ojo, que eran las 16:30 de la tarde, si llegan a ser las 14:00...). No es una sensación que abrume de golpe, pero cuando el aire sopla, quema. Hace que las cámaras quemen (el cuerpo es metálico), y a Dani se le secan las lentillas.


Vemos muy rápidamente las dunas, y nos volvemos a meter en el coche. Primera prueba superada. "Pues no es para tanto". Je, je. Segundo destino: Furnace Creek. Se supone que es la "capital" de Death Valley, esperamos conseguir algo de información.


De camino, dos avistamientos curiosos: lo primero, un BMW de camuflaje, haciendo pruebas en el desierto. Para los que no estén muy puestos: cuando se crea un modelo nuevo, se le lleva a hacer pruebas en condiciones extremas para ver cómo responde el coche, tanto frío como calor, altura, etc. Death Valley es un sitio de pruebas típico para condiciones de calor extremas. El BMW que vimos parecía un nuevo Serie 1, aunque ya está a la venta, quizá sea una nueva versión. Hay que decir que nuestro Chevrolet Impala aguanta perfectamente el tute.


El segundo avistamiento fue un caza de combate, volando a baja altura por en medio del valle. Impresionante, aunque ni siquiera oímos el ruido, pasó bastante despacito para lo que es un caza. Para ser un valle muerto, aquí hay mucho tomate!


Si algo nos ha impresionado sobremanera del Death Valley es lo inmenso de los paisajes. Te sientes tan pequeñito... Y los contrastes: tan pronto estábamos a 5000 pies en lo alto de una montaña, como descendíamos durante 15 minutos ininterrumpidamente a 110 km/h para llegar a estar por debajo del nivel del mar en un mar de sal.


En Furnace Creek no había nadie, deberíamos haberlo supuesto. Eran más de las 5 de la tarde, y con esos calores aquí no se hace ni un segundo extra. Así que seguimos sin guía local, pero con mucha información que teníamos de Internet y de la Lonely Planet. Directos a Badwater, el punto más bajo del hemisferio norte, según dicen, 86 metros por debajo del nivel del mar.


Antes de llegar a Badwater, paramos en Devil's Golf Course. Deberíamos haber llegado al pie del mar de sal, pero la carretera estaba cerrada. Seguimos camino entonces a Badwater. Finalmente llegamos, y estaba claro que la excursión había merecido la pena. Desde donde dejamos el coche caminamos por encima de un mar de sal unos 500 metros. Si excavabas un poco, llegaba a salir agua. La planicie en medio del valle es increíble. Parece nieve (a 48ºC de temperatura), y es una extensión inmensa. No se puede explicar la sensación de inmensidad que se tiene. Y de silencio. Aunque estábamos allí al menos una docena de personas, no más, no se oía absolutamente nada. El silencio era ensordecedor.


Después de un poco de agobio por parte de Ana, y con una sudada considerable, volvimos al aire acondicionado (viva la madre del que lo inventó) y seguimos hacia el tercer punto de la ruta, Artist's Palette. Es básicamente un paisaje montañoso con tierra de muchos colores distintos, por la mezcla de metales oxidados, sulfuros, y demás historias a temperaturas extremas. Muy chulo.


Y por último, ya para despedirnos, y casi anocheciendo, nos fuimos a Zabriskye Point, un sitio con vistas a una de las cordilleras del valle. De nuevo, mereció la pena.


Nos fuimos de allí con la sensación de que sí, hace mucho calor, pero se soporta (gracias a los 5 litros de agua que nos bebimos entre los dos), y a cambio es una experiencia única. Uno no diría que los paisajes son bonitos, pero son realmente impresionantes. Nadie debería perderse esto.


Salimos del valle con una puesta de sol preciosa, aún hubo tiempo de pararse en el arcén y echarse unas últimas fotitos. Y corriendo a Las Vegas, que a este paso no nos esperan en el hotel. Afortunadamente la carretera es muy buena, y en apenas hora y media estábamos allí.


Y... señores, San Francisco es bonito, Yosemite es precioso, Death Valley es impresionante, pero si quieres que se te caiga la mandíbula al suelo, entra en Las Vegas de noche. Es todo tan excesivo, tan enorme... no hemos visto nada, pero ya estamos alucinando. Llegamos directos al hotel (Vdara), nos llega un chófer, nos coge las llaves, adiós al coche, se lo llevan. Las maletas no quisimos que nos las llevaran porque no tenemos práctica con los botones y nos da cosa.


Y la habitación... ay señores, la habitación. La suite, más bien. La chica nos dijo que aunque teníamos una habitación deluxe (que ya estaba MUY bien), nos ha colocado en una suite en el piso 39, con forma de U y con vistas a tres orientaciones distintas (es alucinante la vista de noche). Tenemos una cocina que ya nos gustaría a nosotros para casa, comedor, baño con bañera enorme, ducha separada, vestidor, dos lavamanos... una zona de salón con un sofá más grande que el de casa con una tele de 42 pulgadas. Para que no nos peleemos, en el dormitorio, que tiene una cama de 2 metros de ancho (no es broma), nos han puesto otra tele exactamente igual de 42 pulgadas. Todavía no nos hemos recuperado del shock.


Así que nada, nos vamos a darnos un bañito y a relajarnos. Hay que coger fuerzas estos tres días en Las Vegas, porque luego vienen el Gran Cañón y Monument Valley, nada menos. Os iremos contando.


Viaje Costa Oeste EEUU: 1 de Agosto: Telmo y Luisa en.... Tras los pasos de Yogui y Bubu (pero en Yosemite)

Hoy hemos dormido con una rana. Y no con la conocida por todos nosotros como "RanaEsther", sino con una rana de verdad. Pequeñita, apenas 5/6 centímetros, pero lo suficiente como para traer en danza a Dani, aproximadamente media hora hasta que puedo "cazarla" con la papelera. Ana pasaba de la rana y sólo quería dormir, pero el agite que se traía Dani le impedía conciliar el sueño, así que sólo pedía que la rana se dejara cazar de una vez por todas. Hasta que la atrapó. Allí quedó, bajo la papelera, no quisismos comprobar su estado al día siguiente porque Dani sospechaba que la había matado. Cree que sus patitas se quedaron atrapadas/aplastadas en el borde de la papelera. No hubieramos podido soportar la pérdida de la que fuera nuestra amiguita durante media hora.


Madrugamos para poder aprovechar bien el día. Un desayuno rápido, simple pero suficiente incluído en el precio de la habitación y rumbo a Yosemite. Es decir, UNA HORA Y MEDIA hasta llegar al primer punto digno de mención. El llamado "Tunnel View", un lugar a la salida de un túnel con magníficas vistas del valle y el Half Dome a lo lejos. De postal. Tras la paradita de rigor, seguimos rumbo a Mariposa Grove, famosa por el bosque de sequoias gigantes y que está justo al lado de la entrada sur del parque, así que hagánse idea de las distancias. Como una hora más de camino aproximadamente. Por haber madrugado Dios nos ayudó y conseguimos sitio en el poco parking que hay (a la vuelta la carretera de acceso ya estaba cerrada a los coches). Aparacamos y cogimos un fotellico donde explicaban cosillas muy interesantes y unas rutillas en función de lo largo que quisieras hacer el paseo para ver los puntos más importantes del parquecito de matojillos en cuestión. Unos datos sobre estos bichitos para los amantes de la botánica: viven hasta unod 3000 años, alcanzan hasta 90 metros de altura (más que la estatua de la libertad), y el tronco puede llegar a tener un perímetro de hasta 12 metros. Casi nada.


Durante una horilla más o menos paseamos por el bosque entre varias supersequoias. Hicimos uso de percebe y sus panoramas en vertical que nos dieron mucho juego, porque si no era imposible que los arbolitos cupieran en la cámara. Las más curiosas son el "Fallen Monarch", una sequoia caída donde puedes ver la raíz, que superaba el doble de la altura de Ana. Un poco más adelante había una sección de un tronco, Dani con brazos y piernas abiertas a tope no tocaba los bordes. Luego encontramos 4 enormes juntas, donda percebe hizo una panorámica de la que Ana se siente epecielmente orgullosa. No os preocupéis que os la enseñará hasta la extenuación. "Grizzly Giant", de unos 1800 añitos, anda que no ha visto ná este. Sus ramitas tenías unos 2 metros de perímetro. Y el "California Tunnel", uno que tiene el tronco abierto a modo de paso por el que pasaban las carretas en el pasado. Este no es el famoso a través del que pasaban los coches, ese se cayó, porque no aguantó con semejante agujero en un invierno que cayó mucha nieve y cedió con el peso. Pobre...


Como queríamos ver más cosillas decidimos volver sobre nuestros pasos. Por el camino Ana quiso coger una piña de sequoia para sacar una semillita y plantarla en la terracita de casa. De hecho tuvo la piña en el bolsillo un rato, pero la conciencia le pudo, dejemos a las sequoias estar donde deben estar. Bueno, la conciencia y el imaginarse el lío a la hora trasplantar el arbolito como le diera por prender.


Cogimos coche de nuevo y nos pusimos rumbo a Glacier Point, un lugar que bajo ningún concepto, cualquiera que venga al Parque debe perderse. Todas las vistas que habíamos contemplado hasta ese momento se quedaban pequeñas. Dice Dani que es uno de los paisajes más espectaculares que ha visto en su vida, junto con alguno de Nueva Zelanda y Suiza. No tenemos palabras, hay que verlo. Y por mucho que nos hemos esforzado en sacar fotos, creemos que ninguna va a reflejar mínimamente lo que hemos visto (de nuevo). Desde una altura de unos 2200 el Half Dome, esa mole de granito impresionante, queda a la altura de los ojos.


Después de babear un rato mientras comimos unos perritos calientes, y no babeabamos por los perritos, decidimos volver al valle. Hay que decir que a Ana se le atragantó un poco el perrito, porque el graciosillo de Dani estuvo todo el rato alarmándole con el cuento de que había visto un oso merodeando. Y es que eso no lo hemos contado, señoras y señores. Padres y madres del mundo, aquí hay osos. En libertad, y te los puedes encontrar de paseo. Pero tranquilos, ya no hay peligro, ya no estamos en el parque. Todo el parque está lleno de recomendaciones sobre qué hacer en caso de encontrarte con Yogui. A saber: primero, mantener la calma y no le des la espalda ni salgas corriendo (ya, claro). Segundo, gritar para acojonar al oso (si te sale un hilo de voz, gracias). Tres, hacer aspavientos y agitar los brazos para parecer más grande (sobre todo Ana, no vaya ser que la confunda con un pollo y le parezca una buena tapita antes de la cena). Cuatro, si aún no se ha acojonado y ves que está un poquito rabioso, tŕale con lo que tengas a mano (¿la cámara?, con la de fotos que he hecho?, y un huevo!). Quinto, si todo lo demás ha fallado, lucha (creemos que el cinturón negro de karate de Ana no es convalidable con la lucha contra oso, así que más bien reza). No es broma, lo que no está entre paréntesis son las recomendaciones reales. Si vas a acampar (y un jamón), te alquilan cajas anti-osos, que sirven para guardar la comida de manera "antiolorosa". Y las papeleras de todo el parque son también "anti-osos". Recomiendan no usar perfumes, porque les atraen, así que os podeis imaginar el olor a choto que debe haber en los campings.

Como decíamos, bajamos al valle. Dejamos el coche en el parking de Curry Village (uno de los 2 pueblos que hay en el valle) y nos hicimos una caminatilla de 5km ida y vuelta hasta el Mirror Lake. Un lago donde se ven reflejados los bloques de granito del valle. Por cierto, de camino al lago, vimos una señal de advertencia similar a la de los osos, pero esta vez con leones de montaña, el que según parece tiene cierta preferencia por las crituras pequeñas (te dicen que no dejes nunca solo a un niño), así que os podeis imaginar la mandíbula desencajada de Ana de camino al lago. Dani hasta se partía, dándoselas de invencible, pero se le olvida que tiene mucho más que comer y en un momento dado puede resultar bastante más apetecible. Sobre todo por esos jamoncitos con buena grasilla entrevenada, como el mejor de los Jabugos.


Por cierto que Ana está toda orgullosa, porque ha metido los pies en el río que pasa por el medio del valle de Yosemite. Los americanos se meten de cuerpo entero, pero en nuestro caso no hubo tiempo (o bolitas) de meterse más.


Tras el paseito de rigor, volvimos al coche y de nuevo paramos en Yosemite Village, el otro pueblo. Allí compramos un par de souvenirs y la comida para el día siguiente. Como iba a ser un día largo de ruta en carretera con pocos sitios donde parar, decidimos hacer dieta "perrofláutica". Es decir, sandwiches de pan bimbo con salami, jamón cocido y queso. Lo mejor de todo es que nos llevamos la compra en una de esas bolsas de papel marrón que se ven en las pelis... fijaros si nos hizo ilusión, que estuvimos como dos gilis haciéndonos fotos en la puerta del supermercado, la gente flipaba.


De camino al hogar, paramos en la base de las Yosemite Falls, ya casi anocheciendo. Con las mismas, de vuelta al oeste americano. En el hogar nos comimos las sobras del día anterior y en plancha a la cama (esta vez sin rana).

lunes, 1 de agosto de 2011

Viaje Costa Oeste EEUU: 31 de Julio: Telmo y Luisa en.... La fiebre del oro


Adiós, San Francisco, adiós. Siempre estarás en nuestros corazones. Te echaremos de menos, y todas esas cosas tan bonitas que se dicen a veces.


Como ya habíamos anunciado, hoy tocaba emigrar al este, hacia Yosemite National Park. El camino en sí lo teníamos claro, lo que no teníamos tan claro es donde empezaba el parque, donde estaban las cositas que queríamos ver para hacernos una idea del tiempo que teníamos que invertir.


El viaje no parecía largo a priori, porque pensábamos que el parque empezaba en un sitio llamado Big Oak Flat, pero no amiguitos, el parque empieza 30 millas más allá (unos 50 kms), pero además 30 millas de puerto de montaña, con lo que había que andar casi una hora más... hasta la entrada del parque! En ese momento nos dimos cuenta que la habíamos pifiado con el hotel: lo teníamos a 22 millas... de Big Oak Flat, que son 52 millas de la entrada del parque, es decir, una hora y cuarto (recordemos, puerto de montaña) hasta la entrada del parque (sin haber visto ni un arbusto), es decir, LA CAGAMOS.


Después de jurar en arameo un buen rato (tenemos UNA HORA Y CUARTO hasta la entrada del parque ida, y otro tanto vuelta, ojo), y acordarnos de nuestras respectivas familias (con perdón), decidimos que no había más que lamentar y nos pusimos manos a la obra con el parque.


Llegamos a la puerta tras 4 horas de viaje desde San Francisco namenos, nos sacamos un pase anual para los Parques Nacionales de EEUU (son 80 dólares para los dos, pero con esto ya entramos en Death Valley y Gran Cañón también), y nos fuimos directos a un puesto de información. Por el camino Ana había estado empollando lo suyo, pero no conseguía aclararse con las distancias, los caminos, etc (la información en la guía es bastante confusa), así que el joven Ranger (cualquier parecido con Chuck Norris es pura coincidencia) que nos atendió nos hizo ver la luz. Vamos, que confirmamos que la habíamos CAGADO con mayúsculas, porque aunque el valle estaba a "sólo" tres cuartos de hora más (eso ya son 2 horas desde el hotel, OJO), Mariposa Grove, donde queremos ir a ver sequoias gigantes mañana, está a 2 horas de allí, vamos, que desde el hotel tenemos 3 horitas mínimo. Pa cagarse.


En fin pilarín, con la información bajo el brazo, mezcla abrumados y animados, nos proponemos ver una serie de cositas del valle, que es lo que más cerca nos queda, para así mañana hacer los trayectos más largos. Nos acercamos a una cascada preciosa, Bridalveil Fall, vimos el bloque de granito El Capitán de cerquita, el Half Dome (el otro pico de granito) de lejos, y estuvimos cerquita de las Yosemite Falls, las otras cascadas, más grandes aún. De lo poco que hemos visto hoy (por no hablar del camino dentro del parque, con miles de paradas a la ribera del río Merced), la cosa no se puede describir de otro modo que IMPRESIONANTE. Es increíble ver lo enorme del valle, las masas de granito... creemos que por muchas fotos que hagamos, ninguna hará justicia a lo que hemos visto.


La cosa ya tenía otro color. Como si mañana nos tenemos que hacer 1000 kms. Como será, que hemos estado pensando que nos vamos a llevar hasta los bañadores para darnos un chapuzón... Esa es otra, se acabó el viento y el frío: aunque está todo muy verde, el calor es agobiante, pegajoso, húmedo. Ya no vamos a poner pantalones largos hasta el avión de vuelta.


Decidimos volver al hotel de donde Cristo dio las tres voces (hasta entonces no lo habíamos visto), que para más datos está en la ciudad de Jamestown. Por lo que leyó Ana, parece que es uno de esos pueblos del Oeste americano, nacidos con la fiebre del oro. Pues nada, allá vamos, sólo es hora y media de camino (ahem)...


¿Fiebre del oro? Y tanto! Son 600 habitantes de pueblo, y es como estar en la época del oeste, sólo que en vez de polvo hay asfalto, y en vez de carretas hay coches. ¡Es GENIAL! Ya nos da igual lo lejos que estén las sequoias, vamos a donde haga falta. Buenísimo! Estamos esperando que aparezcan Billy el Niño, el Bueno, el Feo y el Malo a la vuelta de la esquina.


Y el hotel, otro tanto... es un caserón viejo, tipo posada del oeste. Hacemos el check-in, y nos dicen: "A la casa 2". ¿Casa? Pues nada, allá que vamos, dejamos la posada atrás, y justo detrás, una casita de madera, con su cocinita, papel pintado de rayas, estufa negra de carbón... auténtico. Eso sí, con aire acondicionado (porque si no, no hay quien duerma), y Wifi. Lo del Wifi es gracioso, es para todo el pueblo. Es el único Wifi y no tiene clave, háganse una idea.


Como eran las 8 y aquí se recoge muy pronto, nos fuimos a cenar, cómo no, a un Saloon. Pues sí amigos, al The Willow, fundado en 1862, y por el que han pasado el presidente McKinley o el señor Robert E. Lee (y seguro que también el Bueno, el Feo y el Malo). Y la comida...


...Ah, la comida. Supongo que pensaban que veníamos del rancho, de cuidar el ganado, o de un tiroteo, o de cruzar el medio oeste, porque las raciones no eran ni medio normales. Nada más ver los platos empezamos a sudar. Para Ana, un plato (que digo plato, una fuente) de spaghettis especialidad del chef con albóndigas de ternera y salsa de tomate natural (si no había 12 albóndigas entre el medio kilo de spaguettis no había ninguna). Para Dani, un tronco de carnaza de sabe dios cuántos kilos, acompañado de champiñones y verduras varias, ná, medio kilito o así, y de unos cuencos, por si no tenía bastante de salsas, más verduras y una especie de picadillo adobado. A todo esto, cuando pedimos (antes de ver semejantes raciones) nos comentaron que podíamos acompañar con una mini-fondue de queso, y dijimos, pues por qué no?, como veníamos del tiroteo con el Bueno, El Feo y el Malo, nuestros cuerpos se lo merecían. En fin...


El resto de la historia os la podeis imaginar. Las escenas eran dantescas. A Dani le goteaba el sudor para conseguir acabarse su trozo de carne, y Ana suplicaba clemencia cuando no se había comido más que 3 de las 12 albóndigas , por mucho que comiera, ese plato estaba igual de lleno, parecía que alguien le rellenaba el plato desde abajo, no se acababa nunca. Asi que al final hicimos eso tan americano de pedir un taper para llevarte las sobras a casa, y efectivamente antes de pedirlo, la muchacha, muy lista ella, ya nos lo había traído. Ya tenemos la cena para mañana, PARA LOS DOS. Como tenemos cocina en la casita, con frigo y todo, pues genial.


Tras salir rodando del saloon cual bola de paja del oeste americano, dimos un paseo por "la calle" del pueblo. Ida y vuelta, nos llevó aproximadamente 4 minutos. Mañana la recorremos otra vez de día. No nos va a llevar mucho tiempo.


Y eso es todo por hoy. Mañana madrugaremos para aprovechar bien el día. A descansar toca!!!